La peor entrevista
Mia
Había dos cosas que odiaba: la gente egocéntrica y que cuestionaran mi trabajo. Giovanni Santander Finisterre cumplía con ambas.
Estaba caminando por los amplios pasillos de la radio Vorterix. A estas horas, casi sobre el final, el lugar estaba más concurrido de lo habitual. Muchas personas caminaban apresuradas buscando culminar su jornada.
La radio siempre tenía ese olor a café quemado y a desinfectante barato. El ambiente, con luces blancas brillantes y paredes con cuadros de músicos, gritaba que ahí habitaba el rock.
Seguí caminando, escuchando el ruido de mis botas golpear el suelo. Miré hacia el final y vi a un rubio de pelo largo, con jeans, borcegos y una remera negra. Estaba sentado en un sillón rojo, con una postura relajada y la vista en el suelo. Me acerqué despacio, agarrando con fuerza mi bolso de mano.
—Hola, Giovanni —dije dispuesta a saludarle con un beso formal, pero él solo levantó la vista.
Me miró como se mira a un acorde desafinado en una canción perfecta. Ni siquiera se levantó para saludarme y en su lugar me habló con un tono subestimador.
—¿Vos sos la periodista? —preguntó mientras me miraba de arriba abajo—. Esperaba que me entreviste alguien que sepa de rock.
Arqueé la ceja y abrí un poco la boca indignada. Ni siquiera me conocía y se daba el lujo de subestimarme, poniendo esa sonrisa canchera de quien cree que lanzó un comentario épico.
—Y yo pensé que iba a entrevistar a un músico, no a un egocéntrico con aires de rockero —retruqué con voz seca.
A él se le borró su sonrisa y yo me crucé de brazos, con una mirada que reprochaba sin palabras.
—Qué sabrás de ser rockera —rio como si se burlara de mí—. Espero no me hagas preguntas sobre mi vida amorosa.
Se inclinó hacia adelante, con las manos entrelazadas sobre su regazo, y me miró como si todo girara en torno a él. Yo reí sarcástica, no era de mi interés si estaba con alguien o no.
—No hay cosa que me importe menos que tu prontuario, Santander.
—Eso me ahorraría una entrevista de mierda, igual dudo que puedas hacer buenas preguntas.
—Mi trayectoria no dice lo mismo, глупый. —Estúpido solté bajito en ruso.
Cuando queria putear sin que se enteraran recurria a la lengua de mi país de descencia. No era mi segunda lengua, pero hablaba muy bien y sabía todos los insultos existentes.
—¿Qué? —preguntó él arrugando la nariz y ladeando la cabeza.
—Nada. Mejor acompáñame... que ya es hora.
Él se levantó sin muchas ganas, siguiendo mis pasos por detrás. Yo miraba el reloj que llevaba en la muñeca, calculando no llegar tarde por su culpa.
Caminamos hasta la pecera donde se llevaba a cabo mi programa. Allí adentro el aire se sentía más cálido, al igual que la luz en tonos ámbar. Estaba con la ira contenida en un puño, pero entrar a mi lugar de confort hizo que mi postura se relajara.
Le indiqué que podía sentarse en una de las sillas. Yo me acomodé enfrentada a él, dejando mi bolso sobre el respaldo. Giovanni se sentó, recostándose en la silla, como si se creyera el dueño del lugar.
Me coloqué los auriculares y ajusté el micrófono. Cuando la luz de neón roja se encendió, supe que era momento de dejar mi bronca a un lado y actuar de manera profesional.
—Estamos de nuevo con Desviados, tu programa de confianza que mezcla rock con filosofía.
Giovanni hizo una mueca burlona, como si mi presentación le pareciera estúpida. Su mirada era fija y constante, de esas que te juzgan cada movimiento. Me temblaba el cuerpo al verlo, al saber que estaría buscando el momento en que me equivoque para burlarse.
No le iba a dar el gusto.
—Hoy, tenemos con nosotros a un invitado especial. Un músico con una larga trayectoria... con ustedes, Giovanni Santander Finisterre de Pluriverso —lo presenté con un entusiasmo que me sabía a falso.
—Hola, gracias por la invitación, aunque esperaba otra cosa.
Se inclinó hacia adelante, acomodándose en la silla y me dio una mirada desafiante como si buscara que entrara en su juego. Yo no me iba a prestar a discutir al aire, así que su intento fue en vano.
—Muchos críticos afirman que el rock está en crisis, así como lo estuvo en los 70 y 80... ¿Dónde se ubicaría Pluriverso en esta discusión?
Giovanni se cruzó de brazos y esbozó una sonrisa torcida. Es como si esto le pareciera un trámite y no se molestaría en ponerle onda.
—En ningún lado —respondió cortante y alzó los hombros, dejando un breve silencio—. Nosotros no vinimos ni a salvar el rock, ni a ser una reliquia de museo. Nuestra intención es hacer lo que nos gusta, a veces rock, a veces no.
Yo asentí, intentando prestarle atención, pero sus ojos clavados en mí hacen que baje la mirada para evitar el contacto.
—Y ya que lo mencionas, ¿cómo llevan esa hibridación? Porque hay quienes buscan encasillarlos en un género y otros que afirman que no son del palo del rock.
—Quien nos escuchó de verdad sabe que no buscamos pertenecer a nada. Ambos puntos molestan, porque implican limitarnos a ser o no ser.
Lo dijo como si me estuviera corrigiendo, haciéndome parte de esas personas que no los escuchan y hablan.
La manera en la que hablaba mientras gesticulaba con las manos me parecía hipnotizante. Era evidente que sabía de lo que hablaba, pero su ego lo alejaba de poder ser un tipo con quien buscaría charlar por horas.
—A ustedes no les asusta experimentar...
—Para nada, de eso se trata la música, de hacer lo que tengas ganas en el momento. —Se acercó al micrófono como si estuviera por revelar una verdad—. Es un pensamiento muy cerrado pensar que no se pueden mezclar géneros.
—En el último disco implementaron violines, algo que sale mucho del estereotipo de rock... ¿qué opinas de las críticas que surgieron en torno a eso?
Giovanni lanzó una risa amarga y arqueó las cejas. Pude notar su satisfacción al escucharme decir que los escuché.
Lo veía jugar con sus anillos, pasándoselos de dedo en dedo. Lo repetía una y otra vez de manera inconsciente, sin saber que esos movimientos me erizaban la piel.
—Veo que nos escuchaste... no tengo mucho para opinar, es lógico que les asuste lo nuevo, pero nosotros no estamos para complacer a nadie, solo para cumplir nuestras ambiciones.
—Siempre escucho la música de las personas a las que voy a entrevistar... ustedes se reinventaron en cada disco, para bien o para mal, depende de quien lo vea. —Hice una pausa—. Pero hay algo evidente, en general el rock no cambió con las nuevas eras... ¿qué crees que deben hacer para mantenerse actuales?
—No creo que el género deba hacer algo, porque eso sería venderse, y el rock por años militó no apegarse a nada. Pienso que son las personas las que deben abrirse a cosas nuevas.
Observé al otro lado de la pecera. El productor me estaba dibujando un reloj en el aire para avisarme que quedaba poco tiempo y que debía ir cerrando la entrevista.
—Gracias, Giovanni, esto fue todo. Estuvimos charlando con Giovanni Santander Finisterre de Pluriverso. Les dejamos con “Acracia en la ciudad,” uno de sus temas del último disco.
La luz de neón se apago con un un golpe seco. Respiré hondo, buscando recomponerme. Giovanni solo me miró expectante y se levantó de su asiento, dispuesto a irse.
—No fue tan malo al final... ¿no? —pregunté mientras me levantaba del asiento.
—Te guionaron bien. Decime, ¿es puro humo el look rockero? Porque si escuchás las bandas solo cuando vas a entrevistarlas...
Apreté los dientes y esbocé una sonrisa forzada. Tenía ganas de clavarle un cuchillo en el cuello.
—Que apliqué eso con tu banda no significa que lo haga con todas. Lamento romper tu ego, pero es la primera vez que me obligué a hacer eso.
—No me lastima que tengas malos gustos, todos cometemos errores —respondió con sus aires de rockero conquistador.
Solo me limité a lanzar una risa sarcástica, para luego despedirlo con un apretón de manos. Sus manos frías me apretaron con fuerza y supe que me estaba declarando una guerra.
Cuando salió, el portazo quedó resonando en toda la sala y el frío de su tacto seguía intacto.
Fue la peor entrevista. Por primera vez sentí un temblor en la voz al hacer las preguntas y un cosquilleo con cada respuesta.
Era como si los años de estudio y prácticas se hubieran esfumado ante su sonrisa sobradora.
No sabía que se podía detestar a alguien en menos de un minuto, pero llegó él y le sobraron 59 segundos.








