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Eyes On You (JeongCheol)

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Summary

¡Pequeño 3S por el cumpleaños de nuestro ángel de la noche! Si te has leído Crush On You, y te da curiosidad la otra mitad de Wonwoo, esto es para ti.

Genre
Fantasy
Author
SukieB00
Status
Complete
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

Parte 01: El ángel de la noche.

La fina lluvia veraniega mojó toda la ciudad con una finísima capa de agua. El aire se tornó dulzón, fresco y tan agradable que le daban ganas de chapotear en los charcos amplios que llenaban los huecos de la calle. Todavía no era capaz de comprender como en una ciudad tan grande y moderna, las vías estaban plagadas de orificios que podían provocar un accidente con el pavimento húmedo, pero no era asunto suyo. Ya los encargados de ello enviarían a los ángeles encargados de las reparaciones, y estos se harían cargo de encerrar a los corruptos que se llevaban el dinero de los ciudadanos honestos. El resto no era de su incumbencia.

El reloj en su muñeca marcó el momento exacto en que el humano se despertó y su forma corpórea vibró de emoción. Cada noche, antes de que su compañero los pusiera a dormir, él se aventuraba como el polvo de estrellas en la ciudad y llegaba hasta su departamento. Nunca entraba, por supuesto. Se quedaba en el balcón, a la espera de que el humano corriera las cortinas y le permitiera admirarlo a través del cristal. Sin embargo, justo a las tres y media de la madrugada, el humano despertaba cada día de la semana y comenzaba a prepararse para trabajar. Todavía no sabía porqué su rutina comenzaba tan temprano, cuando la del resto lo hacía dos horas más tarde, pero no podía protestarle, ni lograr que regresara a dormir un rato más. Lo había intentado.

Él, como guardián y protector de los sueños, tenía el poder de despertarlos y ponerlos a dormir soplando ligeramente a su alrededor una bruma amarilla que los envolvía y los enviaba a la cama en un instante. A veces, un chasquido de dedos bastaba, pero Choi Seungcheol, el humano testarudo, era capaz de resistir su magia como nunca le había sucedido antes. Y en el mundo de Morfeo eso solo significaba una cosa.

Aquel humano era el único capaz de romper el grillete de su muñeca. Era su pareja. Él había sido bendecido con alguien que lo acompañaría por el resto de su muy larga existencia, ofreciendo un lugar acogedor y un corazón para amar. Pero había un pequeño detalle en toda la historia, y es que Seungcheol no podía verlo. El humano no tenía capacidades sobrenaturales que él supiera, y por ello, Jeonghan estaba condenado a la admiración.

Descendió hacia el octavo piso del edificio departamental y amplió los ojos al ver que había un segundo par de zapatos en la entrada. Frunció el ceño, evitando a toda costa allanar el departamento del humano, pero la curiosidad fue demasiada. Un ondeo de su mano y adoptó su forma humanoide. Los zapatos de tacón grueso y los pantalones anchos le hacían ver más pálido de lo que era en realidad, y el negro de su largo abrigo, terminaba por darle ese aspecto único que a los humanos le gustaba ver. En palabras humanas, él sería considerado una belleza masculina, de rasgos andrógenos y actitud delicada.

El calor del departamento alejó el fresco del exterior y lo envolvió. A los coreanos no le gustaba que caminaran en sus suelos de madera perfectamente limpios, por lo que, los hizo desaparecer de un chasquido. Seungcheol vivía bien. Era el típico administrativo de una empresa regular, pero su apellido -ese que tanto rechazaba- le había otorgado una herencia casi millonaria que el hombre había jurado no tocar. Choi cargaba un gran resentimiento hacia su lado paternal, pero cuando las gemas del destino estuvieron a punto de decirle la razón, él lo negó. Si el humano era su otra mitad tal como sospechaba, tendría suficiente tiempo para descubrirlo.

Los pasos descalzos del dichoso humano resintieron en el pasillo del hogar y Jeonghan esperó. Sabía que era él por la fuerza de sus pasos y esa manera atípica de arrastrar los pies cansados hasta la cocina. Cuando Seungcheol emergió, su respiración se atascó y se le aceleró el corazón. Se preguntó si siempre tendría esa reacción, dónde su piel se erizaba ante esos ojos negros como la noche sin luna y su olor masculino llenara sus pulmones y presionara sus botones de buena manera.

Seungcheol era musculoso, no exagerado, sino de la manera adecuada en la que los trajes dejaban de servirle porque sus brazos no cabían en ellos. Tenía un tatuaje de un árbol, y una fecha importante señalada en mayo, debajo de la nuca. El diseño era tan intrincado que él pensó que era el árbol de la vida de las criaturas mágicas. Y era dulce. Era el hombre más amable que había tenido el placer de observar de cerca. Era de los que hacían detalles de papel para la menor de sus sobrinas; le regalaba flores a su madre y hermana, y cocinaba con su cuñado en la barbacoa de los domingos.

Como cada día de su vida, Seungcheol encendió la tetera de la cocina y bajó su taza favorita con diseños rojos y verdes. Apoyó los codos en la isla de la cocina y cerró los ojos cansados. Respiró lentamente, preparándose mentalmente para el intenso día que le esperaba en el trabajo, y suspiró. Él descansó la espalda contra la pared de la isla y lo admiró mucho más de cerca a lo que estaba acostumbrado. No se arrepentía, pero le sentaba extraño.

-- A mi también me sienta extraño que me observes. – la voz profunda de Seungcheol rompió el silencio y lo congeló contra la pared. – Pero, no hay nada que hacerle, ¿verdad?.

Miró a su alrededor, confundido, pero solo estaban ellos dos en la cocina. Ladeó la cabeza, y una vez, lo recorrió un estremecimiento al encontrarse bajo la mirada fija del hombre.

-- Puedes verme. – habló él y Seungcheol giró todo su cuerpo hacia su dirección dio un asentimiento -- ¿Eres una criatura mágica o algo? No huelo nada extraño que provenga de ti.

-- Mi padre era un chamán. – explicó Seungcheol y cruzó los brazos en el pecho -- ¿Qué eres tú, monstruo nocturno?.

Jadeó ante la ofensa y las luces de la cocina parpadearon levemente. – No soy un monstruo, humano testarudo.

-- Ah, no te gusta esa palabra. – bromeó Seungcheol – Entonces, ¿qué eres tú? ¿Cómo te llamas?.

Cerró los ojos, sintiendo que la persona en la habitación contraria estaba a punto de despertar. En un chasquido de dedos, el reloj de la habitación se detuvo para esa persona, que regresó al sueño inducido por él.

-- No es de tu incumbencia – entrecerró los ojos hacia Seungcheol – Pero te diré mi nombre y eso es todo lo que sabrás hoy de mi.

-- ¿Cómo sé que no te lo estás inventando ahora mismo? – Seungcheol levantó una ceja y alzó la comisura de los labios – Aunque eres demasiado bonito para ser un monstruo… No eres un ángel, ¿verdad?.

-- Soy una.. – notó que estaba a punto de develar lo que era y se mordió el labio inferior – Soy Jeonghan.

Era la primera vez que usaba ese nombre humano, pero se deslizó de sus labios con una facilidad que le sorprendió. Seungcheol asintió, y para su sorpresa, extendió la mano hacia él. Jeonghan miró la mano dirigida hacia él, alternó la vista entre el rostro del humano y la palma extendida, y se acercó a él estrechándolo firmemente. Los humanos hacían eso para sellar tratos y presentarse, pero a las tres y más de la mañana, esa no era la típica actitud de un humano que descubre a un ser sobrenatural en la cocina de su casa observándolo fijamente. La palma de Seungcheol estaba caliente y firme, rugosa como quién trabaja en el campo con todo tipo de herramientas y se ha hecho daño muchas veces.

-- Tienes unos ojos muy bonitos, ángel de la noche. – murmuró Seungcheol – Me gustan.

El calor del elogio se arremolinó en sus mejillas pálidas y reverberó en todo su ser. De lejos, era una cosa, pero tan cerca lo mareó. Su rostro era una obra de arte brusca, masculina y dura. Que Seungcheol pudiera verle, cambiaba las cosas de muchas maneras, y la principal era que Jeonghan podía reclamarlo como suyo cuando el tiempo determinado llegase. Podría llamar al humano suyo si este lo elegía de la misma manera, y..

La puerta abriéndose rompió la magia y le recordó a Jeonghan la razón por la que entró en primer lugar. Dio un largo paso hacia atrás y esperó con los brazos cruzados a quién se hubiera atrevido a cruzar el umbral de la habitación del hombre. Encerró sus expresiones en una máscara mientras los ligeros pasos se abrieron paso hacia la cocina. El dulzor femenino le hizo arrugar la nariz y la figura femenina que apareció le hizo gruñir. Era desagradablemente bonita y olía demasiado empalagoso para él. Seungcheol arqueó la ceja y la adoración brilló en su mirada cuando esta se acercó con los brazos abiertos. La bata rosada dejaba poco a la imaginación y se ceñía a su cuerpo delicado como una segunda piel. Jeonghan rodó los ojos cuando esta besó la mejilla de Seungcheol, pero cuando este rozó su espalda con una sonrisa pegajosa, la punzada en su pecho le hizo cerrar los ojos. Suspiró con fuerza, y cual brisa de la madrugada, desapareció.

Había sido tonto de él pensar que no había nadie calentando su cama. Seungcheol era un hombre atractivo, que se robaba la mirada de todo aquel que deseara mirarlo, y su personalidad era capaz de enamorar a quién lo quisiera. Había sido estúpido. Incrédulo. Enfrentaría a las gemas del destino por haberse equivocado al elegir su otra mitad y lo olvidaría. Juró que lo haría.

******

Las parcas no se habían equivocado. Estas nunca lo hacía, y que Seungcheol hubiera hablado con él y lo hubiera tocado, eran pruebas suficientes de ello. Jeonghan se negó a creerlo, insistiendo en lo que había visto, pero la más anciana de las gemas le había sonreído y negado de nuevo. La severidad en su mirada le hizo salir de allí de inmediato. No quería ser convertido en una cabra, o en algo peor, porque tentar al destino tenía sus consecuencias y ellas eran vengativas con los tontos que las desafiaban.

Regresó al trabajo esa noche. Su compañero le había mirado con el ceño fruncido y esperó que dijera algo. Su aspecto tristón era visión de como se sentía por dentro. Prometió contarle más tarde, por supuesto, y en el camino de sus horarios, se separaron. Jeonghan cumplió con sus funciones asignadas durante largo rato. Provocó un sueño bonito en un niño que se había acostado triste y lloroso. Construyó un castillo de arena para él y rebuscó entre sus recuerdos felices algo que quitara ese sentimiento de su cabecita. Dejó una moneda y una corona de papel en casa de una niña de diez años que había perdido uno de sus últimos dientes de leche. La chiquilla sonreiría en cuanto se despertara y viera su regalo. Los padres tomarían el mérito, pero no le importaba. Los niños creían en lo que no podían ver y gracias a ellos la magia existía en el mundo.

Lo volvía un poco más bonito y agradable de habitar.

El reloj parpadeó una vez más. Jeonghan lo miró, pero negó. No iría. Él no era un masoquista, pero el tirón en su pecho era tan fuerte que no pudo ignorarlo. Apenas era medianoche. Se detuvo en el borde del edificio contrario y miró hacia el balcón de Seungcheol, quién alzó la mirada hasta dónde estaba él, y lo paralizó al instante. Seungcheol movió la cabeza, invitándolo a bajar, y él se dejó caer hacia el vacío para horror del humano. Jeonghan bufó y voló hacia el borde del balcón, dónde tomó asiento con una traviesa sonrisa, ante el horror del otro.

-- ¿Te has vuelto loco? – gruñó Seungcheol jalando su cuerpo hacia él y lo dejó encima del sofá – Si no supiera que eres una criatura mágica, hubiera gritado.

Jeonghan rodó los ojos, miró el rellano de los zapatos y suspiró aliviado al ver solo los de Seungcheol allí.

-- Estoy solo. – aclaró Seungcheol -- ¿Por qué te fuiste tan pronto?

-- Tenía trabajo que hacer, Choi. – bufó Jeonghan y se recostó en el sofá -- ¿Me extrañaste?

-- Eres un terrible mentiroso, Jeonghan. – agregó Seungcheol – Un poco posesivo cuando nos acabamos de conocer, también.

-- ¿Quieres tener pesadillas cuando vayas a dormir esta noche, Seungcheol? No es de buena educación hacer enojar a un “sueño”.

-- ¿Sueño? Ah. – Seungcheol alzó las cejas – Eres de los que..

-- Él que. – corrigió Jeonghan – Tu sueño pacífico depende de mí la mayoría del tiempo.

-- ¿Cómo esa película de los guardianes que han dado cientos de veces?

Jeonghan consideró golpearlo y manchar sus manos blancas de sangre humana. En su lugar, apretó los labios conteniendo su temperamento.

-- No. – zanjó – Ni soy dorado, ni soy de baja estatura, ni vuelo en una nube con brillos.

La curiosidad bailó en los ojos del humano y tomó asiento junto a él en el sofá. La esencia masculina de la noche anterior rozó la nariz de Jeonghan, mucho más suave esta vez, con un tinte amaderado que le recordó a los bosques del norte. Durante largo rato, Seungcheol preguntó sobre él, sobre lo que hacía y cuántos siglos llevaba haciéndolo. Le sorprendió su disposición a responder todas y cada una de ellas con sinceridad. El tiempo corrió como nunca lo había hecho, y para cuando el alba pintó el cielo, Jeonghan regresó a sus funciones de guardián.

-- ¿Volverás mañana? – preguntó Seungcheol antes de que se difuminara en el espacio temporal -- ¿Te gustaría que te prepara algo?

-- A la misma hora. – prometió Jeonghan y desapareció susurrando en la mente del humano – Me gusta la menta.

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