La chica de Incheon
Wony tenía quince años cuando ocurrió.
Era una tarde bastante normal en Incheon. Había salido sola a dar una vuelta y caminaba tranquilamente por la calle, mirando los escaparates y escuchando música con los auriculares.
No tenía ningún plan especial.
De hecho, si alguien le hubiera dicho esa mañana que antes de que terminara el día su vida iba a cambiar por completo, probablemente se habría reído.
Wony se detuvo delante de una tienda y miró su reflejo en el cristal. Se acomodó el pelo y continuó caminando.
Entonces escuchó una voz detrás de ella.
—Disculpa.
Wony siguió caminando.
—¿Disculpa? ¿Podrías esperar un segundo?
Esta vez se quitó un auricular y se giró.
—¿Sí?
Frente a ella había una mujer que llevaba una tarjeta de identificación de una agencia.
—¿Eres Wony?
Ella parpadeó.
—Sí…
La mujer sonrió.
—Me llamo Minji. Trabajo como reclutadora.
Wony no sabía muy bien qué decir.
—¿Reclutadora?
—Sí. Te he visto caminar y me has llamado la atención.
Wony miró a su alrededor, un poco confundida.
—¿Por… mi ropa?
La mujer soltó una pequeña risa.
—Por tu presencia. Y por tu visual, principalmente.
Wony se quedó callada.
Aquello era probablemente una de las cosas más extrañas que le habían pasado nunca.
—¿Has pensado alguna vez en ser idol?
La pregunta hizo que Wony levantara ligeramente las cejas.
Idol.
No era una palabra desconocida para ella.
Desde pequeña había cantado. Había empezado a bailar con tres años y a cantar con cuatro. La música siempre había estado presente en su vida.
Pero una cosa era bailar y cantar porque le gustaba.
Otra muy diferente era convertirlo en su profesión.
—No sé… —respondió finalmente.
La reclutadora le entregó una tarjeta.
—No tienes que decidir ahora. Si te interesa, puedes hacer una audición.
Wony tomó la tarjeta.
La miró.
Después volvió a mirar a la mujer.
—¿Y si no soy suficientemente buena?
—Entonces lo descubrirás en la audición.
Aquella respuesta hizo que Wony sonriera un poco.
Guardó la tarjeta en el bolsillo.
—Lo pensaré.
—Perfecto. Espero que aceptes.
La mujer se despidió y se marchó.
Wony permaneció allí unos segundos.
Después sacó la tarjeta otra vez.
La miró.
HYBE.
—¿Qué…? —murmuró.
Volvió a guardarla rápidamente.
Y siguió caminando.
Pero esta vez ya no escuchaba la música que llevaba en los auriculares.
Solo podía pensar en una cosa.
“¿Y si lo intento?”
Aquella noche, Wony llegó a casa y dejó sus cosas sobre la mesa.
Sus hermanas estaban allí.
—Llegas tarde —dijo Dawon.
—Ya lo sé.
Wonseo la miró.
—¿Qué te pasa?
Wony se quedó quieta.
Sacó lentamente la tarjeta del bolsillo.
—Hoy me han reclutado.
Las dos dejaron de hablar.
—¿Qué? —preguntó Wonseo.
Wony puso la tarjeta sobre la mesa.
—Una agencia me ha visto en la calle y quiere que haga una audición.
Dawon cogió la tarjeta.
Leyó el nombre.
Y abrió mucho los ojos.
—Wony…
—¿Qué?
—Creo que esto es importante.
Wony se sentó.
Por primera vez desde que había recibido la tarjeta, empezó a darse cuenta de que aquello podía ser real.
Quizá aquella tarde no había sido una coincidencia.
Quizá era el comienzo de algo.
Pero todavía tenía que tomar una decisión.
Y esa decisión iba a cambiarlo todo...








