Capítulo 1
El sol apenas comenzaba a teñir de dorado las cumbres de los edificios más altos de la ciudad cuando Park Jimin detuvo su paso frente al imponente rascacielos de cristal y acero que albergaba las oficinas de Jeon Empires
Tenía veintisiete años y en su pecho, junto al latido de un corazón que aún se empeñaba en seguir adelante, convivían la emoción más grande de su vida y un miedo antiguo, pesado como la piedra, que llevaba arrastrando desde mucho antes de saber que su nombre aparecería en el primer puesto del concurso más exigente del mundo de la arquitectura
Había ganado —de entre miles de los mejores, él había sido el elegido— Este proyecto no era solo planear muros y trazar planos; era la oportunidad que le demostraría que todo lo que había sufrido, todo lo que había perdido y todo lo que aún llevaba roto por dentro, tenía algún sentido
Era la cura que buscaba, sin saber exactamente qué era lo que necesitaba sanar
Caminó por el vestíbulo con paso firme, aunque por dentro sentía que podía desmoronarse en cualquier momento. Sus padres ya no estaban para verlo entrar ahí; la casa que le dejaron era su refugio, pero también un lugar lleno de ecos y sombras que lo visitaban cada noche
Tenía una novia, a quien amaba y con quien compartía su vida desde hacía cinco años; ella era su luz, su calma, y aun así, había rincones de su alma tan oscuros y profundos que ni siquiera a ella se atrevía a mostrarle del todo
Vivía con los fantasmas de lo que fue y de lo que pudo ser, intentando reconstruirse a sí mismo igual que construía sus edificios, poco a poco, colocando una pieza a la vez, rezando para que los cimientos no terminarán por ceder
Llegó al último piso. Las puertas de madera maciza se abrieron ante él, y allí, de pie junto a un ventanal que dominaba toda la ciudad, lo vio
Jeon Jungkook
El dueño de Jeon Empires, el arquitecto más brillante de su generación, el hombre cuyas obras se alzaban en cada continente como señales de su genio y su poder. Nadie lograba entrar en su círculo; eran tan pocos los que trabajaban a su lado que se decía que ser aceptado era casi imposible
Jimin nunca quiso formar parte de este grupo, nunca buscó su aprobación... pero había ganado el concurso, y por eso estaba ahí, frente a él
Jungkook se volvió lentamente
Tenía la mirada afilada, serena, y una presencia que llenaba toda la habitación sin necesidad de levantar la voz. Se sabía todo de él, casado desde hacía diez años, padre de tres hijas —la mayor de diez, y dos gemelas de cinco— Se casó por amor y por la vida que venía en camino, y según decían todos, era el esposo y padre perfecto
Tenía la familia ideal, la fortuna que muchos envidiaban, el reconocimiento mundial... lo tenía todo
Pero en ese instante, cuando sus ojos se cruzaron, Jimin sintió algo que no supo explicar. Vio en la mirada de aquel hombre todo lo que aparentaba ser... y algo más
Una sombra oculta tras la perfección. Una certeza fría que le recorrió la espalda, nada es tan perfecto cuando hay algo que el mundo te ha prohibido tener, y estás dispuesto a arrasar con todo, con todos, con tu propia vida si hace falta, para conseguirlo
—Bienvenido, arquitecto Park —dijo Jungkook, y su voz era suave, pero cargada de una intensidad que hizo que el aire pareciera volverse más denso— Empecemos
Y Jimin, que había llegado buscando sanar sus propias heridas, no sabía aún que aquel proyecto no cambiaría solo su carrera... sino que pondría al descubierto que las cadenas más pesadas no son las que se ven, y que los deseos prohibidos pueden destruir incluso los cimientos más fuertes
Las palabras de Jeon Jungkook resonaron en el amplio despacho como un eco que no se disipaba. Jimin asintió, sintiendo el peso de esa mirada oscura que lo recorría de arriba abajo, minuciosa, como si estuviera midiendo no solo su capacidad, sino cada rincón de su alma
—Gracias, señor Jeon —respondió Jimin con voz firme, aunque por dentro sentía que sus propias paredes internas se tambaleaban— Es un honor
—El honor es de quien demuestra que se lo merece —replicó Jungkook, señalando los planos extendidos sobre la mesa de cristal sin apartar los ojos de él— Ganaste porque tu propuesta era distinta. No era sólo arquitectura, era... alma
Jimin contuvo el aliento porque nadie lo había definido así. Nadie había visto que en cada línea, en cada curva y ángulo que había trazado, había puesto también todo lo que le dolía, todo lo que había perdido, todo lo que seguía esperando sanar
—Solo intenté construir algo que pudiera sostenerse incluso cuando todo lo demás se derrumbe —respondió Jimin, sin querer, diciendo mucho más de lo que debía
Jungkook guardó silencio un instante. Se acercó un paso más, y Jimin sintió la cercanía de aquel hombre como una fuerza magnética, ineludible
—Entonces nos parecemos más de lo que crees, arquitecto Park —dijo Jungkook en un tono más bajo, casi un susurro que solo ellos dos podían oír— Yo también llevo años construyendo cosas para sostener lo que por dentro ya se cayó hace mucho tiempo
No hubo más
Continuaron la reunión, repasaron detalles, fechas, planos, pero desde ese instante, algo había cambiado y eso no estaba en los planos de la vida menos de la suya
Cada vez que sus miradas se cruzaban, Jimin sentía que aquel hombre le estaba leyendo los pensamientos, que conocía sus miedos, sus fantasmas, esa sensación de estar roto por dentro. Y a su vez, Jimin empezó a ver más allá de la fachada perfecta, vio en Jungkook la misma soledad, la misma herida que no cierra, la misma sensación de tenerlo todo y no tener nada
Cuando Jimin salió de allí, al atardecer, se llevó la mano al pecho, su corazón latía desbocado, y no por el éxito, ni por la emoción del nuevo cargo. Sino porque en esas pocas horas, Jeon Jungkook había logrado tocar lo más profundo de su ser, donde nadie más había llegado
Ni siquiera ella, su novia de cinco años
Un mes después
Las semanas pasaron vertiginosas, entre planos, reuniones y visitas a la obra. Y con cada día que transcurría, esa conexión silenciosa entre ambos se hacía más fuerte, más inevitable, más peligrosa
Jimin no entendía lo que le ocurría
Llegaba cada mañana con el corazón acelerado, esperando verlo. Se descubría buscando su mirada, escuchando su voz, sintiendo cómo el aire se volvía más denso cuando Jungkook se acercaba
Al llegar a casa, a la que fuera hogar de sus padres y ahora su refugio, miraba a su novia y sentía un nudo en la garganta. Ella lo miraba con amor, esperanza, planes de futuro... y Jimin sentía que estaba traicionándola, no con actos, sino con el alma
Porque su alma, esa que creía rota, empezaba a latir con fuerza, pero latía pensando en otro hombre. En un hombre que tenía una esposa, tres hijas, una vida entera construida sobre la perfección
Y Jungkook... él, que lo tenía todo, que era admirado, respetado, envidiado
Él, que había jurado amar a su esposa por siempre, se descubra a sí mismo perdido en esos ojos suaves y tristes de Jimin. Veía en él todo lo que le faltaba a su propia vida, sinceridad, sentimiento, la capacidad de sentir hasta doler
Cada palabra, cada gesto, cada sonrisa tímida de Jimin se le quedaba grabada, ardiendo. Sabía que estaba prohibido, sabía que podía destruirlo todo, su familia, su nombre, su imperio
Pero había algo en esa mirada, algo que le decía yo también estoy roto, y yo también busco cura, que lo llamaba sin descanso
Ambos sabían que no debían, ambos llevaban cargas que no podían soltar
Pero también sabían algo más, cuando el mundo te prohíbe algo, cuando sientes que por primera vez algo te completa, algo que creías perdido para siempre... entonces, uno se empeña en tenerlo. Y no importa el precio, no importa a cuántos se lleve por delante
Se miraron una tarde, en la obra, cuando todos se habían retirado, solo quedaban ellos dos, bajo el sol que se ocultaba. Ninguno dijo nada, pero en ese silencio, ambos entendieron que ya no había vuelta atrás
Que lo que había nacido entre ellos, prohibido, imposible, era la cura que ambos llevaban años buscando... y también, probablemente, su condena








