Capítulo 1
La casa estaba llena de los invitados más influyentes, todos ellos socios de los negocios de la familia Park. Eran reconocidos por su belleza y sobre todo, por su dinero, porque de eso tenían montones
Pero para el esposo de Jimin, Kim Jiang, de cincuenta años, la riqueza siempre fue solo un escalón hacia la vida política; y ahora que el hermano de Jimin se había retirado de la contienda política, por fin tenía el camino libre
—Debes sonreír —le dijo Jiang a Jimin, apretándole con fuerza el brazo—, o te rompo los dientes
Ese era su karma, y el dolor más profundo que cargaba Jimin desde hacía veinticinco años, llevaba casado a la fuerza con un hombre despreciable que no hacía más que maltratarlo. Al principio solo eran empujones o golpes leves, pero ahora era golpe tras golpe, heridas que Jimin solo podía ocultar bajo maquillaje y disfraces
—Si todo sale bien, seré el próximo presidente —le dijo él— Tu hermano me ayudará
—Dudo que lo haga… cuando se entere —respondió Jimin, retándolo con la mirada
—¿Juró por Dios qué quieres morir? —Jiang sonrió, le tomó la mejilla y se acercó para besarlo
Pero Jimin lo sabía perfectamente: aquel beso era un silencioso “te lo has buscado”
La fiesta seguía su curso entre risas, copas y conversaciones elegantes, como si nada oscuro ocurriera entre aquellas paredes. Pero Park Goul, el hermano mayor de Jimin, lo sabía todo
Con cada mirada, cada gesto tenso, había comprendido perfectamente lo que estaba ocurriendo. No apartaba la vista de ellos, esperando el momento preciso, contando los segundos para que por fin su hermano se levantara, se defendiera y se vengará de todo aquel infierno que ese maldito le había hecho vivir
Goul era el mayor; siempre había detestado a ese tipo desde el primer día. Sabía perfectamente que su hermano sufría en silencio, que cada día era un tormento
Sin embargo, durante todos esos años no pudo hacer nada, porque Jimin así lo había querido, prefería aguantar los golpes, los insultos y el dolor, antes que arriesgarse a que sus hijos sufrieran las consecuencias. Había soportado veinticinco años de infierno solo por protegerlos, cargando con todo el peso en silencio
Pero esa noche, Goul sentía que algo estaba por cambiar. Observaba a Jimin de lejos, esperando que por fin abriera los ojos, que soltara el miedo y le devolviera al esposo todo el daño que le había causado
Y él iba a darle el primer paso para salir esse martirio y ser libre
La sala entera guardó silencio cuando Park Goul se puso de pie y alzó su copa con calma, y la música se apagó poco a poco. Todas las miradas se posaron en él, esperando el anuncio que todos suponían conocer, quién heredaría el legado político, la mayor conquista de la familia, el puesto que él dejaba libre
—Amigos, familia, todos los que nos acompañan hoy —empezó Goul con voz firme, resonando en cada rincón del salón— Es momento de anunciar quién tomará mi lugar en esta carrera, quien continuará con el trabajo que ha sido el mayor orgullo de nuestra familia
Algunos de lo invitados saludaban a Kim Jiang porque estaba seguros que él era la mejor opción a la sucesión, nadie dudaba de eso
—La sucesión no se elige por capricho ni por ambición… se elige de acuerdo al corazón, a la integridad y al valor de la persona. Porque nadie más puede ocupar mi lugar, sólo quien lleva mi misma sangre, quien ha demostrado silencio, fortaleza y dignidad sin igual
En ese instante, Kim Jiang sonrió con arrogancia, se enderezó en su sitio y se preparó para recibir mas aplausos. Estaba seguro de que el nombre que saldría de la boca de su cuñado sería el suyo
Se sentía ya casi presidente, saboreando el triunfo que había esperado tanto tiempo
Pero Goul bajó la mirada hacia él un instante, con una frialdad que heló la sangre de todos, y luego dijo con voz clara y potente
—Mi sucesor, quien tomará las riendas de este camino, es Jimin. Mi hermano
El silencio se tornó denso, pesado, Jiang se quedó inmóvil, con la sonrisa congelada en los labios, como si no hubiera entendido bien. Nunca, en sus peores pesadillas, se le pasó por la mente que aquello pudiera ocurrir
Quien él creía que sería suyo… acababa de ser arrebatado de entre sus manos, justo bajo sus narices, sin que pudiera hacer nada. Estaba que mataba y comía del muerto, furioso hasta lo más profundo, pero sin poder pronunciar una palabra
Entonces Jimin dio un paso adelante
Ya no había miedo en sus ojos, por ese momento. Caminó con la cabeza en alto, con una sonrisa que brillaba por primera vez en mucho tiempo, una sonrisa verdadera, llena de luz y de alivio
Al pasar junto a su esposo, lo miró de reojo, y en esa mirada Jiang lo entendió todo, esa noche, Jimin no solo le había ganado la partida… esa noche, Jimin sentiría cómo le rompería los huesos
Poco a poco las luces se apagaron en el salón, las voces se alejaron y los últimos invitados se despidieron. Hasta Park Goul se marchó, no sin antes clavarle una mirada llena de advertencia a Jiang y dedicarle a Jimin una mirada de confianza, como diciendo, “puedes hacerlo”
Y entonces, el silencio cayó sobre la casa, pesado, opresivo. Solo quedaban ellos dos
Jimin permanecía de pie en medio del salón vacío, las manos le temblaban ligeramente, y sentía el corazón golpearle tan fuerte que temía que se oyera. Tenía miedo, un miedo antiguo que conocía de memoria, ese que le helaba la sangre cada vez que se quedaban solos
Pero respiró hondo, apretó los puños y se dijo a sí mismo que debía ser fuerte. Que ya no era el mismo de antes, que algo había cambiado esa noche, que no volvería a agachar la cabeza sin más. Iba a aguantar, sí, pero en silencio, con sumisión
Jiang se quedó quieto unos segundos junto a la puerta, observándolo. Su rostro se había transformado, ya no había sonrisa fingida ni modales elegantes
Se acercó despacio, cada paso lento y pesado, como un depredador que disfruta acechando a su presa. El aire entre ellos se volvió denso, y Jimin, con la espalda recta y la mirada fija, supo que lo peor estaba por llegar… pero también supo que esa noche, las reglas habían cambiado para siempre
—Tu maldito hermano me hizo el peor desaire de todos —le dijo mientras se acercaba despacio—, y tú me las vas a pagar
—No es culpa mía —respondió Jimin con voz temblorosa— Él me eligió
—¡Pero debiste decirle que no, maldita sea! —gritó
Y en ese instante, el valor que Jimin había conseguido reunir hacía poco se le escapó de golpe
—Mi hermano no habría dejado a nadie más en su lugar —dijo, aunque sentía la ira de su esposo caer sobre él como un peso muerto— Tú no eres de su agrado
Eso fue todo, el hombre alzó la mano y le asestó el primer golpe en pleno rostro. Un golpe seco que le dejó enseguida una marca oscura, esa que luego tendría que ocultar con maquillaje y encima fingir una sonrisa
Jimin cayó al suelo, Jiang se acercó despacio, le agarró del cabello con rudeza, mientras la sangre brotaba de su labio y las lágrimas por fin se le escapaban. Ya no podía aguantar más, cada día se sentía con menos fuerzas para salir de aquel martirio sin fin
—Nadie te verá más que como a una maldita mascota, imbécil —escupió él, alzando de nuevo el puño para descargar otro golpe
Pero la mano que iba a golpear se detuvo en el aire, alguien la sujetó con una fuerza brutal, tan fuerte que le hizo daño en el brazo y en las articulaciones. Sin dudarlo ni un segundo, quien lo había detenido le respondió con un directo puñetazo en plena cara, que le rompió la nariz al instante








