1. El día que el cielo se rompió.
23 de diciembre del año 2017.
Ese fue el día en que el mundo cambió para siempre.
Aquella mañana había comenzado como cualquier otra. Las calles rebosaban de personas apresuradas rumbo al trabajo, con el café aún caliente entre las manos y la mente ocupada en la rutina de todos los días. Los niños avanzaban hacia sus escuelas cargando mochilas que parecían demasiado grandes para sus pequeñas espaldas, mientras los noticieros llenaban la mañana con los temas de siempre: política, deportes y el pronóstico del frío invernal.
Nada hacía pensar que, en cuestión de minutos, la historia de la humanidad daría un giro del que jamás podría recuperarse.
Todo comenzó con una extraña distorsión en el cielo. Al principio fue tan sutil que la mayoría ni siquiera la notó. Apenas una leve ondulación, como si el propio aire hubiera temblado por un instante.
Después apareció una grieta.
Era gigantesca.
Atravesaba el cielo de un extremo a otro, como si una fuerza invisible estuviera desgarrando el firmamento.
Pero aquello solo fue el principio.
En cuestión de segundos comenzaron a aparecer más grietas. Una apareció sobre Nueva York, otra sobre Tokio, luego Londres, Moscú, París y Ciudad de México. En un abrir y cerrar de ojos, se multiplicaron por todo el planeta; algunas eran relativamente pequeñas, mientras que otras resultaban tan colosales que parecían capaces de partir el mundo en dos.
Durante unos interminables segundos, el planeta entero quedó en silencio.
Millones de personas levantaron la vista casi al mismo tiempo, conductores frenaron sus vehículos en mitad de las avenidas incapaces de apartar los ojos y miles de teléfonos se alzaron hacia el cielo para grabar aquel fenómeno imposible. Nadie entendía lo que estaba ocurriendo... pero todos compartían la misma sensación, una que les recorría la espalda como un escalofrío.
Algo estaba terriblemente mal.
Y entonces... la grieta se abrió.
Lo que apareció detrás de ella no era el cielo.
Era oscuridad. Una oscuridad tan profunda que parecía devorar la luz a su alrededor. Desde sus profundidades comenzaron a emerger criaturas que la humanidad jamás había visto. Los primeros monstruos.
Eran seres que no pertenecían a la Tierra. Algunos avanzaban apoyados sobre enormes garras; otros mostraban colmillos capaces de desgarrar acero, pieles cubiertas de escamas, ojos de un rojo antinatural y cuerpos que desafiaban cualquier lógica conocida.
El primer ataque ocurrió apenas unos minutos después.
Los noticieros interrumpieron toda su programación para transmitir imágenes en vivo. Millones de personas observaron, incapaces de apartar la vista, cómo las ciudades se convertían en escenarios de auténticas pesadillas.
Personas corrían desesperadas por las calles mientras eran alcanzadas y despedazadas por aquellas criaturas. Automóviles chocaban unos contra otros e incluso atropellaban a quienes intentaban escapar en medio del pánico. Edificios enteros ardían en llamas, y algunos de sus ocupantes, acorralados por el fuego y los monstruos que ya habían logrado entrar, se arrojaban desde las ventanas en un intento desesperado por sobrevivir.
Policías, completamente superados por la situación, frenéticos y aterrorizados, vaciaban cargador tras cargador contra los invasores con la esperanza de detenerlos. Sin embargo, pronto quedó claro que las armas convencionales apenas conseguían frenarlos.
Ante un enemigo imposible de contener, los ejércitos del mundo entero entraron en combate.
Tanques, helicópteros, aviones de combate y misiles fueron desplegados sin descanso. Las mayores potencias militares del planeta pusieron en marcha todo su arsenal, pero nada parecía suficiente. Por cada monstruo que lograban abatir, otros ocupaban su lugar, y las pérdidas humanas comenzaron a acumularse a una velocidad aterradora.
Durante un breve y angustioso instante, el mundo entero creyó que aquel era el final. Que la humanidad estaba condenada a desaparecer.
Hasta que ocurrió algo que nadie había previsto.
Algunas personas comenzaron a despertar habilidades sobrenaturales.
Había quienes adquirían una fuerza capaz de superar con facilidad los límites humanos; otros despertaban una velocidad imposible, reflejos extraordinarios o sentidos tan agudos que parecían pertenecer a otra especie.
Pero, por encima de todo, hubo una habilidad que cambió por completo el curso de la historia.
La magia.
Poderes que hasta entonces solo podrían verse en cuentos, novelas y videojuegos comenzaron a manifestarse en el mundo real.
Las habilidades variaban enormemente de una persona a otra. Algunos obtenían capacidades modestas; otros despertaban dones capaces de cambiar el rumbo de una batalla. Sin embargo, todos compartían una misma experiencia.
Frente a ellos apareció una ventana translúcida que parecía flotar en el aire. Nadie sabía qué era ni de dónde había salido, pero, con el paso del tiempo, aquella misteriosa interfaz sería conocida simplemente como el Sistema.
Y solo les mostró un mensaje.
AVISO
Felicidades, has despertado.
Aquellos recién ‘despertados’, dotados de habilidades que desafiaban toda lógica, comenzaron a organizarse y, poco a poco, lograron contener a los monstruos que seguían emergiendo. Por primera vez desde el inicio de la invasión, la humanidad dejó de luchar únicamente por sobrevivir y empezó a recuperar terreno.
Aun así, el caos continuó durante varios días.
Las ciudades seguían en ruinas, el número de víctimas aumentaba y la incertidumbre reinaba en todo el planeta. Sin embargo, conforme pasaban los días, la cantidad de monstruos comenzó a disminuir. Hasta que, finalmente, dejaron de emerger por completo y las fracturas dimensionales se cerraron por sí solas, desapareciendo como si nunca hubieran existido.
Entonces, todos los despertados del mundo recibieron una nueva notificación.
AVISO
¡Felicidades!
La humanidad ha logrado sobrevivir a su primera oleada.
Se entregarán recompensas con base en el nivel de participación registrado durante el combate.
Asimismo, quienes participaron en la subyugación del jefe de la oleada recibirán una recompensa especial.
La noticia recorrió el mundo entero en cuestión de segundos. Por primera vez desde que había comenzado aquella pesadilla, la humanidad recibía algo más que advertencias o anuncios de desastre. Habían sobrevivido.
Pero el Sistema todavía no había terminado.
AVISO
La humanidad ha demostrado ser más tenaz de lo esperado.
Se le concederá la oportunidad de defender su existencia.
Realizando los preparativos para el surgimiento de Babel.
Nadie alcanzó siquiera a preguntarse qué significaba aquel mensaje.
Un instante después, el mundo volvió a estremecerse.
AVISO
Preparativos completados. Iniciando el surgimiento de Babel.
Sin previo aviso, enormes torres de piedra negra comenzaron a emerger del suelo en las ciudades de todo el planeta. Ascendieron con una lentitud imponente, como si hubieran permanecido enterradas durante incontables siglos, hasta atravesar las nubes y perderse de vista.
AVISO
El surgimiento de Babel ha sido completado.
Se te ha concedido el título: “Pionero de Babel”.
Título:Pionero de Babel.
Descripción: Aquellos que se adentran primero en lo desconocido para abrir el camino de la humanidad.
Acceso libre a Babel. Puedes entrar y salir libremente.Dentro de Babel puedes subir de nivel derrotando monstruos y cumpliendo misiones.Dentro de Babel puedes obtener y mejorar tus habilidades.
Apenas unos segundos después de que las personas terminaran de leer aquella información, una nueva ventana apareció frente a todos.
AVISO
Babel consta de 100 pisos.
Cada piso contiene desafíos únicos. Aquellos que logren ascender obtendrán poder, conocimiento y recompensas acordes a su progreso.
La información era escasa, pero bastó para que millones de personas comprendieran que aquellas torres no habían aparecido por casualidad. Era un camino que la humanidad tendría que recorrer si quería sobrevivir.
AVISO
Los monstruos que emergen de las fracturas dimensionales no otorgan experiencia ni mejoras de ningún tipo.
La única forma de crecer, fortalecerse y superar los límites humanos es desafiando Babel.
El mensaje dejó claro que enfrentarse a las criaturas que invadían la Tierra solo permitía ganar tiempo. Quien quisiera volverse más fuerte tendría que adentrarse en aquellas colosales torres y superar los desafíos que ocultaban en su interior.
La última ventana apareció apenas unos segundos después.
AVISO
Tiempo restante antes de la próxima oleada.
351 d. 8 h. 45 min. 20 s.
Así comenzó una nueva era.
Y con ella nació una profesión que cambiaría para siempre el rumbo de la humanidad.
Los Pioneros.
Con el paso de los años se convirtieron en la primera línea de defensa del planeta. Eran los únicos capaces de adentrarse en Babel para fortalecerse y, posteriormente, enfrentarse a las fracturas dimensionales antes de que los monstruos que habitaban en su interior alcanzaran el exterior.
Sin embargo, no todas las fracturas representaban el mismo peligro.
Aparecían de manera irregular en distintas partes del mundo y el Sistema pronto estableció una clasificación basada tanto en la fuerza de las criaturas que albergaban como en el nivel de destrucción que podían provocar si llegaban a abrirse por completo.
Con el paso de los años, aquella clasificación terminó convirtiéndose en algo que cualquier persona conocía de memoria.
El Sistema organizó las fracturas en seis categorías. La más baja de todas era, precisamente, la Clase Baja.
Nivel de impacto: Local.
Era la categoría más común y también la primera que conoció la humanidad. Goblins, trasgos, cobolds y otras criaturas similares emergieron por miles durante la primera oleada, sembrando un terror que en aquel entonces parecía imposible de superar. Sin embargo, diez años después la situación era completamente distinta. Lo que una vez representó una amenaza capaz de paralizar ciudades enteras había terminado convirtiéndose en simples enemigos de rutina para los pioneros. En la actualidad, resultaba extraño que un monstruo de esta categoría siquiera lograra abandonar la fractura antes de ser eliminado.
Un escalón por encima se encontraba la Clase Moderada.
Nivel de impacto: Ciudad pequeña.
Orcos, arañas gigantes, trolls menores, hombres lagarto y bestias colmilludas formaban parte de esta categoría. Aunque seguían siendo amenazas que requerían atención inmediata, los gremios de pioneros ya contaban con suficiente experiencia para contenerlas sin demasiadas dificultades.
La situación cambiaba por completo al llegar a la Clase Alta.
Nivel de impacto: Ciudad media.
Ogros devastadores, trolls superiores, mantícoras, caballeros no muertos, quimeras y basiliscos comenzaban a aparecer en este nivel. Era aquí donde empezaba el verdadero problema. Las criaturas de estas fracturas exigían pioneros de nivel noventa o superior, y un solo error podía convertir una misión de subyugación en una auténtica masacre.
Después venía la Clase Catastrófica.
Nivel de impacto: Metrópolis.
Guivernos, gigantes de piedra, demonios, krakens y bestias quiméricas alfa habitaban este tipo de fracturas. Solo pioneros de nivel superior al doscientos se atrevían a enfrentarlas, y aun así nadie podía garantizar que regresarían con vida.
Por encima de ella se encontraba la Clase Calamidad.
Nivel de impacto: Nacional.
Dragones, titanes, leviatanes e hidras eran solo algunos de los monstruos capaces de emerger de estas fracturas. Bastaba con que una sola permaneciera desatendida para condenar a un país entero. Afrontar una amenaza de semejante magnitud requería, como mínimo, un grupo de treinta pioneros de nivel trescientos cincuenta o superior trabajando de forma coordinada.
Y finalmente estaba la última categoría.
La Clase Extinción.
Nivel de impacto: Continental.
Su sola existencia podía resumirse en dos palabras.
Rey Demonio.
Durante años, tanto los pioneros como los gobiernos del mundo vivieron convencidos de que aquella era la mayor amenaza que podía existir.
Se equivocaban.
Porque todavía había algo peor.
Un fenómeno que solo ocurría una vez al año.
Un evento que, con el paso del tiempo, tanto los pioneros como la gente común habían aprendido a temer.
La Oleada.
No era una fractura cualquiera.
Era un fenómeno completamente distinto a todo lo que la humanidad había conocido hasta entonces. Mucho más grande, mucho más inestable y, por encima de todo, infinitamente más peligrosa. Solo aparecía una vez al año y lo hacía de forma completamente aleatoria en algún lugar del planeta.
Sin embargo, su llegada no solo significaba la aparición de una nueva fractura.
En el mismo instante en que una Oleada se manifestaba, todas las demás fracturas del mundo reaccionaban como si hubieran recibido una orden silenciosa. Su actividad aumentaba de forma drástica y los monstruos que emergían de ellas eran mucho más numerosos y peligrosos que de costumbre.
Pero ese no era el único problema.
Durante todo el tiempo que permanecía activa, Babel quedaba completamente sellada. Nadie podía entrar y, lo que era mucho peor, nadie podía salir.
Cualquier pionero que aún permaneciera dentro de la torre en ese momento quedaba atrapado hasta que la Oleada llegara a su fin.
Por fortuna, acabar con ella era, al menos en teoría, bastante sencillo.
Solo había una condición.
Derrotar al jefe que aguardaba en el interior de la fractura principal. Aquella regla llevó a los gobiernos del mundo a alcanzar un acuerdo sin precedentes.
Un protocolo mundial.
Cada año, cuando la fecha de la siguiente Oleada se aproximaba, todos los países ordenaban a sus pioneros abandonar Babel con suficiente anticipación para prepararse. No solo debían enfrentarse al jefe de la Oleada, sino también contener el incremento de actividad que sufrían las demás fracturas repartidas por el planeta.
Existía, además, una pequeña ventaja.
La Oleada no se abría inmediatamente después de aparecer.
Desde el momento en que la gigantesca fractura surgía en el cielo transcurrían exactamente veinticuatro horas antes de que pudiera abrirse por completo. Ese breve margen era la única oportunidad que tenía la humanidad para reaccionar.
Solo veinticuatro horas.
Durante ese tiempo, los gobiernos movilizaban a sus mejores pioneros, organizaban estrategias, coordinaban recursos y enviaban refuerzos desde todos los rincones del mundo con la esperanza de contener la amenaza antes de que fuera demasiado tarde.
Con el paso de los años, por muy extraño que pueda parecer, aquel protocolo terminó convirtiéndose en una tradición más de las vísperas navideñas.
Y, una tras otra, todas las Oleadas fueron superadas sin excepción.
Los pioneros se convirtieron en héroes. Para millones de personas eran celebridades, símbolos de esperanza y la única razón por la que la humanidad seguía en pie.
Sin embargo, aquella esperanza comenzó a desvanecerse con el paso de los años.
Cada nueva Oleada traía consigo monstruos más poderosos que la anterior, mientras que el avance de los pioneros dentro de Babel se volvía cada vez más lento. La diferencia entre ambos crecía año tras año y la preocupación comenzó a extenderse entre gobiernos, gremios y asociaciones de todo el mundo.
Si la humanidad no encontraba una forma de romper ese estancamiento, tarde o temprano dejaría de ser capaz de seguirle el ritmo a las Oleadas.
Y ese día...
su extinción sería inevitable.








