Prólogo
Con Do-Yun llevábamos cinco años de noviazgo. Nos conocimos en la universidad. Yo era la típica cerebrito, y él… él era el chico amigable y sociable que parecía llevarse bien con todo el mundo.
Recuerdo la primera vez que me habló. Yo estaba en la cafetería repasando mis apuntes para el examen de cálculo cuando irrumpió en mi concentración.
—Ka-Yeon.
Levanté la vista, incómoda.
Do-Yun ya estaba sentado frente a mí, como si fuera lo más normal del mundo.
—Necesito… tu ayuda.
—¿Mi ayuda?
—Sí, con cálculo. Voy a morir en ese examen —soltó una risa nerviosa—Y tú eres… ya sabes, la mejor.
Lo miré unos segundos, sin saber qué decir.
—¿Por qué yo?
Se encogió de hombros.
—Porque confío en ti.
Lo observé sorprendida. Jamás se había acercado a mí para entablar una conversación. Aunque siempre me saludaba y sonreía… pero la verdad era que él era así con todos. Se destacaba por su amabilidad y cordialidad.
Así fue como comenzamos a reunirnos a estudiar después de clases. Nos sentábamos en una de las salas privadas de la biblioteca y pasábamos largas horas analizando nuestros apuntes.
Nuestra amistad floreció. Compartíamos conversaciones íntimas, bromeábamos o simplemente nos acompañábamos en silencio… pero en un silencio cómodo.
Hasta que un día cruzamos la línea.
—Tienes algo aquí…
Se inclinó un poco, señalando mi mejilla.
—¿Qué? ¿Dónde?
Me pasé la mano torpemente.
—No, espera…
Su voz salió más baja.
Se acercó demasiado, sentía que me quedaba sin aire.
—Do-Yun…
No terminé la frase y me besó.
Fue mi primer beso, una caricia suave y tímida. Cerré los ojos dejándome guiar por él, aunque no pude evitar abrirlos por un segundo, solo para corroborar que lo que estaba pasando era real. Quizás no fui su mejor beso, quizás fui torpe, pero para mí, ese momento se sintió como un sueño del que no quería despertar.
Y así pasaron los cinco años. Ambos nos graduamos con distinción máxima, rodeados de amigos, de nuestras familias, e incluso con ofertas laborales poco después de egresar.
Todo era perfecto.
Recuerdo el día en que cumplimos cinco años juntos. Do-Yun me invitó a cenar a uno de los restaurantes más lujosos de Corea. Conseguir una reserva ahí podía tardar hasta un año… y ni mencionar la cuenta.
—Ka-Yeon —comenzó con un tono extrañamente nervioso
—Hoy cumplimos cinco años desde que te besé en la biblioteca. Ha sido un camino largo… pero maravilloso.
—Lo sé, Do-Yun. Estoy muy feliz. Siento que la vida ha sido demasiado generosa con nosotros —respondí, mientras acomodaba la servilleta sobre mis piernas.
De repente sacó una pequeña caja de terciopelo de su bolsillo, con las manos temblorosas y una mirada nerviosa. La abrió cuidadosamente, revelando un hermoso anillo de oro blanco con un diamante.
—Ka-Yeon… quiero que la vida nos siga tratando así. Has sido mi apoyo todo este tiempo, mi mejor amiga, mi compañera… sin ti quizás nunca me hubiera graduado —comentó, soltando una pequeña risa— Eres mi mundo entero.
Hizo una breve pausa, se acomodó el cuello de la camisa y apretó los labios.
—¿Quieres ser mi esposa? —preguntó, con la voz quebrándose y los ojos húmedos.
—Claro que sí…si, si, si te amo —respondí de inmediato, llorando y riendo a la vez.
Estire la mano y él puso el anillo en mi dedo, esa noche fue inolvidable.
Mi vida no podía ser más perfecta.
Ya solo faltaban dos meses para nuestra boda, así que le pedí a mi madre, a mi hermana y a mi futura suegra que me acompañaran a la última prueba del vestido.
Do-Yun, por supuesto, también fue. Debía probarse su traje.
— ¡Oh Ka-Yeon, hija! Te ves hermosa —comentó mi madre apenas me vio salir del vestidor.
—Mi hijo es muy afortunado. Estás radiante —añadió mi futura suegra mientras se secaba las lágrimas.
—Muchas gracias… ¡me enacanta!. Creo que ya no hay que hacerle más modificaciones —respondí entusiasmada mirando mi vestido —¿Y tú, Min-Yin? ¿Qué piensas?
Mi hermana menor siempre había odiado a Do-Yun. Decía que era un interesado, que se había acercado a mí solo por mis calificaciones y porque tenía un puesto asegurado en la empresa de nuestro padre.
—Sí… está bonito. Te ves bien —respondió sin siquiera mirarme.
Volví al vestidor para quitarme el vestido, pero era tan aparatoso que no podía hacerlo sola. Salí a buscar a mi madre… pero cuando me asomé, no había nadie.
“Seguramente están en la otra sala viendo a Do-Yun”, pensé.
Tomé el enorme vestido y caminé hacia el otro cuarto, pero tampoco estaban ahí. Estaba vacío, en silencio, hasta que ese silencio se rompió por unas risas familiares que venían del vestidor. Me acerqué sigilosamente, tratando de que el tul no sonara. Mi corazón estaba extrañamente agitado, oprimiéndose con cada paso. Abrí lentamente la cortina y lo que vi… Me destrozó.
Do-Yun… mi Do-Yun, besando a Min-Yin.…
No pude hablar al principio, mi voz se quebró por completo.
—¿Qué… qué están haciendo?
Se separaron de golpe, el rostro de Do-Yun parecía perder todos los colores.
—Ka-Yeon, espera
—No. No me digas “espera”.
Min-Yin se escondió detrás de él.
—¿Con mi hermana? —mi pecho temblaba—¿En serio?
—No es lo que piensas, yo— intento justificarse, pero lo interrumpí.
Me reí, desesperada.
—¿Y qué se supone que piense? ¿Que esto es una broma?
—Ella me estuvo buscando, yo no quería…
Min-Yin dio un paso al frente, furiosa y lo encaró:
—¿Qué?, No mientas…tú fuiste el que empezó —espetó, mientras lo golpeaba en el brazo.
Mi corazón se partió.
—Cállense los dos… cállense.
No pude seguir escuchándolos, me sentía humillada, traicionada, asqueada. La vida perfecta que había planificado se había desmoronado en un vestidor… en uno de los días más importantes.
Salí corriendo con el vestido aún puesto. La vendedora me gritaba que volviera, pero yo no podía. Mis rodillas temblaban, mi pecho se oprimía, todo pasaba en cámara lenta.
No sé cómo, pero llegué a la calle y me vi ahí…justo en medio del camino. Una luz incandescente y un bocinazo estruendoso aparecieron frente a mí… una motocicleta me golpeó atrapándome en sus ruedas, me arrastró varios metros por la acera a la vista de mi desesperada madre, mi ex suegra… y de ellos dos.
Do-Yun y Min-Yin.
Sus miradas de culpa y terror se convirtieron en el último recuerdo que me llevé conmigo. Sé que jamás se borrarán de mi mente… ni en esta vida, ni en ninguna otra.
Y así, sin más, fue como morí.








