Capitulo 1
Prólogo
Habían pasado exactamente tres meses, pero yo seguía esperando.
Cada tarde ocupaba el mismo lugar junto a la ventana, con la mirada perdida en la calle y una esperanza que me negaba a admitir que todavía existía.
Sabía que no iba a volver.
Me lo había repetido tantas veces que aquellas palabras deberían haber dejado de doler.
Pero no lo habían hecho.
Habíamos terminado de la peor manera posible. El orgullo, las palabras dichas en el momento equivocado y una discusión que ninguno de los dos quiso detener nos habían separado. Después, simplemente desapareció.
Ni una llamada.
Ni un mensaje.
Nada.
Hasta aquella tarde.
Un camión de correo se detuvo frente a mi casa y, por un instante, no le presté atención. Estaba acostumbrada a recibir paquetes que no significaban nada: compras, facturas, cosas que había olvidado que había pedido.
Pero entonces el mensajero llamó a mi puerta.
—¿Amelia?
Asentí.
Me entregó una caja.
Era grande, pesada y completamente anónima.
No había nombre del remitente.
Solo mi nombre escrito en una etiqueta.
Firmé la entrega y cerré la puerta.
Durante unos segundos me quedé inmóvil, mirando aquella caja sobre la mesa.
No sabía por qué, pero sentí un escalofrío recorrerme el cuerpo.
Algo dentro de mí me decía que no debía abrirla.
Y, al mismo tiempo, otra parte de mí sabía que tenía que hacerlo.
Busqué unas tijeras y corté la cinta.
Levanté la tapa.
Y entonces lo vi.
Mi respiración se detuvo.
Porque aquello que tenía frente a mí pertenecía a una persona que yo creía haber perdido para siempre.
Mis manos comenzaron a temblar.
Había esperado durante tres meses alguna señal de él.
Pero nunca imaginé que, cuando finalmente llegara, sería así.
Cerré los ojos.
Y por primera vez entendí que aquella historia que creía terminada...
apenas estaba comenzando.
1
Era otro aburrido día en el trabajo, A las nueve y veinte de la mañana ya había mirado el reloj seis veces. Faltaban exactamente siete horas y cuarenta minutos para salir de aquella oficina.Y yo ya estaba cansada., había estudiado diseño y nunca pensé que terminaría teniendo un trabajo tan monótono, donde ni siquiera tenía que hacer nada relacionado con eso. Mi jefa una gran persona me dio el empleo luego de terminar mis estudios, pero hoy a mis veintinueve años sabía que no podría estar toda mi vida trabajando en esta oficina, sin tener aspiraciones a cambiar, pero la paga era buena y yo tenía que seguir pagando cuentas y sobreviviendo.
-¿Amelía puedes venir? preguntó mi jefa, me apresure a su oficina y me encontré con ella detrás del escritorio con un montón de papeles sobre el.
-¿Qué necesitas Jennifer? le pregunté con cordialidad.
-Necesito que vayas al centro y entregues estos papeles- dijo señalando un sobre sobre la esquina más alejada del escritorio. -Es muy importante que lleguen hoy a la oficina central así que como yo no puedo ir te pido de favor que tú los lleves-
Inmediatamente asentí con la cabeza, tomé el sobre y me despedí rápidamente.
En el camino al centro, tuve que optar por ir en mi automóvil, ya que el transporte público quedaba descartado en esta hora del día.
Cuando estaba llegando a una intersección principal, fue donde lo vi, iba caminando despreocupado, pero con un andar que gritaba seguridad, mis ojos no podían dejar de mirarlo, y en ese momento cuando el semáforo cambió y él cruzo por delante de mí y me miró supe que estaba perdida sentí una gran atracción que me quitó el aliento “perfecto, no podrias ser mas tonta amelia, flechada por un desconocido” pensé. El chico me miró y me dedicó una sonrisa que me hizo que me derritiera en un segundo y continúo su camino. Yo salí de mi momento de sueño de película romántica y continúe mi camino a la oficina central.
Durante todo el día me encontré soñando con el desconocido de linda sonrisa, que hacía que me derrita solo con recordarlo sonriéndome.
El día pasó como un borrón luego de eso y al llegar a las cinco por fin dí por terminada mi jornada laboral y me apresure a mi coche para ir a mi casa, aún me quedaban unos cuarenta minutos manejando para ello y necesitaba llegar ya ducharme y relajarme.
Al llegar después de un tráfico horrendo pude por fin darme una ducha, sacarme la ropa de trabajo y ponerme un cómodo vestido veraniego. Me mire al espejo y vi lo que este me devolvía, mi cabello castaño estaba mojado por la ducha, mis ojos eran marrones y no destacaban, mi cara era común, mi cuerpo no era ni delgado ni muy extravagante, aunque yo me daba cuenta que tenia unos kilos de más; de pronto me sentí deprimida, el chico de la calle que había visto hoy, debe de tener muchas chicas mucho más bonitas y mucho más jóvenes que yo. Decidí que lo mejor para levantarme el ánimo era salir al parque cerca de mi casa, por lo menos vería más personas y no estaría tan sola. Me encaminé al parque tomando mi chaqueta por si refrescaba, tome mis llaves y salí, al llegar al parque me senté a ver a las familias jugar y las parejas acurrucarse, no se que estaba pensado, cada vez me sentía más infeliz. Me apresuré a caminar por el mismo, tal vez así subía mi ánimo, entonces fue cuando pasó, iba distraída en mis pensamientos cuando choque con algo duro, al principió pensé que había sido un poste o algo así pero me di cuenta rápidamente que era una persona, cuando lo mire para poder pedirle disculpas por lo sucedido me quedé sin respiración. Ahí estaba el chico de la sonrisa bonita,que había visto hoy temprano en la calle.
-¿Estás bien? preguntó su voz era gruesa y un tanto sexy, y sentí que podía morir en ese momento y lo haría feliz, ya que aún me sujetaba para estabilizarme y cada centímetro que tenía contacto con su piel estaba electrizado.
-Si, disculpas, iba pensando en otra cosa- logré balbucear sin babear. Me soltó y sentí un vacío. Definitivamente tenía un flechazo.
-No hay problema- me sonrió, ahí estaba esa sonrisa.- Sabes, te ví hoy en el centro, ibas en tu automóvil- me comentó, pensé era imposible que se acordara de mi, no destacaba para nada y era de esas personas olvidables.
- Creo que si- conteste.
-Mi nombre es Franco, un placer - me tendió la mano y la acepté sin dudarlo.
-Amelia- conteste con una sonrisa.
-Me encantó chocar contigo hoy Amelia, espero poder vernos nuevamente en algún lugar- se despidió y siguió tratando por el camino.
-Adiós- fue lo único que atiné a decir mientras lo veía alejarse.
En ese moemto no supe que pensar, estaba segura de una cosa eso si, era casi imposible que pudiera tener la suerte de volver a verlo.
Como en un trance volví a mi casa sintiéndome especial por ese contacto,recordaba esa sonrisa, y su tacto efímero y solo podía pensar en sentirlo más tiempo, más íntimamente. Acalorada y con ganas de más puse en claro mis pensamientos, número uno, hacía demasiado tiempo que no estaba con un hombre, mis hormonas locas me lo acababan de avisar, número dos, era casi imposible volver a ver al chico, pero deseaba hacerlo de manera ilógica, y número tres, tenía un crush por un desconocido, como si fuera una adolescente a mis casi treinta años. Seguía perdida en mis pensamientos cuando mi teléfono sonó con una notificación * Franco quiere seguirte en instagram*
El teléfono sonó con la notificación y estaba atónita, no sabía cómo había dado con mi perfil en instagram, pero ahí estaba él, en una foto con una gran sonrisa que hacía que un poco más mojara mi ropa interior.
No acepte su solicitud de inmediato, en primer lugar mire sus fotos, algunas solo, otras con amigos, otras en su coche, llamó la atención una con su uniforme de trabajo, una camisa ceñida color azul, con un pantalón que le quedaba pintado, y en su pecho la inscripción policía en letras blancas. En ese momento pude tener un orgasmo solo de mirarlo, tenía un insano gusto por los chicos uniformados, siempre había sido mi fantasía poder estar con uno, desafortunadamente eso nunca había pasado en mi aburrida vida. Seguí mirando las fotos, no había ninguna con novia a la vista, eso me dio una pequeña esperanza, luego mire una de su cumpleaños anterior, un gran número veinticuatro estaba puesto en medio del pastel; genial, era menor que yo, ahí se fueron mis otras esperanzas por el caño. Lindo, simpático y menor que yo, una solterona con unos kilos de más, que se pasaba trabajando y no tenía nada que la destacara, no había ninguna forma de que ese bombón se fijara en mí, pero en un impulso acepte su solicitud y lo empecé a seguir también. De inmediato llegó otra notificación, más temprano en el día había subido una foto en la que estaba tomando mi café y Franco había puesto un corazón en ella. Mi propio corazón comenzó a latir fuerte y traté de no ilusionarme.








