Capรญtulo 1
A sus veinte aรฑos, Elio era lo que muchos en la facultad de Derecho describirรญan como una obra de arte inalcanzable. Mientras caminaba por los largos pasillos de piedra de la universidad, cargando un grueso cรณdigo civil contra su pecho, las miradas se giraban inevitablemente a su paso. Tenรญa unas facciones delicadas, casi etรฉreas, y unos ojos oscuros que parecรญan esconder secretos antiguos.
Era innegablemente hermoso. Y, sin embargo, era un misterio biolรณgico para todos los que lo rodeaban.
Elio no desprendรญa olor. Ninguno en absoluto.
En un mundo dictado por los aromas dulces de los omegas y la presencia dominante de los alfas, pasar junto a Elio era como respirar aire puro y frรญo de invierno. A su edad, el hecho de no haber presentado un solo celo era estadรญsticamente inusual, rozando lo imposible. Las visitas a los mรฉdicos terminaban siempre en encogimientos de hombros y diagnรณsticos vagos sobre un โdesarrollo tardรญoโ.
ยซQuizรกs ni siquiera soy un omegaยป, pensaba Elio a menudo, sentรกndose en su mesa habitual, en el rincรณn mรกs aislado de la biblioteca.
Discreto y reservado, preferรญa la soledad. Era popular por su apariencia, sรญ, y las confesiones de amor o invitaciones a salir llovรญan por montones, pero Elio las rechazaba todas con una cortesรญa frรญa y ensayada. Nadie lograba moverle un solo cabello. Ningรบn alfa en todo el campus encendรญa la mรกs mรญnima chispa en su interior, y sus feromonas le resultaban tan insรญpidas como el agua corriente.
La realidad era que su instinto solo habรญa reaccionado una vez en toda su vida.
Habรญan pasado once aรฑos desde aquella feria. Once aรฑos desde que un adolescente pasรณ a su lado, dejando una estela de pino hรบmedo y cedro que se grabรณ a fuego en su cerebro infantil. Elio a veces cerraba los ojos en medio de una clase aburrida de Derecho Romano y, por una fracciรณn de segundo, juraba que podรญa volver a oler esa tormenta. Era el รบnico recuerdo que le confirmaba que sรญ habรญa un omega dentro de รฉl.
Sin embargo, crecer rodeado de carencias te obliga a ser realista. A lo largo de los aรฑos, Elio enterrรณ ese recuerdo bajo montaรฑas de libros de Derecho Penal. Convenciรณ a su corazรณn de que aquel alfa anรณnimo era solo un recuerdo infantil que jamรกs volverรญa a cruzarse en su camino. Su realidad ahora eran las leyes, no los cuentos de hadas.
Elio suspirรณ, abriรณ su libro de apuntes y se ajustรณ las gafas. Estaba a punto de comenzar su tercer aรฑo de carrera. Una vida tranquila, monรณtona y silenciosa. No tenรญa forma de saber que los engranajes del destino ya estaban girando.








