Capítulo 1
Si alguien les hubiera dicho a los estudiantes del instituto que la ruptura de la pareja más popular del colegio terminaría en una amistad sincera y un grupo de siete chiflados, nadie lo habría creído. Pero la vida tiene una forma bastante extraña de acomodar las piezas.
Probablemente no me conocen. Soy Tiret Baess, y llegué a este instituto a mitad del trimestre pensando que sería un año académico común y corriente... hasta que me crucé de frente con el caos.
Mi hermano gemelo, Calleb, y yo caminábamos por el pasillo principal buscando la oficina del director el primer día. Llevábamos menos de diez minutos en el edificio cuando presenciamos una escena que parecía sacada de una comedia de televisión.
Un chico enorme con camiseta de tirantes —Paúl— intentaba convencer a una chica con gafas de marco grueso y una libreta militar —Wendy— de que el mejor lugar para colocar una trampa de confeti en el pasillo era el casillero del profesor de física.
—Matemáticamente no tiene sentido, Paúl —argumentaba Wendy, ajustándose las gafas con severidad—. La trayectoria del confeti se desviará un cuarenta por ciento por la corriente de aire del ventanal.
—¡Pero el impacto visual será épico, Wendy! —protestó Paúl, mostrándole un bíceps flexionado sin razón alguna—. Confía en mi visión artística.
Wendy suspiró, pero una ligera sonrisa se le escapó mientras le acomodaba el cuello de la camisa a Paúl con una familiaridad que delataba que entre esos dos había algo más que simples estrategias.
A su alrededor, el resto del grupo funcionaba como un ecosistema fascinante:
Sophia se tomaba fotos con el teléfono buscando el ángulo de luz perfecto.
Cristine, quien milagrosamente se había integrado al grupo tras terminar su noviazgo de forma súper madura y amistosa con Josh, le pasaba a Paúl una servilleta para limpiarse el sudor del entrenamiento 🌸.
Y en una esquina, Acivi leía un libro de poesía oscura con una expresión de aburrimiento absoluto sobre la existencia humana.
Calleb y yo nos detuvimos a observarlos.
—Este lugar es un manicomio —murmuró Calleb a mi lado, ajustándose la mochila.
—Pienso exactamente lo mismo —respondí, cruzándome de brazos.
En ese preciso instante, Acivi levantó la vista de su libro. Sus ojos oscuros y profundos chocaron directamente con los de Calleb. Por primera vez en todo el día, la chica de la mirada seria bajó el libro despacio, evaluando a mi hermano de arriba abajo con un interés silencioso. Calleb, que por lo general era el chico más reservado del mundo, se quedó completamente inmóvil, regalándole una sonrisa tímida 🥺✨.
El grupo de los siete parecía completo y feliz a su manera. Sin embargo, no pude evitar notar la ausencia de dos piezas en esa mesa.
A unos metros de distancia, cerca de las escaleras principales, estaban Josh Ssarpetier y Filiph «La Teja».
A simple vista, parecían la pareja perfecta. Estaban tomados de la mano, riéndose de algo que leían en un teléfono y disfrutando de su nueva etapa oficial. Pero habiendo observado a las personas toda mi vida, noté algo de inmediato en la mirada de Josh.
Había una chispa apagada. Una especie de amabilidad forzada, como quien intenta convencerse a sí mismo de que está sintiendo algo que en realidad ya no está ahí. La relación entre Josh y Filiph era dulce, sí, pero flotaba sobre una capa muy delgada de hielo.
Justo cuando pasé al lado de ellos para ir a mi clase, Josh levantó la vista. Su mirada azul se cruzó con la mía por una fracción de segundo.
Un choque eléctrico, helado y repentino atravesó el aire entre los dos. Fue un instante casi imperceptible, pero suficiente para que Josh se detuviera a mitad de una frase, mirando cómo me alejaba por el pasillo con la carpeta bajo el brazo.
No me conocen aún. Me llamo Tiret Baess... y sin saberlo, acababa de poner un pie en el centro de la tormenta.








