Prólogo
En la tradición oral de la comunidad Shuar, la leyenda narra que en las profundidades de los ríos sagrados reside Tsunki, el dios ancestral que rige tanto la salud como la pesca, y cuya esencia se encuentra en la sal y en la forma de cada ser acuático. Él es el creador de los cantos que atraen a los peces y el guardián de la poderosa piedra namur, un talismán que otorga poder a los uwishín. Sin embargo, la furia de este mundo submarino no se limitó a la selva; después del diluvio causado por la profanación de la serpiente titink, sus huevos, llamados tsunkis, se desplazaron sigilosamente por las corrientes hasta las costas de Ecuador, asentándose cerca de una isla en Atacames que hoy rebosa de asombrosa vitalidad. Este linaje oculto convirtió el lugar en un refugio de magia latente, donde han sido reportados avistamientos de una criatura similar a las nereidas de las antiguas leyendas, tan enigmática que a menudo se la confunde con una sirena, evidenciando que la sombra generosa y vengativa de Tsunki continúa presente en la marea.








