Capitulo 1. Siempre más
Para Michael no era difícil imaginarse lo que sucedía sobre su cabeza, en el escenario del teatro. Los pasos secos sobre la madera corriendo de un lado a otro, vocalizaciones entonando, risas e incluso gritos potentes que llamaban por sus nombres o apodos a los otros miembros de cast. Para esas alturas de su vida podía asegurar con casi absoluta certeza a quién correspondía cada una de esas pisadas. Aurora era ese tipo de damas de pasos cortos que sumados a los tacones de aguja se oían como picoteos. Juliet se delataba por su fascinación al baile, solía arrastrar los pies cada tanto al simular pequeños y elegantes movimientos del ballet. Jasmine por otro lado se movía con un calmo andar aún en los momentos de mayor estrés, un paso constante y peso firme, caminaba descalza cada que podía por lo que el sonido era con frecuencia el más ahogado.
Tres zapateos seguidos de esta última eran su señal, era momento de tirar de la cuerda para elevar el pesado telón y encender las luces. El sonidista entendía también que era el momento de dar inicio al show, al tiempo de las luces empezaba la melodía de matices circenses y todas las altas y extravagantes damas entraban al escenario coreando a la gruesa voz principal.
El lema de Jasmine era “No hay lugar aquí para la humildad”, por lo que palabras como estridente o deslumbrante se quedaban cortas, y eso era lo que más le gustaba a Michael. No la brillantina que debía barrer después de cada espectáculo, no. Eso lo odiaba de hecho, sino más bien el concepto detrás, siempre hacerlo “más grande”, “más colorido”, “más sensual”, siempre más. Su trabajo era estar en constante atención del espectáculo para bajar y volver a subir el telón entre cada tiempo, cambiar escenarios y mover las luminaria con ayuda de otros jóvenes asistentes, era una labor pesada y que requería de una buena condición física aún para alguien con la notable estatura de Michael que pasaba del metro noventa por un par de centímetros pero que con los años le había dado en recompensa una figura fornida y maciza volviendolo una persona difícil de pasar por alto, si quisiera podría ser luchador.
Aún con lo pendiente que debía estar de la puesta en escena no podía resistirse a asomarse tras las bambalinas para apreciar los números musicales, eran sin duda alguna su parte favorita y a su parecer tenía el mejor lugar de todos, uno que le permitía un primer gran plano de los actores y actrices y como extra las primeras filas del público, sus rostros llenos de alegría, risas y asombro ante el talento en sus máximas expresiones.
La noche había sido todo un éxito, como cada una de las fechas abiertas en el último año, aunque le faltó poco para el lleno total los aplausos fueron igualmente eufóricos. Él jamás había subido al escenario para recibir las alabanzas con el resto del cast pero Jasmine le había dejado muy en claro desde que había llegado a trabajar y a vivir en aquel teatro que él era tan importante e indispensable como cualquier otro de los actores, y ahora Michael se lo creía sin dudar, el orgullo en su pecho por saber que era parte de algo tan hermoso era una de las alegrías más grandes de su existencia, pero simplemente se sentía más cómodo recibiendo los merecidos aplausos desde las sombras por su timidez muy a pesar de Jasmine quién no dejaba de insistir que debía subir con ella a su lado.
— ¡Eso fue extraordinario! ¡Magnífico! ¡Hermoso! — ya en los camerinos las alabanzas no se hicieron esperar, el tocador de Jasmine y sus alrededores estaban llenos de arreglos florales de todos tamaños, pero nada destacaba más en la habitación que la efusiva voz del joven de cabellos rubios y rebeldes que no reprimia ni una gota de emoción y se dirigía a la mayor para darle dos besos, uno en cada mejilla entre un amoroso abrazo.
— Por supuesto que lo fue, cariño. — Jasmine lo recibió con una amplia sonrisa y un nada disimulado orgullo — Todo lo que hago es perfecto.
— No podría, ni me atrevería a negarlo — esbozó con una sonrisa mientras aprovechaba esa oportunidad inigualable de apreciar el vestido escotado de una brillante tela roja y que adornaba las caderas y brazos con voluptuosos olanes. De manera cortés extendió su mano, Jasmine entendió y correspondió el agarre justo para dar un par de vueltas con la diestra del menor como eje, presumiendo su nueva adquisición.
— Diseñado por el mismísimo Jun, aunque se tardó un poco más de lo esperado, ya era hora de que la loca me reconociera los beneficios de cliente frecuente y me hiciera un buen descuento.
— Te aseguro que sabe que su boutique tiene trabajo todo el año gracias a ustedes.
—No lo dudo cariño. Dime que el muy ambicioso no quiso extorsionarte, ¿te dió un buen precio para lo que querías?
El rubio asintió complacido. — Los diseños que le pedí deberían estar listos la próxima semana…
— Más le vale, de verdad no quieres andar corriendo de un lado a otro por culpa de unos jeans con lentejuelas. Debes asegurarte de tener todo listo para tu show al menos dos semanas antes, eso te dará el tiempo necesario para afinar detalles, no permitiré que arruines la reputación de MI teatro con un espectáculo mediocre.El diablo …
— Está en los detalles, lo sé. Me lo has dicho como unas mil veces — completó el menor, desviando un instante la mirada hacia Michael, que iba entrando al camerino con un par de arreglos florales más, uno en cada brazo — Hola Michael…
Michael pasó de largo a ambos buscando un espacio donde dejar estos últimos presentes antes de dignarse a saludar decentemente — Hola Julian.
Aunque ahora le resultaba hasta natural la presencia del rubio, apenas hacía un año atrás jamás se hubiera imaginado que ese chico que había llegado al teatro como un espectador que iba solo a ayudar a su amigo como un músico de apoyo se volvería un visitante frecuente a los ensayos y con rapidez escalaría a ser prácticamente “la mejor amiga” de su mentor.
Y ahora, ¿Porqué estás de malas? — preguntó Jasmine a su protegido por ese saludo, a su parecer, seco.
Michael no respondió, se limitaba a intentar acomodar un poco el lugar para dar espacio al mayor entre los regalos y vestuarios y que pudiera cambiarse más cómodamente — ¿Debo preparar cena para tres?
Jasmine suspiró por la evasiva, no tan seguro si le preguntaba a él o al chico a su lado, por lo que despreocupadamente pasó la responsabilidad de la respuesta a este último al dirigirle la mirada.
— Ah no, no gracias. Sabes que amo tu comida, pero tengo ensayo con los chicos en unas horas.
— Entiendo, tal vez… para la próxima.
Michael no era muy expresivo, pero aún con esa expresión casi siempre apacible Jasmine podía asegurar un atisbo de decepción.
— Bueno mis niños, ¿qué tal si agendamos una cena los tres juntos después de tu concierto? Me recomendaron un restaurante al sur del río que mmm, Oscar dice que son los mejores mariscos que ha comido en su vida y realmente necesito ponerte al corriente sobre la nueva pareja de Juliet.
—Me encantaría querida.
— ¿Y tú, Mike?
— Sería estupendo —. El más alto de nuevo respondía como si lo forzaran a hablar, y no era del todo falso, no había manera de negarse aún si quisiera. Esa mirada severa de Jasmine indicaba que no se lo perdonaría.
Juls se había quedado conversando con Jasmine arreglando detalles para su presentación y ocasionalmente invitando a la conversación a Michael aunque únicamente por su labor como responsable de los telones y la iluminación del teatro, lo que había cambiado el tinte de la conversación a algo más parecido a una charla de negocios y en la que salía a relucir el talento “ejecutivo” de Jasmine. Su profesionalismo y seriedad en el tema de los espectáculos contrastaba con el carácter apacible que mostraba fuera del escenario e incluso con el intenso y extravagante actuar que ponía por encima de el. A veces hasta el mismo Michael pensaba que se trataba de tres personas diferentes.
Tras media hora de una rigurosa charla en la que recorrían los pendientes uno a uno y a detalle Julián se despidió de la mayor con un par de amistosos besos a sus mejillas y de Michael con un ademán de su diestra que el más alto correspondió con tranquilidad.
¿Ahora sí me dirás porqué estás de malas? ¿Quién hizo enojar a mi pequeño gruñón? — Jasmine tornaba su voz en un cálido y tierno tono cuando se refería a Michael como su “pequeño” por la evidente ironía por su estatura.
—Mmm— Michael le dirigió una mirada que solo Jasmine podría distinguir cómo reproche, un gesto que le provocó una ligera risa pues sabía que al joven no le gustaba que le dijera de esa manera aunque tampoco lo odiaba precisamente.
—¿Enserio no me dirás?
—No es nada.
—Bueno, pues creo que deberías tener cuidado y no dejar que ese “nada” te afecte. Juls empieza a creer que lo odias.
—Para nada, ¿por qué creería eso?—preguntó con cierta incredulidad. —
Jasmine suspiro sin poder creer que Michael fuera tan poco consciente de cómo dejaba que las cosas que le pasaban en el día tuvieran un efecto en su actitud por horas, incluso días. O peor aún, que fuera aún menos capaz de percibir cómo dicha actitud podría interpretarse a los ojos de otras personas, a veces parecía tener un nulo interés en el mundo y quienes lo habitaban. Y no lo culpaba, no considerando que sus primeras relaciones con la humanidad habían sido por decirlo de alguna manera, desafortunadas.
—Ya, solo dime qué te hicieron, y olvidémoslo juntos.
—¿Está bien si hago panqueques para cenar?—insistió con su evasiva, rodeando a la mayor para escapar por la puerta — Con chispas de chocolate y rodajas de fresas.
—Mike…—El más alto se perdió tras la puerta roja del camerino, conservaba la esperanza de algún día atravesar por completo ese caparazón de seriedad, y conocer en plenitud al chico sensible y maravilloso que sabía que existía debajo.
Michael, por su lado, estaba más que empecinado en tragarse su rabia. Quemarla dentro de sí al igual que quemaba las despectivas cartas o carteles que ocasionalmente encontraba a la entrada del teatro. O los mensajes de odio grafiteados en la parte trasera que se apresuraba a repintar o parchar con algún cartel nuevo.
“Asquerosos pervertidos”, “desviados”,”vestidas con pito”. Eras de los insultos más suaves que había leído y escuchado. Y él haría hasta lo imposible por evitar que una sola de esas letras llegara a los oídos de Jasmine o cualquiera de las chicas del teatro.








