El Faro de Alejandria
Alejandría, una pequeña isla perdida en el océano del caribe, cerca de Venezuela.
Aquí vivo yo, una pequeña población de personas vive en este lugar, todas las noches. O cuando me siento sin respuestas, me acerco al faro, y escribo. Soy un preso de la melancolía, mis escritos son tan tristes que el papel llora y el bolígrafo tiembla, la brisa salada me trae una nostalgia que me deja helado y triste. El papel se ha arrugado, el bolígrafo se ha quedado sin tinta, ya no se que es escribir, ya no se que sentir. Mis intentos por un escrito alegre, dulce y amoroso terminan siempre en un triste poema melancólico que la naturaleza lee y se inquieta.
Sentado en la colina de los atardeceres rojos, me siento un títere controlado por mi titiritero, Dios? El destino? La vida? No lo sé... Pero hoy, hoy creo que volveré al faro de Alejandria a escribir. Los pájaros cantan, las flores brotan, el atardecer es rojo, a quien escribo esto? No lo sé, a nadie, a todos. Tendrá sentido? Posiblemente no.
Hoy lloré, después de mucho tiempo, sentí que me dolió el corazón, me preguntó si soy suficiente, ya no se si escribo un mensaje o un testamento, me siento mal, la lógica me mata, prefiero la fantasía. Mi bolígrafo está cansado, mi papel sigue arrugado, el faro sigue alumbrando y el sol está menguando. Hoy... Volví a escribir un poema melancólico bajo la lluvia mirando el faro de Alejandria.








