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THE LIFE OF THE PAST

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Summary

THE LIFE OF THE PAST En una ciudad donde todos parecen saber cómo vivir, hay personas que simplemente están intentando sobrevivir al día siguiente. Zuyun es el estudiante que nunca entrega sus tareas, se queda dormido en clase y parece no tomarse nada en serio. Jhud es todo lo contrario: la estudiante perfecta, admirada por los profesores y temida por sus compañeros. Dos personas completamente diferentes. Dos vidas que no deberían cruzarse. Pero detrás de sus máscaras existe algo que ninguno de los dos quiere mostrar. Cansancio. Una tarde de lluvia, detrás de Hoshizora High School, sus caminos se cruzan en un pequeño callejón donde las reglas parecen no existir. Al principio no hablan. Después, apenas se saludan. Y poco a poco, sin darse cuenta, ese lugar comienza a convertirse en algo más que un simple rincón detrás de la escuela. Un lugar donde no necesitan fingir. Porque a veces no necesitas que alguien te salve. Solo necesitas encontrar a alguien con quien puedas dejar de fingir que estás bien. THE LIFE OF THE PAST Una historia sobre crecer, perder, recordar y aprender a seguir adelante. Y sobre dos personas que quizá nunca estuvieron destinadas a encontrarse... pero que terminaron encontrándose de todas formas.

Genre
Drama/Humor
Author
Neymar
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
13+

MENTAL DISORDE.

MENTAL DISORDER

La ciudad de Hoshizora despertaba todos los días de la misma manera.

Calles grises.

Edificios grises.

Personas caminando con la mirada baja.

Todos tenían un horario.

Todos tenían una meta.

Todos sabían qué debían hacer.

Estudiar.

Trabajar.

Obedecer.

Mejorar.

No quejarse.

No llamar demasiado la atención.

En aquella ciudad, equivocarse era casi como cometer un crimen.

Y en el centro de todo se encontraba el orgullo de Hoshizora:

Hoshizora High School.

Un colegio famoso por formar estudiantes "perfectos".

Los mejores resultados.

Las mejores calificaciones.

Los mejores alumnos.

Los mejores futuros.

Al menos eso decía el folleto.

Porque nadie hablaba de lo que ocurría detrás de las puertas de sus casas.

Zuyun

—¡Zuyun!

Silencio.

—¡ZUYUN!

El chico seguía dormido.

Su cabeza descansaba sobre el escritorio mientras el profesor escribía una ecuación en la pizarra.

—¿Otra vez dormido?

Zuyun levantó lentamente la cabeza.

—¿Eh...?

Algunos estudiantes soltaron una pequeña risa.

—Increíble —dijo el profesor—. ¿Al menos hiciste la tarea?

Zuyun miró su cuaderno.

Una página completamente vacía.

—...

—Eso pensé.

Más risas.

Zuyun simplemente sonrió.

—La haré mañana.

—¡Dijiste eso ayer!

—Entonces mañana sí será mañana.

La clase volvió a reír.

Incluso el profesor tuvo que contener una sonrisa.

Zuyun se recostó nuevamente sobre su silla.

Para todos era lo mismo de siempre.

El chico problemático.

El flojo.

El que nunca hacía nada.

El que parecía no tomarse nada en serio.

Y Zuyun estaba acostumbrado.

Era mucho más fácil dejar que pensaran eso.

Porque nadie preguntaba demasiado cuando parecía que no te importaba nada.

Sonó el timbre.

Todos comenzaron a guardar sus cosas.

—¡Zuyun! —gritó uno de sus compañeros—. ¿Vas a venir?

—No.

—¿Por qué?

—Porque no.

—Qué flojera contigo.

—Gracias.

Su compañero se fue riéndose.

Zuyun esperó hasta que el salón quedó vacío.

Entonces dejó de sonreír.

Miró su cuaderno.

La página seguía vacía.

Sus dedos apretaron lentamente el lápiz.

—Otra vez...

Guardó sus cosas.

Salió del colegio.

Pero no tomó el camino de siempre.

En casa

La puerta se abrió.

Zuyun entró en silencio.

No había terminado de quitarse los zapatos cuando escuchó las voces.

—¿Y cómo te fue?

—Bien.

—¿Qué nota sacaste?

—...

—Te pregunté qué nota sacaste.

—Un 6.

Silencio.

Después llegaron los gritos.

Zuyun bajó la mirada.

No era la primera vez.

Ni sería la última.

Desde hacía mucho tiempo había aprendido que algunas conversaciones era mejor no responderlas.

En aquella casa parecía existir una regla invisible:

Los errores de sus hermanos eran problemas.

Los errores de Zuyun eran decepciones.

Pasó junto a ellos sin decir nada.

Subió las escaleras.

Entró a su habitación.

Cerró la puerta.

Por fin pudo respirar.

Dejó la mochila en el suelo.

Se tiró sobre la cama.

Miró el techo.

—Qué cansancio...

El teléfono estaba sobre la mesa.

No había mensajes.

Zuyun lo tomó.

Lo desbloqueó.

Nada.

Volvió a bloquearlo.

La habitación quedó en silencio.

Entonces apareció aquel pensamiento que siempre regresaba.

"Debo mejorar."

Zuyun cerró los ojos.

"Debo mejorar..."

Tal vez si estudiaba más.

Tal vez si sacaba mejores notas.

Tal vez si dejaba de causar problemas.

Tal vez si se convertía en alguien diferente...

Alguien finalmente lo miraría.

—Qué estupidez...

Se dio la vuelta.

No quería pensar.

No quería recordar.

No quería sentir nada.

Solo quería que el día terminara.

Jhud

Al otro lado de la ciudad...

—Excelente trabajo, Jhud.

La profesora dejó un examen sobre su escritorio.

10.0 / 10.0

—Como siempre.

Jhud hizo una pequeña reverencia con la cabeza.

—Gracias, profesora.

Todos la miraban.

La estudiante perfecta.

La primera de la clase.

La que nunca se equivocaba.

La que siempre sabía la respuesta.

La que jamás discutía.

—¿Cómo haces para sacar siempre diez? —preguntó una compañera.

Jhud respondió con una sonrisa pequeña.

—Estudio.

—Yo quisiera ser como tú.

Jhud volvió a sonreír.

—Seguro puedes hacerlo.

Era una respuesta perfecta.

Amable.

Educada.

Vacía.

Nadie sabía que, en realidad, Jhud llevaba semanas durmiendo cada vez menos.

Nadie sabía cuántas veces había repetido los mismos ejercicios.

Nadie sabía cuánto miedo sentía al entregar un examen.

Porque para todos ella era perfecta.

Y alguien perfecto no podía estar cansado.

Al terminar las clases, Jhud caminó hacia su casa.

No tenía amigos esperándola.

No tenía planes.

Solo tenía otra tarde de estudio.

Cuando abrió la puerta, su madre estaba revisando sus calificaciones.

—¿Cómo te fue?

—Bien.

—¿Qué nota sacaste?

—9.9.

La expresión de su madre cambió.

—¿9.9?

Jhud se quedó quieta.

—Sí.

—¿Dónde está el otro 0.1?

—Fue un pequeño error.

Su hermano soltó una risa desde el sofá.

—¿La perfecta se equivocó?

Jhud no respondió.

—Qué vergüenza —continuó él—. Pensé que eras más inteligente.

—Ya dije que fue un error.

—Entonces mejora.

Esa palabra.

Mejora.

Siempre era la misma.

—Puedes hacerlo mejor.

—Debes estudiar más.

—No puedes conformarte.

—Los demás están avanzando.

—Tú deberías estar arriba.

Jhud bajó la mirada.

—Sí.

Su hermano se acercó.

—¿Sí qué?

—Sí, voy a mejorar.

La respuesta parecía suficiente.

Pero él todavía estaba molesto.

La discusión terminó de una manera que hizo que Jhud se quedara completamente callada.

No lloró.

No gritó.

No respondió.

Simplemente se quedó quieta.

Después subió a su habitación.

Cerró la puerta.

Se sentó frente al escritorio.

Abrió un libro.

Una página.

Otra.

Otra.

Los números comenzaron a mezclarse frente a sus ojos.

Jhud parpadeó.

—Diez...

Escribió una respuesta.

La borró.

Volvió a escribirla.

La borró otra vez.

—Diez.

Apretó el lápiz.

—La próxima será diez.

Dos mundos

Aquella noche, dos habitaciones permanecieron encendidas.

En una de ellas, Zuyun estaba acostado mirando el techo.

En la otra, Jhud seguía estudiando.

Dos personas completamente diferentes.

Uno considerado un desastre.

La otra considerada perfecta.

Uno escondía su cansancio detrás de bromas.

La otra escondía el suyo detrás de buenas notas.

Uno quería escapar de las reglas.

La otra vivía atrapada dentro de ellas.

Y ninguno sabía que el otro existía realmente.

Todavía.

Al día siguiente

La mañana llegó.

Las mismas calles.

Los mismos estudiantes.

Las mismas reglas.

En Hoshizora High School, los alumnos caminaban en fila.

Los profesores vigilaban los pasillos.

Los carteles recordaban las normas.

"La excelencia es responsabilidad."

"El futuro depende de tus resultados."

"No desperdicies tu potencial."

Zuyun pasó frente a uno de ellos.

Lo miró.

—Qué pesado...

Siguió caminando.

Unos metros detrás...

Jhud también lo vio.

No dijo nada.

Entró al edificio.

Las clases comenzaron.

Y el día transcurrió como cualquier otro.

Hasta que llegó la tarde.

Zuyun salió por la parte trasera del colegio.

No sabía exactamente por qué iba allí.

Simplemente necesitaba estar solo.

Había un pequeño callejón detrás del edificio.

Nadie solía pasar por allí.

Era silencioso.

Lejos de profesores.

Lejos de compañeros.

Lejos de las reglas.

Zuyun se apoyó contra la pared.

Cerró los ojos.

—Por fin...

Entonces escuchó pasos.

Abrió los ojos.

Una chica apareció al otro lado del callejón.

Cabello cuidadosamente arreglado.

Uniforme impecable.

Una carpeta contra el pecho.

Jhud.

Ella también se detuvo.

Lo miró.

Zuyun la miró.

Ninguno dijo nada.

Durante unos segundos, el ruido de la ciudad desapareció.

Jhud pensó:

"¿Quién es?"

Zuyun pensó:

"¿Qué hace ella aquí?"

Ella siguió caminando.

Él también.

Pasaron uno al lado del otro.

Sin hablar.

Sin sonreír.

Sin saber sus nombres.

Pero justo antes de desaparecer del callejón...

ambos miraron hacia atrás.

Sus ojos volvieron a encontrarse.

Y por alguna razón...

ninguno pudo apartar la mirada inmediatamente.

Dos personas que parecían no tener absolutamente nada en común.

Dos mundos completamente diferentes.

Dos personas escondiendo exactamente lo mismo:

que estaban cansadas.

Y ese fue el primer día.

El día en que sus vidas comenzaron a cruzarse.

Aunque ninguno de los dos lo sabía todavía.

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