@Jeju_Lavender_1995 lo hace de nuevo

Era la mañana del día siguiente, miércoles 30 de octubre. El cielo amaneció tímidamente despejado. Había ese aire helado e inconfundible del otoño en Seúl.
Esta vez Ellie despertó primero y disfrutaba de su taza de té verde caliente mientras preparaba un café para Seungcheol, justo cuando este apareció en la cocina para encontrarla. Ella le alcanzó la taza que había preparado para él.
Después de este pequeño ritual que ya se hacía parte de su rutina matutina, bajaron a entrenar en el gimnasio del edificio y luego volvieron a subir para ducharse y prepararse para el día, terminando de preparar el desayuno a cuatro manos.
—Nena, faltan doce días para tu cumpleaños —comentó Seungcheol dándole sorbos a su segundo café del día, mirándola con esos ojos oscuros cargados de una devoción transparente—. Finalmente voy a poder pasar esta fecha contigo, me hace tanta ilusión. ¿Has pensado qué quieres hacer?
—La verdad no he decidido nada aún, no he tenido tiempo de pensarlo entre tanto trabajo —admitió Ellie, sonriendo de lado—. Pero me gustaría tener una escapada de fin de semana con mis amigos a algún lugar healing, rodeado de naturaleza. Pero... ¿acaso es posible? Sé que todos estamos muy ocupados con agendas apretadas —agregó, dándose cuenta de que tal vez su deseo era poco realista.
—Nena, suena maravilloso —respondió él dedicándole una sonrisa tibia y cómplice—. Me encantaría que pudiéramos hacer realidad eso que quieres... Asumo que yo estoy totalmente incluido en ese plan, ¿verdad? Ah, por cierto, mi mamá me contestó que está bien que los visitemos hoy. Le dije que tú querías ir a dejarles los regalos que trajiste de China, así que mi madre dijo que podemos ir a almorzar con ellos.
Cuando Seungcheol terminó de recoger la cocina, fue a la habitación principal a buscar a Ellie y la encontró organizando las maletas con las que había regresado de Shanghái. Él se apoyó en el marco de la puerta vistiendo una sudadera ancha y arrugó el entrecejo de inmediato con una mueca de clara indignación.
—¿Qué haces, nena? —preguntó, cruzándose de brazos. —¿Cómo que qué hago? Estoy arreglando mis cosas porque tengo que irme a mi departamento a hacer el live. Sabes que todos los miércoles transmito para las chicas y hoy es miércoles, bebé. Ya te expliqué por qué no puedo transmitir desde aquí.
—¿Cómo que ‘te vas’? —soltó él con infantil ternura—. Nos vamos. Yo no pienso estar separado de ti el último día libre que me queda.
—Cheol, mañana jueves tienes que presentarte en la empresa súper temprano para retomar los ensayos —le recordó ella con una risita, tratando de ser la voz de la razón—. Te conviene quedarte aquí, descansar bien y...
—¿Y? —la interrumpió él, mirándola con esos ojos oscuros e inflexibles que no aceptaban réplica—. Me da igual. Donde tú vayas, voy yo. Sin esperar respuesta, caminó hacia su vestidor, agarró una mochila de piel y empezó a meter calcetines, ropa interior, un par de pantalones deportivos y sudaderas para irse directo al trabajo a la mañana siguiente sin tener que pasar por su propio departamento.
Ellie lo miró desde la cama, entre divertida y con el corazón derretido por la terquedad de su novio: Seungcheol era un hombre territorial, celoso de su tiempo con ella, y no iba a regalar ni una sola noche.
Cerca de la una de la tarde cargaron el auto con las maletas de Ellie y la mochila de Seungcheol para ir a casa de los suegros.
La visita fue un momento sumamente cálido. Los papás de Cheol estaban encantados de recibir a “nuestra Ellie”, alabándola con entusiasmo por lo impecable, hermosa y cautivadora que se veía en las publicaciones del evento de la F1 en Shanghái rodeada de celebridades internacionales. Ellie le contó entusiasmada algunos detalles de los pilotos al papá de Cheol, mientras la mamá de Cheol le preguntaba con curiosidad de niña sobre Kim Kardashian, a lo que Ellie respondió a gusto riéndose con ella.
Sin embargo, durante la conversación, Seungcheol pilló a su mamá mirando con una mezcla de codicia disimulada el dedo anular de Ellie. No codiciaba el anillo de promesa en sí, sino la materialización de su significado, con la impaciencia materna típica de saber cuándo ese bonito anillo de promesa —que su hijo le había dado hacía dos meses— se transformaría finalmente en el de matrimonio para hacer a Ellie su nuera legal y que en el futuro le diera nietos.
La señora alternaba la vista entre la joya, la cara de Ellie y su propio hijo, hasta que chocó de frente con la mirada de Cheol. Él solo le sostuvo el contacto visual con un gesto severo que transmitía claramente: “Mamá, ya te vi. Por favor detente, sé lo que estás pensando”. Seungcheol sabía muy bien lo que su madre quería, él también soñaba con ese futuro. Por ahora sabía que Ellie estaba viviendo cosas en lo profesional, y él también estaba muy ocupado. No quería presionarla, por ahora podían disfrutar el presente.
Al regresar al departamento de Ellie eran casi las cinco de la tarde. Ellie comenzó a montar su setting en la sala: acomodó sus trípodes, montó la cámara de alta definición para su canal de YouTube y ajustó un par de luces semiprofesionales para iluminar el encuadre donde colocaría el teléfono para el en vivo de TikTok. A las seis en punto arrancó la transmisión de lectura.
Seungcheol, instalado en la mesa del comedor con su iPad, parecía enfocado en un juego online, pero tenía su teléfono conectado al en vivo. Al cabo de un rato, en el chat apareció un usuario muy conocido por la comunidad, a raíz de un live de la semana anterior: @Jeju_Lavender_1995. Sin escribir texto, comenzó a enviar una ráfaga constante de corazoncitos verdes (💚💚💚).
Las moderadoras del live —que eran amix de la comunidad que llevaban años apoyando a Ellie— no tardaron en pinear los mensajes, para que ella los viera. El chat estalló: «¡Miren, otra vez está aquí Jeju Lavender!» «@Jeju_Lavender_1995 suelta el chisme amix, ¿por qué otra vez le mandas corazones?» «Miren la cara de Ellie, ¡está roja otra vez! 🤭»
Ellie miró la pantalla del teléfono y se topó de frente con la ráfaga verde. Apretó los labios, conteniéndose para no mirar hacia el comedor donde Cheol disfrutaba de su travesura.
—A ver, chicas, concéntrense en la lectura... —pidió Ellie intentando sonar neutral, aunque las orejas le ardían.
Una de las moderadoras más cercanas a Ellie intentó ayudarla a desviar la atención para que el chat dejara de concentrarse en el chisme: «Chicas, seguro es su amigo Gabriel apoyándola, dejen de molestar jajaja» A lo que otra seguidora respondió de inmediato: «Si fuera Gabriel no estarías así de colorada» El sonido del intercomunicador interrumpió el ambiente.
Seungcheol por puro reflejo amagó con levantarse de la silla del comedor para ir a contestar. Ellie lo acribilló con una mirada asesina de “te mueves y te mato”.
—Chicas, un segundo, me están llamando del intercomunicador, seguro es un paquete —anunció Ellie a la cámara mientras Seungcheol permanecía en su lugar. Ellie fue al citófono, contestó y le dio las indicaciones al repartidor para que subiera.
Al regresar a su puesto frente a las cámaras, se encontró con que el chat era un caos peor: «¿A quién miraste así con cara de te voy a matar? 😂» «¡Ellie miró hacia un lado de la sala! ¡HAY ALGUIEN AHÍ!» Ellie, atolondrada y rogándole al cielo que la salvara, intentó retomar el libro mientras Seungcheol la miraba desde el comedor con atención contenida.
Pasaron un par de minutos cuando, finalmente, el timbre de la puerta sonó. Ellie apenas iba a decir que iría a recibir la caja cuando Seungcheol, queriendo ayudar para no hacerla levantar otra vez, saltó de la mesa para ir a abrir.
¡CREAC!
El ruido seco de la silla deslizándose contra el piso resonó perfectamente en el micrófono. Ellie lo volvió a acribillar con la mirada, pero el daño estaba hecho.
El chat colapsó: «¡ESCUCHÉ UNA SILLA!» «¡HAY ALGUIEN AHÍ!» «Jeju Lavender está en la casa, confirmoooo 🔥»
Sin reparar en los comentarios, Ellie alcanzó a Seungcheol en la entrada justo cuando este terminaba de recibir el paquete. Ella le dio las gracias al repartidor, cerró la puerta y, ni bien encajó la cerradura, le arrebató la caja a Seungcheol y le propinó un manotazo contundente en el pecho con una mirada acusadora. Cheol soltó una risita culpable, la atrapó de la cintura, le plantó un beso tierno en la mejilla restregando su rostro con el de ella y la soltó.
Ellie regresó al plano de la cámara con la cara roja como un tomate maduro.
—Bueno... me llegó este paquete —dijo tratando de recomponerse—. No sé qué es, probablemente algo de mi agencia. Cuando termine les grabo un video. ¿Les parece si seguimos leyendo?
El chat estaba en absoluto desacuerdo. Y para colmo de males, en la pantalla volvió a saltar una notificación: «💚 Jeju_Lavender_1995 ha enviado un corazón verde»
Ellie leyó los últimos diez minutos como pudo, con las orejas ardiendo, mientras Seungcheol disfrutaba del espectáculo desde el comedor, extasiado de la diversión al ver a su novia tan hermosamente ruborizada. Al llegar al final del capítulo, Ellie ni siquiera se quedó a conversar como era su costumbre habitual. Jeju_Lavender_1995 volvía a enviar varios comentarios con un 💚.
—Bueno chicas, dejamos el live hasta aquí por hoy, ¡muchas gracias a todas por conectarse! —dijo Ellie a toda velocidad.
Oprimió el botón de finalizar transmisión en TikTok, cortó la grabación de la cámara de YouTube y, apenas las luces se apagaron, se giró hacia el comedor y pegó un grito ahogado:
—¡CHOI SEUNGCHEOL! ¡¿CUÁL ES TU PROBLEMA?! Seungcheol se levantó de la mesa despacio, mirándola con una sonrisa descarada y adorablemente desvergonzada.
—Acabo de pedir comida a domicilio, llega en unos minutos —anunció caminando hacia ella—. ¿Tienes hambre?
Ellie avanzó a pasos agigantados, le dio otro empujón infantil en el pecho y, con las mejillas ardiendo, renegó entre dientes: —¡Ay! ¿Cómo puedes ser tan adorable y frustrante a la vez? Un día de estos vas a hacer que nos descubran...








