1- El muy aburrido trayecto
—Nico… Nico… ¡GABRIEL NICOLÁS!
—¿Qué pasa? Estoy agotado —dijo un Nicolás con un pie en la vida y el otro en los sueños.
El camino se podía ver en los ojos de Nico. En su cabeza solo tenía claras dos cosas: estaba en una van desde hacía horas y estaba muuuyyy aburrido.
—Yo estoy despierto. Dami, te dije que… —Mmm—.
La boca del pelo oscuro (Nico) fue tapada por la mano pálida del otro joven.
—Te dije que no me llames Dami. Es molesto.
Aunque sus palabras sonaban amargas, detrás de esa amargura había una risa que intentaba aguantar.
—Yo te llamo como quiero. Además, antes te gustaba y te reías —dijo el de pelo oscuro con una mirada que él pensaba que se veía guapo.
—Nico, tenía seis años… Y deja de hacer esa cara, te ves ridículo.
—¿Y?
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Los dos adolescentes se apoyaron espalda con espalda. Nico, al estar mirando la pared de la van, empujó un poco. Damián no le dio importancia: Nico podía ser muchas cosas, pero fuerte no era una de ellas.
—Nicoooo, Nicooo, Nicoo —dijo el más joven con un tono monótono.
—¿Qué quieres, Pelo Ártico?
—Te tengo un chiste original, hecho por mí.
Damián lo dijo con una cara segura, casi tierna, y hasta se colocó el pulgar en el pecho.
—Mira, si es otro chiste de comida, te juro que te tiro por la ventana y suplanto tu identidad. Estoy seguro de que tu mamá me daría permiso —contestó Nico, tan aburrido que pensó en volver a dormir.
—¿Cuál es tu problema con mis chistes de comida? Tú antes te reías con ellos.
—Damián tenía seis años… Ah, vale.
Nico se tapó la cara, avergonzado, pero en el fondo feliz porque pudo ver los ojos alegres de Damián.
Sonaba una música aburrida. Gabriel Nicolás estaba harto y pidió como si, en vez de ser un adolescente, fuera un moribundo.
—Por favor, tía… quita eso.
La sombra de la mujer conductora se volteó, mirándolo con un amor-odio al delgado joven.
—Son los Beatles, ¡cantado por George Harrison! —(La canción era de Paul)—. Te dejé venir y te aguantas mi música —dijo la señora con el típico tono de mamá.
—Tía, no se haga. Usted es más chilena que Detrás del Muro. Ponga Los Bunkers o Chancho en Piedra, tíaaa.
Nico estaba al borde de la muerte por aburrimiento. Entonces Damián pasó del aburrimiento a la esperanza. Parecía que iba a decir algo hasta que…
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—No, Dami. No dejaré que le digas a tu mamá que ponga tu pendrive con música indie toda rara —lo interrumpió Nico, que no quería escuchar música otra vez después del “Incidente”.
—¡PERO POR QUÉ! Eres malo conmigo. Ya me estoy arrepintiendo de dejarte venir. Lucía tuvo que haber venido —dijo el más joven, enojado. No lo estaba realmente, pero sí quería escuchar su música con su mejor amigo.
—¿Lucía? En primer lugar, ¿tú crees que tu mamá la dejaría venir?
El pelo castaño empezó a susurrar:
—O sea, mencioné su nombre y tu mamá ya está más enojada que la cresta. Ya sabes cómo es ella —dijo Nico, con miedo a que lo escuchara la loca mamá de Damián.
Beatles, Queen, tal vez Pink Floyd. Nicolás y Gabriel estaban aburridos en esta vida y en parte de la otra.
—Gabriel.
—¿Qué?
—¿Qué día es hoy?
—Es jueves.
—¡Entonces mañana Germán sube video!
—¿Qué importa ya? Germán casi nunca sube video los viernes y, además, el año que viene se acaba el mundo y no habrá Germán.
—Eres molesto. El mundo no se va a acabar por algo que viste en la película del DVD del otro día —dijo Damián en un tono seguro y tal vez tierno. Nico intentó no prestarle atención.
—Chicos, chicos, en un rato nos paramos en una Copec. Piensen qué quieren comprar y tendrán que ir al baño sí o sí —avisó la cansada conductora.
—Nico, Nico —dijo Damián en un tono todavía más chillón.
—Mira, me vuelves a decir mi apodo dos veces seguidas en ese tono y ahora el que va a traer a otro amigo seré yo —respondió el harto Gabriel.
—Mira, Nico, lo que pasa es que…
Damián habló unos quince minutos más. Nico contestaba, pero cortante. No estaba molesto, solo aburrido. Damián, en cambio, solo quería hablar un poco más con él.
—Pero es que en serio, créeme. Esta teoría de la identidad de Tobi es la verdadera. Te juro que no hay forma de que Tobi no sea Itachi de un futuro alternativo.
—Mira, Pelo Garfield, o te callai o te… No tengo ningún otro chiste. Igual yo estoy seguro de que Tobi es familiar de Kakashi y…
Siguieron un rato más. Al final Damián se quedó dormido. Como siempre, Nico le ofreció el hombro y al principio soltó comentarios cortantes:
—Eres más liviano que un Plumavit. Probablemente no me voy a dar cuenta si te levantas.
Pero poco a poco quedó en silencio. Su único pensamiento era:
Bueno, está durmiendo en mi hombro. Bien, perfecto. Justo cuando estamos a punto de parar en la Copec. Qué suerte.
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Nico quería dormir, pero sabía que en cualquier momento tendrían que bajar. ¿Quince, diez, veinte minutos? Quién sabe cuántos pasaron.
—Ey, ey, Gabriel, Gabriel —llamó la madre del dormilón.
—Diga.
—¿Damián se durmió?
—No, fíjese.
—No me trates así.
—Bueno, sí está dormido.
—Despiértalo tú. Yo ya voy bajando para estirar.
Nico empezó a mover a Damián. Este tembló un poco y soltó una especie de quejido:
—Miau.
Nicolás se quedó con la misma cara de no entender qué chucha acababa de pasar que yo, como escritora, y tú, como lector, acabamos de tener.
—¡QUÉ MIERDA FUE ESO! Despierta, que ya llegamos.
—Oh, perdón —dijo Damián, avergonzado.
Ambos adolescentes se levantaron y salieron de la camioneta.
—Oye, Damián —dijo el tranquilo Nico.
—¿Sí? No me vengas a decir que pasó algo mientras dormía.
—La van es tan aburrida que, si hubiera pasado algo, alguno de los dos estaría muerto.
—Tampoco es para tanto. Pero ya en serio, ¿qué pasa?
—¿Planeaste qué comprar, Damián?
—Yo…
—Lo sabía.
Los dos fueron directo a la Copec, sin saber qué iban a comprar.
Todo bien. Esto será fácil: entro, compro algunas papitas y me voy.
Pero… mi pecho está como raro. ¿Qué fue lo que soñé?





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