Chapter 1 El accidente
La primera vez que Selene vio el pueblo, todavía no sabía que no existía.
Años después intentaría recordar qué había visto exactamente aquella tarde, pero cada vez que lo hacía, los recuerdos parecían cambiar de lugar dentro de su cabeza. Una plaza que no aparecía en ningún mapa. Una calle demasiado estrecha. Una hilera de casas de adobe bajo unas montañas que parecían acercarse cuando uno las miraba demasiado tiempo.
Y una puerta azul.
Siempre la puerta azul.
Pero antes de todo aquello hubo un accidente.
Uno bastante insignificante.
De esos que, en el momento en que ocurren, parecen no tener ninguna importancia.
Selene tenía dieciséis años cuando conoció a Eidan.
Aquella mañana había salido de casa con la intención de llegar temprano.
No llegó temprano.
Había olvidado una de sus cosas.
Regresó por ella.
Después volvió a salir y recordó que había dejado otra cosa.
Regresó nuevamente.
Cuando finalmente logró ponerse en camino, ya iba mirando el reloj cada pocos minutos, como si observarlo pudiera hacer que el tiempo retrocediera.
No funcionó.
—Perfecto —murmuró.
Caminaba rápido.
Demasiado rápido.
Y, como casi siempre que estaba preocupada, estaba pensando en demasiadas cosas al mismo tiempo.
Pensaba en lo que tenía que hacer.
En lo que había dicho el día anterior.
En algo que alguien había comentado sobre ella.
En si había sonado ridícula al responder.
En si los demás realmente se habían reído de la broma o de ella.
Y, por supuesto, en que estaba llegando tarde.
Selene tenía una costumbre que nadie conocía del todo.
Podía recordar una conversación durante días.
Una palabra.
Una mirada.
Una pausa demasiado larga.
A veces incluso una broma.
No porque quisiera hacerlo.
Simplemente su mente parecía tener la extraña habilidad de tomar una cosa pequeña y convertirla en una pregunta enorme.
¿Habrá sido por mí?
¿Habré hecho algo?
¿Habrá pensado mal?
¿Y si...?
Detuvo ese último pensamiento antes de terminarlo.
—Ya basta.
Lo dijo en voz baja.
Una señora que caminaba cerca la miró.
Selene fingió que no se había dado cuenta.
Continuó caminando.
El día estaba frío, pero no demasiado. El cielo tenía ese tono grisáceo que hacía que las montañas parecieran más lejanas de lo normal. Había movimiento en las calles, personas yendo de un lado a otro, vendedores, vehículos, conversaciones que se mezclaban hasta convertirse en un ruido constante.
Era un lugar que conocía.
Y, sin embargo, esa mañana todo parecía ligeramente diferente.
Quizá era solo ella.
Quizá siempre había sido así.
Selene dobló una esquina sin mirar.
Y chocó con alguien.
—¡Ah!
Sus cosas cayeron al suelo.
El otro muchacho retrocedió un paso.
—¿Estás bien?
Selene levantó la mirada.
Lo primero que notó fue que estaba sonriendo.
No una sonrisa de disculpa.
Una sonrisa.
Como si aquello fuera ligeramente divertido.
—Sí —respondió ella, agachándose para recoger sus cosas.
—Eso sonó a que definitivamente no estás bien.
Selene levantó una ceja.
—Estoy bien.
—Entonces estamos bien los dos.
—Creo.
Él soltó una pequeña risa.
—Eidan.
Selene se quedó mirándolo durante un segundo.
—¿Qué?
—Mi nombre.
—Ah.
Ella volvió a recoger sus cosas.
—Selene.
—Bonito nombre.
—Gracias.
—El mío también.
Selene lo miró.
Él sonrió.
—Es broma.
Por alguna razón, aquello consiguió arrancarle una pequeña sonrisa.
Eidan pareció notarlo.
No dijo nada.
Simplemente siguió ayudándola a recoger lo que había caído.
Hasta que encontró algo.
Era una pequeña pieza de metal.
Parecía antigua.
Tenía una forma extraña, casi circular, con una marca grabada en el centro.
Eidan la sostuvo entre los dedos.
—¿Esto es tuyo?
Selene negó con la cabeza.
—No.
—¿Segura?
—Sí.
Él se la mostró.
—Entonces supongo que ahora es mía.
—Si quieres.
Eidan se guardó la pieza en el bolsillo.
—Trato hecho.
Selene terminó de recoger sus cosas.
—Tengo que irme.
—Yo también.
Se quedaron frente a frente durante un instante.
Fue un momento extraño.
No porque hubiera algo especial.
Precisamente porque no lo había.
Dos desconocidos.
Una calle cualquiera.
Un accidente cualquiera.
Nada que recordar.
Selene dio media vuelta.
—Selene.
Ella se volvió.
—¿Sí?
Eidan sacó la pieza del bolsillo.
—Creo que deberías quedártela.
Se la tendió.
Ella la recibió.
—Pero dijiste que era tuya.
—Cambié de opinión.
Selene miró nuevamente el objeto.
El símbolo grabado parecía una línea que se dividía en dos caminos y después volvía a encontrarse.
—¿Qué significa?
Eidan se encogió de hombros.
—Ni idea.
Selene levantó la vista.
Él ya estaba alejándose.
—¡Oye!
Eidan se volvió.
—¿Qué?
—¿Por qué me la diste?
Él sonrió.
—Porque tú la encontraste primero.
Y siguió caminando.
Selene permaneció unos segundos en el mismo lugar.
Después guardó la pieza.
No sabía por qué.
Quizá porque era extraña.
Quizá porque tenía curiosidad.
O quizá porque, sin saberlo, acababa de recoger algo que llevaba mucho tiempo esperando encontrarla.
Esa noche Selene soñó con una carretera.
No sabía dónde estaba.
A ambos lados había montañas oscuras y el cielo parecía demasiado grande.
Caminaba sola.
Llevaba la pequeña pieza de metal en la mano.
Al final del camino apareció un pueblo.
Había una plaza.
Una iglesia pequeña.
Luces encendidas detrás de las ventanas.
Y una puerta azul.
Selene avanzó.
Antes de tocarla, escuchó una voz.
—Todavía no.
Se detuvo.
—¿Quién eres?
Nadie respondió.
Miró hacia atrás.
La carretera había desaparecido.
El pueblo también.
Solo quedaba la puerta.
Selene estiró la mano.
Y despertó.
Se incorporó de golpe.
Su habitación estaba oscura.
Durante unos segundos no supo dónde estaba.
Después respiró.
—Solo fue un sueño.
Buscó agua.
Al regresar a la cama, algo cayó al suelo.
La pieza de metal.
Selene se quedó inmóvil.
La había dejado sobre su escritorio.
Estaba segura.
Muy segura.
La recogió.
El símbolo parecía diferente.
Ahora había una pequeña línea nueva.
Como si alguien hubiera dibujado un tercer camino.
Selene sintió un escalofrío.
No volvió a dormir.
A varios kilómetros de allí, Eidan tampoco dormía.
Tenía la misma pieza de metal entre los dedos.
La miraba en silencio.
Y en su habitación, sobre una hoja de papel que juraría haber dejado en blanco, había aparecido dibujada una puerta azul.
![The Moon's Weapon : the cursed mate [ MOVING TO GALATEA]](https://cdn-gcs.inkitt.com/vertical_storycovers/ipad_123f31099804e79c6de11657975bcaae.jpg)







