Un nuevo comienzo
Capítulo 1
París. 5 de noviembre.
El frío de aquella mañana se colaba entre las calles de París con una delicadeza engañosa. Era uno de esos días grises en los que la cama parecía el único lugar del mundo donde uno quería permanecer un rato más.
En el dormitorio de una pequeña casa situada en un tranquilo barrio de la ciudad, Sofía seguía profundamente dormida, ajena al despertador que sonaba insistentemente sobre la mesilla.
De pronto, unos suaves golpes en la puerta rompieron el silencio.
—Sofía, cariño… ya es hora de levantarte o volverás a llegar tarde al trabajo.
La voz de su madre sonaba paciente, aunque escondía ese cansancio de quien había repetido aquellas palabras demasiadas veces.
—Siempre es lo mismo contigo. Aunque pongas el despertador, nunca lo escuchas.
Sofía abrió los ojos con dificultad. El sueño todavía pesaba sobre sus párpados y el calor de las mantas le hacía imposible reunir fuerzas para levantarse.
—Cinco minutos más… —susurró con la voz ronca.
Sabía que era una mentira.
Con un largo suspiro apartó el edredón y apoyó los pies sobre el suelo helado. Un escalofrío le recorrió el cuerpo mientras se estiraba lentamente, intentando despertar.
Entró en el baño y abrió el grifo de la ducha. El agua fría terminó de espantar el sueño y, pocos minutos después, ya estaba frente al espejo, secándose el cabello a toda prisa.
Miró el reloj.
—¡No puede ser! —exclamó.
Iba tarde.
Se vistió casi corriendo, bajó las escaleras y encontró a sus padres terminando el desayuno.
—Buenos días, hija —saludó su padre con una sonrisa.
—Buenos días… Lo siento, otra vez voy con prisa.
Su madre dejó una taza de café sobre la mesa.
—Si te organizaras un poco mejor, no tendrías que salir siempre corriendo.
Sofía sonrió con cierta culpa.
—Lo sé, mamá.
Cogió una manzana del frutero, dio un beso a cada uno de sus padres y salió de casa casi sin detenerse.
El aire frío golpeó su rostro en cuanto cruzó la puerta.
Mientras caminaba deprisa hacia su coche, no podía imaginar que aquel día, que había comenzado como cualquier otro, estaba a punto de cambiar su vida para siempre. Mientras conduce piensa:
“No puedo creer que llegue tarde justo hoy. El primer día de apertura y voy a causar una mala impresión.”
Al llegar, se encuentra con un pequeño local de estilo parisino, decorado con flores, madera clara y el aroma del café recién molido.
Sobre la puerta puede leerse:
Le Petit Café
Una cafetería inaugurada esa misma mañana.
Su jefa, Claire, la recibe con una mezcla de nervios e ilusión.
—Por fin llegas. Pensaba que tendríamos que abrir sin ti.
—Lo siento muchísimo. El despertador no sonó…
—No importa. Ponte el delantal. En unos minutos abrimos.
Sofía sonríe nerviosa, se recoge el pelo y comienza a colocar tazas, croissants y pasteles en el mostrador.
Cuando el reloj marca las ocho en punto…
Claire gira el cartel de la puerta.
ABIERTO
Suena la campanilla.
Entra el primer cliente.
Y detrás de él…
Un hombre alto, de abrigo oscuro, cabello ligeramente despeinado por el viento y unos ojos que, por un instante, se cruzan con los de Sofía.
Ella se queda inmóvil apenas un segundo.
Él sonríe con educación.
Ninguno de los dos imagina que ese sencillo “Buenos días” será el comienzo de una historia que cambiará sus vidas.








