PRÓLOGO
“Las enormes naves aguardaban silenciosas en el cielo del joven mundo, inmóviles y majestuosas, mientras las tierras bajo su sombra se agitaban con inquietud.
El sellado de la cámara subterránea estaba casi concluido, y el estruendo de poderosas máquinas resonaba como un canto final que celebraba el cierre de las colosales compuertas.
Perfectas en su diseño, las compuertas se cerraron con un eco profundo que reverberó hasta el corazón del planeta. El polvo se asentó, y la tierra cicatrizó lentamente sobre la herida que había sido abierta.
Los constructores, seres de un poder y sabiduría inconmensurables, contemplaron su obra. Conformes, pues el peligroso cargamento estaba ya asegurado… o eso esperaban.
Un objeto de poder incalculable, escondido no solo para evitar que cayera en manos equivocadas, sino también para proteger a quienes lo buscaran del peligro inherente a la fuente de su poder.
Las máquinas que ayudaron a dar forma a aquel santuario fueron silenciadas, y sus creadores dieron una última mirada a la estructura que ahora sería el lugar de reposo de aquel artilugio.
Pero no dejaron nada al azar, pues no solo aquellas puertas, erigidas con un material primigenio, resguardarían aquello, sino también un poderoso guardián, uno que permanecería expectante en las profundidades, listo para proteger aquella reliquia hasta el lejano día en que sus señores regresaran, o hasta el mismo final de los tiempos si fuera necesario.
Se dispusieron entonces a marcharse, y sus naves ascendieron y se alejaron con lentitud hacia las distantes estrellas.
En los milenios que siguieron después, el tiempo se encargó de borrar la memoria de aquella civilización y, quizás, también su existencia. No hubo ya nadie que recordara su nombre ni sus obras, y sus creaciones quedaron enterradas en numerosos mundos dispersos por la gran inmensidad del cosmos.
Pero en este planeta apartado, un cristal aguardará, y permanecerá intacto bajo el incansable cuidado de su guardián. Pues si llegara el día en que alguien encontrara su camino hacia él, ya fuera por intención o por error, la tierra misma se resquebrajará y antiguos horrores serán liberados para proteger lo que nunca debió ser perturbado.”








