Capítulo 1: ¿Quién eres?
Una brisa fría circulaba en un páramo libre de árboles, dejando que el ligeramente oscuro cielo fuese el foco de atención para cualquiera que atravesara aquel tranquilo paisaje. A varios metros de cualquier señal de vida, un joven permanecía tendido sobre la hierba, completamente inconsciente. Aquel muchacho estaba notablemente herido, con raspones en su rostro, vendajes que cubrían diferentes zonas de sus manos y brazos, incluso el cuello, además de que todo su torso estaba envuelto en vendas debajo de su dañada camiseta blanca. El cabello de ese chico era de un blanco inmaculado y estaba notablemente desordenado. Su respiración era algo acelerada, aunque por momentos se veía interrumpía por débiles quejidos de dolor. Parecía estar a punto de despertar.
A solo unos pasos de él, una figura femenina aguardaba en silencio de pie frente a él. Esa extraña esbozó una sutil sonrisa, incluso entrecerró sus ojos mientras presenciaba como el joven abría lentamente los suyos, revelando una mirada apagada y cansada. Ella dio un par de pasos y no dudó en extender sus manos para tomar las de él, ayudándolo así a ponerse de pie. Cuando sus miradas se encontraron, la expresión de Jonathan, el chico herido, reflejaba algo más que solo su agotamiento y dolor físico; también una gran confusión por la amabilidad de la persona quien acababa de ayudarlo. Por otro lado, Valery, la gentil y confiada chica, tenía una expresión extrañamente imperturbable.
– No te ves nada bien, pero es un alivio que seas capaz de mantenerte de pie y que, al menos, estés en una sola pieza.
Mencionó Valery, con una sonrisa y cerrando sus ojos en un gesto de relajación.
Jonathan guardó silencio mientras se esforzaba por regular su respiración y estudiaba con la mirada a la chica frente a él. Valery llevaba una camiseta blanca, algo grande para ella, además de un pantalón verde claro y holgado con bolsillos extras a la altura de sus rodillas. Su cabello era blanco como el de Jonathan, incluyendo un mechón de color cian que bajaba por su mejilla izquierda; parte de este estaba atado hacia atrás en una cola de caballo, y un fleco cubría vagamente el ojo derecho.
– ¿No puedes hablar, o solo no sabes qué decir? Puedo notar por tu respiración y por los quejidos de antes, que posiblemente el daño en ti no sea solo por el exterior de tu cuerpo. Será mejor que te lleve a donde puedan darte atención médica.
Dijo Valery antes de tomar uno de los brazos de Jonathan y pasarlo por encima de sus hombros, ofreciéndose ella misma como un apoyo para ayudarlo a caminar. Pero en ese instante, el chico se apartó aún más confundido que antes, al punto de sentirse ligeramente asustado por la excesiva amabilidad de esa chica.
– ¡N-no iré a ningún lado! Agradezco que intentes ayudarme, pero esto es demasiado raro...
Respondió Jonathan, ya algo agitado y con un marcado tono de voz tembloroso por el miedo que empezaba a crecer al no entender qué ocurría exactamente. Su cabeza apenas recuperaba lucidez, las preguntas invadían su mente y no lograba recordar cómo llegó hasta ese páramo.
La joven lo volvió a sujetar y acomodar, como antes de que él se apartara, dejando en claro quién llevaba el control en aquella repentina y extraña unión.
– Si tu plan es quedarte aquí, valiéndote por ti mismo en este estado tan deplorable en el que estás, entonces no te espera otra cosa más que la muerte. Solo hazme caso de momento, luego podrás hacer lo que te venga en gana.
Tras la objeción de Valery, Jonathan simplemente asintió con la cabeza, resignado a confiar en quien ahora lo estaba llevando con cuidado hasta el hospital más cercano. A medida que el dúo se acercaba a su destino, la noche finalmente caía sobre ellos, provocando que el ambiente se volviese repentinamente más extraño e inquietante, debido a la naturaleza de la región.
Al menos en la región solar y todas a su alrededor, un fenómeno sumamente peligroso ocurre durante las noches; aterradoras y hostiles bestias conformadas por oscuridad invaden las zonas desprotegidas kilómetros a la redonda, en busca de cualquier forma de vida para alimentarse de ellas. Para fortuna de nuestros protagonistas, ante sus ojos se encontraba la gran entrada al lugar más seguro para pasar la noche, y donde se encontraba también el hospital más cercano.
– Mira, amiguito, estamos a solo unos pasos del hospital. ¿Qué dices?, ¿comemos algo después de que atiendan tus heridas? ...¿tienes dinero, verdad?.
Preguntó Valery mientras volteaba a ver a Jonathan, quien estaba con la mirada fija en una horda de bestias cuadrúpedas y antropomórficas las cuales venían corriendo a toda velocidad en direccion a él y su compañera. El joven no podía hablar por el miedo que lo volvía a invadir, y en cuanto Valery se dio cuenta de lo que venían tras ellos, comenzó a correr desesperadamente hasta atravesar la gran entrada al reino, la cual se cerró a tiempo una vez ingresaron.
Cuando finalmente llegaron a su destino, El Reino Solar, el centro de la región de Solaris, cuya reputación siempre había sido un modelo a seguir para todas las regiones vecinas. Hasta que un trágico día, la gran líder desapareció sin dejar rastro alguno del "por qué" de su ausencia, quedando así el reino sin un líder apto para tomar su cargo o siquiera proteger el reino, o al menos eso se decía entre los habitantes. Los jóvenes fueron a paso rápido en busca del hospital del reino, pero algo había captado la atención de Jonathan; las paredes de las casas, negocios, y postes de luz estaban cubiertos por carteles con la imagen de una joven chica pelirroja de ojos amarillos, la cual llevaba una vestimenta de guerrera, combinada con el uniforme de una líder. Lo curioso en los carteles era una gran cruz pintada sobre el rostro de la chica, una clara muestra de odio hacia ella.
– ¿Ya conoces este lugar, no? Tú me trajiste. ¿Por qué hay tantos carteles de esa chica...?.
Preguntó Jonathan, todavía más lleno de dudas que antes.
– Será mejor que no toquemos el tema, por lo menos no en público. Te recomiendo guardarte todas tus preguntas hasta que vayamos a comer, sé por qué te lo digo.
Contestó Valery, manteniendo su tono bajo e imperceptible para los habitantes que transitaban por los alrededores.
Las horas pasaron, nuestros protagonistas cumplieron su objetivo principal, que Jonathan fuese atendido lo antes posible (aunque el tratamiento resultó más doloroso que las heridas propias del pobre chico).
– ¿Por qué mi tratamiento fue tan corriente y doloroso? En la habitación del frente estaban usando una magia rara para curar a ese hombre con una puñalada en el pecho.
Exclamó Jonathan, quién salió el hospital junto a Valery, ya caminando por cuenta propia y sin dificultades para respirar o pensar con lucidez.
– No tengo mucho dinero encima como para pagar tratamientos de ese tipo. Recuerda que debemos de ir a comer, muero de hambre.
Mencionó Valery, para acto seguido tomar la mano de su compañero, llevándolo con más apetito que prisa hasta el bar más cercano.
En cuanto el dúo hizo su llegada al bar, no pudieron ignorar el ambiente pesado en el aire; había poca luz, las mesas totalmente vacías, mucho olor a humedad proveniente de las paredes, y como si fuera poco, en la barra había una persona sentada, la cual dormía sobre la misma. El dueño del bar, que se encontraba viendo una pequeña televisión en una de las paredes, volteó su mirada a los dos jóvenes que apenas ingresaban.
– ¿Eh?, parece que hay caras nuevas en el reino. Pasen, los atenderé enseguida, les haré un descuento, hoy estoy de buen humor.
Dijo Yasu, el dueño del bar, quién se colocó su delantal de cantinero y se dirigió a la cocina para buscar algo que había quedado pendiente.
Mientras tanto, nuestros protagonistas tomaron asiento en la barra, quedando Jonathan al lado de la persona dormida; su rostro no era visible debido a la amplia capucha de su capa para lluvia, la cual le cubría toda la cabeza. El cantinero no tardó en regresar, esta vez con un plato recién hecho para la persona que estaba durmiendo; dicho plato consistía de mucho puré de papa, con una capa de salsa picante y trocitos de salchicha picados encima, parecía una comida algo infantil.
– Y bien, ¿qué van a ordenar ustedes dos?
Preguntó Yasu, mientras le daba unos ligeros toques en la cabeza a la persona dormida, la cual despertó poco a poco, ya gozando el aroma de su comida. Una vez levantó la mirada, tomó un tenedor que ya había en la mesa y comenzó a devorar ansiosamente su plato; a medida que daba bocado tras bocado, algunos mechones de su rojo cabello se escapaban del bloqueo visual de su capucha.
– Lo que está comiendo esa persona se ve bien, aunque prefiero espagueti en lugar de puré. Mi compañero comerá lo mismo, y ponle el doble de salsa, se ve picante.
Respondió Valery, mientras apuntaba con el dedo pulgar a Jonathan, el cual inmediatamente notó los mechones de cabello de la otra persona que disfrutaba su comida. Yasu se preocupó al percatar que el joven chico miraba fijamente a la persona de la barra, por lo que intentó distraer su atención.
– ¡Oye, muchacho!, ¿quieres ver algo en la tele? Hace unos minutos comenzó El Show de Blast, es todo un espectáculo.
Comentó el dueño de la cantina, el cual subió el volumen del televisor, solo para que una fuertísima explosión aparezca en pantalla y resuene en el bar. Aparte de ganar la atención de Jonathan, también captó la suya propia, la de Valery y la de la persona de la barra, quienes veían la pantalla con genuina preocupación.
– ¿E-esa gente estará bien...?.
Preguntó Jonathan con verdadera preocupación.
– Es más normal de lo que crees, pero no deja de ser peligroso. Un programa de Blast sin explosiones, es como un arbusto sin hojas.
Respondió Valery, quién no despegó su vista de la televisión, ya que dicho show era su favorito.
Yasu se conformó con el resultado conseguido, por lo que se dirigió a la cocina para preparar los platos de su nueva clientela. Aunque la tele distrajo a Jonathan por un breve momento, este volteó una vez más hacia la otra persona, quien al levantar la mirada para disfrutar el show, causó que la capucha se deslizara hacia atrás, revelando su cabellera roja tomate y sus ojos amarillos patito. Los ojos de Jonathan se abrieron como platos al darse cuenta de la enorme similitud entre aquella persona y la chica de los carteles repartidos por todo el reino; el rostro del joven era una mezcla entre sorpresa y algo de miedo, debido a que desconocía el motivo de su imagen en los carteles.
La misteriosa chica sintió la mirada fija de Jonathan hacia ella, por lo que giró su cabeza lentamente hasta que cruzaron miradas. Tras unos segundos de silencio incómodo, ambos se vieron con preocupación mutua, incluso compartían la misma expresión de miedo.
– ¡No lo digas, podría haber gente pasando cerca de la puerta! Solo quiero comer mi cena en paz, ¡Por favor!.
Exclamó con un tono tembloroso, Alexa Sunrise, la actual líder del Reino Solar.
Yasu regresó de la cocina a pasos agigantados, con algo de sudor cayendo por su frente mientras sostenía los platos recién hechos de sus clientes. Este abrió la boca, perplejo al darse cuenta de que la identidad de Alexa había sido revelada ante esos dos completos desconocidos para él. Rápidamente, sirvió los platos en la barra y tomó a la líder con sus grandes manos, como si esta fuese una niña pequeña y la cargó sobre su espalda, en un intento por protegerla de algo que aún era un misterio para nuestros protagonistas.
– No me arriesgaré por más tiempo. ¡Ahora mismo, díganme qué es lo que realmente los trajo hasta aquí!. Si lo que buscan es a la líder, entonces tendrán que vérselas conmigo ¡PUÑO A PUÑO!.
Dijo con Yasu, con una notoria rabia contenida y bastante cansancio, como si esta clase de amenaza fuese muy concurrente. Jonathan no se había percatado antes, pero Yasu era un señor de al menos 50 años, con una complexión demasiado robusta y una altura casi de 2 metros, sin mencionar sus enormes brazos, los cuales equivalían al tamaño de su torso; un puñetazo de aquel hombre fácilmente podría derribar una pared de concreto.
– ¡NO ME MATE, JURO QUE NO SÉ NADA!.
Pronunció nuestro protagonista cobardemente, mientras se agachaba para esconderse de su lado de la barra y colocaba sus propias manos en su cabeza, en un inútil intento de protegerse.
– No se altere, jefecito. Es la primera vez que estamos en el reino, solo vinimos para que atiendan las heridas de mi amigo y bueno, quisimos pasar a llenar nuestras pancitas.
Comentó Valery, la cual sobaba su estómago con ambas manos y exhalaba satisfecha tras haber dejado su plato impecable.
El cantinero miró por un instante a ambos individuos con algo de duda, no podía decidir si confiar en ellos o echarlos como si se tratara de arrojar dos bolsas de basura afuera del bar. Para fortuna de nuestros protagonistas, la cobardía de Jonathan fue la clave para que Yasu se diera cuenta de que no se trataban de una amenaza.
– Muy bien, confiaré en ustedes dos. No les cobraré por sus platos, al menos no con dinero. En su lugar, les pido que guarden silencio sobre la presencia de "Lexy" cuando salgan de aquí.
Ordenó Yasu para inmediatamente devolver a Alexa a su asiento, la cual había permanecido callada y expectante en todo momento.
– Muchísimas gracias, señor. Siendo totalmente sincero, ni siquiera sé el nombre de mi compañera.
Mencionó Jonathan mientras se acomodaba una vez más en su asiento y mantenía la miraba baja, con cierta preocupación por decir algo que altere a Yasu.
– ¿En serio no conoces a tu acompañante?, creí que eran amigos o algo así. Digo, ella dijo que te trajo hasta el hospital.
Preguntó Alexa con un tono de intriga bien marcado, pero gentil, decidiendo abrir el diálogo entre ella y los jóvenes.
– De hecho me lo encontré en pésimo estado justo antes de venir hasta el reino, solo quise ser amable. Me sentiría culpable de haberlo dejado en donde estaba, pudo haber sido alimento de cachorros de oscuridad.
Dijo Valery en un tono de burla al imaginarse a Jonathan siendo devorado por pequeñas crías de sabuesos oscuros, los cuales eran adorables, pero sin dejar de ser trituradoras de carne con cuatro patas y colmillos filosos como cuchillos.
– Hablando de eso... ¿Cómo fue que llegué hasta ahí?, ¿alguna de esas cosas espantosas me lastimó?, no recuerdo nada de nada. Cada vez que intento hacer memoria de algo, mi cabeza se pone en blanco por completo.
Cuestionó Jonathan mientras se rascaba la cabeza con ambas manos y apretaba sus ojos en un intento de rebuscar algo de información en su mente, aunque era imposible para él.
– Dudo que te hayan atacado esas bestias sanguinarias, ya que solo aparecen durante la noche. Diría que te atacaron en el bosque oscuro, pero nadie sale de ahí una vez se adentra, porque nadie sobrevive.
Agregó Yasu, debido a que él mismo veía en las noticias que guerreros formidables y extremadamente poderosos se aventuraban al bosque, solo para acabar siendo alimento gratuito para las bestias que gozaban de la ausencia del sol en su interior.
– Ese bosque siempre fue un problema para este lado de la región. Ni siquiera la maestra fue capaz de arrasar con él usando su poder solar, y la vi desintegrando montañas con ese mismo poder.
Comentó Alexa con pesimismo al recordar la gran diferencia de poder entre ella y su maestra, la anterior líder del reino, especialmente porque esta clase de problemas eran ahora su responsabilidad.
Las palabras de Alexa no eran una exageración, ya que aquel bosque no era un simple rejunte de árboles y arbustos, era un masivo cúmulo de oscuridad concentrada en un punto fijo, el cual tomaba el aspecto de un bosque común y corriente pero con fauna excesiva. Ni siquiera la luz del sol era capaz de atravesar, debido a que la densidad de oscuridad que lo conformaba era suficientemente intensa como para desafiar a su elemento opuesto, el cual siempre solía llevarse la victoria en cualquier contexto.
– Por cierto, chicos, ¿qué planean hacer después de irse de aquí?. No parece que tengan algo que hacer en especial.
Preguntó Alexa con intriga al notar la calma de los desconocidos, aunque en realidad se trataba de curiosidad pura.
– Ahora mismo tengo más preguntas que otra cosa en mi cabeza. ¿Existe alguna solución mágica o poder raro que me devuelva mi memoria?.
Añadió Jonathan mientras se recostaba sobre la barra con pocas esperanzas en recuperar su memoria.
– Si te interesa tanto recordar algo, El Palacio Fragmentado es el lugar ideal para recuperar recuerdos perdidos. Aunque el camino hasta allá es toda una odisea, pero es pan comido para un aventurero con habilidades decentes en combate.
Comentó Valery con cierta picardía, incluso volteó dándole la espalda a los demás para ocultar una sonrisa algo inquietante.
– Ninguno de ustedes dos tiene aspecto de saber defenderse, ¿siquiera llevan armas o algo para protegerse allá afuera?. El camino es demasiado extenso; los bandidos, los cazarrecompensas, los monstruos comunes, las bestias nocturnas... la región está repleta de amenazas, y eso que es considerada mundialmente como la más segura.
Mencionó Yasu con un tono alto y cierta preocupación por nuestros protagonistas, los cuales tuvieron demasiada suerte hasta ahora. Pero sus palabras no buscaban subestimarlos, sino advertirles de una difícil realidad de esta región repleta de aventureros temerarios, pero también de amenazas, las cuales podían venir o surgir de cualquier lado.
– No te preocupes por nosotros, ¡estamos más que preparados para partir mañana mismo!.
Exclamó Valery cruzando los brazos y alzando la cabeza con absoluta certeza, aunque la forma en la que lo hacía se sentía muy llamativa y poco natural, como si intentara llamar la atención.
Mientras que Jonathan y Yasu se quedaron boquiabiertos ante la respuesta de Valery, la cual no concordaba con la realidad actual, Alexa puso los puños sobre la mesa y agachó la cabeza en total silencio. Sus manos y piernas temblaban, apretaba sus dientes con impotencia y sus ojos se clavaron en la astillada madera de la barra. Tras unos segundos, aquellos puños golpearon la anticuada madera y llevó su mirada hacia Valery con decisión.
– ¡¿Estás demente?! ¡TU COMPAÑERO APENAS SE ESTÁ RECUPERANDO!.
Gritó la líder en completo desacuerdo con las palabras de Valery, la cual esbozó una sonrisa aún más grande, pero la cubrió con una de sus manos para ocultarla rápidamente.
– ¡Lexy, baja la voz o te escucharán desde afuera!.
Demandó Yasu en un intento de calmar a la líder, pero ya era tarde, y eso se notó en su expresión de indignación.
– ¡ME IMPORTA UN COMINO!, si alguien viene a insultarme, arrojarme cosas, o compararme con mi maestra... ¡YA NO ME IMPORTA!.
La voz de Alexa se oía quebrada, unos ligeros sollozos escapaban libremente, al igual que algunas lágrimas las cuales caían por sus mejillas.
– La gente de este lugar no hizo más que desear mi muerte públicamente y recordarme que soy tan inservible como cuando tenía 12 años, y ya estoy cansada de eso. Ni siquiera las tropas del reino me respetan o mínimamente siguen mis órdenes. Todo lo que tengo es a ti y a esa pobre niña que me idolatra, hasta la vi ser golpeada por otros niños, justamente por quererme...
Las palabras de Alexa golpearon el corazón de todos en la cantina. Yasu guardó silencio mientras sus ojos se cristalizaron al ver como su "Lexy" dejaba salir todo el dolor en su corazón; Jonathan no pudo evitar sentirse mal por ella, al punto de tomar unas servilletas de la barra y entregárselas a la desconsolada líder. Por otra parte, Valery optó por mantenerse callada para no echar más sal a la herida.
– ¿Qué pasará si un día descubren que me oculto aquí?, vendrán por ti... Yasu. ¿Cómo crees que me sentiré si te lastiman o arruinan tu negocio? No tengo autoridad alguna, no podré detenerlos, los guardias se unirán al odio colectivo...
Agregó Alexa de forma pesimista, pero a la vez realista. Una vez dejó su punto claro, se levantó de su asiento y tomó las servilletas que Jonathan le había ofrecido, procediendo a secar las lágrimas que no dejaba de liberar. En cuanto tomó un poco de aire, concentró su mirada en la del joven chico y le regaló una pequeña sonrisa de simpatía hacia su natural gesto anterior.
– ¿Cuál es tu nombre...?.
Preguntó Alexa.
– Al fin una pregunta que puedo responder. Mi nombre es Jonathan, mucho gusto, líder.
Respondió el joven, orgulloso de al menos recordar su propio nombre.
– No hace falta que me llames así, solo llámame "Alexa". No tengo un motivo válido para permanecer en el reino, mi sola presencia pone en peligro a las pocas personas que creen en mí, así que si en verdad están tan locos como para emprender un camino tan peligroso... ¡Yo seré quien los proteja!.
La declaración de Alexa descolocó por completo a Jonathan, le provocó un repentino desmayo a Yasu, e hizo la sonrisa de Valery aún más grande.
{ Fin }








