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Si la vida fuera contada, ¿por dónde empezar? ¿Por el dolor? ¿Por la desgracia? ¿Por la decepción? ¿Por la traición? ¿O por el amor?
Cada quien elige cómo comenzar su historia, pero siempre hay algo que ocultan; algo que podría arruinarlo todo, no solo su vida, sino también aquello que queda de su mente cuando las cosas empiezan a salir mal. Aunque, siendo sincero, algunas personas ya nacen dentro del desastre y simplemente aprenden a llamarlo hogar.
En mi caso fue así.
Una familia peculiar, o mejor dicho, horrible. Padres criminales, una vida rodeada de peligro, dinero en cantidades absurdas y una casa demasiado grande para alguien que casi nunca escuchaba una palabra de cariño. No tenía recuerdos de abrazos, de cuentos antes de dormir ni de alguien preguntándome cómo había sido mi día. Tenía entrenamientos, reglas y expectativas.
Y un apellido.
Fleck.
Qué horrible era apellidarse Fleck.
Muchos se preguntarían qué estaba sucediendo.
Pues era muy fácil de decir.
Odiaba mi vida.
Odiaba ser el puto hijo de dos de los criminales más buscados de Gotham. Jodido, ¿no?
Me dieron todo el dinero que podían comprar, pero nunca me dieron aquello que realmente necesitaba. Cariño. Atención. Una palabra de reconocimiento.
Algo tan sencillo como:
"Estoy orgulloso de ti, Alessio."
Cinco palabras.
Solo cinco.
Pero parecía que para ellos eran demasiado difíciles de pronunciar.
Quizá por eso crecí buscando aprobación en cualquier parte. No importaba de quién viniera. Solo quería sentir, aunque fuera por unos segundos, que había hecho algo bien.
Pero en mi familia no existía el "bien".
Existía el "útil".
Desde pequeño me enseñaron que un Fleck debía ser fuerte. No debía llorar. No debía dudar. No debía tener miedo. Y mucho menos debía mostrar compasión.
La compasión era una debilidad.
Eso era lo que decía mi padre.
Así que aprendí.
Aprendí demasiado rápido.
Cuando tenía seis años ocurrió algo que cambió mi manera de ver el mundo. Mi primera misión terminó con una muerte y, aunque cualquiera esperaría que un niño quedara traumatizado, yo solo recuerdo haberme quedado mirando la escena en silencio.
No voy a describir lo que ocurrió aquella noche.
Solo recuerdo el silencio posterior.
La sensación de que todos esperaban que yo estuviera horrorizado.
Pero no lo estaba.
Mi padre me observó durante unos segundos.
—¿Tienes miedo?
Negué con la cabeza.
—¿Te arrepientes?
Volví a negar.
Entonces sonrió.
Y aquel fue probablemente el peor momento de mi infancia.
Porque en lugar de preguntarme si estaba bien, me dijo:
—Buen trabajo, Alessio.
Recuerdo que esas dos palabras se quedaron dando vueltas en mi cabeza durante días.
Buen trabajo.
Quizá por eso seguí buscando aquella sensación durante años.
Hasta que cumplí quince.
Para muchos, cumplir quince años significaba fiestas, regalos y fotografías familiares.
Para mí significaba algo completamente diferente.
La integración al mundo criminal.
Mi padre decía que ya era hora de dejar mi propia huella.
Y yo estaba dispuesto a hacerlo.
Dos días después de mi cumpleaños viajé junto a él hasta Nueva York.
Durante todo el camino permanecí en silencio.
Sabía cuál era mi objetivo.
La familia D'Angelo.
Una de las familias más ricas de la ciudad.
Una pareja poderosa y su hijo mayor.
Gian.
Había escuchado su nombre muchas veces.
Seis años mayor que yo.
Inteligente.
Reservado.
Y, según las fotografías que había visto…
Demasiado bonito para alguien que pertenecía a una familia que estaba a punto de convertirse en mi primera gran misión.
—¿Nervioso? —preguntó mi padre mientras conducía.
—No.
—¿Seguro?
Lo miré.
—Quiero hacerlo.
Mi padre sonrió.
—Entonces esta noche demostrarás que realmente eres un Fleck.
Aquellas palabras fueron suficientes.
Cuando llegamos, esperé hasta que oscureciera por completo.
La villa era enorme.
Demasiado elegante.
Demasiado tranquila.
Parecía el tipo de lugar donde nadie podía imaginar que algo terrible sucedería.
Y precisamente por eso funcionaría.
Me encargué de que la propiedad quedara a oscuras y entré aprovechando la confusión.
Todo sucedió rápidamente.
Demasiado rápidamente.
Los habitantes de la casa apenas tuvieron oportunidad de reaccionar.
Uno intentó enfrentarse a mí.
El otro trató de escapar.
No los dejé.
Cuando finalmente conseguí controlar la situación, ambos estaban frente a mí.
Los observé durante unos segundos.
Algo no estaba bien.
Había visto fotografías de la familia.
Tres personas.
Pero allí solo había dos.
Fruncí el ceño.
—¿Dónde está su hijo?
Ninguno respondió.
—Les pregunté algo.
Silencio.
Mi paciencia comenzó a desaparecer.
—¿Dónde está Gian?
Uno de ellos apartó la mirada.
Aquello me hizo enfadar.
No porque estuvieran ocultando información.
Sino porque había viajado hasta allí precisamente por él.
No sabía explicar por qué.
Solo quería verlo.
Quizá era curiosidad.
Quizá era obsesión.
Quizá simplemente necesitaba una razón para seguir adelante con aquello.
—Si no quieren hablar —dije mientras sacaba la pequeña daga que mi padre me había regalado—, entonces encontraré la respuesta por mi cuenta.
Los siguientes minutos fueron confusos.
Gritos.
Golpes.
Amenazas.
Silencio.
No voy a contar exactamente qué ocurrió después.
Hay cosas que incluso yo prefiero dejar enterradas.
Solo recuerdo haber salido de aquella habitación sintiendo que algo dentro de mí se había apagado.
O quizá se había encendido.
No lo sé.
Miré la daga en mi mano.
Después miré el pasillo.
—¿Dónde estás, Gian?
Fue entonces cuando escuché un ruido.
Me giré.
Al final del pasillo había alguien.
Un chico.
Alto.
Pálido.
Completamente inmóvil.
Nuestros ojos se encontraron.
Por un instante ninguno dijo nada.
Entonces él dio un paso hacia atrás.
—¿Quién eres?
Sonreí.
—Alessio.
—¿Qué hiciste?
No respondí.
No hacía falta.
Su mirada recorrió lentamente el lugar.
Comprendió.
Y por primera vez aquella noche sentí algo diferente.
No satisfacción.
No orgullo.
Algo parecido a la curiosidad.
Gian me miró como si intentara descubrir qué clase de persona tenía delante.
—Eres un monstruo.
Solté una pequeña risa.
—Eso me han dicho.
—¿Por qué?
Me quedé callado.
¿Por qué?
Era una pregunta demasiado sencilla.
Porque quería demostrar que era digno.
Porque quería que mi padre estuviera orgulloso.
Porque quería dejar mi marca.
Porque quería sentir algo.
Porque quizá, en el fondo, llevaba tantos años buscando aprobación que ya no sabía distinguir entre ser querido y ser temido.
—Porque puedo —respondí finalmente.
Gian negó con la cabeza.
—Eso no es una respuesta.
—Es la única que tengo.
Durante unos segundos solo nos miramos.
Entonces escuchamos un ruido proveniente del exterior.
Las sirenas comenzaban a acercarse.
Mi sonrisa desapareció.
—Tenemos que irnos.
Gian me miró confundido.
—¿Tenemos?
Me quedé quieto.
Yo mismo no sabía por qué había dicho eso.
Quizá porque, por primera vez, no quería dejarlo allí.
Quizá porque aquella noche no había salido como esperaba.
O quizá porque había encontrado algo mucho más peligroso que una misión.
Una persona que podía hacerme dudar.
—Ven conmigo —dije.
—¿Por qué?
Lo miré directamente.
—Todavía no lo sé.
No esperé su respuesta.
Me alejé por el pasillo mientras las sirenas se escuchaban cada vez más cerca.
Aquella noche la villa terminó consumida por el fuego.
Desde la distancia observé cómo las llamas iluminaban el cielo oscuro.
Mi primera misión.
Mi primera marca.
Mi primer gran error.
Saqué una carta del bolsillo.
El As de Corazones.
La había diseñado yo mismo.
Un corazón rojo acompañado por una pequeña corona negra.
Era mi firma.
Mi advertencia.
Mi manera de decirle al mundo que aquello había sido obra de un Fleck.
Me acerqué hasta donde pude y dejé caer la carta.
El viento la arrastró unos centímetros antes de que terminara sobre los restos de la entrada.
La observé durante unos segundos.
—Qué belleza.
Después me di la vuelta.
No sabía que aquella noche cambiaría mi vida.
No sabía que volvería a encontrarme con Gian.
Y mucho menos sabía que, algún día, aquella misma persona sería capaz de hacerme cuestionar todo lo que mi familia me había enseñado.
Porque aquella noche no terminó una misión.
Aquella noche comenzó mi historia.
Y, aunque todavía no lo sabía…
Gian D'Angelo sería una de las piezas más importantes de ella.
Modificado por las nuevas pautas de wattpad, si quieren leer el original estará disponible en oplot, solo una pequeña advertencia es muy diferente a lo que se escribe aqui- Fujhoshi97love








