Capítulo 1
STELLA
No puedo respirar.
Mi vida se ha desmoronado en cuestión de horas. En este momento no parece haber ninguna salida viable para sobrevivir. Por más que rebusco en mi cerebro, no hay nada, solo un pánico que no descifro cómo apagarlo. No funciona porque estoy en un estado de shock, me gustaría no haber vivido esta desgracia. Lastimosamente está es mi realidad ahora.
Tengo miedo de caer al vacío.
Puede que después de todo morir no sea la opción más terrorífica.
Elimino esa idea tan absurda de mi cabeza, porque mis padres no me criaron para ser una persona débil. Tengo que demostrar valía. Quitarme la vida no es algo que se pueda hacer a la ligera, todos los problemas tienen solución. Pero la idea de reencontrarme con mi familia, ser arropada de nuevo por su calor amoroso, hace tentadora la idea.
Tengo mucho miedo, estoy asustada, no sé qué hacer. La oscuridad lo envuelve todo, impidiéndome saber qué hora es o si estoy cerca de mi destino. Aunque no haya un lugar dónde pueda huir. Todo mi pueblo está cubierto de las cenizas de los cimientos de las casas, y las personas fallecidas que acabaron con sus vidas de una forma inhumana.
Las lágrimas se me escapan de los ojos cuando camino por un sendero del bosque dónde la luz escasea. He intentado correr, no puedo.
No tengo fuerzas.
Una gota de sangre desciende por mis rodillas adoloridas, hay numerosas heridas y moratones que se dibujan en el trascurso de las horas, se multiplican con una velocidad impresionante. Ahogo un gemido de dolor, las raíces que sobresalen de la tierra me hace daño en las plantas de los pies porque me tropiezo con ella.
Ya no puedo más.
Quiero desistir. Pero seguir huyendo es una tortura.
Debería haber muerto con ellos.
Pero sigo aquí y eso es mucho más agonizante.
Solo espero que papá, mamá y mis hermanos estén juntos en un lugar lleno de paz y felices.
¿La muerte será oscura?
¿Ellos sentirán algo?
Un sollozo sale de mi pecho que arde, no controlo mi llanto mientras sorteo los abetos grandes que me rodean. Necesito salir de este territorio, pero antes debo buscar la caja de emergencia que escondió papá.
La relación entre los hombres-lobo, ellos prefieren el térmico Licántropos, no han ido nunca bien con los humanos. Siempre nos han despreciado, no nos permiten emigrar a su nación, ni envían ayuda por las recientes guerras que hemos vivido, porque los humanos somos estúpidos y solemos atacarnos entre nosotros. Mi reino está destruido gracias a las absurdas guerras.
Creo que ellos sabían que esto acabaría sucediendo.
Por eso nos tratan cómo la raza más inferior.
Jamás escuché que los licántropos atacaban a los humanos.
Pero ellos penetraron mi aldea, arruinaron toda la decoración de la fiesta de Otoño y lanzaron antorchas de fuego cuando nos refugiamos en nuestras casas. Los gritos de agonía de las personas no tardaron en oírse, había cadáveres en cada calle, extremidades arrancadas por el suelo. A mí no me arrancaron la cabeza como a los integrantes de mi familia, porque pude huir. Pero eso no me salvó. Una de esas bestias me tomo por la fuerza.
Me llevó a otro lugar, me maltrató, me insultó, me humilló, me golpeó y me...
Es difícil de decir.
Choco con un árbol, lo abrazo porque necesito parar y estabilizarme unos minutos. Necesito respirar. Despertar de esta pesadilla. La corteza del árbol me hace daño en el pecho desnudo, así que me aparto.
Cierro los ojos, mala idea, porque se presenta el recuerdo de los cuerpos mutilados de mi familia. El olor de la sangre fresca mezclado con el humo.
El dolor es tan grande que me mareo. Intento orientarme analizando las estrellas, la luna está en lo alma brillando con intensidad. Me quedo un rato pidiéndole que me tienda la mano, que me ayude a salir de aquí. El bosque es demasiado grande, el ruido de los animales salvajes me pone nerviosa, nunca se sabe que hay escondido por ahí. Estoy temblando de miedo, de rabia, de tristeza.
Estoy sola.
Y me han roto.
Me han quitado todo lo que tenía.
Mi cuerpo está desnudo, lleno de marcas horrendas, son dibujos que representan lo malo que me hicieron esos hombres. Mi bonito cabello que siempre está lleno de rizos largos rubios, ahora es una maraña sin sentido llena de barro y sangre. La sangre seca mancha mi entrepierna, el hilo sigue por mi muslo hasta que se pierde en mis tobillos.
Esos bandidos se encargaron de matar a mi familia. Hicieron que viera cada una de las torturas que cometieron contra mis vecinos.
Después fueron contra mi familia.
Y por último contra mí.
Mi aldea ya no existe.
No tengo a donde ir.
El aire me falta. Me siento ahogada, los pedazos de mi corazón roto me ahogan.
Papá me dijo que, una desgracia sucedía, fuera al árbol que siempre visitábamos, que desenterrará la tierra por el extremo derecho hasta que una caja oxidada apareciera en mi punto de visión. Él decía que era la única forma de salvar mi vida. Eso es lo que estoy haciendo, ir hasta allí, o al menos eso intento.
Espero que esos bandidos sigan durmiendo entorno a la hoguera que armaron y piensen que sigo capturada en esa apestosa jaula.
Me escapé en cuanto todos se durmieron, no había nadie que mirará, me zafé por las grietas, y corrí hasta que mis rodillas ardieron. Creo que estoy lejos de ellos, pero eso no demuestra que este a salvo.
Son hombres violentos y fuertes, muy rápidos.
Con el dorso de la mano me quito las lágrimas que llenan mi rostro, mi mente sigue en shock, no pienso con claridad. Mis emociones se han apagado, pero algo oscuro y maligno crece en mí. Lo noto.
Atravieso un par de abetos más, algunos de los troncos están impidiendo mi paso y el lado se aproxima en mi costado. Mi cuerpo tirita debido a la brisa fría que impacta con violencia sobre mí. Tengo que resistir un poco más, debo hacerlo por ellos.
Ahí está. Después de más minutos caminando aparece.
El árbol muerto.
Me quedan pocas fuerzas, así que las administro como puedo para llegar hasta ahí. Debo atravesar la pradera de maleza, un búho me observa desde una gran rama, no me detengo a saludarlo. Usualmente lo hago, cada vez que veo un animal, me detengo para saludarlo y mostrarle mi respeto. Amo la naturaleza y a los animales. Pero está vez, no tengo mucho tiempo.
Después de unos minutos que se me hacen eternos, llegó hasta el árbol. Está seco, la maleza se extiende a lo lejos. En este punto solo hay tierra, ramas y raíces secas. Es como si en esta zona, la naturaleza hubiera desaparecido.
Me arrodillo en el suelo, la tierra se entra en las heridas de mis piernas y me escuece. Aulló de dolor, me aguanto las lágrimas, porque ya no me quedan y no hay nada para expulsar. Comienzo a hundir mis dedos en la tierra húmeda, ha llovido hace poco y la tierra sigue mojada en el interior del suelo, mis fosas nasales están inundadas del inconfundible olor, siempre llueve en mi región.
Porque está maldita.
O al menos eso es lo que dicen.
Aparto la tierra de mis manos, el hueco que hago es pequeño, pero si la caja está aquí debe aparecer. Parpadeo varias veces, porque la oscuridad no ayuda a mi visión. Tengo que darme prisa.
Aquí no hay nada.
No hay nada.
El hueco es más grande, el lodo se esconde entre el hueco de mis uñas y los dedos crujen con cada excavación. Empiezo a desesperarme. Mis manos están cubiertas de barro, tengo la piel de gallina y aquí no aparece nada. La rabia fluye por mi sistema, empiezo a darle golpe al suelo.
—¡Maldita sea! ¡Por qué tuvo que pasar esto! ¡Vuelvan, por favor! Vuelvan conmigo, os los suplico. Necesito a mi familia —grito porque no me importa nada, ni lastimaré más la voz por tanto grito.
Digo esto último mirando a la negrura del cielo, pensando en mi familia.
Dejo caer en un puño en la zona de la excavación, entonces un ruido metálico suena. Me paralizo, doy una bocanada de aire antes de escarbar un poco más, una superficie metálica aparece, está un poco oxidada, pero la desentierro como puedo y la abro. Hay una carta con un papel amarillento y un cuchillo con un agarre de cuero. ¿Enserio? ¿Qué voy a hacer con esto?
Hija,
Dado que estás leyendo está carta es significado que todo ha salido mal. Estamos muy orgullosos de haber estado contigo todos estos años, porque eres un ser maravilloso. Te hemos protegido desde que eras pequeña, porque era nuestra misión hacerlo. Si por algún motivo una desgracia te priva de nuestra misión, deberás leer esta carta y ejecutar todas las órdenes.
Tu madre está dándote de comer ahora mismo, está enamorada de ti, no sé si sentirme celoso. Tus hermanos te miran en la noche, te protegen. Dicen que te pareces a un gnomo viejo y arrugado, pero sé que en el fondo te aman.
Hija, mía. Si algún día alguno de nosotros muere, si no hay nadie que pueda protegerte debes ir al norte. En las tierras bravas. Allí estarás a salvo. Un amigo te protegerá. Abajo te dejo la dirección, memorízala. Sé que estás confundida y con miedo. Todas tus dudas se resolverán. El mundo es mucho más complejo de lo que crees. También sé que eres fuerte, que tienes un destino prometedor.
1. Memoriza la localización, y rompe la carta.
2. No reveles tu nombre, ni de dónde vienes a nadie. Invéntate una identidad nueva.
3. Huye de aquí, no mires atrás.
4. Busca tu destino.
5. Sálvate, hija. Sálvate y venga nuestra dinastía.
Nuestra dinastía.
¿Qué quería decir con eso? ¿De qué dinastía habla? No tengo idea de lo que me está diciendo, pero no tengo permitido en este momento detenerme para encontrarle un pensamiento razonable.
Las Tierras Bravas no están cerca de aquí, al menos no el norte. Debo atrochar por el bosque para llegar hasta el norte y preguntar allí por la localización del amigo de mi padre, pero tengo que empezar ya, de lo contrario el tiempo estará en mi contra.
Estoy memorizando la información, cuando el sonido de unas garras corriendo por el boque me alerta. Me mareo un poco cuando dirijo mi mirada hacia atrás, se me quiebra la garganta cuando veo un par de lobos corriendo a una velocidad imparable hacia mí, son los licántropos perversos que deseo olvidar.
—¡Qué no se escape! —vocifera el líder desde lejos, con esa voz de bestia.
No puede estar sucediendo.
Aprieto la carta entre mis dedos y gateo por la tierra buscando algún tipo de escondite, pero no hay nada, solo la grieta enorme del tronco del árbol. Me desplazo hasta allí cómo puedo, porque todo me duele todo el cuerpo. Empiezo a llorar, me enfado conmigo misma porque solo estoy haciendo eso. Tengo el presentimiento de que todo terminara aquí.
Y no quiero.
Quiero vivir.
Introduzco mi cuerpo en la grieta de un árbol muerto, con la esperanza de que ese escondite sea apropiado. Las astillas del tronco rasgan mi piel desnuda. Sollozo de nuevo, mi piel está más sensible que nunca. Comienzo a rezar las oraciones de la religión que mis padres me enseñaron.
La última vez no sirvió de nada.
La respiración de esas bestias se oye más cerca, estoy a punto de desmayarme del miedo.
—Una oportunidad más. Una oportunidad más para vivir. Por favor...
No me da tiempo pedir algo más, porque soy absorbida por ese árbol. Una luz centelleante me hace cosquillas, es como si estuviera en una nube esponjosa. No sé qué está pasando, nunca había estado en un árbol desplazador, este tipo de árboles no están en mi zona. No existen. Básicamente se usa para desplazarse de un sitio a otro, las brujas lo crearon, pero no para las tierras humanas. Leí algo así en un libro que tenían en la biblioteca de mi aldea.
Cuando abro los ojos, estoy cayendo por entre las ramas de unos grandes abetos que amortiguan mi caída. Aterrizo en unos segundos en un gran charco de lodo, por lo menos la caída se vuelve menos salvaje, pero quedo cubierta de los pies a la cabeza de tierra hedionda. Alzo la cabeza para respirar, me limpio el lodo de los ojos y escupo lo que hay en mi boca. No sé cómo sigo viva después de todo lo que me ha pasado.
Soy un milagro.
Por qué sigo viva, ¿no?








