Cómo solía ser...
No estaba acostumbrada a salir demasiado, al menos no los primeros ciclos, estaba segura que no era una pesada como todas decían, solo tenía una meta y quería cumplirla a toda costa, ahora seguro me daría un poco de risa recordar las frases de motivación que usaba; sí, eran las típicas que salían en Facebook, pero me ayudaban y después de bastante esfuerzo, pude conseguir la beca para el extranjero.
En realidad a diferencia de lo que se puede creer no lo hacía por necesidad, mi tía fácilmente me podía mandar a estudiar al aclamado Viejo Mundo, pero era algo que quería conseguir por mí misma, no quería que pensarán que todo lo que tenía era regalado, ella se esforzó demasiado en criarme durante todos estos años, me dió todo e incluso más de lo que podría pedir, sin embargo ya era una mujer mayor y yo no quería cargarla con las preocupaciones de una universitaria.
Así que cuando pude, le pedí permiso para mudarme e independizarme un poco, obviamente se entristecio un poco, pero lo comprendió, no sin antes decir que no dejaría de mandarme dinero para los pasajes y la renta, pues aún seguía estudiando.
Renté un apartamento cerca del centro junto con una amiga y conseguí un trabajo, era agradable sentir que me valía por mi misma, podía comprarme mis propias cosas sin sentirme mal por gastar, bueno tal vez solo cuando era muy caro. Digamos que invertí un poco mucho en álbumes de mis grupos favoritos cuando era niña, pero ahora tenía que bajarle a esos gastos hormiga completamente innecesarios
Lo bueno del sitio que rentabamos con Sophia es que estaba cerca de mi trabajo, no me tomaba más de media hora ir caminando de un lado a otro. Mi hora de salida se fijó en 10:30 pm, así que eso me convenía bastante, ya que estaba de vacaciones podía atender el turno completo y me pagaban el sueldo total; en la mañana no hubo una gran cantidad de clientes, solo unos turistas que pidieron unos cafés simples, recién pasando las 3 pm nos empezamos a llenar. Después de eso la tarde estuvo ajetreada hasta mi hora de salida, me despedí de las chicas y ya me estaba yendo, pero...
- Oye, Kira, llévate unos bollitos, estoy repartiendolos entre todas, sobraron de la venta de hoy.
- Ñam, gracias Rosie, ya tengo cena - dije sonriendo. Ella siempre había sido amable conmigo, incluso cuando llegué sin ninguna experiencia ni siquiera la humilde capacidad de hacer un café.
Los viernes por la noche las calles de la zona eran silenciosas, por lo que me pusé mis audífonos y tomé la ruta principal más iluminada; solo agarre 2 bollitos y tuve que soportar la tentación de no comerme el que llevé para Sophia, así que caminé rápido.
El día había sido un poco cansado, al parecer el negocio se hacía cada vez más conocido, pero mi espalda de 23 años no daba, no me imagino a los 40, probablemente me llevarían en andador.
Dejé el bollito en la mesa y fui directa a mi cuarto, al parecer Sophia, todavía no llegaba, quizá no llegaría, conociéndola, tal vez se fue con sus compañeras a una de esas fiestas que organizaban, bueno era ella, yo me iría a dormir; mi cama jamás se sintió tan suave, tan cómoda, me tumbé, abracé mi peluche y me dormí.
"No otra vez"
Estaba de pie en un lugar que no lograba recordar, rodeada de una oscuridad que la acunaba.
No sentía frío, solo una extraña sensación, entonces escuché una voz.
—Kairen...
"Otra vez ese nombre"
—¿Quién eres?
No hubo respuesta.
"Por qué siempre el mismo sueño"
Entonces la voz volvió a llamarla, era para ella.
"Por qué la llamaba así."
—Kairen.
Esta vez estaba más cerca.
— Me confundes con alguien más, no soy Kairen, ¿dónde estoy?
—Donde siempre has estado, Kairen. Sé muy bien que eres tú.
Ella frunció ceño, - No te entiendo.
La oscuridad comenzó a llenarse de pequeñas luces. Una, luego otra, hasta convertirse en miles de puntos suspendidos a su alrededor.
—Has olvidado tu nombre —susurró la voz.
—No, sé muy bien quién soy.
— Eres a quien llamo.
Kira se quedó inmóvil, había tenido sueños similares, más perturbadores, pero últimamente habían dejado de aparecer, no entendía porqué regresaban ahora.
Algo nuevo apareció entre la oscuridad las luces, se juntaron y dieron lugar a un templo, uno grande, parecido a los griegos, con letras antiguas escritas sobre cada columna y aunque nunca en su vida las vió, sentía que comprendía lo que decían. GEBO, HAGALAZ, ANDUZ,... qué.
Después, todo desapareció.
—¿Qué fue eso?
No hubo respuesta, otra vez.
Kira miró sus manos, temblaban.
—¿Por qué no me dejas en paz?
La voz tardó en contestar.
—Porque pronto tendrás que recordar.
—¿Recordar qué?
La oscuridad se fundió.
Una luz celeste apareció frente a ella y dentro de aquella luz, una última palabra:
—Despierta.
Abrió los ojos.
- Despierta Kira, umm, pásame la manta -dijo Sophia jalando el cobertor para su lado.
- Ay dios santo, Sophia, casi me das un paro cardíaco.
- Shhhh, me duele la cabeza, mañana me regañas, dijo acurrucándose para su lado
- ¿Enserio?, resaca, decreto que es por resaca.
- Umm tal vez, ya shhh shhh, dijo poniéndose el dedo en los labios, mañana.
Kira vio el reloj 4:30 am, "esa mujer se pasa", lo bueno es que era sábado, su día libre, así que no estaría cansada durante el trabajo. Sacó otra manta del armario y se echó en el sofá, los recuerdos de ese extraño sueño, le robaron la tranquilidad, no podría volver a dormir. No sabía desde cuándo se habían vuelto recurrentes, pero durante su infancia ya la acosaban, su tía la había llevado a varios psicólogos, suponiendo que era por el trágico accidente que le costó la vida a sus padres, pero ella tenía la sensación que era por algo más.
Abandonó esos pensamientos y prendió la TV, no había pagado su subscripción mensual en Netflix, solo quedaba esa app de series asiáticas que veía su amiga y no es que no le agradarán los k dramas solo que no lo encontraba atrapante, el chico que ama a la chica, la chica que ama al chico, definitivamente no iba con ella, aunque ... eso tal vez significara otra cosa, pero ya tenía demasiadas preocupaciones para pensar en parejas. La apagó y se quedó mirando al vacío, lo que más quería era evitar los pensamientos que llegaban a su mente pero ya nada podía hacer.
Su vida había sido un vaivén de niña, el accidente, las pesadillas, todo ese drama de los psicólogos, algunos de los que vió habían sido muy graciosos y otros bastantes severos, el único psiquiatra al que conoció la declaró sana y no lo volvió a ver más, su tía le daba una vitaminas que ya de grande descubrió que eran pastillas, pensó: "Tal vez el dejar de tomar esos medicamentos, regresó los sueños, aunque con menos intensidad".
De niña soñaba con valles de muertos y cabezas clavadas en una gran fortaleza, infiernos ardientes y voces que la llamaban a adentrarse en ellos, comparado con eso el sueño de ayer había sido muy tranquilo, ella podría jurar que demasiado, al menos eso la tranquilizaba.
Sonó su alarma sacándola del ensimismamiento, 7 am, era hora de ponerse manos a la obra, saco uno hielos y batió su Chocomilk, nada como empezar una mañana con uno de esos heladito, del cuarto pudo oir las quejas de Sophi por el ruido, así que bajo la intensidad, se comió una de las tostadas del baúl y fue a cambiarse, que tuviera el día libre no significaba que holgazanearía.
Wilbur, un viejo conocido de su tía, había abierto una librería y necesitaba ayuda para acomodar los estantes, la mayoría de los libros habían sido donados de una gran variedad de países, en su juventud fue un hombre con bastante influencia y muchos de sus amigos colaboraron con ese sueño suyo.
Al llegar vio a unos cuantos jóvenes más, según sabía más tarde llegarian los de voluntariado, a la gran mayoría ya los conocía de vista, por las reuniones que tenían sus familias hace años en la finca de su tía, sin embargo no había interactuado con muchos, excepto con algunas chicas que le hablaron, como Tania, pero sinceramente no tenía idea de cómo la animaron a participar, porque eso de limpiar no era tanto lo suyo.
- Hola,¿ Kira, verdad?
"Ay no, he allí la razón, seguro no sabe"
- Sí.
- Ehh un gusto, soy Damián, no sé si me recuerdas, soy nieto de Wilbur, estuve en esa cena de... no recuerdo bien, 2015? Wao cómo pasa el tiempo¿no? Amm pues, ojalá no suene atrevido, ya que la última vez que nos vimos teníamos ¡10!, vaya, pero, ¿me pasarías tu Ig?, tal vez podamos salir a tomar algo y así.
- Pues creo que sí. Cierto. No, gracias. Tal vez en grupo algún día.
Kira se giró y caminó lo más rápido que pudo hacía Camila, una de la pocas amigas que hizo en esas reuniones de hace unos siglos.
- Camila, ¿cómo has estado? Perdimos el contacto después de unos años, qué ha sido de la reina de la moda.
- Te refieres a mis collares de fideos, graciosita, ¿no? - se rió - ya dejé de ser auténtica, ahora solo me dejan portar los de la marca de mi madre.
Kira bajó la mirada, el dorado contrastaba perfectamente con la piel morena de su amiga, su madre tenía un gran gusto.
- ... Bla bla y que ha sido de usted princesa de la tribu inmobiliaria.
- Amo, ajajajaj, nuestro humor no ha cambiado casi nada, pero que te digo ando terminando los estudios y trabajo en una cafetería.
- Estoy segura que Tania diría "Que Vintage corazón" -dijo Cam imitando su voz-.
Sonaron unos tacones altos, "La invocó"
- Chicxs!! Ay no pensé verlas aquí ambas tan... lindas, adoro ese morral tuyo Kiara querida y el oro es definitivamente tuyo Camilita. - dijo con una voz que no trataba de ocultar lo cortante- Umm han visto a Damián, no sé si lo recuerdan, ay no, como podrían se la pasaban hablando de esas chinitas, en las reuniones, uy, pero ha cambiado, ahora está alto, seguro que va al gym, por qué esos músculos no se trabajaron solos, si saben de que hablo, su cabello uff ondulado, como amo a los ondulados, umm bueno lo ando buscando, tal vez consiga su número y así, a menos que sea gay, ay no, los guapos siempre son as...
Las chicas decidieron pensar bien como responderle, no querían que el ambiente se tornará incómodo.
- Tania, este... no creo, hace unos momentos lo ví conversando con una chica de las de al frente tal vez este en ese grupo, puedes buscarlo por allí.
- Gracias Cami, tan encantadora como siempre, bye bye Kiara.
- En realidad soy Kira...
Pero la muchacha ya se había ido
- Algunas personas no cambian
- Definitivamente
Camila espero a que se alejara lo suficiente y le susurró.
- La chica que mencioné eras tú, qué quería ese idiota de ti.
Ambas conocíamos la fama de Damián, no solamente había ilusionado a varias chicas del entorno, sino que las había obligado a eliminar, los productos de sus aventuras, realmente un hombre despreciable que se ocultaba bajo la máscara de niño bueno.
- Mi Instagram, la típica, lo bueno es que te vi y salí corriendo.
- Huyendo de los chicos, ya se te hace costumbre, guapa - dijo guiñándome el ojo. O... es que ya conquistaron el corazón de la genio, quien fue el valiente, jjajajaj.
- Uy no, ya quisiera un hombre importarme, si algo se muy bien es que jamás, pero jamás, estaré con uno de los de esa especie, lo tengo muy claro.
- No te creo, corazón, a menos que...
- No, -dijo cortando la frase su amiga-, solo es..., simplemente no siento eso por nadie y ya.
- Umm comprendo, dejemos estás chácharas y pongámonos a arreglar estas cajas de libros, o el viejo Wilbur nos surrará con su bastón.
- Dios nos salve, vamos.
Juntas acomodamos varias cajas, algunas con clásicos muy conocidos y otras con obras locales, solo paramos para comer, Cam compartía mi gusto por los libros, así que parecíamos un par de aficionadas, la esposa de Wilbur nos preparó unos sándwiches y a la 1 nos liberaron para almorzar.
Tanto Camila como yo no conocíamos mucho la zona, así que preguntamos algunas recomendaciones a los dueños del negocio. Fuimos a un menú cercano y la verdad me sorprendió un poco la comodidad que demostraba Camila en el sitio, pensé que le parecería un tanto bajo para lo que estaba acostumbrada, pero me demostró porqué habíamos sido tan buenas amigas de niñas.
Al regresar intentamos no toparnos con la alimaña andante de Damián ni con la fingi de Tania, nos aclopamos junto con algunos chicos del voluntario universitario que vinieron a ayudar y pronto estuvimos a punto de terminar.
La tarde ya se iba oscureciendo, Camila se despidió primero porque su chofer la vino a recoger, probablemente su madre temía que se fuera sola.
-Hasta luego princesa, no te demores mucho en eso, ya todos se han ido.
- Bye corazón, no te preocupes, la caja es pequeña, no sé cómo no la vieron.
Camila se dió la vuelta moviendo sus rizos negros y subió a su coche.
Faltaba una caja sin etiqueta, estaba segura que no la Vi antes, quizás la trajeron de otro grupo, era pequeña a comparación de las otras, pero Kira sentía una extraña sensación, como cuando estás solo, pero a la vez no.
Ella pensó que era el agotamiento, pero cuando abrió la caja solo encontró un libro, se veía bastante antiguo, su pasta estaba desgastada y el marrón ya se estaba tornando beige, el centro tenía una gran piedra que cubría la mitad de este, ella trató de tomarlo para verlo más de cerca, pero a penas hubo rozado el cristal, sintió una fuerte electricidad que casi la manda volando, en ese momento el libro empezó a brillar de un color turquesa brillante y se abrió.
Susurros y brillos la rodearon. Las mismas letras de su sueño aparecieron en su delante.
¿Kairen, Kairen, al fin estás aquí?








