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Lo que no se dice.

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Summary

Algunas historias no se cuentan: se disimulan. Esta antología reúne lo que distintos personajes no pudieron decir en voz alta y que terminó diciéndose de todos modos.

Status
7d ago
Chapters
6
Rating
n/a
Age Rating
18+

Raíz cúbica de amor platónico

Estoy sola, rodeada de gente. En el medio del camino nadie parece verme. El dolor es invisible, pero yo estoy aquí, de pie, mirando hacia adelante, sin que ninguna persona se detenga a observarme de forma verdadera.

‘Estoy bien’, digo con una sonrisa.

Cuando algo duele, todo nuestro ser va al mismo lugar, intensificando aún más la herida, como si no fuese suficiente daño. Cuando algo duele, gritamos en silencio porque, a veces, las lágrimas no son suficientes.

En mi mente, solo puedo recordar la misma historia: la de una pasión platónica tan grande que no podía quedarse en la fantasía y tuvo espacio en las palabras que el ruido de una máquina de escribir dejaba en la hoja sin detenerse. Él escuchaba con atención. Guardaba en silencio. Me daba vida en un mundo donde, aunque no era perfecta, me sentía increíblemente hermosa y admirada.

Él escribía sin decirme nada, para luego mandar hojas repletas de cómo me veían sus ojos, y sabía, sin que estuviera mi nombre, que estaba hablando de mí. Había una regla tácita donde ninguno decía lo obvio, donde nos entregábamos escena tras escena describiéndonos sin decirlo en voz alta.

He conocido la pasión, pero nunca de una forma tan intensa como cuando él escribía.

He conocido el calor de diferentes manos y, aunque no tenía las suyas, están marcadas en mi piel porque se adueñó de mi mente sin permiso.

He conocido personas que han estado a mi lado durante años sin conocerme, mientras que él, en un párrafo de diez renglones, me describiría mejor de lo que yo sabía de mí misma.

Hoy recordé la primera vez que quedé sin aliento al verme plasmada en sus palabras:

La lluvia repiqueteaba en la ventana. Afuera, todo era gris y denso con el ruido apagado de una ciudad asediada.

Ella no iba a salir de su apartamento. No hoy. Se negaba a considerar la idea.

Se sentía cohibida. Sentía como si las paredes estuvieran cubiertas de ojos y todos la miraran con un juicio silencioso. Demasiado fea. Demasiado lenta. Demasiado cobarde. Demasiado carente de talento.

Se quedó allí mirando el techo inclinado todo el tiempo que fue posible, y luego un poco más. Pero al final, no tuvo elección. Su cuerpo empezó a zumbar con energía contenida y se vio obligada a deslizarse fuera de la cama.

Se duchó, sintiendo el toque fantasma de él en el agua, acariciando sus hombros, su cuello, sus pechos, la parte baja de su espalda, su vientre, bajando entre sus piernas. Ayudó un poco. La sugestión de su pasión era suficiente para hacerla sentir deseada, aunque fuera solo por un momento.

Decidiendo qué ropa ponerse, sacó prendas de su armario abarrotado y las puso sobre su cama desordenada, mientras ocasionalmente se observaba en el espejo al probarse distintas prendas. A pesar de que no saldría de su apartamento, hoy le parecía importante verse pasable, como para demostrarle a las paredes burlonas con sus mil ojos y bocas parloteantes que estaban equivocadas sobre ella.

El espejo de cuerpo entero estaba apretado contra una pared de su dormitorio, empapelado alrededor de los bordes con fotografías descoloridas de tiempos más felices. El cuarto inferior del espejo estaba gravemente obstruido por pilas de libros y plantas en macetas, y el desorden en el suelo lo hacía un rompecabezas para navegar. Ella no prestó atención al desorden.

Continuó inspeccionándose mientras se vestía, luchando contra el impulso de criticarse. Sus bragas negras se hundían ligeramente en sus anchas caderas. Sabía que no estaba gorda, pero su mente quería ir allí de todos modos. Demasiado grande. Demasiado voluminosa. No elegante.

Normalmente no se molestaría con un sostén en casa, pero como parecía importante verse bien hoy, se puso uno de sus más bonitos; uno negro que no estaba demasiado viejo pero tampoco tan rígido e incómodo que le molestara usarlo todo el día. No pudo evitar pensar que hacía que sus pechos se vieran extraños. Demasiado cuadrados, de alguna manera. A diferencia del resto de su cuerpo, sus pechos eran simplemente demasiado pequeños, incluso con la ayuda de un sostén para alzarlos un poco, y tenían una forma totalmente incorrecta para estar a la moda.

Ya desmoralizada ante la perspectiva de terminar con algún tipo de cobertura que pudiera hacerla sentir medianamente humana, se puso apresuradamente un par de jeans rotos que se adherían con demasiada fuerza a sus piernas, y reprimió el impulso de quitárselos de nuevo.

Mirándose en el espejo con el sostén y los jeans, con el abdomen aún expuesto, sus manos cayeron flácidas en señal de derrota. El fracaso y la indignidad le devolvieron la mirada a través de tristes ojos. Estaba sola.

Esa era su voz. Limpia, perfecta, atenta a cada detalle.

Ahora estoy sola, rodeada de gente que no deja de mirarme mientras cuento nuestra historia. Estoy en el medio del camino donde nadie parece verme realmente porque no tengo tus palabras para cubrirme. El dolor es invisible, pero puedo tocar el vacío que dejó la ausencia de tu presencia. Estoy aquí, de pie, mirando hacia adelante, sin que ninguna persona se detenga a mirarme de la misma forma que tú me mirabas.

‘Estoy bien’, digo con una sonrisa mentirosa y dolida.

Con una mueca que, a tu lado, era algo tan amplio y verdadero que me costaba pensar que un día ya no estaría.

Cuando algo duele, todo nuestro ser va al mismo lugar, repitiendo la misma historia una y otra vez con el deseo de que, en algún momento, de forma mágica, volveremos a ese instante para vivirlo de nuevo y hacerlo mejor.

El vacío que dejaste, junto con las palabras que escribiste, intensifica aún más la herida, como si no fuese suficiente daño haberte perdido para siempre.

Cuando algo duele de esta forma tan prohibida, gritamos en silencio porque, a veces, las lágrimas no son suficientes y las palabras no terminan de ser correctas.

Nuestra raíz cúbica de amor platónico hoy está completamente anulada.

Quisiera saber si me recuerdas algún día.

Quisiera saber si mis palabras funcionan como un bálsamo para mi ausencia.

Quisiera saber si, a pesar de todo, me sigues dando vida en tus historias.


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Good Writing

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