Capítulo 1
Siempre me habían dicho que era una chica afortunada en muchas cosas, pero el amor... el amor siempre se me había resistido. Creada en un hogar lleno de cariño, nunca había tenido la oportunidad de enamorarme de verdad, y los pocos chicos con los que había salido terminaban haciéndome daño, demostrando que no querían nada real conmigo. Por eso, cuando lo conocí, creí que por fin mi suerte iba a cambiar.
Parecía el chico perfecto. Durante semanas, cada encuentro estuvo lleno de atenciones, palabras dulces y miradas que me hacían creer en la posibilidad de ser amada como siempre había deseado.
Hasta que llegó aquel día.
Habíamos quedado en la entrada de la zona comercial, como solíamos hacer. Pero esta vez no venía solo. A su lado caminaba una chica a la que reconocí de inmediato: la auténtica novia de la que nunca me había hablado. Las risas burlonas, los comentarios despectivos y la crueldad con la que él soltó un "¿De verdad pensaste que iba en serio contigo? Solo estábamos jugando para pasar el rato" cayeron sobre mi pecho como un bloque de hielo.
El mundo se me vino abajo en segundos. La humillación, la rabia y un vacío insoportable me ahogaban. Con el corazón hecho pedazos y las lágrimas nublándome la vista, salí corriendo de allí sin importarme el destino, buscando desesperadamente un rincón donde esconderme del mundo.
Mis pasos me condujeron al interior de una zona poco transitada del centro comercial, un pasillo secundario que parecía no llevar a ninguna parte. Al fondo de una habitación semioculta que jamás había visto antes, había un espejo enorme de marcos oscuros y antiguos.
Hipnotizada por mi propio reflejo bañado en lágrimas, extendí la mano y toqué la superficie. Para mi absoluta sorpresa, mis dedos no chocaron contra el cristal frío; lo atravesaron. Dando un paso en falso hacia adelante, caí al otro lado.
El aire cambió de golpe. Ya no estaba en el centro comercial. Me encontraba en una dimensión surrealista, un espacio infinito donde miles de relojes gigantes flotaban en silencio, marcando compases distintos.
Antes de que pudiera procesar el pánico, un pequeño ser luminoso, parecido a una sombra con ojos destellantes, descendió flotando frente a mí.
—Te hemos estado observando, Yamae Kuroiwa —susurró una voz que resonaba directamente en mi mente—. Los cielos te han concedido un don. El poder de volver atrás. Puedes regresar al día en que lo conociste y repetir este día tantas veces como necesites para cambiar tu destino y conquistar su corazón.
Un destello cegador me envolvió. Y, de repente, parpadeé...
Estaba de nuevo en la calle, con el sol de la tarde dándome en la cara y el sonido de los coches de fondo. Miré mi teléfono: era exactamente la misma hora y el mismo día en que lo conocí. Desconcertada, con el eco del mundo de los relojes resonando en mi cabeza, di el primer paso sabiendo que, esta vez, las reglas del juego habían cambiado para siempre.








