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EL DÍA QUE EMPECÉ A ODIAR A LOS GENIOS

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Summary

En el año 2088, el fútbol ya no es un simple deporte. Es el centro del mundo. Un sistema conocido como Instinto Global mide el talento, la técnica, el físico, la mentalidad y el potencial de cada jugador. En este mundo, los más extraordinarios son llamados genios: jugadores capaces de cambiar el destino de un partido con su sola presencia. Kael, un joven futbolista dominicano, no posee nada de eso. Sin talento sobresaliente, sin una llama capaz de destacar y acostumbrado a ser considerado un jugador mediocre, parece destinado a permanecer en el fondo. Hasta que un día conoce a alguien que le demuestra una verdad imposible de ignorar: existen personas nacidas para dominar. Y cuanto más observa a esos genios, más crece dentro de él una pregunta. Si ellos nacieron para estar en la cima... ¿qué tendrá que convertirse él para alcanzarlos? Una historia de fútbol, rivalidad, evolución y ambición. Porque para llegar a la cima... primero tendrá que aprender a odiar a quienes nacieron sobre ella.

Genre
Action/Drama
Author
Diego
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
16+

Chapter 1- La llama ausente


By Benext


El cielo estaba cubierto de pantallas.

No eran estrellas.

Eran anuncios.

Gigantescas estructuras holográficas flotaban entre rascacielos, autopistas suspendidas y torres metálicas que parecían perderse entre las nubes. Algunas transmitían partidos. Otras mostraban estadísticas. Otras simplemente repetían nombres.

GOLES.

ASISTENCIAS.

RANKINGS.

INSTINTO GLOBAL ACTUALIZADO.

ALEMANIA ASCIENDE AL RANGO NEGRO.

¿QUIÉN SERÁ EL PRÓXIMO BLANCO?

Incluso de madrugada, el mundo hablaba de fútbol.

En una avenida, cientos de personas observaban una repetición de la final del último Mundial.

En un callejón, unos niños corrían detrás de una pelota deformada mientras imitaban los movimientos de jugadores que probablemente jamás conocerían.

En otro continente, millones de personas discutían sobre quién sería el siguiente jugador capaz de alcanzar el Pináculo.

Porque en el año 2088...

el fútbol ya no era solamente un deporte.

Se había convertido en el idioma del mundo.

---

El Instinto

Después del Mundial de Argentina de 2022, el planeta cambió.

Nadie pudo señalar exactamente el momento.

No hubo una revolución.

No hubo una guerra.

Simplemente...

el fútbol empezó a ocupar un espacio que antes pertenecía a todo lo demás.

Las guerras disminuyeron.

Las fronteras comenzaron a abrirse.

Las grandes potencias comprendieron que existía algo capaz de unir a millones de personas sin necesidad de imponerles nada.

Una cancha.

Un balón.

Once jugadores.

Y una pregunta:

¿Quién es mejor?

De aquella transformación nació el sistema conocido como Instinto Global.

Un modelo destinado a medir el desarrollo competitivo de las naciones y de sus jugadores.

No solo evaluaba goles.

Evaluaba talento.

Lectura.

Físico.

Mentalidad.

Técnica.

Adaptación.

Potencial.

Y, sobre todo...

la Llama.

Aquello que diferenciaba a un jugador que simplemente practicaba fútbol de alguien capaz de transformar un partido.

Con el tiempo aparecieron otros conceptos.

Pulso.

Grieta.

Instinto.

Cada uno describía una parte distinta del potencial humano.

Y en la cima de aquella evolución existía una categoría reservada para unos pocos.

El color Blanco.

El Pináculo.

Jugadores capaces de alterar un partido.

Una selección.

Una generación.

Quizá incluso un país entero.

Pero mientras el mundo miraba hacia ellos...

había naciones que apenas aparecían en las pantallas.

Una de ellas era República Dominicana.

Y dentro de una pequeña cancha de cemento...

había un chico que estaba empezando a comprender por qué.

---

República Dominicana

—¡¡¡KAEL, MUÉVETE!!!

La voz del entrenador atravesó la cancha.

Kael reaccionó.

Demasiado tarde.

El balón llegó hacia sus pies con un pase raso.

Lo recibió mal.

El primer toque se le escapó casi medio metro.

—¡¿Qué haces?!

Kael intentó corregir.

Un jugador rival ya estaba encima de él.

THUMP.

El hombro golpeó contra su pecho.

Kael perdió el equilibrio.

El balón desapareció.

El rival levantó la cabeza.

Un toque.

Otro.

Y el contraataque comenzó.

—¡CIERRA!

Kael se levantó rápidamente.

Corrió.

Intentó recuperar la posición.

Pero sus piernas no respondían a la velocidad necesaria.

El rival encontró un espacio entre dos defensores.

Pase filtrado.

Disparo.

¡THOOM!

La pelota golpeó la red.

—¡¡¡GOOOOOOL!!!

Kael se detuvo.

Miró el marcador.

5–1.

El calor del cemento subía desde sus piernas.

El sudor le recorría el rostro.

Alrededor de la cancha, unas cadenas oxidadas vibraron con el impacto del público.

CLANK.

CLANK.

CLANK.

Kael bajó la cabeza.

Ese sonido...

lo conocía demasiado bien.

Cada vez que el balón entraba en su portería, aquellas cadenas parecían recordarle lo mismo.

Otra vez.

---

El árbitro señaló el centro.

—¡Reanuden!

Kael caminó hacia su posición.

Un compañero pasó junto a él.

—Muévete más rápido la próxima.

Otro murmuró:

—Siempre pierde el balón.

Kael no respondió.

El partido continuó.

Pero ya no estaba pensando en el marcador.

Estaba pensando en otra cosa.

<<¿Por qué sigo jugando?>>

---

El vestuario

El silbato anunció el descanso.

5–1.

Los jugadores caminaron hacia el vestuario.

Nadie hablaba demasiado.

No hacía falta.

El resultado ya había hablado por ellos.

Kael entró último.

Se sentó.

Bajó la mirada.

Sus manos descansaban sobre sus rodillas.

Entonces—

¡CLANG!

Una pizarra táctica golpeó el suelo.

—¡¡¿CUÁNTAS VECES TENGO QUE REPETIRLES QUE USEN EL CEREBRO?!

El entrenador estaba furioso.

—¡¡NO ESTÁN PERDIENDO PORQUE ELLOS SEAN INVENCIBLES! ¡ESTÁN PERDIENDO PORQUE USTEDES JUEGAN COMO SI ESPERARAN QUE ALGUIEN LOS SALVE!

Nadie respondió.

El entrenador respiró profundamente.

Entonces señaló.

—Tú.

Kael levantó la mirada.

—Kael.

Silencio.

—¿Cuándo piensas empezar a jugar?

Kael abrió ligeramente los labios.

—Yo...

—No.

El entrenador lo interrumpió.

—No quiero excusas.

Se acercó.

—No quiero que me digas que lo intentaste.

—No quiero que me digas que estás cansado.

—Quiero saber por qué sigues entrando a una cancha cuando parece que cada vez que tocas el balón tienes miedo de hacerlo.

Kael bajó la cabeza.

No tenía respuesta.

El entrenador apretó los dientes.

—Tus compañeros pueden tener defectos.

—Pero todos tienen algo.

Miró al resto.

—Una especialidad.

—Un instinto.

—Una ambición.

Finalmente volvió a mirar a Kael.

—Tú no.

La palabra cayó más fuerte que cualquier grito.

—No tienes presencia.

—No tienes iniciativa.

—No tienes confianza.

Pausa.

—Y tu Llama...

El entrenador negó con la cabeza.

—Está completamente apagada.

Kael cerró los ojos.

Aquello dolía.

Pero no era nuevo.

Era peor.

Porque ya lo había escuchado tantas veces...

que había dejado de defenderse.

—Lo siento, entrenador.

Su voz salió apenas audible.

—Soy simplemente...

Tragó saliva.

—Una basura.

El vestuario quedó en silencio.

---

La llama ausente

Volvieron al campo.

El cielo seguía cubierto de pantallas.

El mundo seguía hablando de fútbol.

Kael levantó la mirada.

En una de ellas aparecía un jugador europeo.

Sonreía.

Su nombre estaba acompañado por estadísticas absurdas.

REGATE: 96

PASE: 94

TIRO: 98

MENTALIDAD: 97

Kael apartó la mirada.

<<Todos tienen algo.>>

Caminó hacia el centro del campo.

<<Incluso los mediocres tienen una llama.>>

Se quedó quieto.

<<Yo no.>>

Entonces...

escuchó pasos.

No eran apresurados.

No eran pesados.

Eran tranquilos.

Kael giró la cabeza.

Un jugador del equipo contrario caminaba hacia el círculo central.

Alto.

Cabello oscuro.

Postura relajada.

No hablaba con nadie.

No miraba al público.

Ni siquiera parecía interesado en el marcador.

Uno de los compañeros de Kael frunció el ceño.

—¿Quién demonios es ese?

Nadie respondió.

Kael tampoco.

Pero cuando sus ojos se encontraron con los de aquel jugador...

su cuerpo se quedó inmóvil.

No sabía por qué.

No había hecho nada.

Todavía.

Y aun así...

Kael sintió algo.

Una presión.

No era miedo.

Era la sensación de estar mirando a alguien que jugaba bajo reglas diferentes.

---

Segundo tiempo

FIIIIIIIIIIIIII—

El silbato sonó.

El balón comenzó a rodar.

Kael retrocedió.

El rival recibió.

Un mediocampista dominicano salió a presionarlo.

El chico dio un toque corto.

Nada espectacular.

El defensor siguió corriendo.

Entonces el chico cambió ligeramente el ángulo de su carrera.

El defensor pasó de largo.

Kael abrió los ojos.

<<¿Qué...? >>

No había hecho un regate complicado.

Ni siquiera había acelerado demasiado.

Simplemente había utilizado el espacio que el defensor dejó.

Otro jugador apareció.

El chico levantó la cabeza.

Un toque hacia delante.

El rival intentó cerrar.

El chico volvió a mover el balón.

Esta vez hacia el lado contrario.

Dos defensores quedaron separados.

Y entonces Kael lo comprendió.

No estaba reaccionando.

Estaba leyendo.

Antes de que el espacio apareciera...

ya estaba allí.

---

El chico avanzó.

Un tercer jugador salió a interceptarlo.

Kael empezó a correr.

<<¡Tengo que detenerlo!>>

Aceleró.

El rival recibió el balón de nuevo.

Kael estaba cada vez más cerca.

El chico miró brevemente hacia su izquierda.

Kael pensó que iba a pasar.

Se preparó.

Pero el pase nunca llegó.

El chico utilizó aquel simple movimiento de cabeza para obligarlo a cambiar su posición.

Y pasó por el espacio que Kael había dejado.

<<Me engañó...>>

Kael giró.

Demasiado tarde.

El chico ya estaba varios metros adelante.

---

El estadio comenzó a reaccionar.

—¡¿Qué está haciendo?!

—¡Está atravesando toda la defensa!

El jugador aceleró.

Esta vez sí.

BOOM.

Su primer paso fue brutal.

Kael intentó alcanzarlo.

Nada.

La distancia aumentó.

Segundo paso.

BOOM.

Tercer paso.

Los defensores comenzaron a retroceder.

El chico levantó la cabeza.

Observó la portería.

Observó al portero.

Observó a los defensores.

Durante una fracción de segundo...

todo parecía detenerse.

Y entonces disparó.

¡¡¡THOOM!!!

El balón salió como una bala.

El portero apenas alcanzó a reaccionar.

Se lanzó.

Sus dedos rozaron el aire.

Nada más.

SWIIIIISH—

La pelota golpeó la red.

---

Silencio.

Un segundo.

Dos.

Y entonces el estadio explotó.

—¡¡¡GOOOOOOOOOOOOOOOL!!!

Kael permaneció quieto.

Mirando.

El chico no celebró.

Simplemente caminó hacia el centro.

Como si aquel gol hubiera sido inevitable.

Kael sintió un escalofrío.

No podía apartar la mirada.

<<¿Quién... eres?>>

El marcador cambió.

6–1.

Pero para Kael...

el número ya no importaba.

Había visto algo.

Algo que nunca había comprendido hasta ese momento.

---

Un mundo diferente

Kael comenzó a caminar lentamente hacia su posición.

Miró al jugador.

La llama que lo rodeaba no parecía una explosión.

No era caótica.

No era desesperada.

Era silenciosa.

Densa.

Una presión que parecía extenderse por toda la cancha.

Kael tragó saliva.

<<Es diferente.>>

El chico recibió nuevamente el balón.

Un defensor intentó presionarlo.

Lo superó.

Otro apareció.

También.

Kael observó.

No podía explicarlo.

No podía copiarlo.

No podía siquiera entender completamente lo que estaba viendo.

Pero podía sentirlo.

Aquel jugador tenía algo que él jamás había tenido.

Algo que el entrenador había mencionado.

Algo que los demás poseían.

Una Llama.

Pero no cualquier llama.

Era una que parecía haber nacido para consumirlo todo.

Kael sintió que el pecho le pesaba.

Y entonces apareció un pensamiento.

Uno que nunca olvidaría.

<<Existen personas diferentes.>>

El chico volvió a avanzar.

<<Personas que nacieron para dominar.>>

Kael apretó los puños.

<<Personas que pueden aplastar a los demás... simplemente porque son mejores.>>

Miró aquella llama.

Y por primera vez...

sintió algo que no era tristeza.

Ni resignación.

Ni miedo.

Era algo mucho más peligroso.

Envidia.

Y debajo de ella...

una pequeña chispa.

Todavía demasiado débil para convertirse en llama.

Pero estaba allí.

Kael aún no lo sabía.

Aquel día no había encontrado su talento.

No había encontrado su arma.

No había encontrado su Pulso.

Ni siquiera había encontrado una razón para creer en sí mismo.

Había encontrado algo mucho más importante.

Un enemigo.

Un objetivo.

Una obsesión.

La primera persona que le enseñaría lo que significaba ser un genio.

Kael levantó lentamente la mirada.

Y comprendió algo que cambiaría su vida para siempre.

«Hay personas... >>

<<...tocadas desde su nacimiento por Dios. »

Y aquel pensamiento...

sería el comienzo de todo.

---

Fin del Capítulo 1

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