PRÓLOGO
Echo de menos el sonido del mar, el olor a sal. Si no me hubiera metido en problemas, ahora estaría allí, junto a mis amigos, bajo el cálido sol. En cambio, estoy aquí, muerta de frío, apoyada en la ventana, con el pelo revuelto y unas ojeras que cuentan mi historia mejor que yo misma. Y tan aburrida que hasta mirar por la ventana se ha convertido en mi pasatiempo favorito.
Desde la ventana de mi habitación solo veo edificios grises, farolas parpadeantes y una calle demasiado silenciosa para una ciudad tan grande. Hasta que, una noche, todo cambió. Por primera vez, después de tres meses viviendo en este lugar.
Cada noche ocurre exactamente lo mismo: el rugido de una moto rompe el silencio. Al principio pensé que era una coincidencia. Después, una costumbre. Ahora... lo espero sin darme cuenta.
Siempre lleva un casco negro. Siempre viste de negro. Y jamás he visto su rostro. Lo único que sé es que, cada vez que pasa frente a mi casa, mi corazón late tan deprisa que olvido respirar.









