El despertar de la Maldición
La luna llena colgaba en lo alto del cielo, bañando el pueblo de Ashwood con su luz plateada. La calma de la noche estaba rota solo por el crujido de las hojas secas bajo los pasos de los niños, que recorrían las calles entre risas y gritos de emoción, llevando consigo cestas llenas de dulces. Pero en el aire flotaba algo extraño, algo que no se podía explicar.
Luca, el hombre-lobo, caminaba por el borde del bosque que rodeaba el pueblo, su figura oscura recortada contra el resplandor de la luna. Había vivido en Ashwood toda su vida, pero nunca había sentido la sensación de ansiedad que le invadía esa noche. El viento soplaba con fuerza, arrastrando consigo un aroma a tierra mojada y algo más... un olor antiguo, como si algo estuviera despertando.
En el pueblo, la gente celebraba Halloween como siempre, pero Luca sabía que esa noche no era como las demás. Había crecido escuchando historias de la maldición que pesaba sobre Ashwood. Una maldición que se decía había sido desatada durante una noche de Halloween hacía siglos, cuando un ritual antiguo había sido interrumpido. Nadie conocía los detalles completos, pero todos sabían que, si el ritual volvía a completarse, la oscuridad caería sobre el pueblo y sobre todos los que vivieran cerca del bosque.
Luca detuvo su caminata al llegar al claro del bosque, justo en el lugar donde se decía que el ritual había comenzado. Miró al horizonte, donde la niebla se levantaba, cubriendo todo a su paso. La sensación de que algo terrible estaba por suceder creció en su pecho. Algo había cambiado. El viento traía consigo un sonido bajo, como un susurro distante, como si las mismas raíces del bosque estuvieran gritando.
De repente, un rugido profundo rompió la quietud de la noche. Un sonido tan antiguo y lleno de furia que hizo que el corazón de Luca latiera más rápido. Los árboles crujieron a su alrededor y una sombra gigantesca se alzó entre ellos, moviéndose rápidamente como una bestia. El miedo que había sentido hasta ese momento se transformó en furia. Sabía lo que tenía que hacer.
Con un gruñido bajo, Luca dejó caer su mochila al suelo y, sin pensarlo, comenzó la transformación. Sus músculos se tensaron, su espalda se arqueó y una oleada de dolor lo recorrió de pies a cabeza. Su cuerpo se alargó y sus huesos se retorcieron mientras se cubría con un espeso pelaje oscuro. Sus garras crecieron, largas y afiladas como cuchillas, y sus ojos se tornaron dorados, brillando con la luz de la luna llena. El hombre-lobo estaba completo.
Desde su nueva perspectiva, todo parecía más claro. El olor de la oscuridad lo invadía, el aire estaba cargado de magia antigua, y la presencia de la maldición se sentía cada vez más cercana. En la distancia, vio cómo la sombra gigantesca se movía, desplazándose rápidamente hacia el pueblo.
Luca no tenía tiempo que perder. Se lanzó hacia adelante, corriendo a través del bosque con una velocidad impresionante. El viento golpeaba su rostro y sus patas golpeaban el suelo con fuerza, dejando una estela de hojas caídas tras él. La maldición había comenzado, y él era el único que podía detenerla.
Mientras corría, recordó las viejas leyendas del pueblo. La historia hablaba de un antiguo pacto hecho por aquellos que vivían en las profundidades del bosque. Un pacto sellado con sangre, que mantenía el equilibrio entre los vivos y los muertos. Pero algo había fallado en el ritual, y esa noche, Halloween, el poder oscuro que había sido reprimido por siglos iba a despertar.
Luca sintió el aire cargarse de energía. Algo estaba a punto de suceder, algo que cambiaría todo para siempre. Los aldeanos, ajenos a la amenaza que se cernía sobre ellos, seguían celebrando sin saber que, en la oscuridad, la muerte y la magia oscura comenzaban a moverse.
Finalmente, al llegar al borde del pueblo, Luca vio la figura que había provocado el rugido. Era una criatura gigantesca, cubierta de sombras que parecían tomar forma propia. Su rostro era una masa indistinguible de sombras, pero sus ojos brillaban con un resplandor amarillo.
Era el guardián de la maldición.
Luca sabía que si no detenía a esa criatura, el pueblo y todo lo que conocía caerían bajo la oscuridad eterna. La batalla por Ashwood acababa de comenzar.





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