Customize readability
Aa

Detrás de promesas rotas

All Rights Reserved ©

Summary

Demian y William fueron el gran amor del otro… hasta que el miedo, las amenazas y una separación que ninguno eligió los obligaron a convertirse en desconocidos. Años después, el destino los enfrenta de nuevo: Demian, un detective acostumbrado a perseguir criminales, y William, un poderoso empresario cuya vida se encuentra ligada precisamente al mundo que Demian combate. Entre secretos del pasado, lealtades peligrosas y un amor que nunca terminó de desaparecer, ambos tendrán que descubrir si todavía queda algo que salvar entre ellos. Pero cuando aquello que más aman se convierte también en su mayor debilidad, reencontrarse será apenas el comienzo.

Genre
Romance
Author
Junn
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Chapter 1




POV — DEMIAN


Tres años eran suficientes para olvidar a alguien o eso era lo que Demian Russo se había repetido cada mañana desde que abandonó esa ciudad con una maleta, un billete de vuelta a Rusia y la promesa incumplida de que volverían en meses, pero claro, eso habían sido palabras cobardes dichas por un amor de verano. En esos tres años en los que se había obligado a olvidar o al menos eso creía, porque ahora ahí estaba, mirando por la ventanilla del coche mientras la ciudad pasaba como si nunca hubiera cambiado, las mismas calles anchas, los mismos edificios de cristal reflejando un cielo gris de diciembre y sintiéndose exactamente igual que la primera vez que llegó como estudiante de intercambio: completamente fuera de lugar.


— Podrías intentar no poner esa cara de funeral, ¿sabes? — dijo Marcus desde el asiento del conductor sin apartar los ojos de la carretera— Llevamos dieciséis horas de viaje en las cuales yo he conducido, al menos uno de los dos debería parecer vivo—


— Estoy vivo— Demian se ajustó los auriculares alrededor del cuello sin ponérselos— Solo estoy pensando—


— Eso es lo que me preocupa…. Creía que sería, no lo sé ¿mejor ? —


Demian ignoró el comentario y volvió a mirar por la ventana. No era la primera misión complicada que aceptaban desde que ambos presentaron su renuncia al cuerpo de inteligencia ruso hacía poco más de un año. Habían tomado esa decisión juntos, en un bar de Moscú, con demasiado vodka encima y la certeza compartida de que necesitaban algo distinto. Lo que ninguno de los dos imaginó fue que ese “algo distinto” terminaría siendo la Interpol.


El reclutamiento había sido discreto, casi cinematográfico en su precisión: una reunión breve en Ginebra, documentos que no podían fotocopiarse, y una propuesta que en cualquier otra circunstancia habrían rechazado. Agentes especiales en régimen de colaboración directa con el gobierno de los Estados Unidos. Objetivo: una organización criminal con sede precisamente en esa ciudad, lo suficientemente poderosa como para haber permanecido intocable durante décadas, y que en los últimos doce meses había comenzado a expandirse de una manera que encendía todas las alarmas. Sobre el papel era exactamente el tipo de caso que Demian habría elegido él solo. El problema era la ciudad.


— Oye — Marcus frenó suavemente ante un semáforo en rojo y lo miró de reojo — ¿Estás seguro de que puedes trabajar aquí?—


— Ya te dije que sí—


— Te lo pregunto en serio, Russo—


— Y te respondo en serio — Demian se giró hacia él con una expresión que no admitía más preguntas— Hace tres años que no piso este lugar. Lo que pasó aquí quedó aquí. Estamos en misión, eso es todo—


Marcus asintió despacio, con el gesto de quien no termina de creerse lo que escucha pero decide no presionar. Demian le agradeció en silencio esa discreción mientras el semáforo cambiaba a verde. Había algo irónico, pensó, en el hecho de que el único caso que podía catapultar su carrera dentro de la Interpol estuviera ubicado en la única ciudad del mundo a la que había jurado no volver.


— Ahí está el hotel— Marcus señaló un edificio al fondo de la calle— Y mira, hay una cafetería justo enfrente. Te juro que huelo el café desde aquí—


— Llevamos aterrizados desde ayer. No tenemos tiempo para..—


— Demian— La voz de Marcus fue firme, casi paternal. — Llevamos aterrizados desde ayer, no has dormido nada, tienes los archivos del caso encima durante todo el camino y llevas horas mirando los mismos documentos sin descifrar nada. Veinte minutos de pausa no van a hundir la misión—


Demian abrió la boca para responder y la volvió a cerrar. Tenía razón, lo detestaba, pero tenía razón.


— Bien — concedió al fin, con la misma expresión de alguien que acepta una derrota menor para ganar la guerra— Pero pagas tú—


POV — WILLIAM

William O’Connor no era un hombre dado a la

Lnostalgia. Era una emoción cara, poco práctica,

y en su posición cualquier distracción tenía un

precio que no siempre podía pagarse en dinero. Aun así, había algo en esa cafetería que lo hacía volver cada vez que podía. No era el café, porque honestamente era una mierda diseñada para vender a un precio vástago a universitarios y uno que otro criminal que solían asistir a ese lugar de 24hrs. Era la memoria de un tiempo en que entrar a un lugar así no requería que dos hombres lo precedieran ni que uno más esperara en el coche con la mano cerca de la chaqueta.


Se miró un momento en el espejo retrovisor antes de bajar del vehículo. Tenía el mismo rostro de siempre pero algo en él parecía más pesado. Como si el año que acababa de pasar le hubiera añadido un peso invisible que ningún espejo podía ubicar con precisión. Hacía casi doce meses que su abuelo había muerto. No era algo que pensara con frecuencia, o al menos eso se decía a sí mismo. Roderick O’Connor había sido muchas cosas: fundador, arquitecto, patriarca, y el hombre más frío que William había conocido en su vida. Amarlo había sido complicado, tanto que nunca lo había logrado. Respetarlo, necesario. Heredar todo lo que construyó había sido la consecuencia lógica de ser el único sucesora en línea directa y a su propio criterio , el O’Connor con carácter suficiente para sostenerlo todo sin una guerra de sucesión. Nadie dentro de la organización lo había cuestionado. Al menos no en voz alta. Eso, descubrió William, era la diferencia entre el respeto y el miedo: el segundo era más silencioso pero también más frágil. Y él había pasado el año aprendiendo a distinguirlos.


— Señor— La voz de Kary llegó desde el asiento delantero con ese tono que usaba cuando quería disuadirlo de algo— Insisto en que no es el mejor momento para —


— Lo sé —


William bajó del coche antes de que terminara la frase. Kary suspiró y lo siguió a tres pasos de distancia, como siempre. Era su guardaespaldas, su chofer, y en los mejores días, algo parecido a su única compañía honesta, casi se podría decir que era algo así como sus amigo.


La cafetería olía a canela y café recién molido. William eligió la mesa del fondo por costumbre, siempre se había sentado en ese lugar. Estaba a punto de sentarse cuando algo al otro lado de los ventanales detuvo su mirada. Un coche aparcando en la calle. Dos hombres bajando. Uno de ellos alto y moreno; el otro, más delgado, con el cuello hundido en el abrigo y un cabello tan claro que por un momento William pensó que era un efecto de la luz de diciembre. Se quedó completamente quieto durante tres segundos. Luego miró hacia otro lado con una deliberación que costó más esfuerzo del que habría querido admitir.


No era la primera vez que le pasaba. Desde hacía tres años, cada perfil delgado, cada cabello pálido, cada gesto vagamente familiar en la calle le arrancaba medio segundo de atención que luego tenía que reclamar de vuelta. Era un hábito que le irritaba profundamente y del que no había logrado desprenderse por mucho que lo intentara.


— ¿Va todo bien? — preguntó Kary en voz baja, tomando asiento frente a él.


— Perfectamente— William cogió la carta sin mirarla— Esta noche es la reunión con Marchetti y los otros. Necesito que estés atento. Hay tensión con el tema de los agentes federales y no quiero sorpresas—


— Entendido—


—Y Kary…—lo miro por encima de la carta por un segundo— ¿cuantas veces tengo que decirte que no opines frente a los otros ?—


Kary inclinó la cabeza levemente, entre la sumisión y la ironía.


—lo siento—


William volvió a mirar hacia la ventana. El coche y los dos hombres ya no estaban.


POV — DEMIAN

No había dormido lo suficiente como para llevar las gafas encima, y lo lamentó en cuanto bajó del coche y notó la figura al otro lado del cristal de la cafetería.

Era solo una silueta. Alto, oscuro, inmóvil de una manera que muy poca gente conseguía ser sin parecer tensa. Algo en la postura, los hombros, el ángulo de la mandíbula vagamente visible, la forma en que ocupaba el espacio como si le perteneciera , le golpeó en el pecho con una imprecisión molesta, como el eco de una palabra que no terminas de recordar.


— ¿Entras o te quedas ahí mirando el escaparate? — preguntó Marcus a su lado. Demian apartó la mirada.


— ya voy —


El café era bueno. Los veinte minutos que Marcus había prometido se convirtieron en veinticinco, luego en treinta, con los archivos del caso extendidos sobre la cama y tazas vacías. Los documentos que Interpol les había proporcionado eran amplios, pero no suficientes. Hablaban de una organización criminal con ramificaciones demasiado extensas para reducirla a una simple red de pandillas: distribución, extorsión, prostitución, tráfico ,lavado de dinero, tráfico de influencias, protección armada y control territorial. A simple vista, muchas de las pandillas implicadas parecían actuar por separado, algunas colaboraban por mera inercia y otras incluso actuaban como grupos rivales sin relación directa entre sí. Sin embargo, al ordenar las rutas, los pagos y los movimientos de mercancía, el patrón comenzaba a repetirse con una precisión incómoda.


Detrás de esas células supuestamente independientes aparecían los mismos nombres empresariales una y otra vez: compañías legales, limpias en apariencia, con contratos, sedes registradas y representantes que no parecían tener vínculo alguno con el crimen organizado. Pero demasiados cargamentos pasaban por sus almacenes. Demasiadas propiedades cambiaban de dueño bajo su cobertura. Demasiadas guerras de barrio terminaban beneficiando a los mismos grupos económicos. Lo que intentaban descubrir ahora no era solo quién dirigía a las pandillas, sino si aquellas empresas respondían a una matriz oculta, o peor aún, a una organización mayor que operaba desde las sombras.


Lo más inquietante era el cambio reciente. Durante años, la red había funcionado con discreción, manteniendo el equilibrio entre territorios sin llamar demasiado la atención. Pero en los últimos doce meses algo se había movido. Las disputas por zonas de distribución se habían vuelto más violentas, los grupos menores habían empezado a absorberse entre sí y viejas alianzas se habían roto sin explicación clara. Todo apuntaba a un relevo interno, a una reestructuración forzada o a una mano nueva empujando desde arriba. El problema era que el nombre del líder supremo , el núcleo de todo aquello.


— Tienen dinero limpio encima del sucio — murmuró Demian pasando una página— Empresas fantasma, fondos de inversión, una fundación cultural… y aquí, mira. Participaciones en el sector farmacéutico. Distribución internacional—


— Dinero fácil de mover — dijo Marcus— Y fácil de justificar—


— Exacto— Demian cerró la carpeta y apuró el último sorbo de café. — Vamos. Necesito darme una ducha y quiero revisar esto con la cabeza en su sitio—


El hotel ya no era una novedad para ellos. Habían llegado una hora antes, se habían registrado sin mayores problemas y habían subido a la habitación que el gobierno había reservado a nombre de Demian. El lugar era discreto en apariencia, menos discreto en precio, y según los registros de Interpol coincidía con la ubicación de una reunión no conformada , pero que podría ser de suma importancia para conocer quizá a un miembro de esa élite oculta del bajo mundo .Demian lo sabía. Era, en parte, por eso que habían pedido esa ubicación específica. Lo que no esperaba era tener que bajar de nuevo a recepción por un paquete que, en teoría, debía haberlos estado esperando desde antes de su llegada.


— ¿Cómo que no hay ningún paquete? — preguntó, con una calma demasiado medida para ser real— Debía estar aquí cuando hicimos el registro. A nombre de Russo. Demian Russo. Revíselo de nuevo, por favor—


La recepcionista volvió a mirar la pantalla, luego el registro de entregas y después una carpeta bajo el mostrador. Su expresión no cambió demasiado, pero la incomodidad empezó a notarse en la rigidez de sus hombros.


— Señor, en el sistema no aparece ninguna entrega pendiente para usted—


— Eso es imposible — respondió Demian.


El paquete no era grande, pero sí necesario. Interpol había confirmado su envío esa misma mañana: un dispositivo cifrado con información. Nada tan importante pero que era mejor si no trasmitía por ningún correo o canal oficial . Demian se apartó dos pasos del mostrador y exhaló despacio. Empezaba a dolerle la cabeza. Llevaba demasiadas horas sin dormir bien, demasiado tiempo mirando documentos que no terminaban de encajar, y ahora un paquete que debía estar esperándolos en recepción simplemente no existía o peor: había existido y alguien lo había retirado antes que ellos.


Comenzó a caminar en círculos pequeños frente a los ventanales del lobby, como siempre que necesitaba que su cuerpo hiciera algo mientras su cabeza se ordenaba. Pensó en las empresas que aparecían una y otra vez en los informes. En las pandillas que parecían moverse por separado, pero terminaban beneficiando a los mismos nombres. En la reunión de esa noche, programada en algún piso del mismo hotel. En la posibilidad de que su llegada no hubiera pasado tan desapercibida como esperaban. Fue entonces, en uno de esos giros, que vio una figura entrar por las puertas principales.Esta vez no había ventanal de por medio. No había distancia ni luz engañosa ni la excusa de no llevar las gafas.


Demian se detuvo en seco. Tres años. El hombre cruzó el lobby sin levantar la vista del teléfono, con esa manera de moverse que Demian reconoció antes de que su cerebro tuviera tiempo de procesar el resto: el paso largo y deliberado, los hombros rectos, la forma en que la gente a su alrededor se desplazaba un centímetro sin darse cuenta, como si algo en él redefiniera el espacio que ocupaba, era simplemente él: William O’Connor.


Demian no se movió. No supo durante cuántos segundos se quedó así, con las llaves de la habitación en la mano y el corazón haciendo algo que prefirió no nombrar. Fue Marcus quien lo sacó del trance, al acercarse con cara de perplejidad.


— ¿Quién es ese?—


Demian no respondió. En cambio, tomó aire, se irguió lo suficiente para que su postura no delatara nada, y caminó en dirección a William hasta quedar a un metro escaso de distancia.


— ¿William?—


POV — WILLIAM

Lo había visto desde que entró. Eso era lo primero que tenía que admitir, al menos ante sí mismo: lo había visto desde el momento en que las puertas del hotel se abrieron y su mirada, entrenada por años para registrar amenazas antes que personas, lo localizó de manera instintiva en el centro del lobby. El cabello blanco, lapostura, la forma en que caminaba en círculos con las manos en los bolsillos, se todos y cada uno de los movimientos, gestos y actitudes de ese hombre, incluso aunque hubieran pasado los años.


Pero igualmente William siguió caminando, siguió mirando el teléfono y siendo exactamente lo que necesitaba ser en ese momento: un hombre que no había reconocido a nadie. Entonces Demian dijo su nombre. Una sola palabra y sin embargo fue suficiente para que se detuviera, porque había pocas cosas en el mundo que reconociera con tanta precisión como esa voz.


Se giró despacio. Lo miró, Demian estaba igual o casi igual. Tenía los mismos ojos claros con ese matiz rojizo que nunca había sabido cómo describir con exactitud, la misma línea seria de la boca que se tensaba cuando intentaba parecer más seguro de lo que se sentía, pero había algo diferente también, algo en la forma en que sostenía su cuerpo que hablaba de años más duros que los que él había imaginado para él. Se odió levemente por haberse fijado.


— Veo que volviste— Su voz salió exactamente como quería: neutral, sin inflexión, la misma que usaba para cualquier observación de negocios— ¿Qué haces aquí?—


No era la pregunta que quería hacer, pero fue la primera que vino a su mente y pudo verbalizar, era curioso como de un momento a otro era como volver a tiempos a pasados y todo por un hombre. No le dio tiempo de contestar , la vibración del celular lo saco de ese trance momentáneo y forma automática comenzó a caminar rumbo al ascensor. Escuchó los pasos de Demian acercándose justo cuando las puertas se abrían y antes de que el otro pudiera seguirlo o de que su compañero llegara a tiempo, dejó que las puertas se cerraran.


Fue un gesto mezquino. Lo sabía. También sabía que necesitaba exactamente esos cuarenta segundos de ascensor para reconstruir algo que la sola presencia de Demian Russo había conseguido desmontar en menos de un minuto. El problema, pensó mientras los números del panel subían, era que Demian hubiera vuelto, no tenía realmente nada que hacer en ese lugar, no tenía que estar en país y mucho menos exactamente en ese hotel ¿por qué ? No tenía tiempo de ponerse a averiguarlo en ese momento, no cuando tenía que estar enfocado en la reunión de esa noche.


POV — DEMIAN

Las puertas del ascensor se cerraron en su cara. Demian se quedó mirando el metal pulido durante un segundo exacto. Luego soltó el aire que no sabía que había estado conteniendo.


— Hijo de puta—


— ¿Quién era ese? — repitió Marcus, llegando a su lado con el ceño fruncido.


— Un viejo conocido— Demian apretó la llave de habitación en su mano y sin molestarse en esperar el siguiente ascensor señaló las escaleras con un gesto de cabeza— Vamos—


— ¿Subimos a pie? ¿Por qué?—


— Porque si—


Marcus no preguntó más. Esa era una de sus mejores cualidades: sabía cuándo el silencio era más útil que cualquier palabra. Demian subió los escalones a un ritmo que era ligeramente demasiado rápido para ser casual, con la cabeza trabajando a una velocidad que no le gustaba. Tres años eran suficientes para olvidar a alguien. Lo había creído de verdad. Lo había practicado con disciplina. Y entonces William O’Connor entraba por una puerta y lo miraba con esa expresión de absoluta compostura, como si verlo no significara nada, y bastaba con eso para que Demian entendiera que los tres años no habían servido para nada. Lo que sí había cambiado, notó mientras empujaba la puerta de la habitación, era él mismo.


La última vez que estuvo en esta ciudad era un estudiante de intercambio con poco dinero, menos experiencia y la desastrosa costumbre de enamorarse de personas que no le convenían. Ahora era agente de la Interpol, llevaba 2 años de trabajo en inteligencia rusa antes de eso, y tenía una misión que cumplir. William O’Connor era un nombre en su pasado personal. Nada más. Se sentó en el borde de la cama y abrió de nuevo la carpeta del caso. Pasó varias páginas hasta detenerse en una: la sección de contactos empresariales conocidos de la organización. Distribución farmacéutica, fondos de inversión,nombres de empresas que llevaban a otras empresas que llevaban a más empresas.


Cerró la carpeta, aquello no se resolvería así nada más, era mucho y pese a que el nombre de William seguía atorado en sus pensamientos , ni tenía tiempo de pensar en él, tenía trabajo que hacer ahora que medio había recuperado su vida. Sacudió la cabeza tratando de despejarse y abrió la carpeta de nuevo.


POV — WILLIAM

La reunión duró dos horas y media. La sala del piso doce olía a tabaco caro y a esa tensión que se acumula cuando hombres acostumbrados a tener el control perciben que algo se les escapa. Marchetti había llegado con dos de los suyos, el anciano Devreaux con su asistente habitual, y los representantes locales ocupaban los asientos del fondo con esa actitud de quien quiere parecer prescindible para no ser el primero en recibir las consecuencias. El tema central era, como William sabía que sería, las nuevas cuotas y redistribution de territorio. Desde que había tomado el poder, todos creían que podían hacer lo que quisieran, no le era agent el hecho de que no contaba con todo el apoyo familiar, nunca lo había hecho en realidad. Por desgracia no tenía en carisma necesario para ganarse a todo el mundo, así que tocaba hacer presencia de otra manera: La violencia.


Escuchó a Marchetti quejarse de los porcentajes. Escuchó a Devreaux fingir paciencia mientras dejaba caer comentarios envenenados sobre la inestabilidad del mercado. Escuchó a los representantes locales discutir entre ellos con la prudencia mínima de quienes sabían que no estaban en una cantina ni en una esquina cualquiera, sino frente a alguien que podía sacarlos del mapa con una orden breve, pero permaneció sentado en la cabecera de mesa que habían dispuesto en suite de hotel, una mano sobre el apoyabrazos de cuero, la otra cerca del vaso intacto que alguien le había servido al inicio de la noche. Cuando las cuotas quedaron cerradas, o al menos lo bastante cerradas como para que nadie pudiera seguir discutiendo. Entonces Vargas habló.


—Hay otro asunto —dijo.


William levantó la mirada hacia él. Vargas era el tipo de hombre que había envejecido demasiado gracias a los daños en las calles. Tenía los nudillos marcados, el cuello grueso y una cadena de oro tan pesada que parecía le partiría una vertebra. Lideraba a varias pandillas del sur, suficientes para causar problemas, no suficientes para darse el lujo de exigir demasiado. Aun así, esa noche lo hizo.


—La policía está encima —continuó Vargas—No hablo de patrullas normales. Hablo de rondas constantes, carros sin placas, detectives haciendo preguntas donde no deberían. Ayer dos de mis muchachos fueron seguidos desde el almacén hasta la zona vieja— Al ver que todos parecían ponerle atención continuó—Se supone que eso no tenía que pasar, se supone que los sobornos cubrían esa parte. Se supone que de eso se encargaba usted—


El silencio cambió volviéndose más pesado por esa acusación tan directa hacia William que , hasta el momento nadie se había atrevido a hacer de frente. Marchetti giró apenas la cabeza, interesado. Devreaux no movió un músculo, aunque sus dedos dejaron de golpear suavemente el bastón. Los locales del fondo bajaron la mirada, como si la alfombra hubiera ganado una repentina importancia. William observó a Vargas durante unos segundos.


—Estoy al tanto—


Vargas soltó una risa seca y sin humor


—¿Está al tanto?—


—Sí—


—Con todo respeto, Sr. O’Connor, eso no me sirve—


La frase quedó suspendida en la sala. Uno de los hombres de Marchetti miró a William, quizá esperando una reacción, pero ya todos conocían el temperamento esa forma de ser tan robótica de William y no los decepcionó, no hubo ningún cambio en su expresión.


—Como ya dije, ya estoy al tanto. Eso debe bastarle—


La mandíbula de Vargas se tensó. Por un momento pareció que iba a levantarse, pero no lo hizo. Conocía el límite. Todos en esa sala lo conocían.


—Mis rutas están expuestas —insistió—Mis hombres están nerviosos. Y cuando mis hombres se ponen nerviosos, empiezan a cometer errores. Los detectives no están rondando por casualidad. Alguien les está dando cuerda. William apoyó dos dedos sobre el borde del vaso, sin tomarlo.


—La política es complicada, no quiero abrumarlos pero, por ahora parecen haber interés opuestos a los nuestros, lo cual puede hacer que en algunos sectores se vean más presionadas. Aún así, si hay algún soplón no debería encargarse—


Vargas frunció el ceño.


—¿La política?—


—Sí—


—Yo no trabajo con discursos, trabajo con las calles—


—Se lo pondré más sencillo. Usted encargase el su soplón y yo me encargaré de aquello que como bien dijo, no es algo que entienda —


La respuesta fue tan clara que sonó más dura que un insulto.Vargas respiró por la nariz. Sus ojos se movieron hacia los demás, buscando aunque fuera un gesto de apoyo, pero nadie se lo dio. No porque no pensaran lo mismo. Probablemente todos lo pensaban. La diferencia era que los otros tenían más instinto de supervivencia.


—Conozco mi lugar —dijo Vargas, tragándose parte de la rabia—Pero mi gente paga por protección y ultimamente lo único que vemos son placas dando vueltas, detectives entrando a bares, federales haciendo preguntas disfrazadas de inspecciones. Si el trato cambió, dígalo—


William inclinó apenas la cabeza.


—No lo hizo —


—Entonces haga algo—


El asistente de Devreaux dejó de escribir. William sostuvo la mirada de Vargas. Sus ojos grises no mostraban irritación ni prisa. Eso era lo que más inquietaba. La calma absoluta, como si la amenaza no hubiera alcanzado a tocarlo.


—lo hare —


Vargas apretó los labios.


—¿Cuándo?—


—En su momento —


—Necesito algo más que eso—


—No—La palabra fue seca. Vargas parpadeó. William separó los dedos del vaso y se incorporó apenas hacia delante. No mucho, solo lo suficiente para que todos recordaran quién ocupaba la cabecera— ¿Alguna otra inquietud ? —


Vargas lo miró con una mezcla de furia y prudencia. Marchetti bajó la vista para ocultar una sonrisa mínima. Devreaux, en cambio, siguió observando a William con esa expresión de viejo comerciante que no admiraba nada, pero calculaba todo.


Vargas se pasó la lengua por los dientes.


—¿Y si los policías siguen rondando?—


William se recostó de nuevo en la silla.


—Dejarán de hacerlo pronto, por ahora confío en que puede manejar la situación y sus hombres—


Durante unos segundos, nadie respiró demasiado fuerte. Afuera, a través de los ventanales oscuros, la ciudad seguía moviéndose sin enterarse de nada. Luces, autos, vida común. Todo demasiado lejos de aquella sala llena de hombres que decidían territorios como si repartieran piezas sobre una mesa. Devreaux fue quien, con un movimiento lento de su bastón, dio por cerrado el asunto sin decirlo. Marchetti terminó de apagar su cigarro contra el cenicero de cristal. Los representantes locales entendieron la señal. William se puso de pie y todos los demás lo hicieron después.


—La reunión terminó —dijo.


Uno por uno, los hombres salieron de la sala. Sus voces se fueron apagando en el pasillo, mezcladas con el sonido discreto de zapatos caros sobre mármol pulido. Cuando la puerta quedó abierta y la sala medio vacía, William permaneció quieto unos segundos más.El olor a tabaco se le había pegado al traje. No le molestaba, no tanto como la sensación de que todo estaba demasiado cerca de quebrarse. La policía, los detectives, los sobornos que ya no bastaban, los políticos que empezaban a dudar, los miembros que todavía lo miraban como si siguiera siendo un heredero demasiado joven sentado en una silla demasiado grande.


William tomó su abrigo del respaldo de la silla, pero no se lo puso. Solo lo llevó en una mano y salió. El pasillo del piso doce estaba casi desierto, las lámparas doradas proyectaban una luz suave sobre las paredes color marfil. A esa hora, el hotel fingía tranquilidad con la misma eficacia con la que la sala había fingido negocios. A lo lejos, uno de sus hombres hablaba en voz baja por teléfono, otro esperaba junto al elevador, inmóvil. William caminó en dirección contraria. Al final del pasillo había una puerta estrecha de cristal, parcialmente cubierta por una cortina pesada. Detrás, un balcón pequeño sobresalía hacia la noche. No era un espacio pensado para huéspedes; más bien parecía uno de esos rincones que el hotel había dejado para empleados, fumadores discretos o personas que necesitaban desaparecer durante cinco minutos sin salir realmente del edificio.


William empujó la puerta y el aire frío le golpeó el rostro. La ciudad se extendía debajo, brillante y ruidosa, aunque desde esa altura el sonido llegaba amortiguado. Autos moviéndose como hilos de luz. Sirenas lejanas, un viento que no alcanzaba a borrar del todo el olor a tabaco barato de la sala. Saco la cajetilla del interior de su abrigo y se llevó el cigarro a los labios y aspiró despacio, dejando que el humo le llenara los pulmones con una calma falsa. Después apoyó los antebrazos sobre la baranda de metal y miró hacia abajo. No pensaba en Vargas, tampoco en Marchetti, ni en Devreaux, ni en los detectives que rondaban las zonas equivocadas. Pensaba en el modo en que todos esperaban algo de él: Una solución, una orden, amenaza o una muestra de fuerza.Todos querían que hiciera algo y William, con el cigarro entre los dedos y la ciudad extendida a sus pies, entendió con una claridad seca que no tenía permitido fallar, no si quería sobrevivir.

Let Junn know what you thought about this chapter!
Love this

0

Love this

Funny

0

Funny

Spicy

0

Spicy

Suspenseful

0

Suspenseful

Emotional

0

Emotional

Profound

0

Profound

Heartwarming

0

Heartwarming

Shocking

0

Shocking

Good Writing

0

Good Writing

Compelling Plot

0

Compelling Plot

Great Character

0

Great Character

Strong Dialog

0

Strong Dialog

Further Recommendations

A Blessing in Disguise

Miriam0011: Hi there! I really enjoyed reading your story, it was both interesting and well written. Your style feels very natural and easy to connect with. Do you usually write in this genre, or do you explore others as well?

Read Now
Silver's Second Chance

Clare: Loved the second chance mate story line. But loved even more the strong female lead. Would love to a mini fic of this couple a few years down the line.

Read Now
THE WOMAN HE BOUGHT

AnG40: I really enjoyed this read. I wish there was more background on Lucian and Elara's romance and how they went from not touching to Lucian actually proposing.

Read Now
Ruthless Lord

AlyKeller: I love this story about a girl hated by her father and sister because her mother died given birth to her. She is sent away to a farm from her life in a castle, where she learns how to survive, hunt, and fight. She is forced into an arranged marriage by her dad and king. Her life takes a change for t...

Read Now
Sweet Caroline

Clinton Foster: So far, I’ve only disliked one draft. It was the last one. It’s a lovely book.

Read Now
Bear Shifter Secrets

Authorhelper: Your story sounds really interesting! As a beta reader and book editor, I love helping writers strengthen plot, pacing, character depth, and overall flow while keeping their unique voice. I’d genuinely be interested in reading more of this project.

Read Now
The Argent Wolf (Coming to Galatea)

Jamaica: Amazing writing.. the characters and world are carefully build and the writing drawn me instantly into it.Also the funny interactions between the Pack.. loved those.It's a mix of adventure, fantasy, romance, etc. All brought together in one amazing story.Waiting for book 2!

Read Now
SECRET BILLIONAIRE

ganeeyah: This was a nice read. Thank you Christy

Read Now