El sueño hecho realidad
Había una vez un chico muy estudioso, apasionado por la ciencia y el conocimiento, que vivía en un pequeño pero acogedor departamento compartido con su compañero de estudios. Entre libros, experimentos y apuntes, pasaba sus días tranquilo, aunque en su corazón guardaba un secreto muy especial, una fantasía que lo acompañaba siempre.
En su ciudad, él admiraba en silencio a una mujer que para él era perfecta, la imagen misma de todo lo que alguna vez había soñado. Para él, ella era como una luz, algo hermoso y brillante. Pero siempre tenía muy claro que eso era solo un sueño, una fantasía que nunca podría cumplirse, porque ella tenía su propia vida: estaba casada, tenía hijos, una familia formada, y sabía que jamás podrían estar juntos. Así que él se conformaba con admirarla de lejos, guardando ese sentimiento solo para sí mismo, como algo bonito pero imposible.
Un día cualquiera, su compañero de departamento llegó muy contento y le dijo que había invitado a dos amigas para pasar el rato, charlar y tomar algo. Al poco rato, tocaron la puerta. El chico abrió, y al verlas quedo paralizado, sin poder creer lo que veían sus ojos.
Ahí estaban las dos chicas, pero una de ellas… esa chica tenía un parecido increíble, impresionante, con la mujer de su fantasía. Era casi idéntica: tenía la misma sonrisa, la mirada, incluso los gestos eran iguales. Era como si el destino hubiera tomado esa imagen que él tenía guardada en su mente y la hubiera traído hasta ahí, justo frente a él, en la puerta de su casa.
El corazón le latía tan fuerte que sentía que se le salía del pecho. No podía dejar de mirarla. Era ella, o al menos, era la copia exacta de todo lo que él había imaginado. Pero entonces, en medio de esa emoción tan grande, volvió a caer en la realidad, recordó de golpe la verdad que siempre sabía: que la mujer de su ciudad, la de su fantasía, tenía su vida hecha, que nunca sería para él, que era un amor que siempre estaría prohibido o lejano.
Sin embargo, al tener a esta chica nueva frente a él, que se parecía tanto, sintió una mezcla extraña de tristeza y alegría. Tristeza porque le recordaba lo que no podía tener, pero a la vez una ilusión inmensa, porque por primera vez, tenía cerca algo que se parecía tanto a lo que su corazón deseaba. Era como si el universo le estuviera diciendo: “Mira, aquí está, tal como la soñaste, pero esta vez… es real, está aquí, y es diferente”.
Esa tarde pasaron horas charlando, y mientras hablaban, él no podía dejar de pensar en lo increíble que era todo. Mientras la otra chica y su compañero hablaban de otras cosas, él se quedaba mirándola a ella, maravillado. Sabía que no era la misma persona, sabía que la de su fantasía tenía su propio destino lejos de él… pero tener ahí, en su sala, a alguien que llevaba esa misma esencia, esa misma belleza, le hacía sentir que quizás, después de todo, los sueños a veces se acercan más de lo que uno cree.
Y ahí comenzó todo, con esa mezcla de recuerdos, deseos y la emoción de tener frente a frente a alguien que parecía salida de su propia imaginación, pero que tenía su propia historia, su propia vida… y quizás, su propio lugar en el corazón de él.








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