DEDICATORIA
A eso que no existe, pero saber que puede existir de verdad me hizo sentir en paz. Eso que no es lo que se promete, no es lo que se piensa, no es una cuestión de tiempo. Es aquello que se encuentra; aquello que se siente y que no se puede sentir una vez más de la misma manera.
Es lo que luce simple ante los ojos mortales, pero que vale más que todo un universo de metales preciosos bajo mis ojos inmortales. A eso que no existe, pero que tampoco me pidió permiso para habitar en el abismo de mi ser.
Todo esto va dedicado a eso que no existe, y no necesito buscar pruebas para decir que se mantiene real, pues al final puedo decir que no existe, pero ya habita dentro de mí.
Gracias a aquella alma herida, de hermosas cicatrices, que decía no existir y proclamaba estar perdida, y que, sin embargo, yo encontraba cada día en su mirar.








