Un encuetro inesperado
Alex nunca había creído demasiado en las historias de amor. Para él, esas cosas solo sucedían en películas, canciones o novelas que otras personas disfrutaban. Su vida era bastante sencilla: escuela, amigos, tareas y regresar a casa.
Hasta que llegó Iker.
Iker era nuevo en la escuela. El primer día apareció en el salón con una mochila sobre un hombro y una expresión tranquila, como si no le importara demasiado estar rodeado de desconocidos.
—¿Puedo sentarme aquí? —preguntó, señalando el lugar vacío junto a Alex.
Alex levantó la mirada.
—Sí.
—Soy Iker.
—Alex.
Y eso fue todo.
Al menos, eso pensó Alex.
Con el paso de los días comenzaron a hablar. Primero sobre las clases, después sobre música, películas y cosas que tenían en común. Sin darse cuenta, aquella persona que había llegado como un desconocido comenzó a convertirse en alguien importante.
Pero había algo que Alex no quería admitir.
Cada vez que Iker sonreía, Alex sentía algo extraño.
Algo que no sabía explicar.








