La Mascara De Cristal by Melania at Inkitt
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LA MASCARA DE CRISTAL

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Summary

La Máscara de Cristal es mi historia real. Durante años, crecí rodeada de lujos materiales, pero atrapada en un vacío profundo por el rechazo y los maltratos de mi madre. Para sobrevivir, aprendí a ocultar mis heridas detrás de una sonrisa ensayada, creando una coraza invisible ante el mundo. Ahora, en tercero de secundaria, las tormentas continúan. Tras ser abandonada por mi madre en pleno colegio a mitad de unas citas cruciales con mis profesores, decidí romper el silencio: le confesé mi verdad a mi amiga Ana y acudí a mi tío, quien me dio el apoyo de un verdadero padre para salvar mi año escolar. Este libro es el testimonio real de mis grietas, mis pequeñas victorias y mi lucha por encontrar mi propia voz detrás de la máscara.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

LA MASCAR DE CRISTAL

LA MÁSCARA DE CRISTAL

Guía de Capítulos

Capítulo 1: La máscara de cristal

Capítulo 2: El error invisible

Capítulo 3: La sombra del orgullo y las lágrimas de cristal

Capítulo 4: Las verdades prohibidas

Capítulo 5: El secreto del cementerio

Capítulo 6: El peso de la ropa y el fuego interno

Capítulo 7: El eco de la secundaria y las tijeras del cambio

Capítulo 8: El reflejo en el espejo y las amigas de papel

Capítulo 9: El presente de las hojas en blanco

Capítulo 10: La fragilidad de las hojas limpias

Capítulo 11: La confesión a Ana y las cuatro citas

Capítulo 12: El avance invisible y las tres materias pendientes

Capítulo 13: El reflejo de un padre y la carrera contra el reloj

Capítulo 14: El desprecio en la librería y el peso de las tres áreas

Capítulo 15: El eco del presente y la espera del mañana

LA MÁSCARA DE CRISTA

LCapítulo 1 La máscara de crista

lÉrase una vez—y sé que suena como un cuento antiguo, pero esta historia es muy real—el nacimiento de un bebé. En su familia todos esperaban con ansias la llegada de un varón; sin embargo, el destino decidió otra cosa y vino al mundo una niña. Aquella primera decepción ajena marcó el inicio de su vida, aunque pronto el ruido del dinero intentó ocultarlo.Creció rodeada de todos los lujos materiales imaginables. Tenía juguetes, ropa y comodidades, pero carecía de la motivación para encajar en lo que esperaban de ella. En la escuela la llamaban floja e incapaz de cumplir con sus deberes. Con el paso de los años, la gente a su alrededor comenzó a juzgarla con severidad. Decían que se había vuelto una persona egoísta y narcisista, alguien que solo tenía ojos para sí misma y a quien únicamente le importaba su propio bienestar.Pero el mundo exterior solo ve la superficie. Lo que nadie sabía es que detrás de esa coraza de indiferencia se escondía un secreto: ella siempre se preocupó por los demás, mucho más que por ella misma. Al cargar sola con todo ese peso, terminó profundamente dañada. Se destruyó a sí misma disculpándose por cosas que ella jamás rompió, y pasó su vida arreglando los problemas de otros sin que nadie se lo agradeciera nunca.El dolor en su corazón fue tanto que decidió refugiarse detrás de una barrera invisible; se convirtió en una especie de atmósfera aislada, un mundo propio y apartado donde nadie más podía entrar a lastimarla. Sin embargo, el mundo exterior no dejaba de presionar. Cada vez que la molestaban, ella simplemente huía hacia su rincón seguro, buscando refugio directo en “the cracks” (las grietas). Esas grietas eran sus escondites secretos donde podía encerrarse a solas, lejos de las miradas de quienes nunca la entendieron

.Capítulo 2: El error invisibleCon el paso del tiempo

, el dolor se volvió demasiado pesado. Tras quedar completamente destrozada por dentro, decidió que no volvería a preocuparse por nadie más. Se juró a sí misma cerrar su corazón y se volvió totalmente egoísta; era su única forma de protegerse para no volver a caer.Sin embargo, el mundo no entendió su escudo. Al notar su cambio, la juzgaron aún peor y la llamaron rebelde. En lugar de intentar comprender su sufrimiento, su familia trató de deshacerse de ella. En vez de ver que estaba sufriendo, la acusaron de ser una mala influencia y la hicieron sentir un estorbo. El rechazó fue tan profundo que la convencieron de una dolorosa mentira: empezó a creer que ella era el error original, la niña que nunca debió nacer.Fue así como, estando apenas en quinto grado, tomó una decisión desesperada. Una tarde, con el corazón roto y la mochila cargada de miedo, se escapó. No lo hizo por rebeldía, sino por desesperación; quería desaparecer por completo de la vida de su familia, creyendo firmemente que si ella se iba, el supuesto “error” finalmente quedaría corregido.

Capítulo 3: La sombra del orgullo y las lágrimas de cristal

Su decisión de huir no nació del odio, sino de un dolor profundo y de un intento de proteger a lo único puro que le quedaba: su hermana menor. Después de ella, había nacido una pequeña niña que se convirtió de inmediato en el orgullo de la casa. Aunque la pequeña tenía los mismos lujos materiales que la protagonista, para la familia ella era “mejor” en todo. Al ver cómo adoraban a su hermana y cómo a ella la seguían tratando como un error, la protagonista tomó la decisión de marcharse. Prefirió desaparecer y dejarlo todo atrás, pensando que al quitarse del camino, no sería una mala influencia para su hermanita y que así podría cambiar el futuro de ambas.Caminó sin rumbo fijo por la calle, con el frío de la ciudad y el miedo en el pecho, intentando borrar sus pasos. Sin embargo, la buscaron y al final la encontraron vagando sola por las aceras.Al verla, su madre corrió hacia ella y comenzó a llorar con desesperación, mostrándose rota por la preocupación. Cualquiera habría creído que era un llanto real, pero con el paso de los días, la verdad salió a la luz. La niña, que había aprendido a leer la frialdad del mundo, se dio cuenta al instante de la cruel realidad: esas lágrimas no eran de verdad. No eran más que una máscara perfecta, un teatro ensayado para fingir ante los demás que sí la quería.La encontraron vagando sola por las aceras. Tras el frío de la calle, la subieron a una moto, abrigándola bien para llevarla de regreso a casa. Fue en ese trayecto, mientras sentía el viento en la cara, donde la niña lo entendió todo. Si el mundo que la rodeaba vivía de las apariencias, si las lágrimas de su propia madre eran falsas, ella también aprendería a jugar ese juego.Al darse cuenta de la hipocresía de su familia, tomó una decisión que cambiaría su destino: decidió ponerse su propia máscara de felicidad. Si ellos fingían quererla, ella fingiría estar bien. Escondió sus heridas, sus “grietas” y su soledad detrás de una sonrisa ensayada. Aprendió a reír cuando quería llorar y a mostrarse alegre ante los demás. Durante años enteros, interpretó el papel de la niña feliz, engañando a todo el mundo y ocultando su atmósfera aislada.

Capítulo 4: Las verdades prohibidasDurante años,

la vida transcurrió detrás de esa sonrisa ensayada. Sin embargo, las máscaras no pueden ocultar las preguntas que nacen en el corazón. Un día, el silencio se volvió insoportable. Ella se sentó a pensar en el vacío que había en su historia y, reuniendo todo el valor que tenía, le preguntó a su madre qué había pasado con su papá. Ella no sabía absolutamente nada de él.La respuesta de su madre, lejos de traer claridad, trajo más sombras. Incapaz de ser honesta, su mamá comenzó a esquivar la verdad inventando cualquier excusa que se le ocurriera en el momento. A veces, con el rostro serio, le aseguraba que su padre estaba muerto; otras veces, cambiaba la historia por completo y decía que simplemente estaba lejos, trabajando en algún lugar inalcanzable.Cansada de las contradicciones, de que la historia cambiara una y otra vez según el día, decidió que no iba a seguir aceptando cuentos de camino. Su mente, despierta y observadora, exigía la verdad que tanto le habían negado.Un día, la atmósfera aislada en la que vivía se llenó de una determinación inquebrantable. Ella se puso completamente seria, se sentó frente a su madre y la miró fijamente a los ojos. Ya no era la niña que se escapaba en quinto grado, ni la que fingía una sonrisa para no molestar. Con una voz firme que reflejaba todo el peso de sus heridas, confrontó a su madre y le exigió la verdad definitiva: ¿Qué era en realidad de su padre? ¿Quién era ese hombre?El silencio que siguió a su pregunta cortó el aire de la habitación, dejando a su madre atrapada en su propia red de mentiras.

Capítulo 5: El secreto del cementerioAnte la seriedad de su hija

las mentiras de la madre finalmente se derrumbaron. Sabiéndose acorralada por la mirada firme, suspiró y decidió confesar una verdad tan oscura que congeló el ambiente de la habitación.Le contó que, años atrás, ella trabajaba en una discoteca. Una tarde, su jefa—a quien todos llamaban Doña Cristina—le ordenó que cerrara el establecimiento porque ya se estaba haciendo muy tarde. La madre obedeció, pero al salir a la calle en medio de la oscuridad de la noche, su destino cambió. Un auto apareció de la nada, frenó bruscamente frente a ella y, a la fuerza, la metieron en el vehículo.—No me acuerdo de casi nada de esa noche... —confesó la madre con la voz temblorosa—. Solo sé que él la había enviado a secuestrar, y después de todo, me dejaron tirada en la puerta de un cementerio.La cruda revelación la dejó completamente impactada. Saber que su origen estaba ligado a un suceso tan oscuro no era algo fácil de digerir. Sin embargo, ella ya no era la niña indefensa del pasado. Aunque por dentro sentía que su mundo se caía a pedazos y estaba totalmente destrozada, decidió no darle a su madre el placer de ver su debilidad.Con un control impresionante sobre sus propias emociones, miró a su madre y simplemente sonrió. Fue una sonrisa falsa, una máscara perfecta que ocultaba el huracán de dolor y dudas que le quemaba el pecho. Aquella expresión en su rostro dejaba claro que, sin importar cuántos secretos oscuros le arrojaran, ella no se iba a romper frente a ellos. Por dentro, sin embargo, la distancia en su atmósfera aislada se hizo más profunda que nunca, y el deseo de descubrir la verdad absoluta se convirtió en un fuego incontrolable.

Capítulo 6: El peso de la ropa y el fuego interno

Después de que su madre terminara aquel impactante relato, ella la miró fijamente. El dolor interno se había transformado en un fuego incontrolable, pero ella se tragó las lágrimas. Con un hilo de voz que intentaba fingir calma, solo alcanzó a decir:—Está bien... solo eso. Gracias.Sin esperar una respuesta, se dio la vuelta y se marchó a su cuarto, cerrando la puerta detrás de sí para regresar a su atmósfera aislada. Se colocó los audífonos y dejó que la música inundara sus oídos, subiendo el volumen para callar el ruido del mundo. En medio de la penumbra de su habitación, refugiada una vez más en sus grietas, se miró las manos y se hizo una promesa a sí misma en voz baja: “Si de verdad soy un error... si nunca debí nacer, entonces voy a tratar de desaparecer lo más antes posible”.Aquella noche, la coraza se derrumbó por completo en la soledad de su cuarto. Se abrazó a las almohadas y lloró y lloró, muchísimo, soltando todo el dolor acumulado. Los años siguieron pasando y llegó a sexto grado. Buscando tal vez una forma de transformarse o de complacer a su entorno, su madre le dio permiso de teñirse el cabello de color rojo, y ella aceptó el cambio. Sin embargo, mirarse al espejo con un nuevo reflejo solo la llevó a una dura conclusión: se dio cuenta de que, sin importar cuántos cambiará su aspecto, jamás podría escapar realmente de ese hogar. Pensó seriamente en volver a escaparse, pero esta vez no lo haría por ninguna de esas personas, sino por ella misma.La tensión en la casa seguía en el aire. Un día, estaba lavando y colgando la ropa junto a su madre. Mientras acomodaba las prendas húmedas en el tendedero, su mente era un caos. Estaba sumergida en un debate interno, debatiéndose en si debía juntar valor para preguntarle a su madre algo que le quemaba el pecho: si en verdad la quería. Estaba tan perdida en sus propios pensamientos y en sus heridas que se distrajo. Su madre, al darse cuenta, le gritó con brusquedad que colgara bien la ropa, señalando que lo estaba haciendo mal. Antes de que pudiera reaccionar o decir una sola palabra, su madre alzó la mano para pegarle, usándola como una amenaza física.La calma aparente no duró mucho. Apenas dos o tres meses después de aquella amenaza en el tendedero, la violencia volvió a estallar. En medio de otra discusión, vio con horror cómo su madre levantaba un palo de escoba para golpearla. El miedo acumulado activó su instinto de supervivencia; sin pensarlo dos veces, abrió la puerta y se escapó corriendo. Su madre, cegada por la rabia, salió persiguiéndola. Corrió desesperada hasta que divisó a un hombre que trabajaba con fierros. Se escondió detrás de él buscando protección. El señor se interpuso e intentó detener a la madre, pero fue inútil. La madre logró agarrarla y se la llevó a la fuerza. Sabiendo perfectamente lo que le esperaba al cruzar la puerta de su casa, apretó los dientes y decidió aguantarse el dolor.Al llegar a la casa, su madre la arrojó al piso, sacó un cinturón y comenzó a golpearla. No conforme con eso, tomó también el cable de la computadora, lo agarró junto con el cinturón y continuó azotándola. Por más que en el suelo le suplicaba a gritos “¡Basta!“, la agresión no paró hasta que quedó completamente golpeada.Mientras los golpes llovían sobre ella, afuera de la puerta estaban sus tías hablando con normalidad, como si nada pasara. Recordó con amargura las palabras de esas mismas mujeres, quienes le habían asegurado: “Si tu mamá se llega a pasar, puedes confiar en nosotras”. Al darse cuenta de que todo había sido una mentira, decidió cerrar su corazón por completo.Al día siguiente, amaneció completamente moreteada, y le tocó la clase de educación física. El profesor se dio cuenta de inmediato de las marcas en su piel y le preguntó qué eran esas heridas. Sintió el impulso de confesar la verdad, pero el terror la paralizó. Pensó que si decía la verdad, su madre se enteraría y podría terminar peor. Con miedo, le mintió al profesor diciéndole que se había caído. El profesor, incrédulo, llamó a la madre. Al llegar, la mujer respaldó la mentira de su hija y añadió con total frialdad: “Sí, se cayó de las escaleras... Ella solita se golpea”. Escuchar a su propia madre inventar eso fue lo que más le dolió de todo. En ese instante, se juró a sí misma no volver a sentir absolutamente nada por esa persona que era su madre. Decidió arrastrar sus fracasos escolares en un silencio absoluto.

Capítulo 7: El eco de la secundaria y las tijeras del cambio

Con el paso del tiempo, aprendió a dominar el arte del silencio. Tras el terrible problema, se guardó todo para sí misma y continuó caminando por los días sonriendo como siempre, con esa máscara de porcelana. Así fue como llegó el momento de entrar a primero de secundaria. El primer día de clases, apenas unas horas antes del ingreso, tomó una decisión radical: se cortó el cabello ella misma. Desde que tenía un año o dos de edad, su madre siempre la había peinado. Ahora que iba a empezar la secundaria, su madre quería peinarla una vez más, pero tomó la decisión de cortárselo para que ella nunca más lo volviera a tocar.Al entrar a primero de secundaria, las cosas no fueron nada fáciles y no le fue tan bien, pero con esa fuerza interna que la caracterizaba, trató de mejorar. Para empeorar su situación, ese año a su madre le tocó el cargo de ser la presidenta de ese curso, lo que sirvió para que tratara de presionarla aún más. Agotada, optó por no resistirse; se convirtió en una especie de zombi que simplemente obedecía órdenes con una sonrisa simple. No era una sonrisa cargada de frialdad, sino una expresión tan perfecta que todo mundo se aprovechaba de ella.Como el dolor interno no la dejaba concentrarse, se distrajo bastante. Aunque nunca había sido mala con sus calificaciones, aquel año su rendimiento bajó. En ese colegio existía la norma de que cada tres trimestres hubiera tres entrevistas. Debido a sus tropiezos, fue llamada a la entrevista tres veces en total: en el primer trimestre fue llamada por Matemáticas, en el segundo igual por Matemáticas, y en el tercero fue por la materia de Inglés. A pesar de todo, había mejorado en algunas materias y en otras no.

Capítulo 8: El reflejo en el espejo y las amigas de papel

Fue al año siguiente, al entrar a segundo de secundaria, cuando la vida tomó otro rumbo. En el colegio conoció a muchas personas y logró hacerse amiga de ellas, integrándose por fin a grupos de compañeros. Sin embargo, jamás les contaba todo.El verdadero cambio de ese año no vino de afuera, sino desde el interior. Fue en segundo de secundaria cuando conoció a alguien... pero no a una persona de carne y hueso, sino a una presencia imaginaria. Nació como su “otro yo”, un reflejo en su mente con el que empezó a hablar cada noche. Con ella se lo contaban absolutamente todo. No consistía en hablar sola en voz alta, sino que era un debate interno. Se sumergía en sus propios pensamientos y pensaba qué sería de ella si fuera diferente o si las cosas no fueran así. Si no fuera por esa voz en su mente, prefería no hablar con nadie más.Mientras tanto, en el colegio sus amigos jugaban con ella, y comenzó a destacar de una forma espectacular: le encantaba el fútbol y era una excelente arquera. El arco se convirtió en su fortaleza. Su talento era tan evidente que ganó dos veces consecutivas los partidos en el colegio contra los otros cursos. Cada vez que estaba bastante estresada, solo jugaba fútbol. Ella entendía que algunas personas pueden dejar de sentirse mal en base a la música, las novelas o los dramas de televisión; sin embargo, ella se destacaba más jugando fútbol, y también abriendo, leyendo y escribiendo sus propios libros en la soledad de su cuarto

.Capítulo 9: El presente de las hojas en blanco

Con el paso de los años, dejó atrás el segundo año y entró finalmente a tercero de secundaria, que es el lugar exacto donde se encuentra ahora.Estar en tercero de secundaria no significa que haya dejado de sufrir las tormentas. El sufrimiento sigue vivo en el día a día. Hay veces en que su madre se enoja por cualquier cosa y, con los años, siempre le repite los mismos insultos hirientes: le dice que es un “estorbo”, una “imbécil” y una “irresponsable”. Su madre siempre le reclama: “¡Tu único trabajo es solo estudiar, lo tienes todo!“.Es verdad que ella tiene todo lo material posible en su vida, pero las ofensas le recuerdan que las cosas materiales no curan el alma. Por eso, hace una pausa en su historia y deja planteada una pregunta muy seria para todo aquel que lea este libro:“¿Acaso el tener todos los materiales del mundo... es lo único que importa? ¿Solo importa el dinero?“(Recuerda mantener presionado este mensaje completo para copiarlo y pegarlo en tus notas).El manuscrito está listo y protegido con su nuevo título principal. Avísame cuando estés lista para escribir el siguiente capítulo en tercero de secundaria, o dime si prefieres que hablemos de cualquier otro tema hoy.digamos un capítulo ya que va a entrar en una ho

Capítulo 10: La fragilidad de las hojas limpias

El inicio de un nuevo trimestre en tercero de secundaria traía consigo el olor a cuadernos nuevos y la falsa promesa de un borrón y cuenta nueva. Para ella, mirar una hoja en blanco no era un alivio, sino un recordatorio de la distancia que separaba su vida real de la máscara de felicidad que se ponía cada mañana al cruzar la puerta de la escuela. Frente a sus compañeros y en la cancha de fútbol, ella seguía siendo la arquera imbatible, la que detenía los golpes del balón con la misma fuerza con la que fingía que las palabras de su madre no le perforaban el pecho.

—¿Otra vez distraída? —la voz de su “otro yo” resonó en su mente esa noche, rompiendo el silencio de su atmósfera aislada. Una hoja de su cuaderno de notas permanecía limpia, con el bolígrafo suspendido en el aire.

—No sé qué escribir —le respondió en ese debate interno que se había convertido en su único puerto seguro—. Si escribo la verdad, quema. Si escribo mentiras, me hundo más.

En casa, los lujos materiales seguían acumulándose en las repisas como trofeos de una familia perfecta que no existía. Ese mismo día, tras otro reclamo injustificado donde los gritos de “estorbo” e “irresponsable” volvieron a retumbar en las paredes, su madre le había dejado sobre la mesa un nuevo par de tenis caros. Un intento más de tapar con dinero las marcas que ya no eran físicas, sino grietas en el alma. Mirando el calzado impecable y luego su hoja en blanco, la protagonista entendió que el cristal de su máscara se estaba volviendo cada vez más delgado, y que cualquier día, una sola verdad prohibida bastaría para romperlo por completo.

Capítulo 11: La confesión a Ana y las cuatro citas

Antes de que el timbre anunciara el inicio de las temidas entrevistas en tercero de secundaria, el pasillo del colegio fue testigo de un quiebre en la armadura de Angie. Ella tenía una amiga muy especial llamada Ana. A pesar de no compartir lazos de sangre, el cariño de Ana era tan genuino que cruzaba cualquier barrera; ella se preocupaba por Angie de una forma que nadie más en ese colegio lo hacía.

Al ver las constantes distracciones de Angie y sus bajas notas en el tablero, Ana la confrontó desde el cariño, pero con la confusión de quien solo ve la superficie de los lujos materiales:

—Tienes todo... ¿Por qué no haces las cosas? ¿Por qué te descuidas así? —le decía, buscando entender qué pasaba.

Angie sintió que el nudo en su garganta se volvía insoportable. Al no poder contenerse más por el peso de tantos años de silencio, maltratos y secretos guardados en su atmósfera aislada, tomó una decisión que nunca antes había tomado con nadie: decidió confiar. Mirando a los ojos a la única persona que realmente parecía verla, Angie le contó la verdad a ella, y solamente a ella. Le abrió su corazón, mostrándole las grietas que ocultaba detrás de su sonrisa ensayada. Saber que Ana ahora conocía su realidad le dio un respiro, pero el reloj no se detenía. La hora de la verdad había llegado.

La pesadilla del año pasado regresó cuando el colegio emitió las órdenes de citación. Esta vez el tablero mostraba varias materias en la cuerda floja, comenzando el recorrido con cuatro de ellas: Física, Química, Matemáticas y Lenguaje. Su madre asistió arrastrando una profunda frustración, preocupada únicamente por las apariencias. El recorrido por Física, Química y Matemáticas fue helado, pero la bomba de tiempo estalló en el aula de Lenguaje. Ante las observaciones del profesor, la paciencia de la madre se rompió por completo. Ciega de rabia y vergüenza, se levantó de la silla de golpe, dio la vuelta y abandonó el salón, dejando a Angie completamente sola a mitad de la entrevista, expuesta ante la mirada incómoda del docente y con el proceso roto.

Capítulo 12: El abandono en el pasillo

La situación en tercero de secundaria era mucho más grave de lo que cualquiera alcanzaba a imaginar. Cuatro materias en problemas ya eran una carga pesada, pero la realidad era que la lista parecía no tener fin. A Angie todavía le faltaba pasar por las entrevistas de Sociales, Religión y Artes Plásticas. En total, el colegio exigía respuestas por un muro de asignaturas acumuladas que amenazaban con derrumbar su año escolar.

Sin embargo, a su madre no le importó el futuro de su hija, sino su propio ego. Al verse expuesta y cuestionada durante la reunión de Lenguaje, la rabia la cegó. Sin un ápice de remordimiento, se levantó de la silla, dio la vuelta y la abandonó en pleno salón, dejando el proceso a medias. Con las citas de Sociales, Religión y Artes Plásticas aún pendientes en el calendario, la madre simplemente se marchó del establecimiento.

Angie se quedó congelada, sintiendo cómo todas las miradas de los profesores y las autoridades se clavaban en ella. Sin la presencia de un adulto responsable, el reglamento del colegio no permitía continuar con los trámites ni firmar las actas de compromiso. Sola, humillada y con la impotencia quemándole el pecho, se tuvo que retirar de la dirección con las manos vacías.

Caminar por los pasillos hacia la salida fue como avanzar por un desierto de miradas acusadoras. Sabía que las actas seguían abiertas y que el tiempo corría en su contra. Fue al cruzar la puerta del colegio cuando la desesperación se transformó en una chispa de supervivencia. No podía volver a casa a suplicarle a la mujer que acababa de darle la espalda frente a sus maestros. Necesitaba un tutor de verdad, alguien que firmara por ella y detuviera el desastre académico antes de que fuera demasiado tarde. Con esa determinación inquebrantable que nacía de sus propias grietas, Angie apretó las correas de su mochila y caminó con paso firme hacia un nuevo destino: iba en busca de su tío.

Capítulo 13: El reflejo de un padre y la carrera contra el reloj

La presión se había vuelto insoportable y Angie sintió que ya no podía más. Con el peso del abandono de su madre aplastándole los hombros, decidió acudir a su tío en busca de auxilio. Él no lo dudó; asumió el rol de tutor y la acompañó de regreso al colegio para encarar el muro de materias que faltaban. Juntos pasaron por las aulas de Sociales, Religión y Artes Plásticas, resolviendo cada pendiente y firmando las actas que tanto la preocupaban.

Al terminar la última de sus entrevistas, una sensación de felicidad casi olvidada inundó el pecho de Angie. Esperaba el típico sermón lleno de desprecio al que estaba acostumbrada en casa, pero su tío reaccionó de una manera completamente diferente. En lugar de gritarle o regañarla, la miró con serenidad y, con una calidez que la conmovió profundamente, le dijo con suavidad: “Tienes que mejorar”. En ese instante, Angie sintió que esas palabras venían del padre que nunca tuvo, un consejo nacido del cuidado real y no del orgullo herido.

La tarde, sin embargo, aún no había terminado, pues su tío también debía atender la situación de su propio hijo, el primo de Angie. A diferencia de la violencia que Angie vivía en su hogar, a su primo tampoco lo gritaron ni lo reprendieron con dureza por sus bajas notas; el ambiente era de apoyo mutuo. El problema fue que, por estar tan pendientes de resolver los problemas de ambos al mismo tiempo, el reloj avanzó sin piedad y sin querer se les hizo sumamente tarde. Al primo todavía le faltaba una última entrevista crucial: la materia de Inglés. Con los pasillos del colegio empezando a quedar vacíos y los profesores a punto de marcharse, el grupo tuvo que moverse a contrarreloj para cerrar el último trámite escolar del día.

Capítulo 14: El desprecio en la librería y el peso de las tres áreas

Al regresar del colegio, el esperado estallido de violencia no ocurrió, pero la tensión en el aire era asfixiante. La madre de Angie había adoptado una actitud sumamente cortante y antisocial, ignorando su presencia como si fuera invisible. Intentando romper el hielo y buscando un rastro de paz, Angie decidió ir primero a la librería donde trabajaba su madre, con la intención de quedarse allí a su lado o ayudarla en las labores del negocio. Sin embargo, no hubo espacio para el acercamiento. Con un gesto de total desagrado en el rostro, su madre la rechazó de inmediato, despidiéndola con frialdad: “Vete, vete a la casa”.

Angie no pudo más ante ese nuevo desprecio. Tragándose la humillación, dio la vuelta y se dirigió directamente a su hogar. Al entrar a su habitación, cerró la puerta para refugiarse en su atmósfera aislada y se concentró por completo en hacer sus tareas. Entre cuadernos y libros abiertos, hizo un balance de la intensa jornada escolar. A pesar de los malos ratos y las prisas con las entrevistas de su primo, el balance era positivo: gracias al apoyo de su tío, había logrado deshacerse de la presión de cuatro materias críticas. El panorama se aclaraba un poco, y ahora solo le faltaban resolver la situación de tres áreas pendientes para ponerse completamente al día en tercero de secundaria.

Capítulo 15: El eco del presente y la espera del mañana

El día siguiente no trajo una gran aventura, ni un enfrentamiento, ni un cambio mágico en la actitud de mi madre. Trajo, simplemente, la rutina. Caminé por los pasillos del colegio entregando las actas que mi tío había firmado, sintiendo cómo un pequeño trozo de la gran carga que llevaba en la mochila finalmente se desvanecía. Cuatro áreas menos. Cuatro problemas resueltos gracias a ese abrazo en forma de consejo que mi tío me dio el día anterior.

Sin embargo, la vida real no se soluciona con una sola firma. Las tres materias restantes siguen flotando en el calendario como nubes de tormenta que se acercan despacio, y en casa, el silencio cortante de mi madre sigue llenando las habitaciones. Hoy no hay grandes giros en la trama. Hoy me miro al espejo y me doy cuenta de que escribir mi propia historia es un proceso lento. Estoy aquí, en el presente de tercero de secundaria, parada en el umbral de lo que viene después.

A veces, no saber qué pasará en el siguiente capítulo da miedo. Pero mientras espero a que la vida me traiga la siguiente línea, me refugio en mis libros, en mis pensamientos y en este manuscrito. No sé qué aventura vendrá mañana, ni cómo resolveré lo que falta, pero sé que sigo en pie. Mi máscara de cristal sigue intacta frente al mundo, pero aquí, en el papel, soy completamente real, esperando a ver qué decide escribir el destino en mis hojas en blanco.

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