Un caso más, una moneda más
Ishovedstad, Semper Nive, año 6390, séptimo día de invierno, 11:23 horas.
Reporte del día, uso personal.
Continuando con el contrato de esta semana, las fotos que he tomado para la cliente son... Particulares. Hace una semana vengo siguiendo al objetivo a quien me referiré como el “marido”, y debo admitir que, según toda la evidencia recolectada, las sospechas de mi cliente fueron acertadas y a la vez desmentidas, ya que el “marido” estaba viviendo una doble vida, pero no como ella lo imaginaba. La investigación de sus movimientos de dinero y lugares frecuentados, pude deducir que el marido estaba frecuentando una vivienda en los barrios más cercanos al oeste de la capital, una vivienda cercana al club “Krigsbrann”, Fuego de guerra, un club de motociclistas y seguidores blasfemos de Axel, dios de la guerra, pero más que seguidores, son unos farsantes. Utilizan la imagen del dios de la guerra como motivo decorativo para el bar, sus motocicletas y el bar en sí, pero claramente no creen en él, y solo utilizan la temática de guerra para verse más rudos.
Gracias a mi contextura física y mis atributos faciales de semi-orco, pude pasar como cliente del club y tomar unas jarras de hidromiel mientras seguía a mi objetivo, pero lo que encontré sobre él era incluso peor. Usando mi magia de rastreo, podía detectar a los usuarios mágicos activos del lugar, y detectar el rastro especifico de mi objetivo era sencillo, ya que él era obrero en la fábrica de baterías de la ciudad y se encargaba del testeo y aprobación de las baterías y cristales mágicos producidos. Su rastro era particular, un color azulado tenue lo envolvía y su capa mágica pasiva desprendía un olor ácido por donde él pasaba... Muy fácil de diferenciar y de rastrear.
- Bonita chaqueta... Cuero de oso titánico...- Recuerdo que dijo el hombre atendiendo la barra, queriendo venderme otra bebida, o distraerme de mi objetivo, porque cuando me volteé a verlo, su esencia se empezó a atenuar.
- Gracias, la conseguí en el barrio de los gigantes de hielo, muy buen precio... Debo irme.- Respondí, poniendo el dinero de lo que había consumido sobre la mesa, pero me empezaron a rodear algunos de los miembros del club, ahí es cuando me di cuenta de que me habían descubierto.
- ¿Por qué no te quedas a charlar? Un hombre como tú no tendrá problema en quedarse unos minutos más, ¿Verdad?- Respondió un idiota mientras mostraba una daga de cristal mágico, así que tuve miedo de tener que recurrir a la violencia para salir de esa situación, cosa que odio, pero la mejor manera de terminar con estas situaciones suele ser la más rápida, por suerte para mí y para el dueño del bar, tengo maneras de no recurrir a la misma.
La parte agresiva de mi magia me permite mitigar la magia de otros objetos y cosas, absorber la misma momentáneamente, y redirigirla en forma de magia elemental básica o de pelea, lo malo, es que me expongo a combustión espontanea muy fácilmente, y debo usarlo con cuidado, pero situaciones como esta, donde el perder a mi objetivo está en juego, es cuando más importa.
En cuanto uno de los matones invocó una pequeña bola de fuego para intentar intimidarme, la tomé de su mano con la mía y me la tragué, bueno, en realidad la absorbí con mi mano en el momento que la acerqué a mi boca y fingí tragarla, entonces pude ver las esencias mágicas de todos y mi objetivo, la cual se estaba atenuando más, pero gracias a absorber la energía de ese hechizo, pude amplificar mi propia magia brevemente, y era una buena manera de evitar una sobrecarga e intimidar a todos a mi alrededor a la vez.
- ¿Puedo irme ya? No quiero problemas.- Dije luego apretar con fuerza mi puño y hacerlo brillar ligeramente con magia, dando a entender que era usuario de magia física. Por supuesto, el dueño del bar sabía que podía hacerlo y que yo no quería causar problemas, pero el estúpido de su empleado era un bravucón más como el resto de los idiotas que me rodearon en ese entonces, ya atemorizados.
Ellos se apartaron ligeramente pero el barman quiso clavarme un tenedor en la mano que apoyé en el mostrador, pero en cuanto lo hizo, el cuchillo brilló con la misma intensidad que la ya desvanecida bola de fuego y se partió al impactar contra mi piel, la cual apenas sufrió un rasguño. El barman me miró atónito mientras que yo no le dije nada, y simplemente seguí mi camino, mi objetivo se escapaba y no quería lidiar con estos idiotas ahora.
Tenía que apurarme antes de que mi cuerpo empezara a entrar en fiebre alta, sino tendría que desactivar mi hechizo y le perdería el rastro. Seguí el camino marcado por su esencia mágica por la parte de atrás del edificio hasta que salí a un callejón, el rastro se intensificaba a medida que me alejaba del callejón y me acercaba a una casa la cual tenía las ventanas tapiadas y la puerta principal estaba protegida por lo que parecía ser un conjunto de trampas mágicas las cuales preferí evitar.
La casa tenía dos pisos, y las ventanas del piso de arriba no estaban tapiadas, para mi suerte, el edificio del lado tenía escaleras de incendio que me permitían tomar buenas fotografías, y el rastro mágico era más visible allí arriba. En cuanto subí a la escalera, pude tener una mejor vista de lo que estaba pasando con el “marido”... Tomé las fotografías y me largué, no sin antes llamar a la policía, porque estaba presenciando algo horripilante y ese algo era...
...
- ¿¡Me estás diciendo que mi marido contrataba prostitutas, las llevaba a una casa y las mataba para comérselas!? ¿¡Era un caníbal!?- Mi cliente me respondió con lágrimas en los ojos, a lo que respondí con ligera frialdad.
- Técnicamente no... Tu marido es un vampiro que se estaba ocultando, ocultó su verdadera identidad incluso a ti, su lord vampiro hace un par de años murió, dada la investigación que pude hacer junto con mis contactos en la policía, y estos, al dejar de recibir energía del vínculo, empiezan a tener un hambre más voraz e incontrolable, él hacía esto para protegerte a ti, según su confesión en la estación de policía.
- ¿Por qué llamaste entonces? Atraparon al hombre que amo solo porque tu llamaste...- Ella entonces se levantó, dejó el dinero en la mesa, y antes de irse, agarrando el mango de la puerta y sin mirarme, preguntó.- ¿Hay manera de salvarlo?
- Hay centros de tratamiento para vampiros sin señor, obviamente, son como cárceles, seguridad estricta y horarios de visita sin que puedan tocarse, pero estoy seguro de que recibirá el tratamiento que necesita, hoy por hoy esos casos son más comunes porque dejaron de surgir lores vampiros hace mucho tiempo... No te olvides de recomendarme si alguien necesita mis servicios, lamento el resultado de igual modo.
- Gracias... Lo tendré en cuenta.- Ella dijo y cerró la puerta, entonces me quedé solo con mi libreta de casos y mi amiga, Rayne Haralddotter, quien se encontraba sentada en silencio junto a la puerta, leyendo el reporte, o mejor dicho, mis anotaciones personales de este caso con una sonrisa burlona, y siendo ella un goblin, hacía más notoria esa cara.
- ¿Sabes Gustav? Redactas mal tus informes, se notan tus delirios de autor frustrado en cuanto leo estos informes que pasan de ser serios a narrar como te hiciste el rudo contra una banda de motociclistas: “Gustav Hansen, esponja de magia profesional, puede meterse en problemas gratis porque su mejor amiga es la hija del gobernador y oficial de policía.“- Se burló la pequeña goblin pelirroja y se puso de pie, entonces se acercó a mi escritorio y dejó la libreta del caso.- Deberías haberle cobrado más a la novia del asesino desenfrenado.
- Rayne... Cállate, sabes que cobro siempre dentro del presupuesto del cliente, obvio tengo un mínimo pero...
- Pero no te alcanza para pagar mi tarifa por sacar información de los archivos de la policía para solucionar tus casos, soy una goblin de mucha honra, y el dinero es importante casi tanto como la amistad.- Ella sacó la lengua, yo sabía que bromeaba, pero era cierto que le debía dinero por tantos favores que me había hecho.
Hace tiempo deje de trabajar en la policía oficialmente por desacuerdos, pero mi sentido de la justicia siempre fue alto, y me alegraba que una amiga en la fuerza compartiera ese sentido, aunque lo disfrazara de tacañería.
- Ten, con la paga de este caso, te puedo pagar los favores que te debía y quedarme con algo para comer.- Mentí, la verdad me quedaba algo corto, pero podré rascar de algún lado.- Además me gustaría que fuéramos a tomar algo, tengo que desahogarme un poco, la chica con la que estaba saliendo me dejó de hablar.
- Ouch, ¿Qué hiciste?- La goblin tomó el dinero de mis manos, se lo guardó en el bolsillo trasero y me miró con lástima.
- Ni idea, la vi con otro y ni me digné en decirle algo, sobre todo porque tenía trabajo que hacer.
- Si quieres, la próxima vez, vamos a un club a ver algunas chicas y que te ayuden a desquitarte, puede que al final te ayude a cambiar esa cara de malhumorado que...- En ese momento la detuve y la miré mal.
- Sabes que yo no consumiría eso, no desde que me enteré que...
- Ya, perdón, pero sabes que eso es bastante improbable, no creo que la encuentres ahí, no creo que--
- Prefiero no arriesgarme.- La interrumpí una vez más y suspiró.
- Un bar está bien entonces, unas cervezas, y no meterte en líos con los clientes. Además...- El eco de unos tacones se hizo presente en el pasillo que daba a mi oficina, la pequeña goblin con uniforme policial volteó a ver, su vista era más aguda que la mía y pudo a ver a la distancia quien era, entonces ella me sonrió y levantó una ceja.- Me parece que tengo que irme, probablemente tus problemas de soledad se han solucionado. Mucha suerte, Gustav.
La goblin se fue por la puerta, solo para que una semi-humana se me presentara por la puerta. Una mujer de metro setenta, pelo castaño y largo, de contextura robusta y de curvas pronunciadas, orejas y cola de lo que parecía ser un zorro, no detectaba que fuera usuaria de magia, pero si lo era, lo ocultaba bastante bien. Caminaba contoneando sus caderas levemente, pero vestía de luto, usaba un vestido negro algo ajustado, un sombrero negro de ala tan ancha como sus hombros, guantes negros hasta los codos, un bolso de cuero negro, y tacones aguja.
- ¿Es esta la oficina de Gustav Hansen?- Preguntó la mujer sin pasar del umbral de la puerta.
- Así es, a su servicio... Por favor señorita, tome asiento.- Me puse de pie e hice a un lado la silla para que ella pudiese sentarse, al hacerlo, me pasó su esponjosa cola por la cara... Maleducada, o intento de coqueta, no estoy seguro.
- ¿Señorita? Por favor... Tengo más edad de la que aparento.- Ella sonrió levemente pero volvió a su mueca afligida.- Soy Zoe Martinez, es un gusto.
Martinez, un apellido de Cor, o de las tierras del sur, sin embargo, su norteño era excelente, como si fuese nativa.
- Dígame Zoe, ¿En que puedo ayudar a una mujer de su porte?- Honestamente, no sabía quien rayos era, de algo me sonaba, pero a decir verdad, no podía ubicar a que tipo de profesión esta mujer se dedicaba, sería más fácil identificarla de ese modo.
- Bueno, si soy totalmente honesta, acabo de volver de un velorio si es que no se dio cuenta, en cuyo caso, creo que empezamos mal si eso no pudo deducir, pero... ¿Ha oído hablar del “asesino de las lunas gemelas”?- La mujer me estaba empezando a irritar, pero la mención de ese caso... Me puso los pelos de punta, este caso golpeaba muy personalmente y esperaba no volver a tocarlo.
- He oído del mismo, un caso que la verdad se me hace... Peculiar.
- Espero entonces que tengas espacio en la agenda... Porque el asesino mató a uno de mis amigos, y le pagaré generosamente para que averigüe una sola cosa: ¿Por qué?
En el momento que terminó esa frase, la mujer sacó de su bolso una bolsita rebosante de dinero, pero había algo extraño, la bolsa me era familiar de algún modo, una bolsa de tela blanca que había visto antes, pues tenía un residuo mágico que me era muy conocido, muy cercano... Esta visita se hacía más y más extraña.




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