No sé, si soy muy buena...
📋 Personajes Principales
🖤 Bri Dasley-Kimora
Apariencia: Cabello rubio largo y liso, con un mechón negro en el centro de la frente; ojos rojos oscuro, piel pálida con un rubor sutil en las mejillas. Lleva un vestido negro largo de seda con escote en forma de corazón y corset ajustado que marca su figura, guantes largos de encaje negro que llegan hasta los codos, tacones Gucci negros con detalles en rojo vino, y un collar dorado con un colgante de lágrima que brilla con cada movimiento. Su postura es delicada, suave, casi frágil… pero sus ojos nunca pierden el foco.
Personalidad (en misión): Dulce, melosa, voz suave como la seda, siempre con una sonrisa tímida. Se deja llevar, parece no tener malicia, como una muñeca de porcelana que podría romperse con un soplo. En el fondo: fría, calculadora, observa cada gesto, cada palabra, cada desliz.
Objetivo: Vigilar a los tres hombres más peligrosos de la sala, sin que sospechen ni un ápice de su verdadera identidad.
🪖 Kaelen Vane
Apariencia: Treinta y tantos años, corte de pelo militar muy corto, piel bronceada, ojos grises afilados como cuchillos. Lleva un uniforme caqui con parches y medallas que hablan de poder y autoridad. Tiene un pendiente pequeño negro en cada oreja, mandíbula marcada y una sonrisa que nunca llega a sus ojos: burlona, depredadora.
Personalidad: Arrogante, directo, acostumbrado a que todos obedezcan. Percibe debilidad en los demás y la aprovecha. Le gusta el control absoluto.
🥀 Jaxen Rourke
Apariencia: Cabello negro largo y desaliñado que le cae sobre los hombros, piel morena cálida, cicatriz rojiza que cruza la nariz y mejilla. Tatuajes intrincados de flores que cubren su hombro y pecho, piercings en la barbilla y nariz. Mandíbula fuerte, dientes afilados cuando sonríe o gruñe. Su presencia es brusca, salvaje, como una bestia enjaulada.
Personalidad: Impulsivo, volátil, habla poco pero cada palabra pesa. No le fía nadie, mira todo con desconfianza. La fuerza es su primer lenguaje.
🏛️ Darius Thalassus
Apariencia: Cabello castaño oscuro largo y ondulado, piel morena cálida, cuerpo esculpido y musculoso. Lleva joyas doradas: collares, pendientes grandes, ropa de seda naranja y café que cuelga de sus hombros, dejando ver su torso. Ojos oscuros y profundos, mirada magnética, sonrisa encantadora que oculta crueldad.
Personalidad: Carismático, persuasivo, habla con calma pero sus palabras son veneno. Manipulador, disfruta jugando con las personas como si fueran piezas de ajedrez.
✨ Historia
La sala respiraba lujo y peligro. Las luces doradas se derramaban sobre suelos de mármol, copas de cristal tintineaban y el aire olía a champán, perfume y algo más… algo pesado, como dinero manchado de sangre.
Bri estaba cerca de la ventana, las manos juntas delante de sí, la cabeza ligeramente inclinada. El vestido negro abrazaba su cuerpo, el escote de corazón resaltaba su cuello donde el collar dorado brillaba con cada respiración. Sus guantes largos rozaban sus muñecas, y los tacones Gucci la elevaban apenas lo suficiente para parecer delicada, frágil, como si un empujón pudiera derribarla.
Frágil. Melosa. Inofensiva. Esa era la máscara. Y la llevaba perfectamente.
—Parece perdida, preciosa —una voz grave la sacó de su fingido ensimismamiento.
Era Kaelen. Se acercó con paso firme, las manos en los bolsillos del uniforme, esa sonrisa burlona que decía que ya la había juzgado.
Bri levantó la vista despacio, sus ojos rojos brillando con una humedad fingida, y esbozó una sonrisa tímida, dulce.
—Solo… abrumada, señor. Hay tanta gente importante aquí. No estoy acostumbrada a tanto lujo —su voz era suave, casi un susurro.
Kaelen soltó una risa seca. Se detuvo a su lado, demasiado cerca, y Bri sintió el peso de su mirada recorrerla de arriba abajo.
—Pues encajas bien. Pareces una muñeca. De las que se pueden romper si se aprietan demasiado fuerte.
Bri bajó la mirada, mordiéndose el labio inferior con timidez.
—Espero no estorbar…
—No estorbas —intervino otra voz, más profunda, rasposa.
Jaxen apareció por detrás de una columna, los tatuajes asomando bajo su chaqueta abierta, la cicatriz roja brillando bajo las luces. La miró de arriba abajo con desconfianza, pero también con curiosidad, como si midiera si era presa o trampa.
—Nunca te he visto aquí —dijo él, sin saludar—. ¿Quién te invitó?
Bri entrelazó los dedos de los guantes, los ojos llenos de inocencia.
—Un amigo… no creo que le importe que esté aquí. Solo quería ver cómo era todo…
—Y te gusta? —preguntó Jaxen, dando un paso adelante. Su presencia era abrumadora, pero Bri no se inmutó; solo se encogió un poco más, como un pájaro asustado.
—Es… impresionante —susurró ella.
—Lo es —intervino una tercera voz, suave y melodiosa, cargada de doble sentido.
Darius se acercó, la seda de su ropa deslizándose al caminar, las joyas doradas centelleando. Sus ojos oscuros la recorrieron con una intensidad que habría hecho estremecer a cualquiera… pero Bri solo sonrió, más dulce todavía.
—Una belleza tan delicada en medio de tanto… exceso —dijo él, acercándose lo suficiente para que su perfume almizclado la envolviera—. Casi parece fuera de lugar. Como una flor entre espinas.
Bri bajó la cabeza, las mejillas teñidas de un rubor que parecía real.
—Quizás solo soy una flor que se perdió…
—Las flores que se pierden suelen ser arrancadas —dijo Kaelen con sequedad.
—O se cuidan —corrigió Darius, sin apartarle los ojos de ella—. Depende de quién las encuentre.
Los tres hombres la rodeaban sin darse cuenta. Cada uno con su veneno, cada uno con su peligro. Y ella estaba justo en el centro, sonriendo, suave, frágil… anotando cada detalle, cada gesto, cada tono de voz.
Kaelen: autoridad, control, desprecio por lo que considera débil.
Jaxen: instinto, desconfianza, fuerza bruta.
Darius: encanto, manipulación, crueldad oculta.
—¿Te asustamos, muñeca? —preguntó Jaxen, notando su silencio.
Bri levantó la vista lentamente, y sus ojos rojos brillaron con una inocencia que ocultaba acero.
—¿Por qué me asustarían? Son… caballeros, ¿no?
Darius soltó una risa suave, mientras Kaelen fruncía el ceño y Jaxen la miraba con una duda que empezaba a mezclarse con interés.
—Caballeros… —repitió Darius, saboreando la palabra—. Qué linda forma de verlo.
Bri bajó la mirada de nuevo, ocultando la frialdad que en realidad sentía.
Exacto. Dejad que creáis que soy tonta, que soy débil. Mientras yo aprendo todo lo que necesito saber.
La música cambió, más lenta, más pesada.
—Bailad conmigo —dijo Kaelen, no como pregunta, sino como orden.
Bri alzó la vista, sorprendida y tímida.
—Yo… no sé si soy muy buena…
—No importa. Solo muévete.
Él la tomó del brazo, y ella se dejó llevar, liviana, sin resistencia. Al otro lado de la sala, Jaxen y Darius los observaban. Y mientras Kaelen la guiaba por la pista, Bri apoyó la cabeza levemente en su pecho, fingiendo timidez… y escuchó los latidos de su corazón, el ritmo de su respiración, la forma en que apretaba la mano en su cintura.
Todo era información. Todo era arma.
Y allí, entre seda, oro y peligro, la espía más frágil y dulce de la sala era la más letal de todas.
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