1º Capítulo: Lucía haciendo amigos
Era por la mañana, el primer día de clase. Lucía era nueva en el instituto y llegaba a su clase, 4ºC.
Estaba nerviosa y tímida al ver a sus nuevos compañeros. Era una chica insegura, con miedo. Entró
en el aula y se presentó con mucha vergüenza:
—Hola, me llamo Lucía, tengo 15 años.
Los compañeros apenas le prestaron atención. Lucía se sentó en su sitio y una chica se acercó:
—Hola, soy Sara, encantada. ¿Eres nueva?
Lucía respondió:
—Sí, soy nueva… y un poco tímida.
Sara y Lucía comenzaron a hablar, conocerse y hacerse amigas. En su clase había personas creídas,
egoístas y algo malas. Durante la primera semana de instituto, Lucía no tuvo ningún problema. Pero
en la segunda semana, dos chicas empezaron a molestarla:
—Mira la tímida esta… ¿Qué pasa, no hablas?
Lucía se puso nerviosa, sin saber qué hacer. Tenía miedo de que le hicieran algo.
Su amiga Sara fue a defenderla, junto con otra chica llamada Lorena, también amiga de Sara. Entre las dos lograron
protegerla para que no le pasara nada.
Lucía seguía nerviosa. Sus amigas le decían que se tranquilizara, que ya había pasado todo. Le
propusieron:
—Lucía, vente con nosotras esta tarde a dar una vuelta.
Lucía no estaba acostumbrada a tener amigas ni a quedar con nadie, ya que era una chica solitaria.
Al llegar a casa, le dijo a su madre:
—Mamá, he quedado con unas amigas.
La madre, emocionada, respondió:
—¡Por fin, hija! Me alegro mucho por ti. Pásatelo muy bien con tus nuevas amigas.
Esa tarde, las tres estuvieron hablando de muchas cosas. En un momento, salió el tema del amor.
Lucía confesó que nunca se había enamorado de ningún chico porque le daba miedo.
Sus amigas la comprendieron y le dijeron que no pasaba nada, que podía ir despacio, que era algo normal.
Lucía no sabía qué era el amor, qué significaba sentir algo por alguien, amar, querer… Todo eso era nuevo para ella.
Al día siguiente, Lucía llegó a clase con sus amigas. Pero algo inesperado ocurrió: un chico se le acercó y le dijo:
—Lucía, ¿quedamos y charlamos?
Lucía se quedó tímida. Sabía que ese chico no era su tipo, así que respondió:
—No quiero, lo siento.
El chico se quedó mirándola. En ese momento, sus amigas aparecieron y se pusieron en medio:
—Búscate a otra. Ella no está para estas tonterías.
Lucía estaba nerviosa, con el corazón latiendo rápido y temblando. No estaba preparada para hablar
con chicos. Sus amigas la tranquilizaron:
—Estamos contigo, Lucía. No te va a faltar nada nunca.
Lucía, emocionada, les dio las gracias por estar a su lado. En pocas semanas, esas dos chicas se
habían convertido en algo más que amigas: eran como dos hermanas








