CAPITULO: 1 LAZOS ENTRE VINCULOS
En las profundidades del bosque, donde el aire resuena entre las copas de los árboles, la mera presencia de un hombre infunde respeto en la propia naturaleza. Su nombre es Cael.
Mientras avanzaba a través de la maleza, sus pasos imprimían una honda huella en el fresco y verde pasto. Su mirada reflejaba una intensa concentración en los árboles que lo rodeaban.
Su vista recorrió los numerosos árboles. Su ojo, dorado como el oro más puro, se detuvo en un claro donde la escasa luz solar se filtraba a través de las rendijas que formaban las hojas.
«No sé desde cuándo ha oscurecido. Maldita anciana, me aseguró que aún era temprano para que el sol se ocultara»
-Bueno, es hora. Aquí estableceré la base provisional. Aunque podría intentar, no sé, quizás dormir en el árbol?
«Acaso es posible que eso que deseo se haga realidad? ¿O podría caerme? Hmm, pero si me aseguro correctamente, podría descansar. Basta, dedicaré más esfuerzo a crear la base»
Cael arqueó una ceja al exhalar un profundo suspiro al viento, dirigiéndose finalmente hacia ese claro.
Durante breves instantes, Cael alzó la mirada hacia el firmamento, contemplando el hermoso atardecer. Un frío gélido comenzó a descender, cubriendo todo el bosque.
-Vieja desagradecida, cuando te vuelva a encontrar, lo lamentarás. Gruñó Cael mientras apretaba los puños con fuerza.
Cael inhaló profundamente mientras relajaba sus músculos. A su alrededor, una aura carmesí comenzó a envolverlo. Alzó su mano derecha, abriendo la palma, y en ese momento sin forzarlo. Miles de hilos de sangre comenzaron a entrelazarse, tomando forma hasta transformarse en una imponente hoz, pulida y con detalles dorados.
Cael empuñó su hoz mientras, con un movimiento ágil y preciso, hizo volar múltiples árboles que rodeaban el claro. La hoz carmesí se destacaba bajo la luz de la luna... por un instante, el tiempo pareció detenerse.
Cael adoptó su postura con un movimiento delicado, recostando la hoz sobre su hombro derecho. Las múltiples caídas de los árboles resonaron como un estruendo, levantando miles de gotas de agua que salpicaron a Cael y a las demás partes del bosque. Justo detrás de él, se extendía una deforestación que abarcaba casi un tercio del bosque.
-Creo que en esta ocasión realmente me he excedido. Bueno Así es la vida.
«Ahora que lo reflexiono con más detenimiento, hubiera considerado la opción de buscar una cueva»
Cael comenzó a procesar los troncos y árboles caídos, transformándolos en tablones y horcones. Cada corte realizado con la hoz era de tal perfección que aparentaba haber sido hecho por una deidad.
«Creo que no estoy solo. Tengo la sensación de que hay una presencia que me observa. O quizás todo se deba al bosque Salioiz, del cual se dice que está maldito»
Sin embargo, cael no le otorgó la importancia adecuada y continuó con la creación de la base.
A pocos metros de distancia, oculta entre el espeso follaje de las copas de los árboles, una joven observaba atentamente los movimientos de Cael.
La joven mantenía la vista fija en Cael, mientras deslizaba suavemente sus manos sobre las ramas de los árboles.
-Creo que he encontrado al indicado-susurró la joven al bosque.
Cael procedió a colocar la última tabla sobre la base. El aroma a madera recién cortada impregnó el ambiente.
-Voy a buscar un lago para relajarme o disfrutar de un baño. Tengo varias tareas pendientes que atender.
Cael llevó su mano izquierda hacia su hombro derecho, mientras que en su mano derecha sostenía la hoz, que comenzaba a desvanecerse. Luego, continuó adentrándose en el bosque.
Cael escuchó el suave murmullo de un riachuelo, que se encontraba cerca. Se adentró entre unos arbustos que lo ocultaban, hasta llegar a la orilla del agua. Se agachó y, tras quitarse los guantes, sumergió las manos en el riachuelo.
Cael comenzó a lavarse la cara. Con la mano izquierda, se levantó el parche del ojo derecho para poder limpiarse adecuadamente.
-Creo que, al menos, no forman parte de la unidad de oro. Sin embargo, existe la posibilidad de que se trate de un nativo. También podría ser un ciervo.
A pocos metros de distancia, y aprovechando el suave murmullo del agua que disimulaba sus pasos, la joven se movió con la discreción de una sombra. Se deslizó desde las alturas con la agilidad de un felino y, en un breve instante, logró ingresar por la puerta.
La joven observó la estructura, acercándose a las maderas que, hace apenas unos minutos, eran robustos y sólidos árboles.
-Sorpréndete; no hay duda de que no se trata de cualquier tipo.
-¿Parece que se ha movido? Si es un ciervo, será mi cena; y si es un mapache, tampoco me desagrada. Exclamó cael.
Suspiró profundamente una vez más, colocándose los guantes negros y arreglándose la gabardina. Y lavó los guantes antes de dirigirse hacia su nueva base.
Cael ingresó a la base con pasos firmes que resonaron en todo su entorno. El guerrero comenzó a examinar cada rincón de la instalación, en búsqueda de la presencia que percibía. Mientras tanto, su atención se centró en una de las tablas, donde sentía una presencia desconocida.
Cael sintió una presencia. Al girar para mirar hacia atrás, observó a una joven que, empleando su energía verde, transformó su cuerpo y vestimenta en un pequeño zorro. Aunque Cael estaba preparado para combatir, el zorro se mantuvo en posición elevada.
Mientras Cael observaba, el pelaje del zorro comenzó a deshilacharse, transformándose en una serpiente que se lanzó directamente hacia él.
Cael observó la piel del reptil y se quedó completamente paralizado ante la visión. La serpiente cayó cerca de él y comenzó a deslizarse sobre el cuerpo del hombre, como si lo desafiara.
«Malditas serpientes, cómo las odio», exclamó Cael, abriendo los ojos al percatarse de la serpiente que lo desafiaba.
Finalmente, la serpiente se elevó hacia el rostro de Cael y luego retrocedió abruptamente. Cael intentó girarse, pero la joven recuperó su forma original y extendió su mano sobre su espalda.
-Tú serás excepcional. ¡invertir! -exclamó la joven.
Durante unos segundos, el silencio dominó el ambiente. Unos poderosos y majestuosos rayos verdes envolvieron por completo el cuerpo de Cael mientras la joven retrocedía, mientras los relámpagos iluminaban el escenario.
-¡Ah! ¡Maldita sea! ¡No puedo creer que duela tanto! ¡Aaaah!
Cael, con un esfuerzo sobrehumano, trató de ponerse de pie, pero le resultó extremadamente difícil. Los huesos de Cael comenzaron a crujir mientras sentía que su gabardina le quedaba cada vez más holgada.
-Vaya, realmente eres obstinado. ¿No te das cuenta de que es inútil seguir luchando? Te conviene no gastar más energías.
El ojo dorado de Cael comenzó a resplandecer con la pureza del oro más exquisito. La joven retrocedió con cautela mientras un tic se manifestaba en su mano derecha.
-Te voy a causar un gran daño y haré que sufras. Pronto lo verás. Exclamó cael.
Los relámpagos empezaron a disminuir, y Cael se dio cuenta de que su voz había cambiado. Comenzó a examinar su entorno y notó que la gabardina le quedaba muy grande. Mientras observaba a la joven, su ojo se descolocó.
-¿Qué opinas? Si me brindas tu apoyo, podría ayudarte a regresar a la normalidad. Sería beneficioso para ambos, ¿no lo crees?
La joven lo observa fijamente mientras se aproxima a él lentamente.
Los dientes de Cael comenzaron a crujir mientras la sangre de sus propias encías manchaba la superficie de sus labios. Sin embargo, Cael se percató de algo.
Cael notó que su cabello caía más allá de sus hombros y experimentó una sensación de peso inusual sobre su pecho. Además, percibió que sus pestañas habían crecido de manera notable.
-¿Qué me has hecho? Porque... me siento diferente.
-No has respondido a mi pregunta. Si tú me contestas, yo también te responderé.
El guerrero apretó sus puños mientras sus uñas, extrañamente alargadas, comenzaron a sangrar, incluso atravesando los guantes que ahora le quedaban ajustados.
-¡Te voy a eliminar, maldita!
La joven experimentó una extraña sensación que la llevó, por instinto, a retroceder, mientras sus ojos se abrían completamente al observar que el guerrero se levantaba, a pesar de que su propia magia lo había obligado a arrodillarse.
«¿Qué eres exactamente? ¿Acaso eres un demonio? Me resulta increíble que puedas mantenerte de pie»
Sin embargo, un intenso dolor en el abdomen de Cael lo llevó a caer de rodillas una vez más. Comenzó a experimentar una sensación de contracciones en su vientre, y su rostro se tornó completamente pálido. A medida que el malestar aumentaba, sus dientes rechinaban con mayor intensidad.
Al percatarse de la vulnerabilidad de cael, la joven se movió rápidamente hacia atrás de él, como un destello. En un instante, extrajo de su bolsa un collar dorado que ostentaba una piedra preciosa en el centro. El chasquido seco del collar hizo que cael se volviera hacia atrás.
-A partir de este momento, no podrás atacarme ni desobedecerme.
Cael apretó los dientes con tanta fuerza que sintió que podrían romperse, mientras sus manos, de manera inesperada, se hundían en el tejido de su gabardina.
-¿Entonces, llegamos a un acuerdo o no?
Cael sentía cómo su sangre hervía, aunque sus palabras eran pronunciadas con dificultad.
-Por favor, he eliminado a numerosas personas, incluso ejércitos. ¿Realmente crees que eres capaz de dominar a la muerte roja?
Cael esbozó una amplia sonrisa. Sin embargo, la joven lo miró con una expresión serena.
—No creo que tengas muchas alternativas, dado que ya no eres el mismo de antes. Además, cuanto mayor sea el peligro y más fuerte seas, más útil serás para mí.
La joven se acercó a Cael mientras lo miraba directamente a su ojo.
-Además, en este momento, eres una mujer; yo te he transformado y todas tus fuerzas han disminuido. Tu control sobre tu poder se encuentra en un estado tal que parece que nunca lo has dominado. Ahora, además, te has convertido en mi herramienta.
-Como me has dicho que me has maldecido, cuando tenga la oportunidad de tenerte frente a mí.
Sin embargo, los intensos calambres y dolores abdominales regresaron con mayor severidad que antes.
-Te mencioné que ese collar es capaz de percibir tus intenciones y detectar lo que hay en tu corazón. Si en tu interior albergas la intención de hacerme daño, el collar replicará los mismos efectos que antes.
-Además, observa, eres una hermosa y encantadora joven.
«¿cómo se atreve? Maldita... ¿Cómo es posible? ¿Cómo?»
Bajó la mirada, sumido en un torbellino de dudas y lamentos.
-Ah, así que eres una cambiante, ¿verdad?
La joven se erguía con una elegancia que contrasta con el caos que la rodeaba en la base. Sus ojos resplandecían con la determinación de quien ha hallado la pieza que le faltaba en su tablero.
-Mi nombre es Elis Lendard, soy una cambiante. A partir de ahora, tú serás mi instrumento en la lucha contra el infame Levis.
«no tienes idea de lo que te espera; cuando menos lo imagines, será tu final.»
-Entonces, ¿tenemos un acuerdo?, exclamó Elis.
Cael esbozó una sonrisa tenue y, con un rápido movimiento, se acercó a elis. Sin embargo, experimentó nuevamente el mismo dolor, esta vez intensificado más de cincuenta veces en comparación con antes.
-Ahh, no.. porque. Duele tanto?.
-Lo que digas no tendrá importancia, ya que de todos modos serás de utilidad para mí. Para evitar que levantar sospechas, a partir de ahora te llamaré Nalia.
Cael observó el rostro de Elis con una mirada penetrante.
Elis se aproximó a Cael mientras sujetaba su cabello con firmeza.
Cael percibió la sensación de un líquido fluyendo a través de su nuevo cuerpo.
-Espera, Elis, o como sea que te llames, ¿acaso no ves que estoy sangrando?
-Es algo normal. A partir de ahora, eso formará parte de tu nueva biología. Además, si te consideras la auténtica muerte roja, no comprendo por qué temes a una simple sangre.
-No comprendes, estúpida.
-Tú eres la princesa roja, pero no la muerte roja.
Elis sostuvo firmemente a Cael, arrastrándolo desde la base mientras su nuevo cuerpo comenzaba a rozar con fuerza.
-No te resistas, Nalia. A pesar de tus esfuerzos, no te liberarás hasta que logre mi objetivo.
-maldita que no me llames así; prefiero con creces que me llames Caeylia en lugar de Nalia o Princesa Roja.
-Está bien, Caeylia. No te resistas; ¿acaso te preocupa que alguien te vea y te reconozca? ¿Es ese tu temor?
-Mira, Caeylia, tienes suerte. Tenía la intención de ir a la ciudad más cercana, pero creo que ya sé a dónde dirigirme.
Elis, sin mostrar ningún tipo de piedad, arrastró a Caeylia a través del bosque, mientras ella comenzaba a sentirse muy débil y a perder el conocimiento. Cerró su ojo dorado mientras contemplaba la luz de la luna.
-No permitiré que me utilicen como un arma -murmuró Caeylia antes de quedarse dormida.








