Capítulo 1
Hoy vuelvo a casa. Acomodo un poco la ropa en mi pequeña valija; sé que no necesito demasiado, pues en poco tiempo debo volver a la academia Aretusa para las prácticas de otoño. Pero este verano es mío; estoy ansiosa por ver a mi hermana y a los hermanos Muller.
Mi loba está inquieta desde hace días. Sé que quiere salir, pero no está permitido en la academia que me transforme; no entiendo cómo pretenden tener a una cambiaformas entre sus filas sin dejar que se transforme.
Alguien se acerca a mi puerta. Puedo sentirlo, y por su falta de olor sé que es Kun.
—Si piensas que enmascarando tu olor no puedo detectarte, estás equivocado —le grito antes de que intente abrir la puerta sin hacer ruido.
—Eres demasiado perceptiva. Creí que tendría oportunidad si tenías los cascos puestos —me dice mientras abre la puerta.
—Soy un lobo, por supuesto que puedo escucharte —le digo mientras le lanzo una almohada, pero él la detiene antes de que aterrice en su rostro.
—Pero también eres bruja; sabes que puedes ver el color de nuestra magia para saber quiénes somos.
—Veo los colores, Kun, solo que es más divertido usar mis sentidos —respondo mientras juego un poco con la magia que emana de mis dedos. Me gusta mirarla: es como el humo de las velas, solo que de colores, y peligrosa si no la dominas.
—¿Ya te vas? —pregunta Kun mientras se recuesta en mi cama como si fuera la suya.
—Sí. ¿Crees que puedes ayudarme con el portal?
—¿Por qué no la dejas salir aquí? —Sé que habla de Kira, mi loba.
—Sabes que está prohibido. Sin contar que, al ser mi primera transformación, necesito a mi manada —saco mi chaqueta de cuero del armario y la huelo; todavía persiste el olor a Marcus en ella.
—¿Por eso tu magia está débil?
—No, la verdad es que estoy un poco distraída. Kira suele hablarme y me desconcentra. Tu madre me dijo que no puedo usar mi magia si me transformo.
—¿Ya de por sí eres sobrenatural y también quieres usar magia mientras eres un lobo?
—¿Estoy notando algo de envidia en tu voz?
—No, solo es lógica.
—No es que no pueda, sino que no debo; requiere mucho de mí y podría morir en el intento.
—Entonces no seas estúpida y no lo intentes —me dice mientras abre el cajón de mi mesa de noche y saca algunos caramelos para devorarlos sin permiso, con el ceño fruncido como si no fueran sus favoritos.
—¿No te gustan? —le pregunto mientras me coloco la chaqueta de Marcus.
—¿Encontrarás a tu pareja destinada? —La pregunta me sorprende un poco. No lo había pensado, pero estoy a solo un mes de cumplir los dieciocho; es probable que la encuentre en la noche de mi cumpleaños. No había pensado demasiado en ello porque estaba más emocionada por Kira, ya que demoró en aparecer; su despertar debió ser hace años.
—Es probable —me volteo a buscar mi maquillaje. Las brujas suelen usar demasiado, les encanta verse bien; en cambio, las lobas tienen un encanto más natural. A mí me gusta un poco de ambas; después de todo, soy ambas.
Observo a Kun doblar el papel del caramelo mientras aprieta un poco los dientes.
—¿Qué es lo que te molesta de eso? —le pregunto. Somos amigos desde hace ocho años y jamás lo vi tan molesto por cosas así.
—Si encuentras a tu pareja se volverá posesiva y dudo que te deje volver. Sabes que te necesitamos; los vampiros están planeando atacar en invierno —me dice, haciendo volar el papel que ha convertido en un pequeño pajarito.
—Sabes que, por más que encuentre pareja, no permitiré que te pase algo a ti o a tu madre —utilizo mi magia para hacer aparecer muchos pájaros de color rosa alrededor del suyo.
—Yo no te necesito; el aquelarre entero te necesita —hace que su pájaro persiga a los míos mientras mueve los dedos.
—Lo sé, y estaré presente en la negociación con el Rey Lobo para apoyar a Aretusa en esto —me recuesto a su lado y apoyo la cabeza en su hombro—. ¿Así que no me necesitas? —le digo mientras desvanezco uno a uno mis pequeños pájaros.
—No eres necesaria para mi supervivencia —me responde con aire de superioridad.
—Ya lo veremos cuando no pueda cubrirte para que escapes a ver a Lucrecia.
—Mierda, me olvidé de eso —ambos reímos por un segundo, pero me detengo en seco; sé que la madre de Kun se dirige a mi habitación.
—¿Lista? —Lili abre la puerta y nos encuentra a ambos en la cama.
—¿Por qué no me avisaste que venía? —Kun me dice empujándome de la cama y poniéndose de pie.
—Pensé que debíamos sentir la magia de los demás, no usar mis supersentidos —le vuelvo a tirar un almohadón.
—Bonnie, ¿estás lista? La anciana nos espera —Lili se muestra impaciente ante nuestros juegos.
—Pensé que viajaría sola. Lo siento, ya estoy lista —le digo mientras tomo mi maleta de la cama.
—Hey —Kun interrumpe mi marcha antes de que cruce la puerta. Volteo a verlo y vuelvo a darle un fuerte abrazo.
—Si esos lobos te molestan, solo mándame un mensaje y no volverán a ser más que unos pequeños cachorros —sé por qué lo dice. En la manada suelen molestarme porque soy un poco más débil que el resto dado que no entrenaba como ellos y mi loba estaba dormida. Pero ya despertó, y he pasado todo el año entrenando físicamente para demostrar que soy tan capaz como ellos.
—No te preocupes, estoy lista.
Cuando llego a la sala, la anciana esperaba algo molesta.
—¿Ya dejaste de jugar con pájaros? —No es una persona sociable y mucho menos débil, pero conmigo está frustrada. Ella pretendía que todos estos años de entrenamiento mágico me ayudaran a ser la bruja que estaba destinada a ser y derribar a los vampiros, pero no contó con el despertar de mi loba. No sé si es que no lo vio cuando leyó mi destino, pero provengo de una familia de lobos, era más que obvio.
Ella fue una de las brujas que desvió el poder de la luna para salvarme al nacer. Desde entonces, mi vida ha estado guiada por el destino; no lo hicieron por generosidad, sino porque me creen su salvadora. Más bien, están convencidas de que lo soy.
El problema es que mis poderes de defensa solo se activan si estoy en peligro o en estado de furia; me veo incapaz de lastimar a ningún ser vivo, ni siquiera a los vampiros.
—No sabía que tendría el honor de viajar en su presencia.
—Noto el tono de ironía en tu voz. Debo hacerlo por tu culpa: necesitas aliados para esta guerra porque te niegas a atacar a esos chupasangre.
—No me niego, simplemente no puedo —le respondo mientras tomo la mano de Lili para abrir el portal.
—Vamos a ver si estos meses con los lobos te enderezan un poco —lo dice y a mí se me escapa una sonrisa. Soy la niña más mimada por mis padres, el alfa es mi padrino y sus hijos son mis mejores amigos. ¿Qué le hace pensar que esto será duro para mí?








