Chapter 1
PUTA:
Una vez, un hombre vino para acostarse conmigo. Lo veía tembloroso, como desubicado. Sentí que no sabía lo que estaba haciendo allí.
Dejó su sombrero encima de la mesilla de noche, al lado de mi cama, y me preguntó por mis servicios. Yo no le contesté gran cosa, solo lo típico: precio de una mamada, precio de un completo, precio de extras a discutir.
Sin embargo, él respondió negando con la cabeza.
-¿Podemos solo hablar? -me preguntó con voz temblorosa.
Él no venía a tener sexo. Solo quería hablar.
Obviamente, yo le comenté que mi tiempo tenía un valor igual, pero él me usaba de “psicóloga”, en cierta manera... Es cierto que, alguna vez, se sentaba y se tocaba delante de mí y, a mí, la verdad, después de todo lo vivido, me daba bastante igual verle. Pero era extraño.
Una de esas veces, mientras se estaba tocando, le pregunté en qué pensaba mientras lo hacía, ahí, mirándome. Era raro, pero no sé, me esperaba una respuesta bastante común. Un “en mi mujer, en mi ex, en ti”. Pero no.
Me contestó que pensaba en uno de sus amigos.
Y yo, toda curiosa, le dije:
-¿Y por qué vienes aquí, si puedes hacer esto en casa?
En ese instante se quedó callado durante unos minutos, pero enseguida balbuceó:
-Porque ellos vienen.
¿Quiénes?, te preguntarás.
Y ahí, en ese momento, salió todo a la luz.
-Mis amigos -me dijo.
Me comentó que sus amigos venían para follarse a dos o tres putillas por mes y después comentaban cómo las habían hecho, qué habían sentido, cómo las habían tratado... Vamos, contaban de todo.
Ya te puedes imaginar qué tipo de amigos eran.
Después me explicó que planeaba contárselo a sus amigos, lo de que era homosexual, ya sabes. Pero no podía. Le invadían la ansiedad y el terror.
Y, en verdad, él no quería decir que le gustaba uno de sus amigos. Solo quería decir que le gustaban los hombres en general, pero no podía.
Una tarde vino a lo de siempre: tocarse, hablar, estar así, como amigos.
Una amistad extraña, pero me gustaba. Me hacía compañía y, al menos, era sincero conmigo y, a veces, consigo mismo también. Obviamente, solo dentro de esa habitación.
Bueno, por donde iba... Que hablo de más.
Un día me pareció verlo súper distante y raro. Ese día no quería hablar. Solo dijo que iba a actuar, que iba a dar un paso adelante, que iba a contarlo. Fue breve el encuentro. No me dio tiempo a preguntar más.
A partir de ahí, solo sé que ya no vino más. A veces lo echo de menos.
Lloro por él.
DIOS:
Pobre hombre. Yo sé que fue juzgado. Hace poco estuvo hablando conmigo. Vino a causa de uno de sus amigos.
Qué pena.
Vivió dos castigos.
Uno se lo dieron ellos. El otro se lo dió él mismo.








