Capítulo 1
Mark sabía que su frustración no desaparecería aunque dejara de respirar. No tenía otra opción, nunca la había tenido. Debería haberla matado, fue lo que pensó mientras corría hacia la nave. No le quedaba más remedio; era la única forma de salvar a su hermano, capturado por los “Ladrones de Oro”, un grupo terrorista, una especie de piratas que operan al margen de las leyes galácticas. No pagan impuestos, viven sin preocupaciones y, cuando se quedan sin dinero, lo roban o secuestran personas para obtenerlo.
Esta vez había sido diferente: habían pedido un intercambio. El hermano de Mark, Riven, por la hija de Kaled Vos.
Cuando llegó a Hashla, un planeta tranquilo que todo el rato da el sol, empujaron la nave con fuerza contra el suelo, y en un instante despegaron a velocidad de la luz. Por suerte, sus amigos Leandra, una media androide con fallos en casi todos sus circuitos, tan calculadora como rebelde, y Jaro, un marciano de Marte 34-E7 con piel morada y escamas en las piernas, experto en seguridad gracias a sus estudios de ingeniería algo dudosos habían cumplido su parte de la misión: conseguir un metal invisible a los sensores electromagnéticos del lugar de la galaxia con máxima seguridad y escapar sin dejar rastro.
Habían secuestrado a la hija del hombre que hizo posible la vida en otros planetas; sin embargo, aquel avance terminó convertido en un triste monopolio. Los que no pudieron permitirse abandonar la Tierra quedaron atrapados entre desechos nucleares, olvidados por todos. Nadie miró atrás; solo quedaron esclavos del dinero.
Cuando estuvieron lejos del fuerte, fueron a repostar en PK-209, un planeta donde la gente era razonablemente educada y amable, cerca de la gasolinera compararon comida.Cuatro tarros de Lafato comida bastante dura pero peculiarmente deliciosa y saludable, parecida a la macedonia congelada.
Fueron a darle un paquete a la chica que estaba en la nave y... no estaba ahí, en el camarote.
—¡Joder! ¿¡Pero no decías que la habías atado al asiento?! —dijo Mark, enfurecido, mirando a Jaro. Inmediatamente se dio cuenta de que se le había olvidado. Interrumpió a Leandra, que intentaba decir algo: —¡Bueno, no pasa nada! No ha podido ir muy lejos. Además, le quité todos sus ewes. Tenía como diez mil. Con eso he pagado la gasolina.
Leandra dijo entonces en un tono bastante calmado: —Está en el baño. El margen de error de su fuga es del 0.01%. Relájense, tontos.
—Pues que salga si quiere comer algo —dijo Mark enfadado, casi perdiendo la oportunidad de recuperar a su hermano. Jaro fue a abrazarlo y Mark aceptó el gesto.
Ellos antes de ir al laboratorio escucharon que alguien se aproximaba por detrás.
—¿Vais a matarme? Que sepáis que cuando os encuentren, os van a torturar hasta el último de vuestros días. ¿Quién es el líder de esta “nave”?
Mark, roto por dentro al saber que su hermano era el legítimo dueño, responsable de la nave y líder de todas las misiones, respondió sin mostrar devastación:
—Yo, yo soy el lider. ¿Algún problema, “princesa”?
—No, dijo muy silenciosamente la chica, pensando en cómo se sentía el ambiente lleno de tensión.
Leandra le hizo un test para evaluarla y estar segura de que no llevarán a una psicópata durante todo el viaje.
— ¿Te consideras una persona más bien extrovertida o introvertida?—dijo Leandra, sonriendo mientras explicaba que era un test para comprender sus gustos.
Axara cruzó los brazos y miró hacia otro lado antes de responder, con voz tranquila: — Introvertida; pero soy fiel a mis amigos.
Leandra anotó algo en su libreta y siguió: — ¿Cómo sueles reaccionar ante el estrés?
Opción a: Me pongo nerviosa y me cuesta concentrarme
Opción b: Mantengo la calma y buscas soluciones
Opción c: Me bloqueo y prefiero evitar la situación
Axara dudó un instante, luego respondió en voz alta, un poco forzada: — Depende de la situación, pero suele ser la b.
Por dentro, sin embargo, sabía que era rotundamente la c. Odiaba afrontar los problemas y estaba demasiado acostumbrada a evitarlos ya que su familia lo hacía todo por ella como futura heredera de la empresa.
— Cuando tomas decisiones importantes, ¿te basas más en la lógica o en tus sentimientos? —continuó Leandra. Axara ladeó la cabeza y soltó una sonrisa amarga: — Son pura lógica.
(En realidad, lo hacía todo de corazón, poniendo sus emociones por encima de cualquier cosa.)
Leandra asintió y lanzó la siguiente pregunta: — ¿Prefieres tener un plan detallado o improvisar sobre la marcha?
Axara se encogió de hombros, con una chispa de diversión en los ojos: — Mmm, creo que prefiero improvisar. Me encanta hacer todo en sorpresas.
— ¿Te gusta ser el centro de atención o prefieres mantener un perfil bajo?
Axara sonrió con orgullo: — Siempre he sido un perfil alto, llevo llamando la atención desde que nací.
— ¿Eres una persona más organizada o desordenada?
Axara hizo una mueca, como si lo preguntaran en serio: — Organizada, supongo. Me gusta mantener un orden... o por lo menos lo intento. ¡Pero no tengo porque responder tus estúpidas preguntas!
— ¿Sueles confiar fácilmente en los demás o eres más reservada?
Axara se encogió de hombros y respondió seca: — Soy reservada con casi todo el mundo.
— Cuando tienes un problema, ¿buscas ayuda o prefieres resolverlo sola?
Axara frunció el ceño, deseando irse ya de ese lugar, pensando rápido, al final respondió: — No lo tengo muy claro, supongo que depende del problema.
— ¿Te consideras una persona optimista, realista o pesimista?
Axara bostezó disimuladamente y dijo con sarcasmo:
— Me siento cansada. Quiero dormir.
— ¿Qué te motiva más: alcanzar metas personales o ayudar a otros?
Axara se levantó, estirándose y con tono impaciente: — Las dos cosas, ¿ya me dejas ir? Que me estoy muriendo de sueño.
Leandra tartamudeó, hojeando rápidamente su lista y buscando su nombre en su “web de datos”: — Sí, emm…
— Axara.
Leandra sonrió, fingiendo amabilidad.
— Buenas noches, Axara.




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