Prologo
Yo era un artista marcial destacado, apodado “Kakutō-Ō“. Arrasé una categoría de la UFC, defendiendo la categoría de peso ligero, obteniendo el Lightweight Championship de esta misma. Así fue yendo por 3 defensas que mantuve, hasta que me aburrí de esta misma categoría y subí a superligero, donde me empecé a adaptar, aunque no duré mucho hasta en mi segundo encuentro en la categoría, encontrándome a “Leonel Vargas”, con un récord bastante decente: 19-5-0. Lo miraba muy normal, creía que este sería uno más para satisfacer mis ansias de adaptarme a esta división.
—Hoy es el día -digo con una actitud muy emotiva-. Veamos de qué está hecho este contrincante.
Mi mente solo piensa en cómo sería la pelea. Cada micro flashback solo me da más ansias de pelear con él.
Mientras alistaban mis vendajes, mi mente se perdía en el tiempo, en cómo llegué aquí y en cómo fui creciendo y madurando. Todo lo que pasé y lo que sufrí. Se me salió una lágrima de la tristeza de lo cobarde que era antes, aunque ya no importaba.
Todo lo que me queda es darles las gracias a ellos por haberme hecho llegar aquí. Les doy las gracias, y más a mi hermana, por haberme conducido por este camino. No he sido feliz, pero no hay de otra que seguir con este ritmo.
—Hey, hey, heyy, ¡¡Kurosawa!!.
-Eh, ¿qué pasó? -dije mientras me daban mis guantes.
—Niño, sigues tú. Danos un buen show de tu parte...
Mientras pasaba por el pasillo hacia el octágono, el caster mencionaba mi nombre.
“Ladies and gentlemen, fighting out of this side of the octagon... Kurosawa Akari! The young Japanese prodigy who stormed through the lightweight division and conquered everyone in his path! Now, he sets his sights on this division. Holding an impressive record of 23 wins, 3 losses, and 0 draws... and entering with the championship title in hand... get ready, because Kurosawa Akari is here to put on another unforgettable show!”
“¡Damas y caballeros, peleando desde este lado del octágono... Kurosawa Akari! ¡El joven prodigio japonés que arrasó con la división de peso ligero y conquistó a todos en su camino! ¡Ahora pone su mirada en esta división! Con un impresionante récord de 23 victorias, 3 derrotas y 0 empates... y entrando con el cinturón de campeón en sus manos... ¡prepárense, porque Kurosawa Akari está aquí para dar otro espectáculo inolvidable!”
Demonios, no entiendo nada, pero es emocionante escuchar mi nombre en todo este escenario. Qué emoción.
“And now... fighting out of this side of the octagon... introducing a young Mexican fighter... Though he may not seem outstanding at first glance, his takedowns, speed, and incredible adaptability make him a truly dangerous opponent! Holding a professional record of 19 wins, 5 losses, and 0 draws... get ready to witness the rise of Leonel Vargas!!”
“¡Y ahora... peleando desde este lado del octágono... presentamos a un joven peleador mexicano... Aunque a primera vista no parezca alguien destacable, sus derribos, su velocidad y su increíble adaptabilidad lo convierten en un oponente verdaderamente peligroso! Con un récord profesional de 19 victorias, 5 derrotas y 0 empates... ¡prepárense para presenciar el ascenso de Leonel Vargas!!”
Qué emoción. ¡¡Si a un peleador lo presentan así, debe ser increíblemente fuerte!! Mi cabeza solo admiraba eso y solo imaginaba mis estrategias en la pelea.
El réferi nos daba las indicaciones de las reglas. No entendía nada, solo quiero pelear ya.
—Fight!
El réferi soltó la señal. Vargas se avanzó con una patada hacia la pantorrilla. Conectó. Solo me doblé un poco.
Me puse bien posicionado, analicé un poco y tiré un jab sobre su rostro. No se inmutó mucho y solo esquivó. Se acercó demasiado. Leonel empezó a tirar muchas combinaciones sobre mí, pero lo raro es que solo eran de boxeo. Su velocidad era innata, era asombrosa. Uno de esos golpes impactó sobre mi quijada. Caí, aunque antes de eso me levanté muy rápido pensando que Leonel iba hacia el derribo. Me sentía confundido en ese momento, un poco. Él es un peleador de derribos, ¿por qué no fue directo hacia mí?
Mi coach me gritó desde afuera del octágono:
—¡¡Vamos, Akari!! ¡¡Ponte serio!! ¡¡No dejes que esto sea tan fácil para ese tipo!!
Me puse un poco serio. Quiero aprender de este tipo, así que no le haré caso por ahora a mi coach... Apenas van 3 minutos. Deja hago algo, si no los puntos se van hacia él.
Tiré un jab sobre su hombro, luego una low kick que conecté sobre su muslo, pero no parece hacerle nada a ese tipo.
Se acercó muy brusco. Su jab lo detuve con mi guardia, pero no vi venir la patada que venía hacia mi pantorrilla. Caí otra vez.
Me levanté. Ahora me puse serio de verdad.
Agarré una guardia muy técnica. Otra vez lancé mi combinación: jab en su rostro, que conecté bien. Lancé una patada media en sus costillas.
—Mierda -decía mientras miraba cómo no se quejaba de nada por esa patada.
Me acerqué muy rápido hacia él, queriendo conectar un codazo. Sí, conecté en su frente. Sangra poco, así que con esta patada lo termino.
Tiré la patada sobre su cabeza, pero él me tumbó con una patada sobre mi talón. Se abalanzó hacia mí.
¡¡Ringggg!!
Mi salvación. La campana.
Mi coach me explicó lo que tenía que hacer, pero yo solo pensaba en lo que acababa de pasar. Yo no presté mucha atención, solo escuché mantenerme fuera de línea, lejos de su alcance.
Round 2. Ya es el round 2.
Mi cabeza daba vueltas. Ya es mucho tiempo que le di. Comenzó el round y yo inicié con una low kick efectiva. Retrocedí un poco, mantenía mi distancia con jabs.
En estos rounds mi oponente no ha usado patadas, solo técnicas de box normales. ¿Qué es esto? Siento una energía muy fuerte. ¿Adrenalina? ¿Dopamina?
¡¡¡DEMONIOS, QUÉ ES ESTA SENSACIÓN!!!
Mi cabeza solo daba vueltas sobre esto.
Mi oponente se abalanzó sobre mí con una combinación rápida. Solo un golpe conectó. Su radio de alcance no le alcanza para acertar los golpes sobre mí. Tengo oportunidad. Le devolveré sus patadas en la pantorrilla.
Me abalancé sobre él. Le tiré una combinación de golpes: uno sobre el cuerpo y uno sobre su rostro. Se cubrió.
¡¡AHORA!!
Le tiré una patada sobre su pantorrilla. Cayó por unos segundos, se levantó muy rápido. Aún no veo una expresión sobre él.
Lo castigaré con sus combinaciones a partir de este medio minuto. Me abalancé sobre él de nuevo...
—Eh, ¡¡Leonel se disparó sobre el derribo!!
DEMONIOS, DEMONIOS.
Me quería someter, casi... casi. Solo me movía de sitio para que no hiciera bien el sometimiento. Me hizo una finta.
¡No!
Caí en su trampa. Solo queda soportar. No, no, esto no terminará así.
¡¡RING!!
La campana sonó. Me levanté exhausto y me fui a mi lugar.
—¿Qué crees que haces? -me dice mi coach-. Te dije que usaras tus codos en las cortas, no que te mantuvieras alejado.
Vamos, este es el último round. Acábalo, muchacho. Ya tómate este combate en serio.
Tampoco en este descanso escuché a mi coach. Solo escuché otra cosa:
“Golpes”.
Empieza el round.
Mi oponente se puso un poco extraño. Empezó a sonreír y a decir unas cosas en español. No entendí nada de lo que decía mi contrincante.
Leonel levanta la mano como un saludo. Lo recibo y empezamos a pelear de verdad.
Él se puso más activo. Empezó a usar más los pies. Me tiró su principal patada hacia la pantorrilla. La esquivé. Ya fue suficiente de esa patada.
Se lanzó una combinación de golpes: jab, cross y gancho. Dos de ellos conectaron limpiamente. Se lanzó otra vez con esa misma combinación, pero esta vez hizo el cross con la izquierda.
Una patada se dirigía hacia mi muslo.
Ah...
Conectó. Esta patada conectó muy bien. Mi pierna ya no soporta más golpes de este tipo. Cada patada siempre la recibe la izquierda. Es muy veloz este tipo.
Me lancé muy cerca. Él, para mantener la distancia, quiso tirar un jab. Me di media vuelta y lo tumbé con un codo perfecto en su mentón. Quiso caer, pero se apoyó sobre la valla y no cayó, aunque él mismo se derribó para intentar someterme. Pero yo ya me sabía el truco. Le empecé a patear los muslos mientras estaba en posición de trampa para oso.
Hice una señal de que se parara. Se puso de pie. Comenzamos el medio tiempo con una lluvia de golpes, intercambiándonos uno tras otro, recibiendo sin cubrirnos.
Son los últimos 2 minutos de este round. En serio quiero ganar esto, pero mis brazos y mi cuerpo están exhaustos desde el anterior round, cuando Leonel se fue a derribo.
Mi contrincante se acerca poco a poco. Creo que él también está agotado.
En el último minuto, el logo del octágono resalta mucho. Le hago una señal en el logo. Él capta sin pensar, destensa su cuerpo. Nos acercamos y empezamos a tirarnos golpes uno tras otro. El ritmo de la pelea era muy largo. Medio segundo me alejo y el oponente también lo hace. Nos acercamos muy de repente, soltando el último golpe.
¡¡Ring!!
La campana sonó.
Ambos no golpeamos, solo nos detuvimos.
Ah...
Mi oponente tenía una sonrisa en su rostro.
—¡¡JAJAJA, muy bien, cabrón!! -me decía Leonel.
Mis ojos se tornaban algo serios.
¿Ahora yo era el serio?
Leonel hizo un gesto con la mano. Puso la mano a medias. Pensé que quería pelear más, pero cuando puse mi mano al aire apuntando a su pecho, él rozó mi mano con la suya. No entendía ese gesto.
“Ladies and gentlemen, after three rounds, we go to the judges’ scorecards... the fight is ruled a split draw!”
“Damas y caballeros, después de tres asaltos, vamos a las tarjetas de los jueces... ¡la pelea se declara empate dividido!”
Hubo un silencio de parte mía.
¿Cómo...?
¿Por qué empate?...
No lo entendía. Aunque fue una pelea muy reñida, mi contrincante fue el que más estuvo al borde del colapso.
¿Cómo...?
Se acercó Leonel a decirme algo... Yo no le entendía nada a él. Solo me fui...
...
Han pasado 2 semanas después de esa pelea. Estábamos trotando yo y Aoi sobre el sendero peatonal. Ella sabía cómo me había afectado esa pelea...
—Oye, anímate -decía Aoi para consolarme-.
Pero dudo que esas palabras hagan algo.
Mientras caminábamos, un sujeto sobre un camión se aproximaba. Parecía que hacía el intento de frenar... no tenía frenos.
No alcancé a quitar a Aoi. El camión se volteó e impactó sobre mí y mi hermana...
El camión se congeló.
El tiempo se congeló.
Podía moverme a cualquier lugar. Solo quiero... abrazar a mi hermana y agradecerle lo que ella hizo por mí. Solo podía mirarla sobre este campo congelado y con el aire frío.
Siento frío.
¿Realmente fui feliz?
Desde pequeño siempre fui molestado por mis compañeros. En primaria, sin alguna razón, unos compañeros de clase me empezaron a molestar, siendo el hazmerreír de todos en el salón. Aunque siempre quise defenderme, nomás no podía. No tenía el valor de hacer este tipo de acción por defenderme.
En la secundaria era igual. Los mismos compañeros de clase de la primaria estaban ahí. Pensé que en este año estaría mejor, pero no duró nada este momento alegre. Nomás duró 1 año, hasta que en segundo año pasó algo.
Un día fui al baño y me topé con esos mismos compañeros de clase de la primaria. Se acercaron y uno de ellos me agarró el hombro, reconociéndome.
Nunca falta ese tipo de personas que llama a sus compañeros cuando reconoce a sus víctimas en cuanto las ven. Me reconocieron por una cicatriz que ellos mismos me hicieron con un lápiz técnico. En serio me daban ganas de hacer algo para que me dejaran de molestar...
Sin gritar de más, los compañeros vinieron y me reconocieron, llamándome:
—Oye, Kurosawa, ¿por qué no nos saludabas en los pasillos? Aunque creo que no te debes haber olvidado de nosotros, ¿o sí? -mencionó ese perro con boca suelta-.
—Jajaja, ¿no dirás nada? Vamos, Kurosawa, somos amigos. Respóndeme, vamos.
Cada palabra me hervía la sangre en aquel momento.
—¿No dirás nada, Kurosawa? Entonces déjame refrescarte la memoria con un poco de agua.
Pensé que en ese momento abriría el lavamanos para meterme en el agua, pero... me agarraron del cuerpo y tomaron mi cabeza. La sumergieron donde él mismo había defecado. Agarré mucho miedo. Lo único que pude hacer fue cerrar mis ojos y soportar lo que pasaría ese mismo día. Mientras pasaba esa pesadilla, yo agarraba más miedo.
Y así pasaron mis años desde segundo de secundaria hasta la graduación, donde me ataron en un poste de luz con mi sudadera y la correa que tenía. Por suerte mi pantalón era justo a mi medida y no se me cayeron los pantalones en toda esa tarde.
Llegué a mi casa. Mis padres me regañaron. Me soltaron una abofetada por llegar tarde y me mandaron a mi cuarto sin haber preguntado por mis heridas o por qué tardé. Solo me mandaron a mi habitación.
Mis padres tenían una idea redactada: yo era un bravucón desde segundo de secundaria, porque llegaba con la cara hecha pedazos y con una cara seria, y la forma en cómo actuaba les daban esa idea.
Mi temor no quedaba ahí. Ellos sabían dónde trabajaba. Pedían todo mi salario. No llegaba muy alto, casi todo mi salario se lo llevaba todo lo que pagaba por culpa de esos lacayos. No soportaba ya nada. Ni un momento más.
Saliendo de mi trabajo, salí exhausto. Pagué horas extras por compensar lo que se comieron ellos. Estaba por cerrar hasta que sentí un duro peso en mis hombros. Me asusté por un momento pensando que eran ellos, pero nada mal, era mi hermana Aoi.
—Hola, hermano...
Se quedó mirando la tienda antes de cerrar.
—Ahhh, qué mal, ya cerraste...
No sé cuál era el motivo, pero me sentía feliz por un momento al saber que era ella. Pero no duró mucho cuando llegaron ellos mismos.
—Hola, Kurosawa. Dejaste algo para nosotros, ¿verdad?...
No dije nada, con temor.
—Oye, maldito, te estoy hablando, imbécil. ¿No vas a responder? Si no, para hacerte hablar a golpes, idiota... ¡¡¡Te estoy hablando, maldita sea!!!
—L-lo siento, p-pero ya cerré el local...
—¿Crees que me importa, idiota? Abre esa maldita cortina y prepárame unas bebidas. Si no lo haces, ¡¡te golpearemos con este escombro de la basura!!
—E-está bien...
Quise abrir la puerta, pero Aoi me detuvo proponiendo que no lo hiciera. Pero yo, cegado del miedo, no reaccionaba.
—Oye, ¿ahora ella te defiende? Qué marica eres, Kurosawa. Por eso me das asco, maldita basura inmunda.
—¿Y si no la abre, qué harás tú, cabello de lechuga? -dijo Aoi.
—¿Q-qué acabas de decir?
—¿Qué es lo que harás si no abre esa cortina? Dime, lechuga apestosa.
Aoi se mostraba algo más que dominante. Se miraba con confianza.
—Oye, vete tomando a la ligera de que no te haremos nada -mencionó el lacayo ese.
—¿Ahora vas a golpear a una mujer?
—No me cuesta nada, ¿sabes?
El otro matón fue directo hacia ella, pero Aoi era experta en taekwondo, cinta negra. Con unas cuantas combinaciones acabó con 2 de ellos, pero por una distracción, el que sujetaba el escombro le lanzó este objeto a la costilla, dejando a mi hermana tirada.
El matón se acercó directo hacia ella. La agarró del cabello, la miró directo al rostro y con una bofetada la tiró directo al piso.
No podía soportarlo en ese momento.
Agarré valor y me lancé hacia él. Lo sometí en el suelo. Lo único que pensaba era:
“Mata a ese lacayo”.
Tiré golpes hacia el rostro. Pesaba un poco más que él, por lo tanto él no me podía mover.
¡Golpe!
¡¡Golpes!!
Uno con más fuerza...
Me agarró las manos. No podía moverme. El lacayo quería moverme de encima. No tenía nada más con qué golpearlo, así que con un codo derecho lo impacté en su nariz.
Cayó.
Con el golpe que se dio, quedó desmayado. Seguí con los golpes en el rostro.
Mi hermana me agarró del pecho y cuello y me calmó. Solo escuchaba:
—Ya, ya... ya pasó, hermanito. Ya pasó. Vámonos a casa.
Dejamos a los lacayos tirados. Los 2 que lo acompañaban ayudaron al lacayo que golpeé, pero el lacayo estaba muy herido. Nos fuimos.
Mi hermana me volteó a ver.
—Hermani...
Mis ojos no tenían expresión, eran ojos en blanco. Mi hermana solo sonrió y me abrazó...
Llegamos a casa. Mi padre, como siempre, me recibió de mala manera.
—Otra vez con tus peleas. ¿Y ahora metes a tu hermana a eso?
Mi hermana se metió en medio de la discusión.
—No fue culpa de él, padre. Llegaron unos lacayos y lo amenazaron con que le abriera el puesto para así comer gratis de él, y él solo les dio su merecido...
Desde aquí sentía el peso. Las mentiras que decía mi hermana solo para cubrirme. Me siento muy feliz por esto...
Mi padre se quedó callado. Eso era todo, pero mencionó algo:
—Si vas a pelear, hazlo dentro de esas jaulas como perros...
Me fui a mi cuarto decepcionado de mí, por lo patético que fui.
Me senté.
Aoi entró a mi cuarto. Yo estaba con mi cabeza abajo. Mi hermana solo me abrazó.
Yo...
Yo solo me arrodillé y lloré...
Lloré como si no hubiera un mañana.
Le conté todo lo que había pasado. Aoi no respondió nada, nomás dijo:
—Te llevaré a un lugar mañana. No te preocupes. No irás a la escuela por 1 semana. Duerme, mañana será un día terrible por la paliza que le diste a ese lacayo. Tus manos van a arder como un infierno, jajajaja.
No dije nada, nomás asentí con la cabeza y me acosté.
Nomás pensé en lo bien que se sintió golpear a ese lacayo.
............
En la mañana mi hermana me levantó con unos hielos en un calcetín mío y los puso en mi espalda.
Aoi solo decía:
—Levántate, levántate.
—Ya voy, hermanita.
Me levanté sin saber nada qué hacer y me dirigí a la cocina. Agarré un plato y cereal. Solo desayuné.
Acabando de desayunar, mi hermana con un megáfono me espantó por la espalda.
—¿Qué te pasa, Aoi?
—Vámonos ya, Akari. Ven, ponte ropa flexible y acompáñame.
Salimos a correr por 21 minutos hacia un club. Mi hermana me presentó con un señor adulto. Confundido, solo me hice el tonto. Me acerqué a Aoi y solo escuchaba:
—Entonces te lo dejo. Hazlo sufrir, viejo. Sé que le harás sacar su verdadero potencial...
El viejo me miró de reojo. Por alguna extraña razón sentí el más puro miedo entre la presión que emergía ese sujeto...
—Vengan, muchachos. Nuevo integrante.
Decía el viejo mientras llamaba a los únicos 5 integrantes de su club.
—Él es Kurosawa, hermano de Aoi. Hoy le haremos cambiar ese mundo de marica que tiene en su mente. Tiene problemas de autoestima y es un debilucho. Su hermana me lo encargó. Me dijo que lo hagamos sufrir, pero con beneficios. ¡TÚ, VEN! PONTE AQUÍ AL FRENTE. Kaede Kazehara, ella será tu oponente.
Kaede Kazehara se puso en posición militar de descanso con la mano hacia atrás, diciendo:
—Sí. Vamos, Akari. Demuestra todos los movimientos que sepas.
Me puse en una postura un poco mediocre, como si abrazara un peluche.
Solo una risa.
Kaede me llegó con una fuerte patada a la pantorrilla. Me derribó.
—Vamos, levántate. Apenas comienza esto, pequeño hermanito.
Me levanté un poco dolido de la pantorrilla. Me lancé hacia ella como si tuviera oportunidad. Ella solo levantó la rodilla y así terminó la pelea.
Yo con el cachete rojo y ella insatisfecha por mis tonterías. Ni un golpe pude acertarle.
Aunque esto me llenó de emoción.
Debo pedirle a mi hermana que me inscriba en esto.
Llegó mi hermanita con una expresión de felicidad en su rostro, como si le hubiera pasado algo sensacional. Yo, por mientras, le pedía que me inscribiera en este club tan increíble.
Mi hermana fue a hablar con el viejo. Parecía sorprendida en ese entonces, parece que le hubieran dado algo extraordinario.
Hasta luego recibí que competiría en un torneo de taekwondo, aunque este tipo de cosas siempre se veían en ese entonces, por eso sus 4 trofeos de taekwondo...
Estábamos caminando hacia la casa. Mi hermana mencionó que sí me aceptaron.
—Ya tienes en qué gastar tu dinero, pequeño gran flojo.
Salté de emoción.
Mi hermana agarró mi cachete hinchado bromeando y diciendo:
—Mira cómo te dejaron, ¿así quieres estar ahí?
Solo respondí:
—Sí. Si hay personas así de grandes y fuertes, quiero estar ahí mismo. Quiero superarlos, cueste lo que cueste.
Mi hermana sonrió con una pequeña mueca en su rostro, pero yo sentía que se sentía algo feliz y tranquila.
.......................
Ya pasó una semana después de haber tomado esas lecciones. Fueron muy duras, ya que mi hermana ordenó que mi entrenamiento se basara en contacto muy cercano, muy brusco. Me aprendí algunos golpes básicos y movimientos de caderas y pies. Me sentía demasiado bien.
Llegué a mi escuela. Mi profesora me habló preocupada sobre por qué no me había presentado a la escuela. No dije nada por temor.
Aceptó mi respuesta y me pidió que me sentara.
Fui al baño y ahí estaban esos lacayos. Uno tenía la cara muy lastimada.
Cuando me vieron, me agarraron y me dijeron que si ahora me sentía muy valiente y que ahora, sin mi hermana, me iban a dar mi merecido.
Solo miré boca abajo, con un poco de miedo, pero no temblaba como antes.
—...
El lacayo se rió. Preparó su puño y se abalanzó ante mí, pero yo retrocedí un poco y se tropezó.
Se levantó molesto. Pidió a sus acompañantes que me agarraran. Yo, en cuanto me agarraron, le di un golpe con el codo a su compañero en la nariz. Cayó directo hacia el lavamanos.
El otro quiso acertarme un golpe, pero sus golpes ya se veían lentos. Esto es nada comparado con los golpes tan rápidos de Kaede.
Solo esquivé y le pegué un rodillazo en su estómago. Cayó directo hacia el suelo.
El lacayo principal me miró con una rabia inmensa. Se abalanzó directo a mí con confianza.
Le golpeé despacio en la mejilla.
Solo quería que esto durara.
Cada golpe que le daba se sentía bien, hasta que me miró con un sudor inmenso en su ropa.
Le di un último golpe, esta vez de verdad.
Cayó en el piso muy fuerte. Solo se quejaba por el cansancio.
Me retiré de ahí.
Quedé satisfecho...
Mi rostro...
No, mis ojos empezaron a brotar lágrimas por este tipo de cosas.
No sé por qué empezaba a llorar. No lo entiendo.
Me sentía aliviado en ese momento.
“Un peso menos”, solo pensaba mientras lloraba afuera de la escuela...
...
Aunque en ese tiempo fui feliz... por un momento.
Ahora...
¿Yo moriré?
La única felicidad era el deporte y ver a Aoi luchar por sus sueños, pero...
¿Y mis sueños?
Solo asistí a este deporte porque a mi hermana le gustaba pelear y yo solo quería ser como ella.
Ser capaz de pelear y defenderme.
Pero mi verdadero sueño era otro...
...
Recorrí un poco la ciudad de Tokio. Vi algunas parejas...
Realmente quise tener una pareja en mi vida, pero mi autoestima era demasiado baja.
Ver a las personas mientras el mundo está congelado es realmente hermoso. Ver cómo las personas se aman...
Iré a ver a mis padres por esta última vez...
Realmente quise tener el amor de mis padres.
Pero ellos siempre me han visto con cara de rebelde y un niño que solo busca problemas. Mis padres, cada que llegaba con el rostro golpeado, pensaban que hice otra pelea. Y mi padre, en vez de preguntar... solo me golpeaba más...
Los perdono.
No es su culpa por pensar de esa forma.
...
Mi tiempo se acaba.
Este mundo se está empezando a descongelar. Iré rápido a donde estaba el camión.
Abracé a mi hermana y lloré un poco.
Me puse delante del camión y...
El mundo volvió a recobrar el sentido del tiempo...
Las aves se empezaban a mover lentamente...
El mundo se empezó a descongelar.
Miré al camión...
El camión impactó.
Salí volando del impacto. Mi cuerpo se estrelló contra una pared sobre un edificio...
Mi rostro quedó mirando hacia la izquierda...
No... no, ¿por qué ella?
¿Mi último momento fue mirando a mi hermana muerta?
Mis ojos se cerraron...
Y así morí.








