FOR YOU
Siempre supe que no pertenecía aquí, a este mundo, a esta vida, a esta familia, a ti Alfa. Nunca fui codicioso y siempre supe mantenerme en mi lugar, calle cuando debí y hablaba solo cuando se me tenía permitido, no alardee sobre ninguno de mis logros y siempre aplaudí a los de los demás. Un Omega, a raya y educado, con la presencia y la suficiente decencia para ser considerado un buen prospecto.
De sutil belleza para cautivar a cualquier Alfa de buena familia, desde niño se me enseñó a ser complaciente, porque eso hacia un buen Omega para su Alfa, fui bueno, siempre fui bueno, aprendí rápido mis deberes como amo de casa cuando me casé, cuando no se me permitió tener un empleo, una vida.
Yo no pedía demasiado, me adapte a la vida que me diste, aun si tu familia no era tan acomodada como la mía. Entonces me pregunte, ¿en que falle?
Quizá fue a los dieciocho, cuando firmamos nuestro acuerdo prenupcial y me viste por primera vez, tu disgusto fue evidente, no cumplía con las expectativas de un Omega de clase, porque no poseía una belleza extraordinaria, mi sencillez al vestir no hacía mucho por mejorar mi aspecto, pero no tuviste más que firmar por que no era yo lo que querías, mi apellido y mi estatus, nada más. Tal vez fue a los veinte, cuando después de tantos intentos no pude quedar preñado y el doctor nos dio la noticia de que eras infértil y aun así decidiste culparme a mi diciendo a todo el mundo que yo no servía y te habías casado con un Omega defectuoso. Tanto te creíste tu mentira que comenzaste a meter a toda clase de Omegas a mi casa, con la excusa de buscar quien cargara tu legado en el vientre.
Me dolió, mi lobo no paro de reprocharme tu abandono.
Y quizá de ahí parta todo, me volvió loco darme cuenta de que sin importar cuanto me esforzara nunca sería suficiente, ni para ti, ni para mi familia, ni para la sociedad de mierda a la que estaba obligado a pertenecer.
Aprendí a contener y a reprimir.
Creí que al irte lo haría contigo.
Aquí estoy, sigo aquí, ¿puedes verme ahora?
¿Motivos? no, no hay los suficientes que justifiquen esto. Pero no los necesitaba, aun sin tenerlos las cosas hubieran terminado iguales. Tu muerto y yo libre, como tuvo que ser siempre...
Para ti, hasta el infierno.








