ANESTESIA DE POETA
La sensación de anestesia suele ser tan placentera porque te aleja del dolor ajeno. Los esquizofrénicos usamos los delirios para vivir en cosmovisiones de emociones alfabéticas que nadie puede entender. Luego están los poemas delirantes: aquellos que ya hablan antes que el poeta, como tú en los míos. Cada vez que una palabra suena, el poema ya está hecho, porque existes; y si existes, ya está escrito para que yo lo resuelva.
Es decir, he mirado tus ojos de cerca —un poco cerca, tan cerca que pude observar algo de mi delirio: las constelaciones más hermosas habitaban ahí, esperándome o quizá solo existiendo. Tu voz ha estado contigo, pero conmigo, la primera vez, pude sentir que escuchaba el dialecto formal de la Tierra, una danza tan dulce donde podría perderme bailando la eternidad bendita si me la concedieras.
Las imperfecciones dejaron de existir en ti para estar en mí; mi propia existencia ya era suficiente para mencionarla, pero los ojos del poeta ya estaban en una desgracia por no saber qué escribir sobre ti...
Entonces comprendí que eres como mi anestesia, porque me alejas de todo lo que de mi esquizofrenia me aterra o me deleita. Pero cada palabra tiene un significado: una letra, una emoción, un enamorado, un loco, un delirante, un tonto, una tonta, una noche, una caída, un rezo, un beso... una mano tocando otra mano, una persona escribiendo a otra persona...
Sí, eso es la anestesia del poeta.






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