En Tiempos Tardios
Donde los secretos del tiempo se ocultan en archivos, existía una misión, la más antigua, la que todos esperaban con desconfianza y anticipación. Missy en particular veía el reloj de arriba con una fijación que rozaba la preocupación aunque no por lo que uno piensa.
—¿Cuándo? —preguntaba ella a sí misma, impaciente sin duda.
Debajo del gran reloj que veía Missy estaba un balcón vacío; aunque no por mucho tiempo, ahí los pasos del resto se detuvieron al instante de verlo llegar a él…el creador de toda esta agencia, la agencia del Orden Temporal.
En eso la mayoría se reunió al centro de todo, para escuchar cada palabra, era una multitud enorme, esperando información, o esperando ser los afortunados para ser parte de la misión, incluso si era ser el conserje de la oficina del supervisor.
—Buenas tardes queridos mortales —Dijo el fundador, ya acortado por los años, aunque con el mismo dramatismo que tenía un mentor solemne, que si no fuera por su posición sería confundido con algún anciano con nada más que delirios en su cabeza, aun así era tomado con la seriedad acostumbrada de todos a pesar de sí mismo—, Yo, Arthur O’Clock, hablaré de esta amada misión. Que lleva existiendo antes que muchos siquiera pudieran caminar.
Por fin decía algo de la dicha misión.
El ambiente del lugar hizo un silencio atronador; pero para Missy, que seguía escribiendo en la computadora era agobiante, después de todo era supervisora de misiones, pero en ese instante seguía estancada en un archivo con un error grave, que para ella debía ser crimen de guerra.
—Les digo que esta será una gran misión, la que apenas cuatro serán las principales —exclamó Arthur; a pesar de la habladuría de él, Missy seguía viendo el monitor con cierta concentración, escuchándolo como alguien salido de la literatura clásica que tanto la confundía. A ella le daba igual; después de todo, ¿de qué serviría tener una gran misión si nadie quiere cuidar de los pequeños detalles o los mal llamados “partes aburridas”?.
En ese momento apareció su “apreciado” amigo, Henry Hayek, alguien que ciertamente ella tolera más que quererlo.
—¿Missy Missy, por qué andas en la computadora si anda hablando el jefe?—preguntó Henry con la sonrisa ladeada como si supiera lo que ella diría—. Ah, cierto, eres la pobre mártir que debemos admirar por tu esfuerzo, como si fueras la única secretaria de aquí— aunque Missy no solía enojarse por este tipo de cosas, esa palabra la detestaba, secretaria.
— Entonces para qué molestas aquí si solo soy una secretaria más— Murmullo Missy, ella no quería tener problemas con él y mucho menos en una hora donde por fin tendría sus preciadas vacaciones.
Henry miró con cierta arrogancia a Missy—. Al final seré yo el supervisor, porque los que trabajan más no ganan sino los que trabajan estratégicamente.
Missy no quería darle tiempo a este tipo, pero no se dejen engañar. Su manera de “trabajar” era solo pedirle a alguien más y tomar el crédito. En ese momento ella terminó lo que debía; ella apagó el monitor esperando que él terminara de parlotear como un loro, no quería ser grosera pero él no dejaba otra opción.
—Siempre tú y tus palabrerías, ¿acaso no ves que tu abuelo está hablando?—suspiró Missy, rodando los ojos con el cansancio acumulado del trabajo—. Hayek, si vas a dirigirme la palabra solo para molestar; mejor ahórratelo, que no quiero lidiar con pleitos—Dijo Missy con más molestia, mirándolo con los brazos cruzados.
—Además no que estabas “trabajando” estratégicamente?,que yo sepa trabajar no es ser un ratero con apellido— ese remate en particular de Missy era para dejarle en claro su límite, sin embargo este no logró el efecto esperado.
Arthur a pesar de sus años, noto la escena, igual no era difícil de notar, quedó en silencio permitiendo los murmullos, irónicamente, hacen destacar más la escena que sucedía en el fondo, incluso alguien que estaba al lado de Missy la miraba, que se fue para evitar estar involucrada
— Y la verdad, mis mortales, tengo que ser honesto— Arthur se pone una mano en el pecho—. Se que algunos no saben la importancia de esta misión; lo entiendo, dirán que estoy loco o que solo soy un viejo que habla mucho, incluso me dirán que soy un nepotista que deja que su nieto sea un vago— Decía eso último fijándose ya en Missy, su tono era más serio de lo usual en esa parte.
Por supuesto ella captó lo que quiso decir él, sin embargo eso no era una buena noticia, Missy empezó a sudar del miedo, ¿qué pasaba? ¿La despediría? Pero el plan de discreción de la agencia…? Acaso la vigilan para que no se pase de la raya o peor…la van a silenciar?, entre tantos pensamientos que tenía Missy, no se daba cuenta que las miradas ya se dirigían hacia ella y que le empezaba a temblar las piernas.
Las miradas como se esperaban; vinieron, eran tanto voraces como empáticas; con excepción de Henry, no era su primera vez arruinando trabajos por sus berrinches, pero no tenía en cuenta que su abuelo es tan inesperado como la ruleta rusa, con una sonrisa que desencadenó una risa propia de él.
—Tranquila Missy, no te va a pasar nada— Decía Arthur mientras se recuperaba de la risa—, ¿Que haría sin la supervisora de la misión?— Él se burló de la idea con su pregunta, en serio ella creía que él era un típico nepotista, el no podía permitir esa imagen de él.
Henry apretó sus puños, de ahí camino con más rapidez de la esperada, para evitar ser visto, igual Missy no se pudo calmar del todo; ahora tenía una presión mucho peor que lidiar con un chico que podría ser su hijo, sobre una misión que ni le importaba, y eso que pensaba poder irse a su casa durante las vacaciones, pero parecía que las palabras de un viejo que se creía un cazatalentos era lo suficientes para arrebatarle sus preciadas vacaciones.
— Ya basta de centrarse en nimiedades, ahora vamos con lo importante— dijo el fundador volviendo a su faceta de mago sabio.
— Diré que, los tres elegidos no están aquí con nosotros…— esas palabras marcando suspenso con un silencio—. Ellos son los destacados, y con estas palabras, mi tiempo con ustedes ha terminado, iré junto a los elegidos, con ustedes, Arthur O’Clock se despide— el termina como si fuera un acto de teatro, y se va del balcón, dejando a Missy no solo con las miradas de envidia del resto sino con la presión de todo este momento.
Muy lejos de ahi, donde el mediodia desértico estaba siendo opacado con una chispa particular, Tres chicas con un auto que transmitía canciones, era una música pop genérica. El contraste de lo que pasaba dentro del auto con el exterior, era como si hubiera un antro en medio del desierto.
—Oye Adela, ¿cómo consigues estos atajos? — grito Juniper, que estaba en la parte de atrás esperando que Adela la pueda escuchar a pesar de la musica alta.
—De mi querida tía— respondió Adela entre risas, recostada en la ventana del auto, viendo el paisaje pasar en frente—. Si no fuera que no tengo licencia, te juro que la diversión aumenta mucho, ¿verdad Jiayi?— decía mientras ella se asomaba en el auto.
Y como la veias, asi estaba, Adela asomándose en la ventana con torso afuera, sosteniéndose de una parte de la ventana, la manera en que estaba combinado el viento intenso en ese momento, era una experiencia única y si, tambien una ilegal.
—Entonces la diversión es que nos arresten y te lastimes en plena autopista, por algo esta maldita ruta está tan vacía, ¿no crees, Adela?— se cuestionó Jiayi, con su ceño fruncido—. No deberíamos ni estar aquí, además donde estaba el guardia? Si se enteran de esto, la multa será horrible— recordaba ella, pero ¿qué más podría hacer? ¿Manejar hacia atrás?.
En si estaban celebrando algo importante, el momento donde aceptaron a Juniper a la facultad de psicología, por eso lo celebrarían con todo, Adela cantaba la canción y moviéndose, en definitiva parecían un antro dentro de ese auto, pero cómo podrían tener toda una autopista sin que nadie supiera, porque esa estaba restringida por buena razón.
Pero ninguna le dio importancia, la música era más fuerte que todo eso. Si Jiayi supiera remotamente que el guardia estaba en su descanso y que por pura flojera se le olvidar bloquear la ruta, pero eso en una fiesta era irrelevante, lo que no lo era es que por fin llegaron, su destino, Brothers Vintage.








