Metanoia 1
RE
Nada más abrir los ojos lo primero que cogí fue mi celular, por un momento el brillo de la pantalla me molestó un poco los ojos pero me acostumbré rápido y pude ver la hora:
7:00 am
Suspiré sonoramente mientras alcancé a tomar mis audífonos que estaban en la pequeña mesita de noche y me los coloqué mientras White keys de Dominic fike sonaba a través de mis audífonos.
Bajé de la cama, mentalizando la rutina de todos los días que suelo cumplir al pie de la letra, aunque hoy tendría que enfrentar una realidad diferente...
_Arhg_ Me pasé las manos por la cara intentado despejar la mente, me acaricié con dolor las muñecas, giré mi cabeza y pude ver en mi mesita el retrato de mi madre, y sentí ese dolor desaparecer poco a poco mientras un calor se instalaba en mi pecho, me besé la llena de mis dedos y toqué el pequeño cuadro, junto ese mismo había un papel doblado con una frase que escribí para recordarme diariamente lo que ya sabía:
"La vida no es una mierda; la gente sí la hace una mierda."
Arreglé mi cama, y me estiré un poco.Mi turno no empezaba hasta las once y por eso siempre me despertaba temprano para tener tiempo de prepararme sin prisas, y dejar la casa decente... como siempre. La música seguía sonando y, sin querer, empecé a tararear mientras me quitaba la ropa y soltaba la goma que sujetaba mi cabellera afro.
Fui a nuestro diminuto baño común: una mezcla caótica de mis cosas y las de mi padre. Azul y negro por mi lado, blanco por el suyo. Un collage extraño, pero nuestro.
Desconecté los audífonos y puse la música en manos libres. Abrí el agua esperando que saliera caliente... pero sabía que eso sería imposible porque hace semanas se gastó la caldera , suspiré restandole importancia aceptando mi destino... el agua fría recorría mi cuerpo y me estremecí como siempre, me lavé el cabello a toda velocidad, salí, me envolví en una toalla y comencé a secarme el pelo con la secadora.
8:30 am
Iba perfecta de tiempo.
La música volvió a empezar —porque sí, era mi favorita—comencé a peinarme con cuidado, mientras miraba a un punto fijo, repasando mentalmente lo que le diría hoy a mi jefe.
Cuando terminé, corrí al armario para ver qué me pondría . No diré que tengo mucha ropa, la verdad; y peor aún, no está a la moda. La mayor parte de mi armario está lleno de pantalones largos y camisetas grandes de manga larga.
En lo que estaba buscado qué ponerme ví una camiseta, la tomé y arrugué el ceño. No sabía que aún la tenía, era una simple de mangas cortas de color negro sin ningún dibujo ni nada, incliné la cabeza hacia un lado pensado qué haría con ella_ La regalaré simplemente, decidí.
Desde aquel incidente evito las camisetas de manga corta o cualquier cosa que deje mis brazos descubiertos. Siempre voy con mangas largas o con lo que sea que los tape. Miré por un instante mis muñecas descubiertas y las cicatrices ahí, mirándome, como si siempre tuvieran algo que decirme.
Puse la camiseta en mi mochila y me acerqué al espejo para verme reflejada. ¿Era delgada? ¿Flaca? Sinceramente no sabía cómo describirme físicamente. Mis clavículas eran notorias y... bueno, no era alta. Metro sesenta y tres, diría que no tenía un mal cuerpo, pero a mí no me gustaba nada de mí. Me puse una camiseta de manga larga negra y unos pantalones azul oscuro grandes de estilo baggie, alcancé mis zapatillas negras de toda la vida y me las puse. Mis ojos se encontraron con su propio reflejo. Mis ojeras estaban ahí, intensas, no era falta de sueño, simplemente, así soy yo: ojos marrones enormes, ojeras enormes, mal humor enorme... personalidad enorme. Bueno, eso intento.
Até mi cabello en una coleta alta. Mi cabello me gustaba hasta cierto punto; me lo trenzaba simplemente para no verlo suelto, para ocultarlo un poco y hoy simplemte no me apetecía hacerme trenzas.
Cogí mi mochila, metí mi móvil y mis auriculares miré mis lentes, que estaban encima del escritorio, y me planteé si llevarlos o no. Sufría problemas de vista desde los diez años, pero no era nada grave. Podía leer y ver bien, pero si no los usaba durante mucho tiempo me empezaba a doler la cabeza, se me nublaba la vista, se me hinchaban los ojos y pasaban mil cosas más.
Los usaba solo cuando tenía que dedicar tiempo a escribir, aunque hace mucho que ese sentimiento murió con el paso de los años.
Cuando terminé de arreglarme ya eran las 9:20. Salí de mi diminuto cuarto para preparar un desayuno rápido para mi y mi padre.
Mientras estaba en la diminuta cocina, aproveché para encender el pequeño televisor. Avisaban del clima de hoy: iba a llover. Eso me desanimó bastante porque tenía turno doble y salía hasta muy tarde. Me moví rápido por el lugar; no era grande que digamos. No había diferencia entre la cocina y el salón, que tenía un enorme sofá violeta en el centro, una mesita de cristal y la pequeña tele. Había solo un baño y dos habitaciones. Apenas teníamos una terraza, y la lavadora estaba en el baño, lo que a veces dificultaba moverse, pero estábamos bien. Era lo importante.
Terminé mi taza de leche y me apresuré a preparar el desayuno de mi padre. Al terminar, me dirigí a su habitación.
Me moví con agilidad con la bandeja
—Buenos días —dije mientras empujaba con cuidado la puerta de su diminuto cuarto.
Él estaba sentado, leyendo sobre la cama. Había logrado despertarse solo. Eso me hizo sonreír.
—Muy buenos días, cielo —respondió cerrando el libro y dándome toda su atención.
__ ¿Por qué no me avistaste que ya estás despierto?
Me miró sonriendo
__ Quería mi espacio sin tenerte sobre mi
Rodé los ojos con humor
— Ahh ya veo con que tener tu espacio eh...¿Qué estabas leyendo? —pregunté curiosa mientras dejaba la bandeja sobre sus piernas y me sentaba a su lado.
—Quise echarle una ojeada... me dejaste con las ganas ayer —dijo, señalando El Principito.
Sonreí como tonta y tomé el libro entre mis manos.
—Sí, pero te quedaste dormido —le dije divertida.
—Por supuesto que me quedé dormido, mis historias favoritas son las que escribes —Me dijo con cariño. Bajó la mirada al plato, y arrugó el ceño—. ¿Es bacon?
Me levanté buscando sus medicinas, restándole importancia a la pregunta.
—Sí... —dije en un susurro
—Oh...es ... mmm...
Él no sabía cómo formular la pregunta, así que me apresuré a hablar.
—No es nada papá solo es bacon y queso
_ Manchego
_ Sí, y si no lo quieres estaré encantada de comérmelo
Sonrió apenas y le dio un bocado.
Saqué las pastillas que tenía que tomar después del desayuno y las dejé cuidadosamente en la bandeja.
Conversamos un poco más sobre el libro evitando tocar el tema de que ya no escribía. Antes de irme, me incliné y le di un beso en la frente.
—Te quiero, sabes que si necesitas algo puedes contactarme o llamar a la señora Sera. Ya son más de las nueve, debo marcharme.
—Con cuidado, y Rehä...
—¿Sí?
—Saluda a la señora Marta de mi parte.
Asentí, apretando los labios en una línea fina.
—Sí, papá, ya sabes volveré en un abrir y cerrar de ojos.
Cerré la puerta tras de mi y toqué la puerta de enfrente
__ Hola Preciosa, ya te vas a trabajar cierto?
Asentí con una sonrisa viendo a la señora Sera sonreírme
_ Y...
No me dejó terminar de hablar cuando me cortó
_ Sí si si cualquier cosa sabes que me tienes aquí linda.
_ ¿En dónde está Abdul ?
_ Ese pequeño diablo...si le ves por ahí le agarras de las dos orejas y le dices que vuelva a casa_ Me reí divertida _ No me escucha nunca me escucha.
La señora Sera, era madre soltera y buena gente, ella comercializaba con productos de peluquería y de más cosas, gracias a ella podía tener el cabello postizo para trenzarme. Eran los únicos con los que hablábamos en todo el edificio cuando mi padre perdió el trabajo nos mudamos aquí, y hubieron meses donde pasábamos hambre y ella nos daba de comer a cambio yo la ayudaba con lo que yo podía, ella si me contactó con la señora Marta para este trabajo.
_ Cómo vas con el trabajo ahora que ...
__ Después de lo que pasó las cosas han cambiado bastante...
_ Es una pena, tu padre aún no lo sabe ?
Negué lentamente y desvíe mi mirada hacia mi reloj
_ Ya debo irme.
_ Adiós preciosa.
Comencé de andar por el largo pasillo y bajé las interminables escaleras hasta llegar a la carretera, vivíamos en un enorme edificio junto con cientos de personas más, saqué las cadenas de mi bicicleta y miré por todoss lados buscando a mi pequeño amiguito hasta que le ví corriendo hasta alcanzarme.
—Hey, Re, ¿qué traes ahí?
saqué la camiseta de mi mochila y se la enseñé. Pensé que no le gustaría, pero se le iluminó la cara.
—Mola.
Sonreí y se la tendí. Él la cogió y yo le sacudí el cabello negro.
—Debo irme a trabajar y deja de molestar a tu madre vale?
_ Valee
Le sonríe me puse mis audífonos y me subí a mi bici Trabajaba en un pequeño restaurante de comida mexicana, a unos treinta minutos en bici. El sueldo era decente; lo suficiente para sobrevivir con mi padre, pagar el alquiler, la luz, el agua, comprar comida, sus medicinas y, con suerte, ahorrar un poco de lo que quedaba después de todos esos gastos.
Apenas había terminado el instituto cuando mi padre fue echado del trabajo al sufrir un accidente en el trabajo lo que hizo que se le fracturarse la pierna de por vida, ahora se le hacía muy difícil caminar . Ya no había manera de que entrara dinero en casa, así que me puse a trabajar. Era eso o de patitas a la calle. No pude sacarme la selectividad ni postularme para una beca; digamos que mi último año en el instituto no fue el mejor en ninguno de los aspectos...
Mientras pedaleaba, el viento me golpeaba la cara y mis pensamientos se aceleraban solos. Pensaba en la vida, en las apariencias, en lo que la gente vende como verdad... y en lo que realmente vive. Ejemplo claro: yo.
Afuera, la imagen que proyecto es la de una chica fuerte, trabajadora, independiente.
Por dentro, mi conciencia y yo sabemos perfectamente que la historia es otra.
El barrio tampoco ayudaba. En las aceras había mendigos, muchos extranjeros. Gente que contaba a sus familias en su país que aquí estaban "viviendo bien", "logrando cosas", cuando la realidad era que sobrevivían como podían. Entre vender su cuerpo y mil cosas más...
Seguí pedaleando. El restaurante estaba lejos, pero el camino ya era tan familiar que lo sentía casi cerca.
Llegué, aparqué mi bici y pasé de mi barrio pobre al barrio de clase media donde estaba el restaurante. Entré por la parte trasera y guardé el móvil. La verdad es que estaba desanimada desde hacía semanas. La señora Marta había fallecido y no me había atrevido a decírselo a mi padre... él la apreciaba mucho. No quería decirle lo que había pasado; no quería que la noticia lo afectara de forma negativa
Caminé hacia el vestíbulo del restaurante, donde me quité la ropa y la guardé en mi taquilla
—Buenos días—dijo Laura al entrar y su presencia iluminó el triste lugar
—Hola, Lau —respondí mientras me ponía el uniforme nuevo, que no me parecía en nada cómodo._ ¿qué tal Liam?
Ella me sonrió con dulzura
_ Está bien gracias a Dios
_ Me alegro.
—¿Ya sabes cómo harás con las vacaciones?
Se sacó la ropa mientras se ponia el uniforme
—La verdad, no... Este trabajo es importante para mí. Si no trabajo, no entran ingresos.
—Lo sé, mami —dijo en voz baja.
Se acercó y me acomodó una arruga del uniforme, como hacía siempre. Fue entonces cuando vi los moretones en su mano derecha. Aparté la mirada enseguida. Laura era mitad latina y española, ella es bastante hermosa tiene un cabello largo café y unos hermosos ojos verdes, ella es una persona dulce, y bastante cercana a mi, algo así como una amiga, como una hermana mayor para mi
Ella se dio cuenta de donde la estaba mirando y se suavizó su mirada.
—Sabes que no debes preocuparte más por eso si? Ayer tuve un incidente por poco se me cae la máquina y al intentar que no pasara me dañé, no pensé que se me quedaría marca —dijo restandole importancia al asunto para calmarme y me relajé
__ ¿Cómo vas con las prácticas ?
__ La verdad bastante bien, espero puedan contratarme, es una suerte y creo que fue Dios quien me puso ahí.
Dijo sonriendo mientras se la iluminaba la cara, hace tiempo ella pudo culminar con su formación y en un par de semanas consiguió unas practicas en una empresa bastante buena y la pagaban por ello, pero últimamente no la veo mucho ya que se ha centrado más en esa oportunidad que en el restaurante.
—. ¿Cómo va lo del apartamento?
—Ser independiente no es tan bonito como lo venden y peor con un niño de dos años la mayor parte de mi salario va en la guardería y en el alojamiento… pero estamos bien si todo va bien cambiaremos de apartamento —dijo—. Intenté no sé, acercarme a mi padre que conociera a su nieto pero me trata como si no fuera su hija y mi madre... ella está al margen de todo.
Se le humedecieron los ojos. Le tomé la mano y ella me sonrió mientras se secaba las lagrimas
Laura fue expulsada de su casa cuando sus padres se enteraron que estaba embarazada y que por poco muere junto con su hijo cuando intentó abortar, sus padres no se lo perdonaron solo la ayudaron con los gastos médicos para poder mantenerla a salvo y a Liam.
Pasaron los meses y en el momento del parto estuvo a punto de morir al igual que Liam ya que su parto fue difícil, fue un milagro que ambos salieran vivos pero ahora ella...ella ya no puede quedarse embarazada más . Sus padres, muy católicos, no se lo perdonaron ni se permitieron conocer a Liam y peor
cuando se enteraron que el padre no estaba presente... ella comenzó de buscarse la vida y este trabajo fue su salvavidas bueno y otros más... porque antes de este... sobrevivía como podía atraves de su cuerpo
yo no era quién para juzgarla ella sobrevivía como podía y siempre se levantaba Cuando caía. Siempre
_ Pero sé que todo irá bien y cuando todo vaya bien tendré un trabajo más decente y podré decirle adiós a muchas cosas.
_ Espero no me digas adiós_ La sonreí
_ Nunca
Nos abrazamos y cuando nos terminamos de vestir y rompí el hielo
—Lo estuve pensando y decidí que hablaré con Pablo hoy para ver si me permite trabajar en verano —dije.
Laura apretó los labios antes de responder se puso roja sabía que estaba enfadada.
_ Esa idea no me parece buena Re y ya te di muchas razones es más yo soy una razón viviente.
La miré sin decirla nada mientras terminaba de atarme las zapatillas, Laura era tres años mayor que yo y desde que nos conocimos siempre me protegía de lo que podia
_ Lo sé Lau lo sé pero no tengo otra opción la señora Marta me dejaba trabjar en verano, pero desde que llegó el...
Aparté la mirada y ella simplemente suspiró
— Hasta creo que lo hizo a posta _ Se mordió el labio inferior enojada_ Debe haber otro modo.
— Créeme que preferiría no pedirle nada, pero no se me ocurre otra opción.
_ Claro que la hay pero tú eres una terca, Desde que falleció Marta todo es un lío... y ya sabes cómo es él no quiero que te expongas ante esa basura humana, no te quiero cerca de él.
Entendía su preocupación. Pablo es el único hijo por lo tanto el que heredó el restaurante y no era precisamente un buen jefe. Era un pervertido que se pasaba el día mirándonos, y mantenerse lejos de él era casi una norma no escrita. Desde que llegó estuve agradecía por no haber tenido que tratar directamente con él.
Nos pusimos en recepción para relevar a las chicas del turno anterior.
—Intenté ser niñera —le conté mientras ordenaba unos papeles—. Salió fatal.
_ En tu defensa esos niños eran puros diablos y ni que fueras Maria Magdalena para soportarles, de ser tu ya les habría dado un chancletazo
La miré sorprendida y ella se encogió de hombros
_ Qué?
_Busqué otro lugar para ser camarera, pero ninguno queda cerca de casa y algunos restaurantes ni siquiera tienen papeles legales es más yo no tengo papeles legales como tal... y No quiero líos con la ley. Aquí, al menos, me pagan.
—Sí Re, pero... —empezó Laura.
—Lo sé —la corté—. Sé lo que te hizo.
No dijo nada me miró perpleja y bajó la mirada.
_ Y por eso deberías aprender de mis errores
Iba a contestar pero un cliente nos interrumpió
—Por favor, una mesa
Laura agradeció la interrupción y yo también.
Seguimos trabajando y ninguna tocó el tema . Laura se fue antes de que acabara el turno, diciendo que tenía cosas que hacer. Yo me quedé cubriéndola y haciendo mi turno doble , hasta que dieron las 8:30 pm
Antes de irme, me dirigí a la oficina de Pablo para hablar con él sobre trabajar en verano, o sobre un aumento
Y me arrepentí de esa decisión








