Capítulo 1
Capítulo 1: Dos ojos
El campo de Blue Lock estaba completamente vacío.
Las luces del techo iluminaban el césped artificial mientras Isagi Yoichi permanecía de pie en el centro.
Había terminado el entrenamiento hacía varios minutos.
Los demás jugadores ya se habían marchado.
Pero Isagi seguía ahí.
Respirando.
Observando.
Pensando.
—Otra vez...
Cerró los ojos.
En su mente apareció el campo.
Los jugadores.
Las posiciones.
Las líneas de pase.
Los espacios.
Todo comenzó a conectarse como piezas de un enorme rompecabezas.
Metavisión.
Desde que había desarrollado aquella habilidad, el campo ya no era simplemente un campo.
Era un sistema.
Cada jugador era una variable.
Cada movimiento cambiaba el resultado.
Cada segundo creaba nuevas posibilidades.
Isagi abrió los ojos.
—Si puedo leer todo el campo... entonces debería poder encontrar siempre la mejor posición.
Caminó lentamente hacia el arco.
—Pero todavía hay algo que no puedo explicar.
Recordó sus últimos partidos.
Había ocasiones en las que sabía exactamente dónde aparecer.
Sabía cuándo moverse.
Sabía cuándo esperar.
Pero algunas veces ocurría algo diferente.
Una sensación.
Un impulso.
Como si una parte de su cerebro le gritara:
AHORA.
Isagi se detuvo.
De repente, sintió un escalofrío.
Su visión cambió.
El campo pareció oscurecerse.
No literalmente.
Era como si su cerebro hubiera eliminado todo lo innecesario.
Las líneas del campo desaparecieron.
Los espacios dejaron de importar.
Solo quedó una cosa.
El arco.
Y frente a él...
un defensor imaginario.
Isagi sintió algo extraño.
Su cuerpo se inclinó ligeramente hacia adelante.
Su respiración se volvió más lenta.
Su mirada se clavó en el cuello del defensor.
—¿Qué...?
Su cerebro empezó a calcular.
No como la Metavisión.
Esto era diferente.
No estaba analizando todo.
Estaba buscando una debilidad.
Un instante.
Un error.
El momento exacto en el que el rival estaría indefenso.
Entonces lo vio.
Un pequeño cambio en el equilibrio del defensor.
Una mínima separación entre sus piernas.
Un instante de vulnerabilidad.
Isagi sonrió.
—Ahí.
Su cuerpo reaccionó antes de que pudiera pensarlo.
Corrió.
Un toque.
Cambio de dirección.
Disparo.
¡BOOM!
El balón golpeó la red.
Isagi quedó inmóvil.
Miró sus propias manos.
—Eso no fue Metavisión.
Su corazón comenzó a acelerarse.
—Entonces... ¿qué fue?
Al día siguiente.
Los jugadores de Blue Lock se encontraban reunidos en una de las salas de entrenamiento.
Rin estaba practicando sus disparos.
Bachira hacía regates.
Barou entrenaba por su cuenta.
Isagi observaba.
Su Metavisión estaba activa.
Podía ver los movimientos de todos.
Bachira avanzaría por la izquierda.
Rin ocuparía el centro.
Barou intentaría entrar al área.
Todo era predecible.
Hasta que...
Barou cambió de dirección.
Isagi abrió los ojos.
—¿Eh?
Por un instante, apareció aquella sensación otra vez.
Ahora.
Una imagen apareció en su mente.
Barou perdería el balón.
Rin interceptaría.
Bachira recibiría.
Y entonces...
Isagi vio algo.
Una posibilidad.
No.
Una oportunidad.
Un pequeño espacio detrás de Rin.
—¡Bachira!
Bachira levantó la cabeza.
—¿Qué?
—¡Pásamela!
Bachira sonrió.
—¡Vamos!
El balón salió disparado.
Isagi corrió.
La Metavisión le mostraba todo.
Pero entonces apareció la segunda sensación.
El mundo volvió a oscurecerse.
Los jugadores desaparecieron de su percepción.
Solo quedó Rin.
Y una pequeña abertura.
Isagi sintió que todo su cuerpo quería atacar ese punto.
—Ese es...
El momento.
Aceleró.
Rin intentó reaccionar.
—¡Isagi!
Demasiado tarde.
Isagi apareció delante de él.
Controló el balón.
Y disparó.
¡GOL!
Silencio.
Los jugadores quedaron mirando el arco.
Isagi respiraba pesadamente.
Rin lo observaba con una expresión seria.
—¿Qué acabas de hacer?
Isagi levantó la cabeza.
—No lo sé.
Rin frunció el ceño.
—Mentira.
—¿Qué?
—Lo hiciste como un depredador.
Isagi se quedó quieto.
Depredador.
La palabra resonó en su cabeza.
Recordó la sensación de la noche anterior.
No estaba viendo todo.
Estaba buscando solamente aquello que podía destruir.
—Ojo del Depredador...
Isagi murmuró.
Rin lo escuchó.
—¿Ojo del Depredador?
Isagi sonrió.
—Creo que acabo de descubrir algo.
Horas después, Isagi estaba solo en su habitación.
Había llenado varias hojas con anotaciones.
METAVISIÓN
Control del campo.
Lectura de posiciones.
Predicción de movimientos.
Selección de rutas.
Debajo escribió:
OJO DEL DEPREDADOR
Identificación de debilidades.
Ataque instantáneo.
Lectura del equilibrio corporal.
Instinto de gol.
Isagi miró ambas listas.
Eran completamente diferentes.
Una analizaba el mundo entero.
La otra encontraba el punto exacto que debía destruir.
—Entonces...
Tomó un lápiz.
Dibujó un círculo alrededor de ambas.
—¿Qué pasa si uso las dos al mismo tiempo?
Su expresión cambió.
Por primera vez, Isagi sintió que había encontrado algo que ni siquiera él podía predecir.
No quería simplemente convertirse en el mejor delantero.
Quería descubrir hasta dónde podía llevar su ego.
Al día siguiente comenzó un nuevo entrenamiento.
Ego Jinpachi apareció en la pantalla gigante.
—Buenos días, pequeños monstruos.
Los jugadores levantaron la cabeza.
—Hoy realizaremos un ejercicio especial.
La pantalla mostró dos zonas del campo.
—Quiero que encuentren la mejor manera de marcar un gol contra una defensa completamente organizada.
Barou sonrió.
—¿Eso es todo?
Ego negó con la cabeza.
—No.
La pantalla cambió.
—Esta vez, habrá una condición.
Todos guardaron silencio.
—No podrán recibir instrucciones de sus compañeros.
Isagi abrió los ojos.
Ego continuó.
—Cada delantero deberá crear su propia oportunidad.
Rin sonrió ligeramente.
—Perfecto.
Isagi apretó los puños.
—Crear mi propia oportunidad...
Ego sonrió desde la pantalla.
—Exactamente.
La prueba comenzó.
Los jugadores entraron al campo.
Isagi activó la Metavisión.
Todo apareció frente a sus ojos.
Los defensores.
Los compañeros.
Los espacios.
Las rutas.
Las posibilidades.
Su cerebro comenzó a trabajar.
Movimiento de Rin: 87% de probabilidad de avanzar.
Bachira: posible ruptura por izquierda.
Defensor central: desplazamiento hacia el balón.
Espacio disponible: 3,2 metros.
Isagi corrió.
Pero entonces...
Algo apareció.
Un pequeño punto.
Una abertura.
Su visión cambió.
La Metavisión seguía funcionando.
Pero ahora, encima de ella, apareció otra capa.
Un instinto.
Una certeza.
Ese defensor va a equivocarse.
Isagi aceleró.
El defensor giró.
Ahora.
Isagi cambió de dirección.
El defensor perdió el equilibrio.
Isagi recibió el balón.
Otro defensor apareció.
La Metavisión calculó tres rutas.
Pero el Ojo del Depredador encontró una cuarta.
La más peligrosa.
La más difícil.
La que nadie esperaba.
Isagi sonrió.
—Te encontré.
Entró al espacio.
Disparó.
¡GOL!
El balón golpeó la red.
Todos quedaron en silencio.
Isagi respiraba profundamente.
Entonces escuchó una voz detrás.
—Interesante.
Era Ego.
Isagi levantó la cabeza.
Ego estaba sonriendo.
—Así que finalmente apareció.
Isagi se quedó inmóvil.
—¿Qué apareció?
Ego respondió:
—Tu segunda arma.
Isagi abrió los ojos.
—¿Ya lo sabías?
—Por supuesto.
Ego soltó una pequeña risa.
—La Metavisión te permite comprender el campo.
Su mirada se volvió más seria.
—Pero el Ojo del Depredador te permite comprender cuándo destruirlo.
Isagi sintió un escalofrío.
Ego continuó:
—Sin embargo...
La pantalla mostró una imagen de Isagi rodeado por líneas de visión.
—Todavía no sabes utilizar ambas capacidades simultáneamente.
Isagi apretó los dientes.
—Entonces lo aprenderé.
Ego sonrió.
—Eso quería escuchar.
Isagi miró el campo.
Por primera vez, podía sentirlo.
Su cerebro veía el tablero completo.
Su instinto encontraba la presa.
Dos ojos.
Dos formas de ver el fútbol.
Y un solo objetivo.
Convertirse en el delantero capaz de devorar cualquier defensa.
Isagi sonrió.
—Voy a superar a todos.
Su mirada se afiló.
—Con mis dos ojos.








