A veces el amor aparece donde menos lo esperas
Entré en mi habitación cuando ya era de noche. Solo quería acostarme en mi cama, leer un poco y conseguir el sueño suficiente para descansar profundamente.
Siempre he pensado que los libros son una de las mejores cosas que existen. Te permiten entrar en mundos que jamás imaginaste y vivir historias que, en la vida real, quizá nunca podrías experimentar.
Abrí mi armario y comencé a buscar algo para leer. Había un montón de libros. Algunos ya los había terminado y otros apenas los llevaba por la mitad.
Fui pasando uno por uno.
Nada.
Llegué hasta la última fila y, cuando estaba a punto de rendirme, algo llamó mi atención.
—Espera un segundo... —murmuré.
Allí estaba.
Un pequeño cuaderno de tapas gastadas que no creía volver a encontrar.
Mi viejo diario.
Lo tomé con cuidado. Al tocarlo, una cantidad de recuerdos comenzó a aparecer en mi mente. Era increíble cómo unas simples páginas podían guardar tantos momentos de una vida.
Me senté en la cama y lo abrí lentamente.
Las hojas estaban amarillentas y algunas tenían las esquinas dobladas por el paso de los años. Entre ellas encontré fotografías de mi niñez, algunos dibujos que había hecho cuando me llegaba la inspiración y pequeñas cosas que, en aquel momento, parecían insignificantes.
Pero yo no había abierto aquel diario para recordar mi infancia.
Buscaba una historia.
Mi historia.
Pasé varias páginas hasta encontrar aquella que recordaba perfectamente.
Sonreí.
Habían pasado años, pero podía recordar cada detalle como si hubiera ocurrido ayer.
Antes de continuar, había escrito un título en la parte superior de la página.
Tomé aire y lo leí en voz baja:
5 TIPS PARA ENAMORARTE.
Me pareció curioso.
Yo misma había escrito consejos sobre el amor sin saber que, con el tiempo, terminaría convirtiéndome en la protagonista de mi propia historia.
Pasé la página.
10 de agosto de 2015
Hoy me pregunto si este amor durará.
Me he enamorado perdidamente de un chico que ni siquiera sé si es la persona correcta para mí. Lo quiero muchísimo y quisiera mantenerlo a mi lado durante todo el tiempo que la vida nos permita.
Pero... ¿Cómo puedo ser perfecta cuando el amor no siempre lo es?
¿Cómo puedo conseguir un lugar en su corazón sin perderme a mí misma en el intento?
Me quedé mirando aquellas palabras durante unos segundos.
Qué ingenua era.
Y, al mismo tiempo, qué sincera.
Pasé otras páginas.
23 de agosto de 2015
Hoy fue un día genial.
Pasé mucho tiempo con Leo y, como siempre, encontró una manera de hacerme reír. No puedo dejar de pensar en sus ojos color celeste. Cada vez que me mira siento algo extraño, como si pudiera ver directamente dentro de mí.
Jamás había sentido algo así.
Sé que probablemente estoy empezando a ilusionarme demasiado, pero no puedo evitarlo.
Tal vez ese sea el problema de enamorarse: sabes que puedes terminar lastimada y aun así decides quedarte.
Dejé de leer por un momento.
Leo.
Todavía recordaba perfectamente aquel nombre.
Volví a mirar las páginas.
Nuestra primera cita fue increíble. Todo salió mejor de lo que esperaba. Aunque, si soy sincera, nuestro primer beso había ocurrido antes de aquella cita. Éramos como dos niños que se habían adelantado a su propia historia.
Durante unas semanas pensé que todo era perfecto.
Lo más extraño era que jamás imaginé conocer a alguien así en mi trabajo.
Siempre había pensado que encontraría al chico ideal en la preparatoria. Después creí que ocurriría en la universidad. Y cuando finalmente dejé de buscar, fue cuando apareció.
Quizá el amor funciona de esa manera.
Cuando lo buscas desesperadamente, parece esconderse.
Cuando dejas de buscarlo, aparece frente a ti.
Cerré el diario durante unos segundos y sonreí.
Aquella noche todavía no sabía que esas páginas no solo iban a contarme cómo conocí al amor de mi vida.
También iban a recordarme todas las veces que tuve miedo de perderlo.
Porque enamorarse nunca fue lo difícil.
Lo difícil fue descubrir que amar a alguien también significa aprender a confiar, equivocarse, perdonar y seguir adelante.
Y ese fue mi primer aprendizaje.








