Entre brujas y astillas
Hace mucho tiempo, en un mundo muy lejano, había dos guerreros: uno usaba una armadura negra y el otro una armadura blanca. Conocidos como Black Armor y White Armor. Ellos eran los mejores guerreros de su mundo, pero el rey les ordenó traer un orbe muy poderoso que salvaría al reino de su pobreza. Los guerreros lucharon contra un gran dragón que podía transformarse en cualquier elemento; ganaron la batalla, le llevaron al rey el orbe y sacaron de la pobreza a su reino.
—Y ese es mi proyecto final sobre el resumen del libro.
Dijo una chica de cabello café oscuro y despeinado, ojos café oscuro, piel morena, sudadera rojo con gris, pantalones azules y zapatos bnegro con rojo.
El profesor dijo en tono cansado: —Ruby... el resumen era sobre Romeo y Julieta.
Todos en el salón se rieron de Ruby, a excepción de su hermano gemelo, Ronan un chico de ojos café, cabello café oscuro y amarrado, piel morena, una camisa celeste oscuro, pantalones azules y zapatos blancos con negro. Ruby fue a sentarse con la cabeza baja, arrastrando los pies.
—Yo creo que lo hiciste muy bien —susurró Ronan para animarla.
—Gracias, Ron —le contestó Ruby, esbozando una pequeña sonrisa.
La campana sonó y todos salieron de clase en tropel hacia la puerta de salida. Mientras caminaban, Ronan preguntó:
—Último día de la primaria. El siguiente año estaremos en la secundaria, ¿estás nerviosa?
—No, la secundaria serán los mejores tres años de nuestras vidas —le juró Ruby con entusiasmo—. Te lo aseguro, seremos los más populares de toda la escuela.
—Sí, claro, dices eso desde que entramos a la primaria —le contestó Ronan, escéptico—. No creo que tengamos amigos en la secundaria; en seis años no tuvimos ninguno.
—No seas pesimista, Ronan, ya lo verás. Tendremos un grupo de amigos... y tal vez por fin me consigas una cuñada —le dijo Ruby en tono burlón, dándole un codazo.
—Oye, ¿por qué soy yo el que debe conseguirte una cuñada? Tú tampoco me has dado un cuñado —le respondió Ronan, defendiéndose.
—¡Puaj! Sabes que me da asco solo pensar en salir con alguien —dijo Ruby, haciendo una mueca dramática.
De repente, la estática resonó en los altavoces de la escuela:
«Los gemelos Tombs a la oficina del director».
Ruby y Ronan intercambiaron una mirada y caminaron hacia la oficina. Al entrar, vieron a su padre adoptivo, Héctor, sentado en una de las sillas. El director los miró fijamente con tono serio.
—Pasen. Tenemos que hablar sobre su comportamiento en estos seis años. —Ambos se sentaron y el director abrió un grueso expediente.—Han tenido una conducta inaceptable y creo que sería bueno repasar algunos incidentes. Ronan y Ruby Tombs llenaron el laboratorio de ciencias con pasta de dientes de elefante tras un experimento no autorizado. Los gemelos Tombs empezaron una guerra de comida masiva en la cafetería. Ruby Tombs metió dieciocho gatos a la escuela. Ronan Tombs explotó la cocina de economía doméstica. Veo que no saben comportarse; necesitan ser llevados a un reformatorio o a una escuela militar para que puedan ser disciplinados como se debe.
El director deslizó sobre el escritorio un folleto de un reformatorio para adolescentes problemáticos. Al leerlo, vieron que el periodo de internamiento era de tres años. Los gemelos se quedaron mudos. Su padre se levantó y les dijo en un tono amable pero firme:
—Vamos al carro, creo que es mejor que hablemos ahí.
Los tres se subieron al vehículo. En el camino, Héctor rompió el silencio:
—No creo que ese reformatorio sea tan malo, muchachos. Sus profesores me llamaban seguido para hablar de ustedes. Su comportamiento debe mejorar, pero eso no significa que su personalidad deba cambiar; solo será para que aprendan a seguir las reglas.
Al día siguiente, bajo un cielo gris, ambos esperaban el autobús junto a su padre adoptivo. Cuando el transporte escolar llegó, los gemelos subieron. Héctor se despidió de ellos con la mano; ambos respondieron al gesto y avanzaron lentamente por el pasillo, observando el panorama. El ambiente era pesado; vieron a dos chicos en los asientos traseros que fumaban o fingían fumar. Al llegar a sus asientos, Ruby se quedó del lado de la ventana y Ronan en el pasillo.
—Parecen agradables... —murmuró Ruby en voz baja, mirando de reojo a los demás.
—Sí, claro —contestó Ronan, sarcástico.
El viaje no duró mucho. De repente, uno de los chicos conflictivos del fondo sacó una enorme barra de metal y, con una fuerza sorprendente, la clavó directamente en la llanta del autobús. El neumático estalló, provocando que el vehículo frenara en seco con un chirrido violento. El caos se desató; todos empezaron a empujarse para salir. Los gemelos aprovecharon la distracción y escaparon hacia el bosque. El guardia del transporte intentó detenerlos a gritos, pero no pudo seguirles el paso.
Corrieron entre la maleza junto a los otros chicos dispersos. Para ocultarse, los gemelos treparon a un gran árbol y se sentaron en una rama gruesa. Sin embargo, al acomodarse, Ruby se apoyó en una rama más pequeña que cedió con un chasquido metálico. No era una rama común, ¡era una palanca! El suelo bajo el árbol se abrió de golpe en una trampilla perfecta y la rama donde estaban sentados se inclinó de tal forma que ambos cayeron al vacío.
En cuanto entraron al hoyo, la trampilla se cerró sobre sus cabezas devolviendo el bosque a la normalidad. Los gemelos se deslizaron a toda velocidad por una larguísima rampa de roca lisa hasta que terminaron aterrizando de golpe en el suelo de una cueva. En el centro del lugar, se erigía un antiguo tótem de piedra con una gema de color celeste incrustada en el medio.
Imantados por la curiosidad, se acercaron. Ruby extendió la mano y tocó la gema celeste. Al instante, un portal mágico se abrió frente a ellos con un destello cegador. La fuerza del vórtice los succionó hacia el interior y el portal se cerró detrás de ellos, borrando cualquier rastro.
Cuando abrieron los ojos, el dolor del impacto contra el suelo los hizo quejarse. Se levantaron muy asustados, mirando a su alrededor. El paisaje era completamente distinto.
—¿Dónde estamos? —preguntó Ruby, con la voz temblorosa.
Un crujido entre los arbustos cercanos los sobresaltó. Instintivamente, ambos tomaron una rama del suelo para defenderse. De las hojas salió una pequeña y tierna criatura. Al verla, Ruby bajó la guardia e intentó acercarse para acariciarla, pero Ronan se mantuvo alerta, con la rama en alto. De rrepente, el tierno ser abrió una descomunal boca llena de dientes afilados como navajas y soltó un rugido atronador. Los gemelos gritaron del susto y dieron un salto hacia atrás.
Antes de que pudieran reaccionar, unas garras enormes los levantaron del suelo. Un grifo gigante los había raptado. Ambos gritaron horrorizados al ver el suelo alejarse a toda velocidad bajo ellos. Pero entonces, una silueta encapuchada apareció volando por los aires, montada sobre un cetro que tenía una brillante gema en la punta. Con un movimiento ágil, la figura usó su magia para derribar a la bestia alada.
El grifo soltó a los gemelos en el aire. Rápidamente, la silueta canalizó otro hechizo, creando una red de plantas mágicas que amortiguó la caída de Ruby y Ronan, bajándolos poco a poco hasta el suelo firme.
Cuando los gemelos tocaron tierra, aún temblando, la figura descendió y se reveló ante ellos. Era una bruja. Al verla de cerca, se dieron cuenta de que se veía como una persona normal, a excepción de sus orejas puntiagudas.
La bruja los evaluó con la mirada y les preguntó:
—Hey, ¿están bien? No se lastimaron, ¿verdad?
Los gemelos estaban demasiado impactados para articular palabra, fijos en sus orejas y en su cetro. Al ver que no respondían, la bruja les dedicó una sonrisa ligera y se presentó:
—Soy Dekeva.
Los gemelos no sabían qué decir y, de inmediato, Dekeva se sorprendió al ver sus orejas redondas y gritó:
—¡Son humanos!, ¿es verdad que los humanos cambian de piel?, ¿por qué llevan ropa tan rara?, ¿cómo llegaron aquí?
Ronan por fin respondió:
—Uno, no; dos, es ropa humana; y tres, no sabemos exactamente. Soy Ronan Tombs y ella es mi gemela, Ruby Tombs.
Ruby saludó desde atrás con una sonrisa. Dekeva los observó por un segundo y dijo:
—Entonces no son de por aquí, ¿verdad? ¡Sean bienvenidos a Witbaye! Uno de los reinos más poderosos del mundo.
Ruby exclamó con emoción:
—¡Wow, empezamos en un autobús de camino al infierno y terminamos en otro mundo! ¡Increíble!
Dekeva preguntó:
—Y díganme, niños, ¿quieren que les muestre el lugar?
—Claro —respondió Ruby al instante.
—Espera, ¿qué? —dijo Ronan, confundido.
Dekeva se montó en su bastón y tomó a los gemelos. Salieron volando y los hermanos vieron todo desde las alturas: las montañas cubiertas de nieve, los bosques verdes y un gran pueblo en el que aterrizaron, justo en un callejón oscuro. Dekeva se puso de nuevo su capucha y les advirtió:
—Será mejor que se cubran las orejas, los humanos no son muy comunes por aquí.
Ruby se puso la capucha de su suéter y Ronan se cubrió las orejas con su cabello antes de salir del callejon. Siguieron a Dekeva por calles de roca, rodeados por personas mágicas con orejas puntiagudas. Ruby estaba impresionada y emocionada; era exactamente igual a su libro. Ronan, en cambio, caminaba más tranquilo. De pronto, vio unas sombras en el suelo de piedra, miró hacia arriba y observó a más brujas, pero estas tenían alas y aterrizaban en el techo de una casa.
Ruby dijo con emocion.
—Es como en Black Armor and White Armor.
el suelo de roca, las casas medievales, las criaturas mágicas y las tiendas con objetos extraños.
Todo esto lo decía mientras tocaba una escultura de arcilla con forma de pollo, pero con cabeza de conejo y cola de lagarto.
Mientras tanto, Ronan observaba los carteles pegados en un muro. Uno en particular llamó su atención. Detuvo a Ruby por el hombro y le murmuró:
—Espera, mira esto… ¿no se te hace familiar?
Ronan contempló el cartel por unos segundos, lo arrancó de la pared, se lo puso enfrente a Dekeva y le dijo:
—¿Alguna explicación?
Dekeva le respondio sin darle mucha importancia.
—Ah… sí… eso… —respondió Dekeva sin darle mucha importancia—. Soy buscada por estar en contra de las creencias del rey sobre alabar a un prisma mágico que no hace nada.
Sin más, Dekeva empezó a robar unas frutas del mercado mientras se comía una, dejando a los gemelos completamente confundidos. Los guardias del pueblo notaron esto y comenzaron a perseguirla. Dekeva tomó su bastón, agarró a los gemelos y salió volando de nuevo, pero esta vez se dirigieron hacia el bosque.
Aterrizaron frente a una casa escondida entre los árboles. Dekeva abrió la puerta e instantáneamente las luces se encendieron una a una. Dejó pasar a los gemelos y les dijo:
—Sean bienvenidos a mi hogar. Pónganse cómodos, dejen sus cosas por ahí.
Los gemelos dejaron sus mochilas junto a la puerta y siguieron a Dekeva hacia la cocina. Ella empezó a buscar entre los cajones hasta que sacó una caja y dijo al destaparla:
—Seguro tienen hambre. No sé qué comen los humanos pero… deléitense con… ¡pan de zombi!
Los gemelos observaron la caja con asco, pero Ruby murmuró:
—Bueno… qué tan mal podría estar.
Ambos tomaron un pedazo, lo probaron y, automáticamente, lo escupieron tratando de sacarse el sabor de la lengua.
—Sí, sabe mal —confirmó Ruby haciendo muecas.
Dekeva los miró con los brazos cruzados y soltó:
—Sensibles.
Ronan se levantó y le preguntó directamente:
—¿No sabes de algún lugar para volver a nuestro mundo?
Dekeva se acarició la barbilla y pensó por unos segundos.
—Mmmm… Hay una vieja leyenda sobre una civilización en la parte baja de las montañas que guarda una antigua gema de portal. Tal vez eso los lleve a su mundo.
—¡Una misión medieval peligrosa, sí! —gritó Ruby con emoción.
Emprendieron el viaje hacia la parte baja de las montañas en el bastón de Dekeva. Al llegar, aterrizaron frente a una entrada de madera que conducía a una cueva bastante oscura. Dekeva hizo aparecer fuego en sus manos con magia; los gemelos, al ver esto, dieron un paso atrás para evitar quemarse.
Entraron a la cueva cuidadosamente. En las paredes, Ronan vio dibujos prehistóricos que parecían mostrar a personas alabando a una masa deforme y oscura. Ruby también vio las pinturas y decidió tomarles una foto con su celular.
—Bien, podría servir para más tarde —comentó Ronan.
Siguieron caminando por el túnel hasta llegar a una cúpula de roca tan gigantesca que no se alcanzaba a ver el final. Estaba completamente vacía y no había señales de vida.
De repente, empezaron a escuchar el movimiento de algo enorme. Frente a ellos se abrieron dos gigantescos ojos amarillos y, al mismo tiempo, se encendieron grandes llamas que iluminaron una ciudad completamente destruida… y a un enorme dragón blanco con cuernos en forma de espiral.
Dekeva empezó un ataque contra el dragón mientras los gemelos corrían a esconderse tras un muro cercano. Dekeva esquivaba el ácido y el fuego verde que la criatura escupía, al tiempo que lanzaba hechizos de fuego, plantas, hielo, roca, escudos, destellos y animales pequeños con colmillos que mordían al dragón.
Mientras tanto, los gemelos observaban desde el muro. Ronan empezó a buscar a su alrededor si había algo para atacar al dragón y vio un esqueleto que vestía una armadura antigua y polvorienta. Corrió hasta ella, pero en cuanto la tocó, la armadura se deshizo frente a él.
En ese instante, el dragón golpeó a Dekeva con la cola, haciendo que soltara su bastón y cayera cerca de Ruby. Al ver esto, Ruby esquivó el poco ácido que caía por toda la cueva, tomó el bastón y lo apuntó hacia la criatura. Hubo una gran explosión. Cuando la humareda se despejó, vieron que el dragón había quedado reducido a un montón de huesos que cayeron de inmediato al suelo.
Nadie dijo nada por unos segundos, hasta que Ronan le preguntó a Ruby:
—¿Cómo hiciste eso?
Ruby dejó caer el bastón al suelo, retrocedió unos pasos y le respondió con el aliento entrecortado:
—No… lo… sé…
Dekeva tomó su bastón y les dijo con entusiasmo:
—¡Hey, niña! Eso fue increíble.
De pronto, escucharon el sonido de una puerta de roca abriéndose. Voltearon a ver y descubrieron un camino que llevaba a una gema que brillaba al fondo. Caminaron hacia ella y, cuando llegaron, Ronan la tomó. Fue entonces cuando se dio cuenta de que estaba hecha de madera. Al ver esto, dijo con enojo:
—Arriesgamos nuestra vida por un trozo de leña.
Decidieron ir a la casa para descansar después de haber estado al borde de la muerte. Dekeva les mostró sus habitaciones a los gemelos. En la suya, Ronan encontró un viejo diario y decidió documentar todo lo que vivieran en ese nuevo mundo.
Por la noche, Ronan y Ruby subieron al techo a sentarse para ver el cielo. Se dieron cuenta de que este mundo tenía cinco lunas colocadas en forma de estrella. Ruby se recostó en el hombro de Ronan y dijo:
—Ya valimos, ¿verdad?
Ronan recostó su cabeza sobre la de Ruby y le respondió con seriedad:
—Sip.






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