La conversación que nunca de leer
Nunca imaginé que descubriría la verdad de esa manera.
No hubo una pelea.
No hubo gritos.
Ni siquiera hubo una despedida.
Solo fue una pantalla encendida, un mensaje que no era para mí y unas palabras que cambiaron por completo la forma en la que veía a las personas que más quería.
Durante años pensé que ellas eran mis mejores amigas. Las personas a las que podía contarles cualquier cosa, las que estarían conmigo cuando todos los demás se fueran.
Pero esa noche entendí algo que me dolió más que cualquier insulto:
a veces, la persona que más cerca tienes es la que menos te quiere.








