Prólogo
Aveces siento que no te aprecie lo suficiente, mi vida giraba entorno a tí y ahora que ya no estás mi corazón ya no late igual.
— ¿Me amarías si fuera una roca?— ella me preguntó, era ridículo de por si, pero en ese momento no lo comprendía. Demásiado inocente para mí bien.
— ¿Una roca? ¡Eso es tonto!
— Solo es una pregunta.— una sonrisa agraciada apareció en su rostro, su tierno y dulce rostro.
— Bueno, tal vez lo haga.
— Me alegro de escuchar eso.
Tomo mi mejilla entre sus dedos y la decoró con sus labios, una sensación única en mi vida. Me hacía cosquillas en todo mi cuerpo, lo manifesté entre carcajadas.
— ¡Basta! ¡No me gusta! ¡Muchas cosquillas!
— Sabes que mentir es malo.
— Lo se pero por ahora no quiero dar afecto.
— Está bien, por ahora.
Me arrepentí de haber dicho eso, desearía poder tener sus labios otra vez en mis mejillas, una vez más.
Ese fatídico día entendí su pregunta, y lamentablemente la sigo amando aunque sea solo una cripta desgastada, el frío de su superficie no se compara a la calidez de sus manos, su sonrisa se desvaneció hasta convertirse en letras talladas y su rostro... Ya ni siquiera lo recuerdo.
Pasaron 3 semanas desde el trágico momento, no había salido de mi habitación, me duchaba en mis lágrimas y me alimentaba con mis sollozos, no podía dejar de pensar en ella, en los momentos que ya no pude compartir ¿Así era el amor? ¿Debe de doler tanto?
Un golpeteo en mi puerta detuvo mis especulaciones, se senté en mi colchón para observar la perilla girar, frote mi manga en mis ojos tratando de ocultar lo hinchado de sus párpados. Finalmente la puerta reveló a un chico de mi edad, cabello rojizo como la sangre, ojos color miel y tez canela; todo era muy acaramelado que me pudo dar diabetes en ese momento.
— ¿Se puede?— me preguntó con voz temblorosa, me enternecio el corazón ¿Cómo podría decirle que no?
— Adelante.— respondí, no quería ser tan grosero, además a ella tampoco le gusta que lo fuera.— ¿Quien eres tú?
— Bueno... Mi nombre es Apolo; el hijo del consejero real. Su padre me dijo que viniera a verlo.— una sonrisa tiró de sus comisuras, de su espalda sacó unas espadas de madera, hace mucho no jugaba debido a mi tristeza.— ¿Jugamos, su alteza?
Una oleada de calor lo recorrió por completo, pero no como ella lo hacía siempre, no quería ir y aún así mis piernas me arrastraron hacia él, tomé una de las espadas.
— Solo un juego.
En seguida Apolo tomo mi mano me llevo corriendo al patio real y después de tanto me sentí vivo, querido, no queria perder eso otra vez, talvez solo tenía que evitar acercarme tanto... No quiero que pase denuevo.
Solo quiero proteger mi corazón.








